_Fútbol

Hay que volver

Es enero y “toca volver”. Eso nos dicen en todos lados. Desde los desalmados gurús del marketing, que controlan nuestros más execrables impulsos comerciales, hasta las ‘inocentes’ tazas del Mr. Wonderful“Vuelve ya”, te dicen. Hay que volver al gimnasio. Hay que volver a ilusionarse. Hay que volver a confiar en la gente -suerte con eso-. Hay que volver a intentar dejar de fumar. Hay que volver a programar los deberes del año con el organizador de tareas. Y sí, hay que volver a escribir, aunque sea la lista de la compra. Solo esto, lo de escribir, se intentará. No prometo nada, ya os aviso. Las otras vueltas solo sirven para decepcionarse, pero oye: cada uno se ahorca como quiere.

Volver lo que se dice volver es lo que hizo Virginia Torrecilla este domingo. Volver a lo grande. Volver ‘a vivir’, entendiendo ‘vivir’ por recuperar y sentir como propio aquello que te apasiona y le da sentido a tu desarrollo personal y emocional.

Volver ha vuelto también Borja Iglesias, que tras una época de dudas en el seno del beticismo vuelve a enchufar los goles a pares, como ya ocurriera en su etapa en el Real Zaragoza y en el Espanyol. Te reconcilias con el karma cuando a la buena gente le va bien. Esto es así.

Regresó a su vez el surrealismo de la Copa África, donde los grandes actúan como pequeños y los pequeños como grandes. Y en medio del torneo de selecciones más caótico del planeta, están los compadres de Alberto Edjogo-Owono zumbándose a la Argelia de Mahrez, la última Campeona de Africa. Que les quiten lo bailado.

Otro que ha vuelto es Carlo Ancelotti. Ha vuelto a ganar. Es una Supercopa, ok, pero ganar es ganar, y este buen señor ya se acostumbró a ello hace más de 30 años, siendo eje, timón y ancla del legendario Milan de Arrigo Sacchi. El bueno de Carletto seguiría ganando luego en los banquillos. Lo hizo en Milán, Londres, París, Madrid y Múnich. Luego recaló en Nápoles llevando a los partenopeos al subcampeonato para aterrizar finalmente en el Everton, y bueno, allí bastante tienen con ver salir el sol cada mañana, o no. Ironías a un lado, lo cierto es que los toffees y los títulos se llevan regulinchi, que diría el ínclito Dani Fez, así que no creo que le pidieran títulos al italiano. En Madrid se vive mejor y Don Carlo lo sabe.

Este fin de semana también volvió el Atleti, y por ende Simeone. Y es que desde hace 10 años no concibo a uno sin el otro. Como a Timón y Pumba. Como a las hermanas mellizas Victoria y Soledad. Era algo que ya le ocurría a ‘Romina y Al Bano’ hace más de cuatro décadas, antes de que su matrimonio se jodiera y empezaran a airear los reproches y los cuernos en la tele de Berslusconi. Esperemos por el bien de todos que el club colchonero y el pasional entrenador argentino no lleguen a esos extremos. No procede. No se lo merecen.

Volver, intenta volver el Barça. Eso también es como lo de ir al gimnasio: una cosa es querer y otra poder hacerlo. Llevará bastante tiempo ver al Barça sodomizando a los rivales con un fútbol dinámico, y más tiempo aún tener al transatlántico blaugrana pisando de forma recurrente las semifinales de Champions League. El statu quo del fútbol europeo ha cambiado y al Barça lo han sacado a gorrazos. Es puro darwinismo. El Barça vive un proceso complejo, condicionado por lo económico, las servidumbres, las herencias y la realidad deportiva actual, esa que reza que ver los partidos del Barça hace meses que se convirtió en una cuestión de fe. Un sufrimiento revestido de romanticismo, nostalgia y masoquismo. En Vitoria quedó claro. Es como cuando vuelves a intentar abrir una puerta con cerrojo, pero sin llave. «Al menos se ganó», suspira hoy el culé pragmático, aquel que sabe que el libreto del estilo y el mal llamado ‘ADN Barça’ igual hay que guardarlo en el cajón unos meses.

