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Evolución o revolución

Diego G. Argota @DiegoGArgota21 24-05-2022

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Atlético de Madrid

El Atlético ha terminado la temporada en tercera posición. Son ya 10 años, a los mandos de Diego Pablo Simeone, en los que el equipo no se apea del podio. Da igual que las sensaciones sean malas, que el equipo parezca desalmado, que no se dé con la tecla o que los resultados no acompañen. Al final de temporada, lo dicen las matemáticas y los puntos obtenidos por partido, como mucho hay dos equipos por delante, y siempre son los mismos. De esta década de rojiblanco, Simeone ha terminado dos veces primero, dos veces segundo y seis veces tercero, quizás la posición natural si se atiende a la magnitud de los dos titanes con los que ha de competir y a los que ha ganado más de lo normal. Pero a nadie se le escapa que el Atlético, que defendía título, ha estado muy lejos de su signo y que bastantes cosas deberán cambiar para intentar molestar la temporada que viene. Sobre todo, porque quedarse tan lejos de la lucha por el campeonato tan pronto ha sido más demérito suyo que mérito de los demás.

Decía Simeone, en su época como jugador (algo que luego reafirmó ya al otro lado de la banda) que para él, un equipo que iba bien necesitaba tres o cuatro refuerzos por temporada que pudieran oxigenar un poco el grupo. Hace solo una semana, coincidiendo con la despedida de Luis Suárez, pidió para la próxima campaña un ‘9’ en rueda de prensa: “Cuando hemos tenido un nueve de jerarquía, hemos estado muy cerca de ganar. Lo vimos con Villa, con Diego Costa, ahora con Luis (Suárez)”. Solo tardó unas horas en responderle el director deportivo, un Andrea Berta alejado de los micrófonos y al que se le cuentan las entrevistas en siete años con menos de los dedos de una mano: “Los años de grandes fichajes se terminaron. Ahora tenemos una gran plantilla de jugadores de gran futuro”. Simeone recogió el envite en la siguiente rueda de prensa, la previa ante la Real Sociedad: “No necesitamos muchos futbolistas, pero sí algunos que refuercen el equipo con energía nueva”.

Asfixiado por una situación económica insostenible, algo inexplicable para un equipo que lleva 10 años clasificándose para jugar Champions League de manera consecutiva, que es el tercer equipo de Europa que más dinero ha cosechado vía UEFA solo por resultados deportivos (el 7º si sumamos el reparto del marketpool) en este periodo de tiempo, que no es muy derrochador, pues desde 2012 en la parcela de fichajes es el 44º equipo del mundo que más dinero gasta en fichajes (una vez descontado el dinero de las ventas), por detrás de equipos como el Parma y emparejado con el Cruz Azul, a una media de 10 millones por campaña, la realidad es que todos los veranos, un Atleti que es según la lista Deloitte el 13º equipo más poderoso del mundo en cuanto a situación financiera, vive en una situación en las que las gallinas tienen que salir antes de entrar. El ‘Antes de entrar, dejen salir’ de cada mercado de fichajes es doloroso para un equipo que tiene que pelear en su torneo con dos gigantes y que se suele mover con soltura por Europa casi siempre superando las expectativas.

Y en estas, el Atleti tiene que tomar muchísimas decisiones en base a su futuro. Definir el esquema de juego, saber si en estilo va a volver a sus orígenes o si va a intentar, como en los dos últimos cursos, ser más alegre con balón. Porque hasta en la portería hay dudas, con un Oblak que termina contrato en 12 meses, que ha tenido su peor temporada y que, de no renovar, se intentará traspasar. Con una defensa cogida con pinzas formada por jugadores fuera de posición o que directamente no son defensas. Hacen falta un par de laterales derechos, hace falta mínimo un lateral izquierdo, y hacen falta otro par de centrales contundentes. Saber si la idea es jugar con cuatro o cinco atrás es primordial, sobre todo porque Reinildo, que arregló la defensa en enero, ha cuajado muy bien como central zurdo, pero lo poco que ha jugado en su lateral original, ha hecho aguas (cierto que eran sus primeros partidos, de adaptación). Al nivel bastante bajo de Hermoso y Felipe se une que el segundo aún no ha renovado de forma oficial. Lodi, que parece tener buen cartel, no ha terminado de cuajar más que momentos puntuales y Giménez, capitán, siempre está en el disparadero por su buen caché unido a su fragilidad defensiva.

