_La Liga

Evidencias

El fútbol es de todo menos matemático. Los partidos tienen vida propia y, por lo tanto, tienen la capacidad para romper cualquier previsión que se haya hecho. Hechos puntuales como una expulsión, una lesión o una jugada a balón parado pueden marcar la tónica del partido. Detalles que se escapan de la realidad de los equipos. Sin embargo, lo más habitual es que el fútbol ponga a cada uno en su sitio. Y eso es lo que ha sucedido, de manera muy evidente, con el Atlético, el Real Madrid y el Barcelona en la jornada de Liga de este fin de semana. 

La victoria que logró el Atlético ante el Elche (3-1) fue una confirmación más de que el equipo de Simeone tiene los mimbres adecuados para luchar por el título de Liga. Oblak estuvo poco exigido durante el partido, pero hizo una parada tan espectacular como decisiva a un disparo de Lucas Boyé. Contar con ese seguro de vida bajo palos cada fin de semana es una bendición. El Atlético no desplegó un juego tan dinámico como el de las anteriores jornadas, pero nunca perdió el control del partido. Sobra decir que en el día a día de la Liga lo que más prima es la fiabilidad. Y sobre todo: lo de Luis Suárez. El uruguayo, a sus 33 años y sin el físico que desearía, resta más que suma en la circulación de balón, no hace daño al espacio y tiene muchos problemas para ganar duelos individuales. Pero ante el Elche tuvo dos y mandó ambas a la cazuela. Si el Atlético logra que la única función de Suárez sea la de rematar, disfrutará del martillo pilón que sigue siendo el charrúa. Disfrutará de un delantero ‘ganaligas’.

El Real Madrid, por su parte, venció en Ipurua (1-3) en un partido que evidenció los dos grandes factores que marcan el nivel y el techo del conjunto blanco. Kroos, Modric y Benzema son jugadores que, por su técnica e inteligencia, son capaces de hacer fluir el juego de su equipo de una manera casi única. Los tres son élite. Y los tres están de dulce. Ante el Eibar, gracias a estos tres genios, el Real Madrid se encontró con muchas situaciones claras de gol. Pero un día más, le faltó pegada. Estamos viendo a un Benzema que, además de jugar como los ángeles, al igual que el mencionado Suárez, es un martillo pilón. Sin embargo, Rodrygo, Vinicius, Lucas y Asensio, sus compañeros en ataque, no son contundentes. En Ipurua, el Real Madrid presionó, vivió en campo contrario casi todo el partido y ofreció una imagen convincente. Sin embargo, segundos antes del 1-3 de Lucas Vázquez, Ramos salvó a los blancos en el descuento al tapar un mano a mano de Bigas con Courtois que podría haber significado el 2-2. Los de Zidane fueron claros dominadores, pero su victoria estuvo en el alambre. Eso no es nuevo. Y tampoco bueno.

Por último, tenemos a un Barcelona que en su encuentro ante el Valencia, que terminó en empate (2-2), demostró una vez más que, a día de hoy, es un equipo sin rumbo, sin un plan competitivo. Los de Koeman comenzaron embotellando al Valencia, pero sin incomodarlo. Su fútbol fue previsible y sin desborde. Es normal cuando juntas a tres ‘dieces’ como Griezmann, Messi y Coutinho, que necesitan mucho balón porque sin él son poco determinantes. Es normal cuando tu elemento de desborde es Braithwaite fuera de su posición natural. Sin embargo, el problema se agravó a medida que avanzaban los minutos. El Barcelona pasó de no inquietar al Valencia a perder el control del partido. Los de Gracia, con su presión y sus contraataques, evidenciaron las dificultades que tiene el conjunto azulgrana para sacar el balón jugado y las carencias que tiene en el repliegue cuando pierde el balón, tanto por las condiciones físicas de sus futbolistas como por los riesgos que asume (sin éxito) al acumular a tantos jugadores en campo rival cuando ataca. Es duro decirlo, pero ahora mismo no hay por dónde coger al Barça. 