El tiempo determinará si la vuelta de Virginia Torrecilla es el primer paso para verla levantar el Europeo femenino de este verano. En ese mismo tiempo sabremos si Borja Iglesias se consagra a lo grande como el delantero centro del mejor Betis de la historia. En Camerún, hay unos ecuatoguineanos ufanos, con Carlos Akapo al frente, que lo único que quieren es que el tiempo se pare para estirar su particular y meritorio carpe diem todo lo que puedan.

En unos meses sabremos si, Supercopa a un lado, Carlo Ancelotti puede llevar a este Real Madrid a ganar Ligas y especialmente Copas de Europa como hacía Zinedine ‘El Brujo’ Zidane: desde la inercia. Simeone, por su parte, sabe que en su caso son los resultados los que acelerarán su salida del club o le permitirán decidir el modo y la forma de salir. Se lo ha ganado. Golpe a golpe. Partido a partido.

Y el Barça, bueno. El Barça está un poco como el Everton. Bastante tiene ahora mismo con ver salir el sol cada día. Una cuarta plaza en Liga y un título de la Europa League parece ser todo lo que tiene para llevarse a la boca. Eso y al menos cinco jóvenes futbolistas excepcionales. Mucho seguidor culé se cree lo de las tazas de Mr. Wonderful y se vuelve a ilusionar ya. Confían en que en junio traspasarán a las no pocas rémoras que abundan aún por el vestuario de Les Corts y en que llegará Erling Haaland para erigirse en el hombre que devuelva la excelencia a Can Barça. Repito, cada uno se ahorca como quiere. Yo, por lo pronto, me preocuparía más por darle bien de desayunar a Mateu Alemany y por saber si Ansu Fati puede volver a ser el ‘rayo de sol’ y el ‘cómplice del vértigo’. Por si acaso.

Hay que volver. También tú, Ansu.

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Es enero y “toca volver”. Eso nos dicen en todos lados. Desde los desalmados gurús del marketing, que controlan nuestros más execrables impulsos comerciales, hasta las ‘inocentes’ tazas del Mr. Wonderful“Vuelve ya”, te dicen. Hay que volver al gimnasio. Hay que volver a ilusionarse. Hay que volver a confiar en la gente -suerte con eso-. Hay que volver a intentar dejar de fumar. Hay que volver a programar los deberes del año con el organizador de tareas. Y sí, hay que volver a escribir, aunque sea la lista de la compra. Solo esto, lo de escribir, se intentará. No prometo nada, ya os aviso. Las otras vueltas solo sirven para decepcionarse, pero oye: cada uno se ahorca como quiere.

Volver lo que se dice volver es lo que hizo Virginia Torrecilla este domingo. Volver a lo grande. Volver ‘a vivir’, entendiendo ‘vivir’ por recuperar y sentir como propio aquello que te apasiona y le da sentido a tu desarrollo personal y emocional.

Volver ha vuelto también Borja Iglesias, que tras una época de dudas en el seno del beticismo vuelve a enchufar los goles a pares, como ya ocurriera en su etapa en el Real Zaragoza y en el Espanyol. Te reconcilias con el karma cuando a la buena gente le va bien. Esto es así.

Regresó a su vez el surrealismo de la Copa África, donde los grandes actúan como pequeños y los pequeños como grandes. Y en medio del torneo de selecciones más caótico del planeta, están los compadres de Alberto Edjogo-Owono zumbándose a la Argelia de Mahrez, la última Campeona de Africa. Que les quiten lo bailado.

