_Fútbol Internacional

Entre la dura realidad y la esperanza

Diego G. Argota @DiegoGArgota21 11-12-2019

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Bolton Wanderers

El otro día, buscando resguardarme del frío invernal, acabé en una tienda de deportes del centro de la capital. Allí me topé con un tipo curioso y de habla británica. Vestía los pantalones de London Irish Rugby, usaba un gorro naranja eléctrico totalmente llamativo del equipo ciclista Euskaltel Euskadi y lucía una sudadera azul marino, de marca Reebok, pero cuya mochila ocultaba parte del escudo que asomaba por el pecho. Con todo, deduje, era el emblema del Bolton Wanderers. No era un tipo ganador en sus elecciones. Acabó, por cierto, comprando una gorra de los All Blacks. Imposible ser más llamativo. Puede que estuviera buscando un hobby alternativo para lo que le puede venir en el futuro.

El Bolton, quien fuera uno de los 12 fundadores de la Liga Inglesa allá por 1888 y que tiene más de 140 años de historia, no está en el mejor momento de su larga trayectoria. Por no decir que está en el peor y que no sería de extrañar su desaparición a corto plazo, como le pasó a su archienemigo Bury FC y como estuvo a punto de sucederle a él este mismo verano.

Y es que el equipo que hace no mucho se colaba entre los grandes de la Premier League y paseaba por Europa (eliminó al Atlético del Kun Agüero y Forlán de la UEFA en 2008, sin ir más lejos), hoy es el colista de la League One, la tercera división del fútbol inglés, y está inmerso en un huracán que apunta a terminar de la peor manera posible.

Su caída, en picado, enseña que esto del fútbol negocio no es un videojuego. Que lo que un día está arriba al siguiente se pone bocabajo y que no todo es color de rosas. Porque el equipo que lució en sus filas futbolistas de la talla de Anelka, Nakata, Hierro, Marcos Alonso, Kevin Nolan, El Hadji Diouf o Gary Speed, hoy tiene solo tres futbolistas profesionales y tuvo que jugar las primeras jornadas de Liga con muchachos del filial por los impagos a los de la primera plantilla.

El equipo se salvó sobre la bocina de desaparecer, siendo engullido a última hora por una multinacional formada por pequeños empresarios de la ciudad que compró al equipo y se hizo cargo de parte de la millonaria deuda que le asolaba, pero eso no impidió una sanción de la FA de 12 puntos al inicio de esta campaña y la estampida que se produjo en la plantilla y en todo lo que tiene que ver financieramente con el equipo. Las marcas se esfumaron, los patrocinadores huyeron y hoy el equipo luce una camiseta fabricada por Infinity Apparel, una marca totalmente desconocida en el panorama fútbol.

Hace solo ocho campañas, el Bolton campaba a sus anchas por la Premier League, con una plantilla notable y con futbolistas absolutamente capacitados para mantener la categoría. Marcos Alonso, Gary Cahill, Martin Petrov, Ivan Klasnic, Reo Coker, Gael Kakuta, Jaaskelainen, David N’Gog o Dedryck Boyata sobresalían en una plantilla en la que el coreano Lee Chung-Yong apenas compareció por lesión y en la que el percance de Fabrice Muamba a mitad de temporada dejó helado a todo el panorama fútbol.

The Trotters, apodo usual del equipo, perdió la categoría por solo un punto en la última jornada, cuando la plantilla daba para mucho más. El retorno, si bien es complicado en una Championship siempre tan competitiva, se antojaba muy factible para un equipo histórico, un clásico que, pese a sufrir la pérdida de muchos efectivos, era un atractivo en el que jugar. Pero tras un año donde se rozó el playoff, las cosas no fueron nada bien y en la tercera temporada bordeó un descenso que se consolidó el curso siguiente, cuando acabó colista con solo 30 puntos. Un nuevo ascenso inmediato dio algo de esperanza, pero en la 2018-2019 el equipo volvió a perder la categoría.

Todo ese sainete de malos resultados atiende a una crisis deportiva que es la prolongación de una mala planificación financiera que estalló definitivamente el año pasado. Los problemas se dejaron ver mucho más a principios de 2019, con jugadores en huelga por no percibir sus salarios, partidos no disputados, deducción de puntos y una situación a veces hasta alejada del fútbol amateur. No disponían de material para entrenar y a veces ni siquiera de agua para las prácticas.

La realidad actual es trágica, con el equipo, a estas alturas del campeonato, colista con solo dos puntos (empezó el curso con -12), pero ha surgido en las últimas jornadas un rayo de esperanza y es que en los cinco partidos recientes ha cosechado tres victorias y un empate, siempre sostenido por los tantos de un goleador inmortal como Daryl Murphy, como pez en el agua en estas categorías. Con todo, y con casi la mitad del campeonato ya disputado, es difícil pensar en la salvación de un equipo que necesitaría un milagro para mantenerse en la tercera división y no caer en el olvido de la League Two.

Su situación recuerda a la que vive otro clásico del fútbol inglés como el Sunderland, que desde que descendió de la Premier League hace unas temporadas no para de dar tumbos entre Championship y League One. Hoy comparte categoría con el propio Bolton. Y es el fiel espejo de lo que una vez sufrió la Fiorentina, de lo que acaba de vivir Palermo, de lo que le ha sucedido al propio Bury, de un Portsmouth al que está calcando los pasos o de lo que le pueda suceder al Deportivo de la Coruña, colista en Segunda División. Porque los aficionados que hace una década celebraban los goles de Gary Speed, Anelka o Nolan hoy apenas conocen a los integrantes amateur de su plantilla.