En la medular urgen cambios, con un Lemar en la misma situación contractual que Oblak (salvo que el francés es guadianesco como él solo), con un Koke que se ha visto sobrepasado este año, con un De Paul que tiene mercado en Italia (aunque se ha entonado mucho en el final de temporada) y con un Llorente que ha sido, sin duda, el jugador que mayor bajón ha pegado esta campaña. Tampoco se sabe mucho de Kondogbia, que ha terminado a gran nivel, pero quizás insuficiente para atreverse a darle las llaves del equipo a un jugador que no es bueno en la primera salida de balón y que solo se ha enchufado al final de su segundo año. El centroafricano, además, se dejó desear por el Aston Villa que ayer mismo oficializó la llegada de un jugador para ese puesto, un Kamara que hace tres días parecía tenerlo hecho con el Atleti. De Herrera sí se sabe que se necesita un sustituto y, de momento, uno que vuelve es Saúl. Aunque quizás sea solo como escala.

Como también vuelve Morata, una vez la Juve ha confirmado que no quiere pagar los 35 millones que tiene de cláusula de compra (aunque sí se lo quedaría si el Atleti rebaja el precio hasta casi regalarlo), pero que no parece tener ningún sitio en la plantilla después de una salida turbulenta hace dos temporadas. Quizás el único que tiene su permanencia en el equipo asegurada es Cunha, el que menos ha jugado y de los que más ilusionan. De Griezmann aún no hay nada oficial, aunque todo indica que seguirá un año más de rojiblanco e incluso podría contar más como medio que como delantero, si se atiende a como ha jugado en las últimas fases de la temporada. De Joao Félix solo se sabe que tiene contrato, una cláusula alta, y que su agente ha intentado colocarle fuera del Atleti casi a cada mercado después de llegar. Eso y que ya son tres años en los que, por unas cosas o por otras, no ha terminado de explotar ni de tener continuidad y siempre que ha estado enchufado ha terminado en la enfermería. Es, desde que llegó, el tercer jugador del equipo que más partidos se ha perdido por lesión tras Vrsaljko y Giménez.

Quizás esto emplace a Correa a buscar un futuro mejor. No lo parece, pero imposible no es si tenemos en cuenta que hace tres años, precisamente con la llegada del luso y la hipotética de un James al que el Real Madrid no permitió fichar a última hora, el argentino tenía pie y medio en Milán. El ex de San Lorenzo siempre es el mejor socio de todos. Ha terminado la temporada siendo el máximo goleador y el jugador que más goles ha generado. Nunca se ha quejado, siempre ha estado dispuesto para jugar. No se le recuerdan partidos perdidos por lesión, más allá del Covid, desde que llegó. Cumple en banda, juega como mediapunta y también como nueve de urgencia. Fue el sostén del equipo en la primera vuelta, pero quizás se haya cansado de tener que hacer más que el doble que los demás para ganarse los minutos en su demarcación original. O quizás sea el propio club el que decida que su ciclo se ha acabado porque hay overbooking en su demarcación y faltan muchos en otras.

Da la sensación de que el Atleti tendría que hacer muchos movimientos este mercado, que hará muy pocos y que prácticamente escucharía ofertas por casi cualquier jugador si la suma de dinero es suficiente. No se sabe si ha sido la plantilla, que perdió el hambre tras salir campeona el curso pasado y se acomodó. O si, como se dijo, simplemente estaba en rebeldía por un dinero que se le adeudaba. Quizás, simplemente, el equipo no era tan bueno como habíamos visto hace un año, o quizás no sea tan flojo como hemos visto este. El Atleti, sea como sea, ha salvado al final una temporada que se hizo bola desde el inicio. Entre los ocho mejores de Europa y otra vez en el podio de LaLiga. El peor año de Simeone, es mejor que el del 99% de los entrenadores que ha tenido el Atleti en sus tres últimas décadas. De su historia, incluso, pero no sería justo comparar con otros que no pudieron jugar competición europea más que ganando Liga o Copa. El Atleti ha salvado un matchball, porque no entrar en Champions habría supuesto desmantelar el equipo para no despeñarse en la fina línea del margen de maniobra económico. Pero no debería permitirse otro año con semejantes dudas.

