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Entrevista a Juan Ferrando: «Tengo que volver a liarla»

Esteban Gómez @MiRondo 24-02-2014

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Alex LEBRÓN

Alex LEBRÓN – Juan Ferrando, descendiente del sureste de la península y nacido en Barcelona, a sus 33 primaveras se ha convertido en uno de los muchos luchadores que tienen que dejar su tierra para cumplir su sueño. Licenciado en 'Ciencias de la Actividad Física y el Deporte' por la Universidad de Barcelona (UB) y Doctor desde 2011 por el Departamento de Medicina de la Universidad de Zaragoza, con sus tesis doctoral: 'Effect of body vibration training on the ability to jump (SJ) professional footballers’. Sin miedo a nada ha ido de Terrassa a Londres pasando por Brighton y de Málaga a Tiraspol (Moldavia). Juan, un hombre tranquilo, pide té a las doce del mediodía pero se acelera y se le ilumina la mirada al hablar de fútbol. Para él no hay más. Tiene la maleta preparada para su próxima aventura, sea la que sea.

Pregunta: Siguiendo la cronología de su vida deportiva en la élite, ¿cómo le llega la oportunidad de ir a Londres y ser preparador físico de Cesc y posteriormente de Van Persie?
Respuesta: Bueno, principalmente a lo que me dediqué fue a entrenar en categorías inferiores de Catalunya y surgió la opción de ser preparador físico. El hecho de irme a trabajar allí con Cesc Fábregas y conocer la estructura de un gran club como el Arsenal, me permitió conocer el deporte de alto rendimiento y lo vi desde el primer momento como una gran oportunidad para crecer personalmente. Fue una experiencia donde tenía mucha responsabilidad y en la cual había un trasfondo donde yo podía aprender, valorar muchas más cosas que aquí y darle una nueva idea a mis conocimientos para el día que yo tomara las riendas de un equipo profesional.

P: Es decir, ¿trabajando siempre de cara a un futuro como entrenador?
R: Como todo entrenador, todos tenemos la ambición de llegar allí. Lo que pasa es que yo era muy consciente de que en aquel momento estaba entrenando a un club de casa (Terrassa) y lo que quería era subirlo, categoría a categoría, hasta primera. Sí que tenía la idea de ser “head coach” (primer entrenador) y de montar un “staff” (grupo de trabajo) y aunque me veía ahí en un futuro, sabía que era joven para una liga de gran potencial. 

P: Además trabajó usted al lado de un gran entrenador como es Arsène Wenger…
R: Sí bueno, yo diría que me quedó una sensación al 50%, un fitfy-fifty. Al 50% contento porque me sentí muy feliz al ver que aportaba al club nuevas tecnologías y cosas que allí no trabajaban todavía, lo cual era una satisfacción para mí al aportar cosas nuevas. Y si se me permite, también un poco de decepción al crearme expectativas demasiado altas que al final no se cumplieron. Por ejemplo, examinas el trabajo de campo y pasan las semanas y ves que no se trabaja tanto algunos aspectos y hay que aceptar que en el alto rendimiento no es todo como uno espera. Siempre se deja un punto de libertad a los jugadores y a su calidad individual.

P: Sale usted del Arsenal para seguir con su formación en el Brighton. La aventura inglesa continua…
R: Sí, tuve la oportunidad de continuar mi formación allí con Vicente Rodríguez y Gustavo Poyet, y no lo dudé. Pensé que la experiencia de un año en la Championship (segunda división inglesa) me podía dar un poco más de experiencia en el mundo del alto rendimiento, de la élite. Llegó un momento en que creí que debía buscar otros caminos y empecé a ser un poco autodidacta.

