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El valencianismo cree en la reAmuntada (II parte)

Domingo Ortiz @Domingortiz 25-04-2014

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Domingo ORTIZ

Domingo ORTIZ – Sevilla siempre fue tierra santa para el valencianismo. Andalucía en general, ya que en 2002 fue en Málaga donde voló impulsado por muelles Fabián Ayala y donde Fabio Aurelio y Pablo Aimar dejaron un regalo con doble envoltorio para la eternidad. El suspense tuvo validez y el Valencia ganó la Liga 31 años después. Pero la capital hispalense escuchó de cerca y con atención las tracas de las victorias y los títulos. En 1999, La Cartuja fue testigo de un concierto multitudinario. El "Probe Miguel" de la fallecida Esperanza García -voz de "Triana Pura"- acabó entonándose por la marea naranja y convirtiéndose en la canción del verano… y del invierno. Y en 2004 el Ramón Sánchez Pizjuán, otra vez con La Giralda, la Torre del Oro, la Alameda de Hércules y la armoniosa y sublime Plaza España a lo lejos, presenció el alirón blanquinegro. Aquella tarde de Vicente y Baraja. La de su coronación en los altares valencianistas.

Pero desde hace 10 años el campo del Sevilla se atraganta como cacahuete en gargantilla sin consumo de líquidos. Como esa pipa rota y salada que raspa y que solo se sonsaca con el arranque de la tos. Como ese trozo de chicle que baila en los adentros alertando de náuseas. Una especie de canal paralelo al habitual que provoca la obstrucción accidental de las vías respiratorias altas o medias. Solo le faltaba al caramelo de carrozas una mano en el cuello que obstruyera más su caída. Y esa fue la del colegiado esloveno Damir Skomina. Su bochornosa actuación encendió los ánimos de los más 2.100 aficionados que poblaron el Ramón Sánchez Pizjuán y de los millones que lo vieron desde la distancia. La indignación es el bebedero de los valencianistas desde las 23:00 de ayer y no tiene pinta de apaciguarse. Un fuera de juego clamoroso de M'Bia a la salida de una falta ejecutada por un Rakitic excelso aplacó injustamente la extraordinaria primera media hora de los de Pizzi. Ese error marcó el encuentro. Fue una bocanada fresca para el Sevilla y un collage en llamas de fuego para los che. Porque como parece ya norma habitual en el Valencia, tras una banderilla solo hay que esperar dos minutos para que la estocada lo atraviese. Se descompuso por completo. Aparecieron los habituales errores de concentración y el buen arranque acabó siendo fragilidad mental y ganas de entrar en la caseta.


El esloveno Damir Skomina | Getty Images

Skomina, no contento con el cuadro dibujado en la primera mitad, dejó a Paco Alcácer (salvo alineación planetaria) sin casco, escudo y lanza para el partido de vuelta. Fue Beto quien alargó la pierna e impactó con el delantero pero el árbitro esloveno quiso sellar su mejor obra en la ciudad del arte. También el Sevilla se quejó por unas manos de Javi Fuego tras disparo de Gameiro. Penalti. Pero el que alzó la voz al acabar el encuentro fue Amadeo Salvo. El presidente del Valencia calificó de "deplorable" la actuación del árbitro y mandó un dardo envenenado a la UEFA afirmando que es "incomprensible cómo se ha designado un colegiado esloveno, donde el nivel de fútbol es el que es, para pitar un partido tan importante." Un jardín innecesario.

A pesar de la dificultad que conlleva levantar un 2-0 adverso ante un rival poderoso como el Sevilla, su gente está convencida de ello. Y el primero Juan Antonio Pizzi, quien aseguró estar confiado que el jueves próximo "se vivirá una noche como la del Basilea". También Amadeo Salvo fue tajante asegurando que "no es que crea en la remontada, es que vamos a estar en Turín". Mensajes que llegarán en oleadas para convertir Mestalla el próximo jueves en una auténtica caldera. Fueron los aficionados con su fe los que empezaron a creer que el Basilea mordería el polvo y los que empujaron a los suyos a convertir esa noche en una de las históricas de la entidad.  Los suizos no tenían a Bacca, ni a Gameiro, ni a Fazio. Y por descontado, no disponían de uno de los mayores talentos europeos de la actualidad, Ivan Rakitic. El Sevilla los tiene a todos. Cierto. Pero el Valencia tiene el ejemplo cercano de que sí es posible la reAmuntada y lo más importante: Mestalla. Noventa minutos en el Teatro de los Sueños de la Avenida de Suecia son muy largos. Y al fondo se ve Turín. Como para no creer.

