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Homenaje blanco para acabar con el maleficio

Alejandro Centellas @alexcalonso 20-09-2014

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Contra el Basilea se empezó lo que hoy se ha confirmado: el plan de reestructuración del Madrid se ha olvidado del boceto inicial, lleno de tachones y de nuevas ideas, para ir apilando los ladrillos. Aún se ven grietas, pequeños desconciertos colectivos, pero los soplidos ya no hacen temblar la estructura. Mucha culpa de ello la tienen James y Kroos, que han asimilado sus funciones y son capaces de pensar de otro modo: atacar es excitante, pero defender es solidario.

Hoy en Riazor, todo el olor a viejo, a partido de antaño donde el Madrid salía con barro en los pantalones y más que un disgusto, quedó en eso, ambiente de fútbol añejo. Se mantuvo mientras Diakité y Sidnei demostraron sus virtudes atléticas y hasta que Cristiano Ronaldo, arrancando su espina de no haber marcado en Riazor, se elevó contra natura, en un escorzo meritorio, para cabecear un centro de Arbeloa. No fue casualidad, ni una jugada aislada; el Madrid se ganó el pan y no confió su suerte al poder del escudo. Coincidieron en un mismo plano la mejor versión de James, de Kroos, de Cristiano y de Benzema. Sobre todo el francés, mirado mal en el gremio de los “killers” pero amigo de sus amigos, de Cristiano y Bale, en concreto. De su fría inteligencia nacen los espacios para que sus compañeros de ataque, y James cuando el cuerpo se lo pide, penetren en posiciones manifiestamente peligrosas.

Antes del fin de la primera parte, el Madrid liquidó sus cuentas en el partido. Un golazo de James, con un disparo exquisito e imparable, firmó el segundo. El colombiano avanza a paso lento pero su contribución cada día es más notable y se va pareciendo más al Bota de Oro del Mundial. Después llegó el fallo clamoroso de Lux, el portero deportivista, que supo desde el inicio de su aventura que nunca llegaría hasta el balón y que Benzema lo haría antes, pero era mejor morir en la batalla que frenar en el intento. No fue el francés quien lo aprovechó pero sí lo hizo Ronaldo, que marcó a placer ante una portería desnuda e indefensa. Era el final anticipado de un partido siempre conflictivo, en el siempre duro Riazor. Pero el Madrid está dispuesto a poner el suspense.

Después del pertinente descanso, hubo un antes y un después con la salida de Illarramendi, que sustituyó a Benzema. Antes, el Madrid sufrió el brote de psicosis que ya acostumbra a tener en las segundas partes. En esta etapa hubo un penalti de Sergio Ramos, que alimenta el eterno debate sobre el reglamento de las involuntariedades de las manos, y que dio pulmones y coraje al Deportivo. Fueron los mejores minutos del equipo gallego, que se fue estirando poco a poco y sembrando el miedo en el Madrid. Después, con la salida del vasco, el ímpetu gallego se frenó y las meigas se pusieron del lado del Madrid. Los ojos de Ancelotti se enternecieron viendo a Illarramendi. En la rueda de prensa anterior dijo que solo hacía falta un entrenador que ponga al de Mutriku, y él lo hizo, con gran criterio. El equipo blanco controló el balón, mimó el partido y lo fue madurando hasta tenerlo dominado. Gracias a ello llegaron los dos goles de Bale, haciendo constar la manita en el marcador y el dominio aplastante y efectivo del Real Madrid.

Pero es mal negocio cuando Cristiano tiene objetivos en mente. El hambre del portugués no se quedó en marcar en Riazor, en el mínimo exigible. Con el 1-5 firmado, Cristiano marcó el sexto y el tercero en su cuenta particular. Pocos minutos después, Toché marcó el segundo del Depor, dando dignidad al marcador. Luego vino la obra maestra de Chicharito, el mejor gol de la jornada, y después el último del mexicano y octavo del Madrid para darle el broche de oro y a una tarde mágica para el Madrid.

Mientras el Depor se dejó algo por evitar su vuelta a Segunda, el Madrid está consolidando el cemento de su nueva obra. Por el camino se están descubriendo jugadores, como Illarra, que pueden ser más que meros nombres con dorsal. Y otros como Chicharito, que no se va a conformar con ver los partidos sentado en el banco. Algo está claro: el Madrid tiene dinamita.