P: Y de ahí, de la gris y lluviosa Inglaterra a la soleada Málaga. Gran cambio, ¿no?
R: Pues sí, cogí los trastos y me planté en Málaga para entrenar al juvenil en el que pude compartir vivencias con entrenadores que habían sido jugadores del Málaga en Primera División. Además el entrenador era Manuel Pellegrini, quien me gusta mucho por su estilo, y pensé que sería una buena forma de crecer profesionalmente como entrenador.   Al final tuve una buenísima experiencia ya que empecé a aplicar al fútbol base ideas que había visto y madurado en Inglaterra. Y funcionó. Fuimos campeones de grupo y el equipo más goleador y el menos goleado.

P: Y de Málaga en poco tiempo hacia Moldavia. Otro salto más…
R: (Risas) Sí, podríamos decir que allí me hice autodidacta por completo y allí tuve la oportunidad de poner mis ideas en práctica en un equipo profesional. Yo creo que en líneas generales los resultados han sido buenos, en liga nos mantuvimos primeros con lo que considero un buen juego y goleando a equipos a los que hacía diez años que el FC Sheriff no ganaba. Aunque lo que era muy importante para mí era competir en Europa y reforzar las ideas que había ido aprendiendo, desarrollando y aplicando. En general quedé muy contento al hacer unas buenas rondas previas y una fase de grupos muy seria. Fuimos muy competitivos y la muestra es que nos quedamos a un gol de pasar de ronda. Uno se da cuenta del nivel de compromiso que ha conseguido de sus jugadores cuando les ve a los 19 llorar en el vestuario tras un encuentro, pidiéndote perdón por no haber logrado la clasificación.

P: Y en esa fase de grupos les tocó el coco. White Hart Lane, el Tottenham de Villas-Boas…
R: Fue el examen divertido. Perdimos 2-1 en Inglaterra y 0-2 en casa pero el emparejamiento fue un premio para los jugadores. Volvimos a competir gracias al trabajo realizado en las semanas previas. Debimos trabajar mucho la motivación del equipo y realizar mucho trabajo táctico, por la diferencia de calidad entre nosotros y el equipo de Villas-Boas.

P: Permítame la indiscreción, ¿Le dijo algo Villas-Boas?
R: (Risas) A cada cambio suyo yo hacia otro para contrarrestar la gran diferencia que había así que me preguntó, en tono de broma, si estaba pendiente del partido o de lo que hacia él. Al final del encuentro sí que pudimos hablar más tranquilamente y me comentó que había sufrido mucho durante el partido para llevarse los tres puntos. Fue emocionante y una lección muy valiosa de cara al futuro. 

P: ¿Cómo cuál?
R: Pues la experiencia me enseñó, por ejemplo, que si trabajas bien no tienes límites, cada día vas creciendo. De mi etapa como entrenador del FC Sheriff he reafirmado mi deseo de ser entrenador, y si tuviese que emplear las 24 horas del día, lo haría sin dudar. Disfruto tanto que se me olvidan necesidades vitales como dormir, comer o incluso llamar a mi pareja (risas). Y por otro lado, de esa experiencia extraigo que mi idea futbolística está dando resultados y que de momento no estoy equivocado.

P: Volviendo al inicio de su periplo moldavo, usted ni se lo pensó al aceptar este desafío en Tiraspol…
R: Para nada. Vi la posibilidad de ser “head coach” y de poder competir en Europa y ni me lo pensé. Admito que tuve que indagar un poco por Google para ubicar bien el sitio pero a nivel profesional no tuve ninguna duda.


Juan Ferrando en rutina de trabajo | Archivo

P: Y una vez llega allí, usted de ruso iría justo, ¿no?
R: De ruso no sabía nada. Durante siete días no pude pedir ni una botella de agua. Al final acabé aprendiendo eh, (risas) pero tuve que idear un sistema de comunicación con los jugadores, una jerga común, como un “esperanto” por decirlo así para entendernos entre todos. Había nueve idiomas en el vestuario con jugadores búlgaros, turcos, guineanos, senegaleses, burkineses… Un día pregunté quien había aprendido ingles en la escuela y al pedir al que asintió que me trajese un cono, me trajo otra cosa. Me di por vencido. Los primeros días utilicé métodos habituales en niños, como cogerles del cuello para colocarlos donde quería. La línea defensiva la trabajaba con una cuerda, les ataba para que lo entendiesen. Al principio me miraban raro, pero dio resultado.