Imagen de cabecera: Getty Images

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El Atlético ha terminado la temporada en tercera posición. Son ya 10 años, a los mandos de Diego Pablo Simeone, en los que el equipo no se apea del podio. Da igual que las sensaciones sean malas, que el equipo parezca desalmado, que no se dé con la tecla o que los resultados no acompañen. Al final de temporada, lo dicen las matemáticas y los puntos obtenidos por partido, como mucho hay dos equipos por delante, y siempre son los mismos. De esta década de rojiblanco, Simeone ha terminado dos veces primero, dos veces segundo y seis veces tercero, quizás la posición natural si se atiende a la magnitud de los dos titanes con los que ha de competir y a los que ha ganado más de lo normal. Pero a nadie se le escapa que el Atlético, que defendía título, ha estado muy lejos de su signo y que bastantes cosas deberán cambiar para intentar molestar la temporada que viene. Sobre todo, porque quedarse tan lejos de la lucha por el campeonato tan pronto ha sido más demérito suyo que mérito de los demás.

Decía Simeone, en su época como jugador (algo que luego reafirmó ya al otro lado de la banda) que para él, un equipo que iba bien necesitaba tres o cuatro refuerzos por temporada que pudieran oxigenar un poco el grupo. Hace solo una semana, coincidiendo con la despedida de Luis Suárez, pidió para la próxima campaña un ‘9’ en rueda de prensa: “Cuando hemos tenido un nueve de jerarquía, hemos estado muy cerca de ganar. Lo vimos con Villa, con Diego Costa, ahora con Luis (Suárez)”. Solo tardó unas horas en responderle el director deportivo, un Andrea Berta alejado de los micrófonos y al que se le cuentan las entrevistas en siete años con menos de los dedos de una mano: “Los años de grandes fichajes se terminaron. Ahora tenemos una gran plantilla de jugadores de gran futuro”. Simeone recogió el envite en la siguiente rueda de prensa, la previa ante la Real Sociedad: “No necesitamos muchos futbolistas, pero sí algunos que refuercen el equipo con energía nueva”.

Asfixiado por una situación económica insostenible, algo inexplicable para un equipo que lleva 10 años clasificándose para jugar Champions League de manera consecutiva, que es el tercer equipo de Europa que más dinero ha cosechado vía UEFA solo por resultados deportivos (el 7º si sumamos el reparto del marketpool) en este periodo de tiempo, que no es muy derrochador, pues desde 2012 en la parcela de fichajes es el 44º equipo del mundo que más dinero gasta en fichajes (una vez descontado el dinero de las ventas), por detrás de equipos como el Parma y emparejado con el Cruz Azul, a una media de 10 millones por campaña, la realidad es que todos los veranos, un Atleti que es según la lista Deloitte el 13º equipo más poderoso del mundo en cuanto a situación financiera, vive en una situación en las que las gallinas tienen que salir antes de entrar. El ‘Antes de entrar, dejen salir’ de cada mercado de fichajes es doloroso para un equipo que tiene que pelear en su torneo con dos gigantes y que se suele mover con soltura por Europa casi siempre superando las expectativas.

Y en estas, el Atleti tiene que tomar muchísimas decisiones en base a su futuro. Definir el esquema de juego, saber si en estilo va a volver a sus orígenes o si va a intentar, como en los dos últimos cursos, ser más alegre con balón. Porque hasta en la portería hay dudas, con un Oblak que termina contrato en 12 meses, que ha tenido su peor temporada y que, de no renovar, se intentará traspasar. Con una defensa cogida con pinzas formada por jugadores fuera de posición o que directamente no son defensas. Hacen falta un par de laterales derechos, hace falta mínimo un lateral izquierdo, y hacen falta otro par de centrales contundentes. Saber si la idea es jugar con cuatro o cinco atrás es primordial, sobre todo porque Reinildo, que arregló la defensa en enero, ha cuajado muy bien como central zurdo, pero lo poco que ha jugado en su lateral original, ha hecho aguas (cierto que eran sus primeros partidos, de adaptación). Al nivel bastante bajo de Hermoso y Felipe se une que el segundo aún no ha renovado de forma oficial. Lodi, que parece tener buen cartel, no ha terminado de cuajar más que momentos puntuales y Giménez, capitán, siempre está en el disparadero por su buen caché unido a su fragilidad defensiva.