Otro que ha vuelto es Carlo Ancelotti. Ha vuelto a ganar. Es una Supercopa, ok, pero ganar es ganar, y este buen señor ya se acostumbró a ello hace más de 30 años, siendo eje, timón y ancla del legendario Milan de Arrigo Sacchi. El bueno de Carletto seguiría ganando luego en los banquillos. Lo hizo en Milán, Londres, París, Madrid y Múnich. Luego recaló en Nápoles llevando a los partenopeos al subcampeonato para aterrizar finalmente en el Everton, y bueno, allí bastante tienen con ver salir el sol cada mañana, o no. Ironías a un lado, lo cierto es que los toffees y los títulos se llevan regulinchi, que diría el ínclito Dani Fez, así que no creo que le pidieran títulos al italiano. En Madrid se vive mejor y Don Carlo lo sabe.

Este fin de semana también volvió el Atleti, y por ende Simeone. Y es que desde hace 10 años no concibo a uno sin el otro. Como a Timón y Pumba. Como a las hermanas mellizas Victoria y Soledad. Era algo que ya le ocurría a ‘Romina y Al Bano’ hace más de cuatro décadas, antes de que su matrimonio se jodiera y empezaran a airear los reproches y los cuernos en la tele de Berslusconi. Esperemos por el bien de todos que el club colchonero y el pasional entrenador argentino no lleguen a esos extremos. No procede. No se lo merecen.

Volver, intenta volver el Barça. Eso también es como lo de ir al gimnasio: una cosa es querer y otra poder hacerlo. Llevará bastante tiempo ver al Barça sodomizando a los rivales con un fútbol dinámico, y más tiempo aún tener al transatlántico blaugrana pisando de forma recurrente las semifinales de Champions League. El statu quo del fútbol europeo ha cambiado y al Barça lo han sacado a gorrazos. Es puro darwinismo. El Barça vive un proceso complejo, condicionado por lo económico, las servidumbres, las herencias y la realidad deportiva actual, esa que reza que ver los partidos del Barça hace meses que se convirtió en una cuestión de fe. Un sufrimiento revestido de romanticismo, nostalgia y masoquismo. En Vitoria quedó claro. Es como cuando vuelves a intentar abrir una puerta con cerrojo, pero sin llave. «Al menos se ganó», suspira hoy el culé pragmático, aquel que sabe que el libreto del estilo y el mal llamado ‘ADN Barça’ igual hay que guardarlo en el cajón unos meses.

El tiempo determinará si la vuelta de Virginia Torrecilla es el primer paso para verla levantar el Europeo femenino de este verano. En ese mismo tiempo sabremos si Borja Iglesias se consagra a lo grande como el delantero centro del mejor Betis de la historia. En Camerún, hay unos ecuatoguineanos ufanos, con Carlos Akapo al frente, que lo único que quieren es que el tiempo se pare para estirar su particular y meritorio carpe diem todo lo que puedan.

En unos meses sabremos si, Supercopa a un lado, Carlo Ancelotti puede llevar a este Real Madrid a ganar Ligas y especialmente Copas de Europa como hacía Zinedine ‘El Brujo’ Zidane: desde la inercia. Simeone, por su parte, sabe que en su caso son los resultados los que acelerarán su salida del club o le permitirán decidir el modo y la forma de salir. Se lo ha ganado. Golpe a golpe. Partido a partido.

Y el Barça, bueno. El Barça está un poco como el Everton. Bastante tiene ahora mismo con ver salir el sol cada día. Una cuarta plaza en Liga y un título de la Europa League parece ser todo lo que tiene para llevarse a la boca. Eso y al menos cinco jóvenes futbolistas excepcionales. Mucho seguidor culé se cree lo de las tazas de Mr. Wonderful y se vuelve a ilusionar ya. Confían en que en junio traspasarán a las no pocas rémoras que abundan aún por el vestuario de Les Corts y en que llegará Erling Haaland para erigirse en el hombre que devuelva la excelencia a Can Barça. Repito, cada uno se ahorca como quiere. Yo, por lo pronto, me preocuparía más por darle bien de desayunar a Mateu Alemany y por saber si Ansu Fati puede volver a ser el ‘rayo de sol’ y el ‘cómplice del vértigo’. Por si acaso.

Hay que volver. También tú, Ansu.