P: Al menos tenía a su “staff”…
R: Ni eso, allí me fui solo. El club me puso el “staff”. Fue un poco complicado puesto que si ya era difícil explicar a los jugadores lo que se debía hacer en el campo en un idioma que no es el tuyo, imagínate a un staff entero. Al llegar, les dije: ¿os gusta el fútbol? Si os gusta, vamos a por ello.

P: ¿Pero podían ser del ‘staff’ sin gustarles el fútbol?
R: Para muchos es un trabajo con el que poder sobrevivir. Recuerdo un día, viendo un clásico en la televisión, cuando me preguntaron: ¿Qué equipo es cada uno? Y ahí te quedas… Tuve que asumir algunos roles más, como realizar los videos para preparar los partidos, trabajo de ‘scouting’, hablar con representantes, fichar jugadores, realizar analíticas a los jugadores, sesiones de psicólogo…

P: Vamos, una vida y una cultura totalmente diferente a la de aquí…
R: Totalmente. Se trata de una ciudad muy tranquila con gente modesta y al inicio yo tenía la dificultad añadida de la barrera que supone el idioma. La vida es bastante sencilla, alejada de la propia de nuestra cultura occidental.

P: Tal y como me lo está pintando le habrán pasado mil y una anécdotas…
R: Muchísimas. Había entrenadores de equipos rivales que pedían barrera en un penalti. Sí, sí en un penalti. Otro día jugamos en el campo del Dacia, el clásico rival, y durante la media parte, cuando les estábamos ganando 0-2, su presidente bajó al vestuario para destituir al entrenador, echar al portero y ponerse él en el banquillo. Al final les metimos un par de goles más y cuando terminó el partido me preguntó cuál era mi sueldo porque quería ficharme. Siempre pasaban anécdotas sorprendentes…

P: Pero si la cosa iba tan bien, ¿por qué le destituyeron?
R: La cosa iba bien, pero parecía que para ellos no. La razón que me dio el presidente fue no haber pasado a octavos de final de Europa League, pero me pareció una excusa y no quise darle vueltas. Poco antes de la destitución había estado hablando con el club para que se cumplieran algunas promesas que se habían hecho a los jugadores. En una hora estaba destituido.

P: De todo se aprende, ¿no?
R: Sí, evidentemente. Yo tengo la conciencia muy tranquila y sé que formamos a una buena plantilla e hicimos algo grande en Europa.

P: Y de cara al futuro mientras no entrene, ¿tiene pensado visitar otros equipos para aprender?
R: Por supuesto. De hecho, hace poco estuve en Valladolid con JIM (Juan Ignacio Martínez) y viendo el gran trabajo del equipo técnico. No dejo de aprender, el fútbol es un campo que se abre tanto que todo el mundo puede aportar cosas. Me gusta adaptar ideas que puedo aplicar y probar en mi metodología. Lo importante es innovar siempre, ya no cada temporada, sino cada semana e incluso cada día.

P: Jamás cerrándose puertas…
R: Nunca. Como si hay que entrenar en Segunda B. Solo pido que allá donde vaya haya pasión por el fútbol y ganas de crecer a nivel deportivo. Ahora mismo no me mueve ni el tema económico, ahora solo busco ir a un club con cultura futbolística. Sé que es difícil, porque soy joven y eso puede generar cierta desconfianza en los presidentes. Pero los resultados hablan y creo que a veces hay que apostar por el potencial de las nuevas generaciones, y no solo en futbol.

P: Dicen que la esperanza es lo último que se pierde…
R: Claro, siempre confío en que saldrá algo y sí que he tenido algunas llamadas, pero soy consciente de que tengo que volver a “liarla”: coger un equipo con ganas de conseguir algo grande, liarla en Europa y ganar la Europa League así no me echarán (risas). Si me destituyen que sea porque no les gusta el color de mi camisa.