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Domingo ORTIZ – Sevilla siempre fue tierra santa para el valencianismo. Andalucía en general, ya que en 2002 fue en Málaga donde voló impulsado por muelles Fabián Ayala y donde Fabio Aurelio y Pablo Aimar dejaron un regalo con doble envoltorio para la eternidad. El suspense tuvo validez y el Valencia ganó la Liga 31 años después. Pero la capital hispalense escuchó de cerca y con atención las tracas de las victorias y los títulos. En 1999, La Cartuja fue testigo de un concierto multitudinario. El "Probe Miguel" de la fallecida Esperanza García -voz de "Triana Pura"- acabó entonándose por la marea naranja y convirtiéndose en la canción del verano… y del invierno. Y en 2004 el Ramón Sánchez Pizjuán, otra vez con La Giralda, la Torre del Oro, la Alameda de Hércules y la armoniosa y sublime Plaza España a lo lejos, presenció el alirón blanquinegro. Aquella tarde de Vicente y Baraja. La de su coronación en los altares valencianistas.

Pero desde hace 10 años el campo del Sevilla se atraganta como cacahuete en gargantilla sin consumo de líquidos. Como esa pipa rota y salada que raspa y que solo se sonsaca con el arranque de la tos. Como ese trozo de chicle que baila en los adentros alertando de náuseas. Una especie de canal paralelo al habitual que provoca la obstrucción accidental de las vías respiratorias altas o medias. Solo le faltaba al caramelo de carrozas una mano en el cuello que obstruyera más su caída. Y esa fue la del colegiado esloveno Damir Skomina. Su bochornosa actuación encendió los ánimos de los más 2.100 aficionados que poblaron el Ramón Sánchez Pizjuán y de los millones que lo vieron desde la distancia. La indignación es el bebedero de los valencianistas desde las 23:00 de ayer y no tiene pinta de apaciguarse. Un fuera de juego clamoroso de M'Bia a la salida de una falta ejecutada por un Rakitic excelso aplacó injustamente la extraordinaria primera media hora de los de Pizzi. Ese error marcó el encuentro. Fue una bocanada fresca para el Sevilla y un collage en llamas de fuego para los che. Porque como parece ya norma habitual en el Valencia, tras una banderilla solo hay que esperar dos minutos para que la estocada lo atraviese. Se descompuso por completo. Aparecieron los habituales errores de concentración y el buen arranque acabó siendo fragilidad mental y ganas de entrar en la caseta.


El esloveno Damir Skomina | Getty Images

Skomina, no contento con el cuadro dibujado en la primera mitad, dejó a Paco Alcácer (salvo alineación planetaria) sin casco, escudo y lanza para el partido de vuelta. Fue Beto quien alargó la pierna e impactó con el delantero pero el árbitro esloveno quiso sellar su mejor obra en la ciudad del arte. También el Sevilla se quejó por unas manos de Javi Fuego tras disparo de Gameiro. Penalti. Pero el que alzó la voz al acabar el encuentro fue Amadeo Salvo. El presidente del Valencia calificó de "deplorable" la actuación del árbitro y mandó un dardo envenenado a la UEFA afirmando que es "incomprensible cómo se ha designado un colegiado esloveno, donde el nivel de fútbol es el que es, para pitar un partido tan importante." Un jardín innecesario.

A pesar de la dificultad que conlleva levantar un 2-0 adverso ante un rival poderoso como el Sevilla, su gente está convencida de ello. Y el primero Juan Antonio Pizzi, quien aseguró estar confiado que el jueves próximo "se vivirá una noche como la del Basilea". También Amadeo Salvo fue tajante asegurando que "no es que crea en la remontada, es que vamos a estar en Turín". Mensajes que llegarán en oleadas para convertir Mestalla el próximo jueves en una auténtica caldera. Fueron los aficionados con su fe los que empezaron a creer que el Basilea mordería el polvo y los que empujaron a los suyos a convertir esa noche en una de las históricas de la entidad.  Los suizos no tenían a Bacca, ni a Gameiro, ni a Fazio. Y por descontado, no disponían de uno de los mayores talentos europeos de la actualidad, Ivan Rakitic. El Sevilla los tiene a todos. Cierto. Pero el Valencia tiene el ejemplo cercano de que sí es posible la reAmuntada y lo más importante: Mestalla. Noventa minutos en el Teatro de los Sueños de la Avenida de Suecia son muy largos. Y al fondo se ve Turín. Como para no creer.

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