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Contra el Basilea se empezó lo que hoy se ha confirmado: el plan de reestructuración del Madrid se ha olvidado del boceto inicial, lleno de tachones y de nuevas ideas, para ir apilando los ladrillos. Aún se ven grietas, pequeños desconciertos colectivos, pero los soplidos ya no hacen temblar la estructura. Mucha culpa de ello la tienen James y Kroos, que han asimilado sus funciones y son capaces de pensar de otro modo: atacar es excitante, pero defender es solidario.

Hoy en Riazor, todo el olor a viejo, a partido de antaño donde el Madrid salía con barro en los pantalones y más que un disgusto, quedó en eso, ambiente de fútbol añejo. Se mantuvo mientras Diakité y Sidnei demostraron sus virtudes atléticas y hasta que Cristiano Ronaldo, arrancando su espina de no haber marcado en Riazor, se elevó contra natura, en un escorzo meritorio, para cabecear un centro de Arbeloa. No fue casualidad, ni una jugada aislada; el Madrid se ganó el pan y no confió su suerte al poder del escudo. Coincidieron en un mismo plano la mejor versión de James, de Kroos, de Cristiano y de Benzema. Sobre todo el francés, mirado mal en el gremio de los “killers” pero amigo de sus amigos, de Cristiano y Bale, en concreto. De su fría inteligencia nacen los espacios para que sus compañeros de ataque, y James cuando el cuerpo se lo pide, penetren en posiciones manifiestamente peligrosas.

Antes del fin de la primera parte, el Madrid liquidó sus cuentas en el partido. Un golazo de James, con un disparo exquisito e imparable, firmó el segundo. El colombiano avanza a paso lento pero su contribución cada día es más notable y se va pareciendo más al Bota de Oro del Mundial. Después llegó el fallo clamoroso de Lux, el portero deportivista, que supo desde el inicio de su aventura que nunca llegaría hasta el balón y que Benzema lo haría antes, pero era mejor morir en la batalla que frenar en el intento. No fue el francés quien lo aprovechó pero sí lo hizo Ronaldo, que marcó a placer ante una portería desnuda e indefensa. Era el final anticipado de un partido siempre conflictivo, en el siempre duro Riazor. Pero el Madrid está dispuesto a poner el suspense.

Después del pertinente descanso, hubo un antes y un después con la salida de Illarramendi, que sustituyó a Benzema. Antes, el Madrid sufrió el brote de psicosis que ya acostumbra a tener en las segundas partes. En esta etapa hubo un penalti de Sergio Ramos, que alimenta el eterno debate sobre el reglamento de las involuntariedades de las manos, y que dio pulmones y coraje al Deportivo. Fueron los mejores minutos del equipo gallego, que se fue estirando poco a poco y sembrando el miedo en el Madrid. Después, con la salida del vasco, el ímpetu gallego se frenó y las meigas se pusieron del lado del Madrid. Los ojos de Ancelotti se enternecieron viendo a Illarramendi. En la rueda de prensa anterior dijo que solo hacía falta un entrenador que ponga al de Mutriku, y él lo hizo, con gran criterio. El equipo blanco controló el balón, mimó el partido y lo fue madurando hasta tenerlo dominado. Gracias a ello llegaron los dos goles de Bale, haciendo constar la manita en el marcador y el dominio aplastante y efectivo del Real Madrid.

Pero es mal negocio cuando Cristiano tiene objetivos en mente. El hambre del portugués no se quedó en marcar en Riazor, en el mínimo exigible. Con el 1-5 firmado, Cristiano marcó el sexto y el tercero en su cuenta particular. Pocos minutos después, Toché marcó el segundo del Depor, dando dignidad al marcador. Luego vino la obra maestra de Chicharito, el mejor gol de la jornada, y después el último del mexicano y octavo del Madrid para darle el broche de oro y a una tarde mágica para el Madrid.

Mientras el Depor se dejó algo por evitar su vuelta a Segunda, el Madrid está consolidando el cemento de su nueva obra. Por el camino se están descubriendo jugadores, como Illarra, que pueden ser más que meros nombres con dorsal. Y otros como Chicharito, que no se va a conformar con ver los partidos sentado en el banco. Algo está claro: el Madrid tiene dinamita.

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Daniel Fernández-Pacheco @DFPV96
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