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Alex LEBRÓN – Juan Ferrando, descendiente del sureste de la península y nacido en Barcelona, a sus 33 primaveras se ha convertido en uno de los muchos luchadores que tienen que dejar su tierra para cumplir su sueño. Licenciado en 'Ciencias de la Actividad Física y el Deporte' por la Universidad de Barcelona (UB) y Doctor desde 2011 por el Departamento de Medicina de la Universidad de Zaragoza, con sus tesis doctoral: 'Effect of body vibration training on the ability to jump (SJ) professional footballers’. Sin miedo a nada ha ido de Terrassa a Londres pasando por Brighton y de Málaga a Tiraspol (Moldavia). Juan, un hombre tranquilo, pide té a las doce del mediodía pero se acelera y se le ilumina la mirada al hablar de fútbol. Para él no hay más. Tiene la maleta preparada para su próxima aventura, sea la que sea.

Pregunta: Siguiendo la cronología de su vida deportiva en la élite, ¿cómo le llega la oportunidad de ir a Londres y ser preparador físico de Cesc y posteriormente de Van Persie?
Respuesta: Bueno, principalmente a lo que me dediqué fue a entrenar en categorías inferiores de Catalunya y surgió la opción de ser preparador físico. El hecho de irme a trabajar allí con Cesc Fábregas y conocer la estructura de un gran club como el Arsenal, me permitió conocer el deporte de alto rendimiento y lo vi desde el primer momento como una gran oportunidad para crecer personalmente. Fue una experiencia donde tenía mucha responsabilidad y en la cual había un trasfondo donde yo podía aprender, valorar muchas más cosas que aquí y darle una nueva idea a mis conocimientos para el día que yo tomara las riendas de un equipo profesional.

P: Es decir, ¿trabajando siempre de cara a un futuro como entrenador?
R: Como todo entrenador, todos tenemos la ambición de llegar allí. Lo que pasa es que yo era muy consciente de que en aquel momento estaba entrenando a un club de casa (Terrassa) y lo que quería era subirlo, categoría a categoría, hasta primera. Sí que tenía la idea de ser “head coach” (primer entrenador) y de montar un “staff” (grupo de trabajo) y aunque me veía ahí en un futuro, sabía que era joven para una liga de gran potencial. 

P: Además trabajó usted al lado de un gran entrenador como es Arsène Wenger…
R: Sí bueno, yo diría que me quedó una sensación al 50%, un fitfy-fifty. Al 50% contento porque me sentí muy feliz al ver que aportaba al club nuevas tecnologías y cosas que allí no trabajaban todavía, lo cual era una satisfacción para mí al aportar cosas nuevas. Y si se me permite, también un poco de decepción al crearme expectativas demasiado altas que al final no se cumplieron. Por ejemplo, examinas el trabajo de campo y pasan las semanas y ves que no se trabaja tanto algunos aspectos y hay que aceptar que en el alto rendimiento no es todo como uno espera. Siempre se deja un punto de libertad a los jugadores y a su calidad individual.

P: Sale usted del Arsenal para seguir con su formación en el Brighton. La aventura inglesa continua…
R: Sí, tuve la oportunidad de continuar mi formación allí con Vicente Rodríguez y Gustavo Poyet, y no lo dudé. Pensé que la experiencia de un año en la Championship (segunda división inglesa) me podía dar un poco más de experiencia en el mundo del alto rendimiento, de la élite. Llegó un momento en que creí que debía buscar otros caminos y empecé a ser un poco autodidacta.

P: Y de ahí, de la gris y lluviosa Inglaterra a la soleada Málaga. Gran cambio, ¿no?
R: Pues sí, cogí los trastos y me planté en Málaga para entrenar al juvenil en el que pude compartir vivencias con entrenadores que habían sido jugadores del Málaga en Primera División. Además el entrenador era Manuel Pellegrini, quien me gusta mucho por su estilo, y pensé que sería una buena forma de crecer profesionalmente como entrenador.   Al final tuve una buenísima experiencia ya que empecé a aplicar al fútbol base ideas que había visto y madurado en Inglaterra. Y funcionó. Fuimos campeones de grupo y el equipo más goleador y el menos goleado.

