_FC Barcelona

De nombre, Ansu Fati

Cristina Caparrós @criscaparros 18-06-2020

“GRACIAS A TODOS! El día de ayer lo recordaré toda mi vida.
El sueño de cualquier chico de la Masía: debutar en el Camp Nou… Compartir vestuario con los mejores jugadores del mundo fue una experiencia inolvidable.
Solo tengo palabras de agradecimiento hacia ellos por su excelente acogida.
Nada de esto hubiera sido posible sin mi familia.
Sin su apoyo diario e incondicional.
Gracias igualmente a la Masía, la mejor escuela de fútbol del mundo.
A mis compañeros y entrenadores que me han enseñado valores que siempre me acompañarán.
Me comprometo a seguir con humildad, trabajo y los pies en el suelo”.

Ansu Fati escribía estas palabras el pasado 26 de agosto tras debutar con el primer equipo en el segundo encuentro de Liga, a sus 16 años. Debe ser difícil tener los pies en el suelo cuando uno se siente como si flotara en el aire. Como si estuvieras montado en alguno de los globos que crearon los hermanos Montgolfier por primera vez, con la inmensidad bajo tus pies, desafiando a aquello que parecía tan remoto. Llevas tiempo preparándote para que llegue ese momento, pero ¿cómo es realmente cuándo sucede?, ¿qué sensación se vive tras la línea de cal esperando para pisar el terreno de juego?, ¿cómo es posible estar concentrado cuando uno vive esa revolución de endorfina y epinefrina? En definitiva, cómo sostenerse en la tierra cuando uno parece que está soñando.

Ansu Fati antes del inicio de partido entre la Real Sociedad y el FC Barcelona en Anoeta (Juan Manuel Serrano Arce/Getty Images)

Lo de Ansu Fati no fue una casualidad. No fue un golpe de suerte que se encontrara con el gol, en su segunda participación, a los cinco minutos de pisar el terreno de juego en El Sadar. A pesar de su precocidad, de ser un juvenil, de su aspecto pueril, de verle las travesuras en las comisuras de sus sonrisas, los libros de estudio en la mochila y la etiqueta de adolescencia. A esa edad y con ese potencial, estaba llamado a acumular récords: jugador más joven en la historia del Barça en marcar un gol en Liga y jugar la Champions League, el más joven en la historia de la Liga en marcar y asistir en un partido y lograr un doblete, o el más joven de la historia en marcar un gol en la Champions League y hacerlo en un estadio como San Siro.

Por eso, desde el principio, cuando se destapó el tarro de las esencias, era común leer aquello de: “Ansu Fati, apunten su nombre”. Para que a nadie se le olvidara como se llamaba ese niño prodigio. Esas ocho letras que se leen en su camiseta azulgrana y que son la seña de identidad de un futbolista envuelto en elogios, que parece tocado por una varita mágica y que dispone de un prometedor margen de mejora dada su pronta edad.

Ansu Fati volvió a ser titular tras el parón, en el primer partido que se disputaba en el Camp Nou. Frente a un Leganés que impuso excelentemente su disciplina en su estructura defensiva, ocupando los espacios, y que padeció el infortunio de no corresponderle la efectividad de cara a puerta. Los minutos del Barça transcurrían en un desespero por encontrar la profundidad, por romper esa línea, previsible, con un centro del campo desconectado de la creatividad y verticalidad, con pánico al riesgo, y con numerosos desmarques buscando la espalda que fueron en vano. Inmersos en un ritmo lento, donde todo sucedía con una marcha menor, menos en su imaginación. Para inventarse un golpeo, el primero, que adelantaría al conjunto azulgrana.

Ansu Fati durante el partido frente al Napoli en UEFA Champions League (Michael Steele/Getty Images)

Ansu Fati suma seis goles, cinco en Liga y uno en Champions League. En cuatro ocasiones ha estrenado el marcador. Es un dato revelador, porque en muchas ocasiones ese primer gol es el que más cuesta, el que se te atraganta, el que hace que todo lo que venga después nazca de un nuevo estado de ánimo. El de Guinea Bissau es aire fresco. Un diamante en bruto, con cambio de ritmo, regate y desborde. Un futbolista eléctrico, con un desparpajo y una madurez impropia, que no se arruga y que se atreve en la toma de sus decisiones, independientemente del escenario y el contexto. Una revelación a la que su propio techo se augura lejano.

En cuestión de nombres y de cómo se estampan en las camisetas de fútbol, leí hace algún tiempo de Màrius Serra que Ansu, de origen sánscrito, significa ‘rayo de sol’. Quizás esto tampoco sea una casualidad. Ansu Fati es un rayo lleno de chispa que desborda por la banda izquierda y que da luz a su equipo cuando más lo necesita. Sin llegar todavía a la mayoría de edad, ya nadie se atreve a decir que apunten su nombre, porque todos saben quién es. Antes de que se enciendan los focos que iluminan el verde, cualquiera sabe que esa noche puede ser la de Ansu Fati.