En la medular urgen cambios, con un Lemar en la misma situación contractual que Oblak (salvo que el francés es guadianesco como él solo), con un Koke que se ha visto sobrepasado este año, con un De Paul que tiene mercado en Italia (aunque se ha entonado mucho en el final de temporada) y con un Llorente que ha sido, sin duda, el jugador que mayor bajón ha pegado esta campaña. Tampoco se sabe mucho de Kondogbia, que ha terminado a gran nivel, pero quizás insuficiente para atreverse a darle las llaves del equipo a un jugador que no es bueno en la primera salida de balón y que solo se ha enchufado al final de su segundo año. El centroafricano, además, se dejó desear por el Aston Villa que ayer mismo oficializó la llegada de un jugador para ese puesto, un Kamara que hace tres días parecía tenerlo hecho con el Atleti. De Herrera sí se sabe que se necesita un sustituto y, de momento, uno que vuelve es Saúl. Aunque quizás sea solo como escala.

Como también vuelve Morata, una vez la Juve ha confirmado que no quiere pagar los 35 millones que tiene de cláusula de compra (aunque sí se lo quedaría si el Atleti rebaja el precio hasta casi regalarlo), pero que no parece tener ningún sitio en la plantilla después de una salida turbulenta hace dos temporadas. Quizás el único que tiene su permanencia en el equipo asegurada es Cunha, el que menos ha jugado y de los que más ilusionan. De Griezmann aún no hay nada oficial, aunque todo indica que seguirá un año más de rojiblanco e incluso podría contar más como medio que como delantero, si se atiende a como ha jugado en las últimas fases de la temporada. De Joao Félix solo se sabe que tiene contrato, una cláusula alta, y que su agente ha intentado colocarle fuera del Atleti casi a cada mercado después de llegar. Eso y que ya son tres años en los que, por unas cosas o por otras, no ha terminado de explotar ni de tener continuidad y siempre que ha estado enchufado ha terminado en la enfermería. Es, desde que llegó, el tercer jugador del equipo que más partidos se ha perdido por lesión tras Vrsaljko y Giménez.

Quizás esto emplace a Correa a buscar un futuro mejor. No lo parece, pero imposible no es si tenemos en cuenta que hace tres años, precisamente con la llegada del luso y la hipotética de un James al que el Real Madrid no permitió fichar a última hora, el argentino tenía pie y medio en Milán. El ex de San Lorenzo siempre es el mejor socio de todos. Ha terminado la temporada siendo el máximo goleador y el jugador que más goles ha generado. Nunca se ha quejado, siempre ha estado dispuesto para jugar. No se le recuerdan partidos perdidos por lesión, más allá del Covid, desde que llegó. Cumple en banda, juega como mediapunta y también como nueve de urgencia. Fue el sostén del equipo en la primera vuelta, pero quizás se haya cansado de tener que hacer más que el doble que los demás para ganarse los minutos en su demarcación original. O quizás sea el propio club el que decida que su ciclo se ha acabado porque hay overbooking en su demarcación y faltan muchos en otras.

Da la sensación de que el Atleti tendría que hacer muchos movimientos este mercado, que hará muy pocos y que prácticamente escucharía ofertas por casi cualquier jugador si la suma de dinero es suficiente. No se sabe si ha sido la plantilla, que perdió el hambre tras salir campeona el curso pasado y se acomodó. O si, como se dijo, simplemente estaba en rebeldía por un dinero que se le adeudaba. Quizás, simplemente, el equipo no era tan bueno como habíamos visto hace un año, o quizás no sea tan flojo como hemos visto este. El Atleti, sea como sea, ha salvado al final una temporada que se hizo bola desde el inicio. Entre los ocho mejores de Europa y otra vez en el podio de LaLiga. El peor año de Simeone, es mejor que el del 99% de los entrenadores que ha tenido el Atleti en sus tres últimas décadas. De su historia, incluso, pero no sería justo comparar con otros que no pudieron jugar competición europea más que ganando Liga o Copa. El Atleti ha salvado un matchball, porque no entrar en Champions habría supuesto desmantelar el equipo para no despeñarse en la fina línea del margen de maniobra económico. Pero no debería permitirse otro año con semejantes dudas.

Imagen de cabecera: Getty Images

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¿Y cómo les ha ido a los cedidos?

Diego G. Argota @DiegoGArgota21
31-05-2022