P: Y de Málaga en poco tiempo hacia Moldavia. Otro salto más…
R: (Risas) Sí, podríamos decir que allí me hice autodidacta por completo y allí tuve la oportunidad de poner mis ideas en práctica en un equipo profesional. Yo creo que en líneas generales los resultados han sido buenos, en liga nos mantuvimos primeros con lo que considero un buen juego y goleando a equipos a los que hacía diez años que el FC Sheriff no ganaba. Aunque lo que era muy importante para mí era competir en Europa y reforzar las ideas que había ido aprendiendo, desarrollando y aplicando. En general quedé muy contento al hacer unas buenas rondas previas y una fase de grupos muy seria. Fuimos muy competitivos y la muestra es que nos quedamos a un gol de pasar de ronda. Uno se da cuenta del nivel de compromiso que ha conseguido de sus jugadores cuando les ve a los 19 llorar en el vestuario tras un encuentro, pidiéndote perdón por no haber logrado la clasificación.

P: Y en esa fase de grupos les tocó el coco. White Hart Lane, el Tottenham de Villas-Boas…
R: Fue el examen divertido. Perdimos 2-1 en Inglaterra y 0-2 en casa pero el emparejamiento fue un premio para los jugadores. Volvimos a competir gracias al trabajo realizado en las semanas previas. Debimos trabajar mucho la motivación del equipo y realizar mucho trabajo táctico, por la diferencia de calidad entre nosotros y el equipo de Villas-Boas.

P: Permítame la indiscreción, ¿Le dijo algo Villas-Boas?
R: (Risas) A cada cambio suyo yo hacia otro para contrarrestar la gran diferencia que había así que me preguntó, en tono de broma, si estaba pendiente del partido o de lo que hacia él. Al final del encuentro sí que pudimos hablar más tranquilamente y me comentó que había sufrido mucho durante el partido para llevarse los tres puntos. Fue emocionante y una lección muy valiosa de cara al futuro. 

P: ¿Cómo cuál?
R: Pues la experiencia me enseñó, por ejemplo, que si trabajas bien no tienes límites, cada día vas creciendo. De mi etapa como entrenador del FC Sheriff he reafirmado mi deseo de ser entrenador, y si tuviese que emplear las 24 horas del día, lo haría sin dudar. Disfruto tanto que se me olvidan necesidades vitales como dormir, comer o incluso llamar a mi pareja (risas). Y por otro lado, de esa experiencia extraigo que mi idea futbolística está dando resultados y que de momento no estoy equivocado.

P: Volviendo al inicio de su periplo moldavo, usted ni se lo pensó al aceptar este desafío en Tiraspol…
R: Para nada. Vi la posibilidad de ser “head coach” y de poder competir en Europa y ni me lo pensé. Admito que tuve que indagar un poco por Google para ubicar bien el sitio pero a nivel profesional no tuve ninguna duda.


Juan Ferrando en rutina de trabajo | Archivo

P: Y una vez llega allí, usted de ruso iría justo, ¿no?
R: De ruso no sabía nada. Durante siete días no pude pedir ni una botella de agua. Al final acabé aprendiendo eh, (risas) pero tuve que idear un sistema de comunicación con los jugadores, una jerga común, como un “esperanto” por decirlo así para entendernos entre todos. Había nueve idiomas en el vestuario con jugadores búlgaros, turcos, guineanos, senegaleses, burkineses… Un día pregunté quien había aprendido ingles en la escuela y al pedir al que asintió que me trajese un cono, me trajo otra cosa. Me di por vencido. Los primeros días utilicé métodos habituales en niños, como cogerles del cuello para colocarlos donde quería. La línea defensiva la trabajaba con una cuerda, les ataba para que lo entendiesen. Al principio me miraban raro, pero dio resultado.

