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El segundo calvario del Chimy Ávila

Iker Huarte @ikerhuarte 10-09-2020

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Chimy Ávila Osasuna

“Hoy comienza otra batalla que la vida me pone y que superaré una vez más. Mientras más difícil se haga el camino, Dios multiplicará mis fuerzas y mientras más fuertes sean los desafíos, más grandes serán mis victorias. Muchas gracias por los mensajes y las muestras de cariño”. Estas han sido las primeras palabras en redes sociales de un hombre que se rompe por segunda vez el ligamento cruzado de una de sus rodillas.

Él es el Chimy Ávila.

Ezequiel Ávila llegó la temporada pasada a Pamplona dispuesto a comerse el mundo. Braulio Vázquez consiguió su fichaje enseñándole a la fiera hinchada rojilla, convenciendo al jugador de que en ningún sitio iba a estar mejor que en El Sadar. Y así fue. Su rendimiento hasta enero fue impresionante. Un goleador nato que despertó el interés de muchos otros equipos. Hasta el 24 de enero. En un lance fortuito, el Chimy se rompió el ligamento cruzado anterior de su rodilla izquierda.

Ayer, ni tan siquiera nueve meses después y cuando su vuelta a la competición estaba a la vuelta de la esquina, el Chimy se rompió el ligamento de su otra rodilla, la derecha. Otros casi nueve meses de baja. Otra vez a tocar fondo. Otra remontada, física y anímica.

Pero si algo le sobra al argentino es fortaleza. Lo demostró en la recuperación de su pierna izquierda y, sobre todo, cuando la vida le ponía obstáculos mayores a nivel personal. De orígenes humildes, el Chimy se hizo hombre y futbolista cuando pocos creían en él. Y sufrió lo indecible cuando su hija estuvo al borde de la muerte. Un milagro que ni siquiera los médicos supieron explicar salvó a su niña y le salvó a él: dejó de coquetear con la delincuencia para regresar a los terrenos de juego.

En todos estos pasados meses, el Chimy Ávila ha mostrado una tozuda dedicación para recuperarse de su lesión. Es más, a veces apretando demasiado el acelerador. Si no fuese por Jagoba Arrasate, habría disputado algún minuto del final de la anterior temporada. La lesión frustró un más que posible fichaje por el F.C. Barcelona, pero el delantero argentino mostró su ilusión por vivir el centenario de Osasuna en el nuevo Sadar, de nuevo ante la afición rojilla.

Y esa ilusión se ha vuelto a esfumar. El Chimy tendrá que volver a ser paciente, constante y fuerte para superar su lesión y, como todos los osasunistas desean, volver a enfundarse la zamarra rojilla al final de la temporada. Tiempo tiene.

“Has podido con todas las adversidades que has tenido en la vida y con esta también podrás. Tienes el cariño de tu club, de tus compañeros, de tu afición y de tu gente para empujarte en tu camino de vuelta al Sadar. ¡Somos tu familia y esta es tu casa, @chimy_avila!”. El sentir de toda una afición, expresado en redes sociales por la cuenta oficial de Osasuna.

Incertidumbre en Osasuna

Imagina celebrar tu centenario en Primera. Imagina hacerlo en un estadio remodelado, con prestaciones de élite. Imagina que has conseguido mantener a gran parte de tu bloque y que el equipo se siente más fuerte que nunca.

Ahora abre los ojos. Vas a tener uno de los mejores estadios de la categoría, sí, pero tus aficionados no se van a poder sentar en sus butacas. Se marchó uno de tus mejores jugadores, Estupiñán; no podrás contar con uno de los pulmones del equipo, Darko Brašanac, hasta después de Navidad; y, sobre todo, tu jugador estrella vuelve a lesionarse de gravedad.

Así es la realidad actual de Osasuna, cumpliendo el dicho de que las desgracias nunca vienen solas. Y si algo tiene este 2020 es eso: desgracias. La rotura de ligamento cruzado del Chimy Ávila ha sido otra mala noticia para un entorno rojillo que se ve incapaz de disfrutar plenamente. Como aquel participante de First Dates ya convertido en meme: alegre, pero no mucho.

Con la baja de Ávila, a Jagoba Arrasate le faltan piezas en su parte ofensiva. Adrián y Enric Gallego son los únicos con sitio asegurado. Brandon Thomas, que también se está recuperando de una grave lesión, Marc Cardona y, sobre todo, Juan Villar tienen buen cartel en el mercado y su marcha puede estar próxima, ya sea venta o en forma de cesión.

La dirección deportiva de Osasuna tiene un buen reto en estas últimas semanas de mercado. Tras la marcha de Estupiñán, el club aún tiene que fichar a otro lateral zurdo que compita con el recién llegado Juan Cruz. El exjugador del Elche y Lucas Torró son los únicos fichajes que ha realizado Osasuna este verano. Ahora, además de un lateral, Braulio deberá rebuscar y negociar la incorporación de, presumiblemente, dos delanteros. Una tarea nada fácil.

Y, mientras tanto, la Liga empieza ya. La afición confía en que el equipo, como ya demostró en la segunda vuelta de la pasada temporada, sepa funcionar sin el Chimy y, sobre todo, desea que su tatuado 9 se recupere bien y vuelva a rugir en El Sadar como solo él sabe hacerlo.