Imagen de cabecera: OSCAR DEL POZO/AFP via Getty Images

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El fútbol es de todo menos matemático. Los partidos tienen vida propia y, por lo tanto, tienen la capacidad para romper cualquier previsión que se haya hecho. Hechos puntuales como una expulsión, una lesión o una jugada a balón parado pueden marcar la tónica del partido. Detalles que se escapan de la realidad de los equipos. Sin embargo, lo más habitual es que el fútbol ponga a cada uno en su sitio. Y eso es lo que ha sucedido, de manera muy evidente, con el Atlético, el Real Madrid y el Barcelona en la jornada de Liga de este fin de semana. 

La victoria que logró el Atlético ante el Elche (3-1) fue una confirmación más de que el equipo de Simeone tiene los mimbres adecuados para luchar por el título de Liga. Oblak estuvo poco exigido durante el partido, pero hizo una parada tan espectacular como decisiva a un disparo de Lucas Boyé. Contar con ese seguro de vida bajo palos cada fin de semana es una bendición. El Atlético no desplegó un juego tan dinámico como el de las anteriores jornadas, pero nunca perdió el control del partido. Sobra decir que en el día a día de la Liga lo que más prima es la fiabilidad. Y sobre todo: lo de Luis Suárez. El uruguayo, a sus 33 años y sin el físico que desearía, resta más que suma en la circulación de balón, no hace daño al espacio y tiene muchos problemas para ganar duelos individuales. Pero ante el Elche tuvo dos y mandó ambas a la cazuela. Si el Atlético logra que la única función de Suárez sea la de rematar, disfrutará del martillo pilón que sigue siendo el charrúa. Disfrutará de un delantero ‘ganaligas’.

El Real Madrid, por su parte, venció en Ipurua (1-3) en un partido que evidenció los dos grandes factores que marcan el nivel y el techo del conjunto blanco. Kroos, Modric y Benzema son jugadores que, por su técnica e inteligencia, son capaces de hacer fluir el juego de su equipo de una manera casi única. Los tres son élite. Y los tres están de dulce. Ante el Eibar, gracias a estos tres genios, el Real Madrid se encontró con muchas situaciones claras de gol. Pero un día más, le faltó pegada. Estamos viendo a un Benzema que, además de jugar como los ángeles, al igual que el mencionado Suárez, es un martillo pilón. Sin embargo, Rodrygo, Vinicius, Lucas y Asensio, sus compañeros en ataque, no son contundentes. En Ipurua, el Real Madrid presionó, vivió en campo contrario casi todo el partido y ofreció una imagen convincente. Sin embargo, segundos antes del 1-3 de Lucas Vázquez, Ramos salvó a los blancos en el descuento al tapar un mano a mano de Bigas con Courtois que podría haber significado el 2-2. Los de Zidane fueron claros dominadores, pero su victoria estuvo en el alambre. Eso no es nuevo. Y tampoco bueno.

Por último, tenemos a un Barcelona que en su encuentro ante el Valencia, que terminó en empate (2-2), demostró una vez más que, a día de hoy, es un equipo sin rumbo, sin un plan competitivo. Los de Koeman comenzaron embotellando al Valencia, pero sin incomodarlo. Su fútbol fue previsible y sin desborde. Es normal cuando juntas a tres ‘dieces’ como Griezmann, Messi y Coutinho, que necesitan mucho balón porque sin él son poco determinantes. Es normal cuando tu elemento de desborde es Braithwaite fuera de su posición natural. Sin embargo, el problema se agravó a medida que avanzaban los minutos. El Barcelona pasó de no inquietar al Valencia a perder el control del partido. Los de Gracia, con su presión y sus contraataques, evidenciaron las dificultades que tiene el conjunto azulgrana para sacar el balón jugado y las carencias que tiene en el repliegue cuando pierde el balón, tanto por las condiciones físicas de sus futbolistas como por los riesgos que asume (sin éxito) al acumular a tantos jugadores en campo rival cuando ataca. Es duro decirlo, pero ahora mismo no hay por dónde coger al Barça. 

Imagen de cabecera: OSCAR DEL POZO/AFP via Getty Images

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