P: Al menos tenía a su “staff”…
R: Ni eso, allí me fui solo. El club me puso el “staff”. Fue un poco complicado puesto que si ya era difícil explicar a los jugadores lo que se debía hacer en el campo en un idioma que no es el tuyo, imagínate a un staff entero. Al llegar, les dije: ¿os gusta el fútbol? Si os gusta, vamos a por ello.

P: ¿Pero podían ser del ‘staff’ sin gustarles el fútbol?
R: Para muchos es un trabajo con el que poder sobrevivir. Recuerdo un día, viendo un clásico en la televisión, cuando me preguntaron: ¿Qué equipo es cada uno? Y ahí te quedas… Tuve que asumir algunos roles más, como realizar los videos para preparar los partidos, trabajo de ‘scouting’, hablar con representantes, fichar jugadores, realizar analíticas a los jugadores, sesiones de psicólogo…

P: Vamos, una vida y una cultura totalmente diferente a la de aquí…
R: Totalmente. Se trata de una ciudad muy tranquila con gente modesta y al inicio yo tenía la dificultad añadida de la barrera que supone el idioma. La vida es bastante sencilla, alejada de la propia de nuestra cultura occidental.

P: Tal y como me lo está pintando le habrán pasado mil y una anécdotas…
R: Muchísimas. Había entrenadores de equipos rivales que pedían barrera en un penalti. Sí, sí en un penalti. Otro día jugamos en el campo del Dacia, el clásico rival, y durante la media parte, cuando les estábamos ganando 0-2, su presidente bajó al vestuario para destituir al entrenador, echar al portero y ponerse él en el banquillo. Al final les metimos un par de goles más y cuando terminó el partido me preguntó cuál era mi sueldo porque quería ficharme. Siempre pasaban anécdotas sorprendentes…

P: Pero si la cosa iba tan bien, ¿por qué le destituyeron?
R: La cosa iba bien, pero parecía que para ellos no. La razón que me dio el presidente fue no haber pasado a octavos de final de Europa League, pero me pareció una excusa y no quise darle vueltas. Poco antes de la destitución había estado hablando con el club para que se cumplieran algunas promesas que se habían hecho a los jugadores. En una hora estaba destituido.

P: De todo se aprende, ¿no?
R: Sí, evidentemente. Yo tengo la conciencia muy tranquila y sé que formamos a una buena plantilla e hicimos algo grande en Europa.

P: Y de cara al futuro mientras no entrene, ¿tiene pensado visitar otros equipos para aprender?
R: Por supuesto. De hecho, hace poco estuve en Valladolid con JIM (Juan Ignacio Martínez) y viendo el gran trabajo del equipo técnico. No dejo de aprender, el fútbol es un campo que se abre tanto que todo el mundo puede aportar cosas. Me gusta adaptar ideas que puedo aplicar y probar en mi metodología. Lo importante es innovar siempre, ya no cada temporada, sino cada semana e incluso cada día.

P: Jamás cerrándose puertas…
R: Nunca. Como si hay que entrenar en Segunda B. Solo pido que allá donde vaya haya pasión por el fútbol y ganas de crecer a nivel deportivo. Ahora mismo no me mueve ni el tema económico, ahora solo busco ir a un club con cultura futbolística. Sé que es difícil, porque soy joven y eso puede generar cierta desconfianza en los presidentes. Pero los resultados hablan y creo que a veces hay que apostar por el potencial de las nuevas generaciones, y no solo en futbol.

P: Dicen que la esperanza es lo último que se pierde…
R: Claro, siempre confío en que saldrá algo y sí que he tenido algunas llamadas, pero soy consciente de que tengo que volver a “liarla”: coger un equipo con ganas de conseguir algo grande, liarla en Europa y ganar la Europa League así no me echarán (risas). Si me destituyen que sea porque no les gusta el color de mi camisa.

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