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“GRACIAS A TODOS! El día de ayer lo recordaré toda mi vida.
El sueño de cualquier chico de la Masía: debutar en el Camp Nou… Compartir vestuario con los mejores jugadores del mundo fue una experiencia inolvidable.
Solo tengo palabras de agradecimiento hacia ellos por su excelente acogida.
Nada de esto hubiera sido posible sin mi familia.
Sin su apoyo diario e incondicional.
Gracias igualmente a la Masía, la mejor escuela de fútbol del mundo.
A mis compañeros y entrenadores que me han enseñado valores que siempre me acompañarán.
Me comprometo a seguir con humildad, trabajo y los pies en el suelo”.

Ansu Fati escribía estas palabras el pasado 26 de agosto tras debutar con el primer equipo en el segundo encuentro de Liga, a sus 16 años. Debe ser difícil tener los pies en el suelo cuando uno se siente como si flotara en el aire. Como si estuvieras montado en alguno de los globos que crearon los hermanos Montgolfier por primera vez, con la inmensidad bajo tus pies, desafiando a aquello que parecía tan remoto. Llevas tiempo preparándote para que llegue ese momento, pero ¿cómo es realmente cuándo sucede?, ¿qué sensación se vive tras la línea de cal esperando para pisar el terreno de juego?, ¿cómo es posible estar concentrado cuando uno vive esa revolución de endorfina y epinefrina? En definitiva, cómo sostenerse en la tierra cuando uno parece que está soñando.

Ansu Fati antes del inicio de partido entre la Real Sociedad y el FC Barcelona en Anoeta (Juan Manuel Serrano Arce/Getty Images)

Lo de Ansu Fati no fue una casualidad. No fue un golpe de suerte que se encontrara con el gol, en su segunda participación, a los cinco minutos de pisar el terreno de juego en El Sadar. A pesar de su precocidad, de ser un juvenil, de su aspecto pueril, de verle las travesuras en las comisuras de sus sonrisas, los libros de estudio en la mochila y la etiqueta de adolescencia. A esa edad y con ese potencial, estaba llamado a acumular récords: jugador más joven en la historia del Barça en marcar un gol en Liga y jugar la Champions League, el más joven en la historia de la Liga en marcar y asistir en un partido y lograr un doblete, o el más joven de la historia en marcar un gol en la Champions League y hacerlo en un estadio como San Siro.

Por eso, desde el principio, cuando se destapó el tarro de las esencias, era común leer aquello de: “Ansu Fati, apunten su nombre”. Para que a nadie se le olvidara como se llamaba ese niño prodigio. Esas ocho letras que se leen en su camiseta azulgrana y que son la seña de identidad de un futbolista envuelto en elogios, que parece tocado por una varita mágica y que dispone de un prometedor margen de mejora dada su pronta edad.

Ansu Fati volvió a ser titular tras el parón, en el primer partido que se disputaba en el Camp Nou. Frente a un Leganés que impuso excelentemente su disciplina en su estructura defensiva, ocupando los espacios, y que padeció el infortunio de no corresponderle la efectividad de cara a puerta. Los minutos del Barça transcurrían en un desespero por encontrar la profundidad, por romper esa línea, previsible, con un centro del campo desconectado de la creatividad y verticalidad, con pánico al riesgo, y con numerosos desmarques buscando la espalda que fueron en vano. Inmersos en un ritmo lento, donde todo sucedía con una marcha menor, menos en su imaginación. Para inventarse un golpeo, el primero, que adelantaría al conjunto azulgrana.

Ansu Fati durante el partido frente al Napoli en UEFA Champions League (Michael Steele/Getty Images)

Ansu Fati suma seis goles, cinco en Liga y uno en Champions League. En cuatro ocasiones ha estrenado el marcador. Es un dato revelador, porque en muchas ocasiones ese primer gol es el que más cuesta, el que se te atraganta, el que hace que todo lo que venga después nazca de un nuevo estado de ánimo. El de Guinea Bissau es aire fresco. Un diamante en bruto, con cambio de ritmo, regate y desborde. Un futbolista eléctrico, con un desparpajo y una madurez impropia, que no se arruga y que se atreve en la toma de sus decisiones, independientemente del escenario y el contexto. Una revelación a la que su propio techo se augura lejano.

En cuestión de nombres y de cómo se estampan en las camisetas de fútbol, leí hace algún tiempo de Màrius Serra que Ansu, de origen sánscrito, significa ‘rayo de sol’. Quizás esto tampoco sea una casualidad. Ansu Fati es un rayo lleno de chispa que desborda por la banda izquierda y que da luz a su equipo cuando más lo necesita. Sin llegar todavía a la mayoría de edad, ya nadie se atreve a decir que apunten su nombre, porque todos saben quién es. Antes de que se enciendan los focos que iluminan el verde, cualquiera sabe que esa noche puede ser la de Ansu Fati.