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El otro día, buscando resguardarme del frío invernal, acabé en una tienda de deportes del centro de la capital. Allí me topé con un tipo curioso y de habla británica. Vestía los pantalones de London Irish Rugby, usaba un gorro naranja eléctrico totalmente llamativo del equipo ciclista Euskaltel Euskadi y lucía una sudadera azul marino, de marca Reebok, pero cuya mochila ocultaba parte del escudo que asomaba por el pecho. Con todo, deduje, era el emblema del Bolton Wanderers. No era un tipo ganador en sus elecciones. Acabó, por cierto, comprando una gorra de los All Blacks. Imposible ser más llamativo. Puede que estuviera buscando un hobby alternativo para lo que le puede venir en el futuro.

El Bolton, quien fuera uno de los 12 fundadores de la Liga Inglesa allá por 1888 y que tiene más de 140 años de historia, no está en el mejor momento de su larga trayectoria. Por no decir que está en el peor y que no sería de extrañar su desaparición a corto plazo, como le pasó a su archienemigo Bury FC y como estuvo a punto de sucederle a él este mismo verano.

Y es que el equipo que hace no mucho se colaba entre los grandes de la Premier League y paseaba por Europa (eliminó al Atlético del Kun Agüero y Forlán de la UEFA en 2008, sin ir más lejos), hoy es el colista de la League One, la tercera división del fútbol inglés, y está inmerso en un huracán que apunta a terminar de la peor manera posible.

Su caída, en picado, enseña que esto del fútbol negocio no es un videojuego. Que lo que un día está arriba al siguiente se pone bocabajo y que no todo es color de rosas. Porque el equipo que lució en sus filas futbolistas de la talla de Anelka, Nakata, Hierro, Marcos Alonso, Kevin Nolan, El Hadji Diouf o Gary Speed, hoy tiene solo tres futbolistas profesionales y tuvo que jugar las primeras jornadas de Liga con muchachos del filial por los impagos a los de la primera plantilla.

El equipo se salvó sobre la bocina de desaparecer, siendo engullido a última hora por una multinacional formada por pequeños empresarios de la ciudad que compró al equipo y se hizo cargo de parte de la millonaria deuda que le asolaba, pero eso no impidió una sanción de la FA de 12 puntos al inicio de esta campaña y la estampida que se produjo en la plantilla y en todo lo que tiene que ver financieramente con el equipo. Las marcas se esfumaron, los patrocinadores huyeron y hoy el equipo luce una camiseta fabricada por Infinity Apparel, una marca totalmente desconocida en el panorama fútbol.

Hace solo ocho campañas, el Bolton campaba a sus anchas por la Premier League, con una plantilla notable y con futbolistas absolutamente capacitados para mantener la categoría. Marcos Alonso, Gary Cahill, Martin Petrov, Ivan Klasnic, Reo Coker, Gael Kakuta, Jaaskelainen, David N’Gog o Dedryck Boyata sobresalían en una plantilla en la que el coreano Lee Chung-Yong apenas compareció por lesión y en la que el percance de Fabrice Muamba a mitad de temporada dejó helado a todo el panorama fútbol.

The Trotters, apodo usual del equipo, perdió la categoría por solo un punto en la última jornada, cuando la plantilla daba para mucho más. El retorno, si bien es complicado en una Championship siempre tan competitiva, se antojaba muy factible para un equipo histórico, un clásico que, pese a sufrir la pérdida de muchos efectivos, era un atractivo en el que jugar. Pero tras un año donde se rozó el playoff, las cosas no fueron nada bien y en la tercera temporada bordeó un descenso que se consolidó el curso siguiente, cuando acabó colista con solo 30 puntos. Un nuevo ascenso inmediato dio algo de esperanza, pero en la 2018-2019 el equipo volvió a perder la categoría.

Todo ese sainete de malos resultados atiende a una crisis deportiva que es la prolongación de una mala planificación financiera que estalló definitivamente el año pasado. Los problemas se dejaron ver mucho más a principios de 2019, con jugadores en huelga por no percibir sus salarios, partidos no disputados, deducción de puntos y una situación a veces hasta alejada del fútbol amateur. No disponían de material para entrenar y a veces ni siquiera de agua para las prácticas.

La realidad actual es trágica, con el equipo, a estas alturas del campeonato, colista con solo dos puntos (empezó el curso con -12), pero ha surgido en las últimas jornadas un rayo de esperanza y es que en los cinco partidos recientes ha cosechado tres victorias y un empate, siempre sostenido por los tantos de un goleador inmortal como Daryl Murphy, como pez en el agua en estas categorías. Con todo, y con casi la mitad del campeonato ya disputado, es difícil pensar en la salvación de un equipo que necesitaría un milagro para mantenerse en la tercera división y no caer en el olvido de la League Two.

Su situación recuerda a la que vive otro clásico del fútbol inglés como el Sunderland, que desde que descendió de la Premier League hace unas temporadas no para de dar tumbos entre Championship y League One. Hoy comparte categoría con el propio Bolton. Y es el fiel espejo de lo que una vez sufrió la Fiorentina, de lo que acaba de vivir Palermo, de lo que le ha sucedido al propio Bury, de un Portsmouth al que está calcando los pasos o de lo que le pueda suceder al Deportivo de la Coruña, colista en Segunda División. Porque los aficionados que hace una década celebraban los goles de Gary Speed, Anelka o Nolan hoy apenas conocen a los integrantes amateur de su plantilla.

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