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“Hoy comienza otra batalla que la vida me pone y que superaré una vez más. Mientras más difícil se haga el camino, Dios multiplicará mis fuerzas y mientras más fuertes sean los desafíos, más grandes serán mis victorias. Muchas gracias por los mensajes y las muestras de cariño”. Estas han sido las primeras palabras en redes sociales de un hombre que se rompe por segunda vez el ligamento cruzado de una de sus rodillas.

Él es el Chimy Ávila.

Ezequiel Ávila llegó la temporada pasada a Pamplona dispuesto a comerse el mundo. Braulio Vázquez consiguió su fichaje enseñándole a la fiera hinchada rojilla, convenciendo al jugador de que en ningún sitio iba a estar mejor que en El Sadar. Y así fue. Su rendimiento hasta enero fue impresionante. Un goleador nato que despertó el interés de muchos otros equipos. Hasta el 24 de enero. En un lance fortuito, el Chimy se rompió el ligamento cruzado anterior de su rodilla izquierda.

Ayer, ni tan siquiera nueve meses después y cuando su vuelta a la competición estaba a la vuelta de la esquina, el Chimy se rompió el ligamento de su otra rodilla, la derecha. Otros casi nueve meses de baja. Otra vez a tocar fondo. Otra remontada, física y anímica.

Pero si algo le sobra al argentino es fortaleza. Lo demostró en la recuperación de su pierna izquierda y, sobre todo, cuando la vida le ponía obstáculos mayores a nivel personal. De orígenes humildes, el Chimy se hizo hombre y futbolista cuando pocos creían en él. Y sufrió lo indecible cuando su hija estuvo al borde de la muerte. Un milagro que ni siquiera los médicos supieron explicar salvó a su niña y le salvó a él: dejó de coquetear con la delincuencia para regresar a los terrenos de juego.

En todos estos pasados meses, el Chimy Ávila ha mostrado una tozuda dedicación para recuperarse de su lesión. Es más, a veces apretando demasiado el acelerador. Si no fuese por Jagoba Arrasate, habría disputado algún minuto del final de la anterior temporada. La lesión frustró un más que posible fichaje por el F.C. Barcelona, pero el delantero argentino mostró su ilusión por vivir el centenario de Osasuna en el nuevo Sadar, de nuevo ante la afición rojilla.

Y esa ilusión se ha vuelto a esfumar. El Chimy tendrá que volver a ser paciente, constante y fuerte para superar su lesión y, como todos los osasunistas desean, volver a enfundarse la zamarra rojilla al final de la temporada. Tiempo tiene.

“Has podido con todas las adversidades que has tenido en la vida y con esta también podrás. Tienes el cariño de tu club, de tus compañeros, de tu afición y de tu gente para empujarte en tu camino de vuelta al Sadar. ¡Somos tu familia y esta es tu casa, @chimy_avila!”. El sentir de toda una afición, expresado en redes sociales por la cuenta oficial de Osasuna.

Incertidumbre en Osasuna

Imagina celebrar tu centenario en Primera. Imagina hacerlo en un estadio remodelado, con prestaciones de élite. Imagina que has conseguido mantener a gran parte de tu bloque y que el equipo se siente más fuerte que nunca.

Ahora abre los ojos. Vas a tener uno de los mejores estadios de la categoría, sí, pero tus aficionados no se van a poder sentar en sus butacas. Se marchó uno de tus mejores jugadores, Estupiñán; no podrás contar con uno de los pulmones del equipo, Darko Brašanac, hasta después de Navidad; y, sobre todo, tu jugador estrella vuelve a lesionarse de gravedad.

Así es la realidad actual de Osasuna, cumpliendo el dicho de que las desgracias nunca vienen solas. Y si algo tiene este 2020 es eso: desgracias. La rotura de ligamento cruzado del Chimy Ávila ha sido otra mala noticia para un entorno rojillo que se ve incapaz de disfrutar plenamente. Como aquel participante de First Dates ya convertido en meme: alegre, pero no mucho.

Con la baja de Ávila, a Jagoba Arrasate le faltan piezas en su parte ofensiva. Adrián y Enric Gallego son los únicos con sitio asegurado. Brandon Thomas, que también se está recuperando de una grave lesión, Marc Cardona y, sobre todo, Juan Villar tienen buen cartel en el mercado y su marcha puede estar próxima, ya sea venta o en forma de cesión.

La dirección deportiva de Osasuna tiene un buen reto en estas últimas semanas de mercado. Tras la marcha de Estupiñán, el club aún tiene que fichar a otro lateral zurdo que compita con el recién llegado Juan Cruz. El exjugador del Elche y Lucas Torró son los únicos fichajes que ha realizado Osasuna este verano. Ahora, además de un lateral, Braulio deberá rebuscar y negociar la incorporación de, presumiblemente, dos delanteros. Una tarea nada fácil.

Y, mientras tanto, la Liga empieza ya. La afición confía en que el equipo, como ya demostró en la segunda vuelta de la pasada temporada, sepa funcionar sin el Chimy y, sobre todo, desea que su tatuado 9 se recupere bien y vuelva a rugir en El Sadar como solo él sabe hacerlo.

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