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El que no se rinde tiene premio

Juan Pablo Gatti @GattiJuan 28-09-2020

30 de junio del 2002. Las selecciones de Alemania y Brasil se preparan para verse las caras en la gran final del Mundial de Corea y Japón, en el evento más televisado y esperado del año. Practicamente nadie sabía, sin embargo, que unas horas antes de que el balón comenzara a rodar en el Estadio Internacional de Yokohama se había disputado “otra final”, en este caso la más humilde a nivel global. La joven selección de Montserrat, que se había afiliado a la FIFA en 1996 –y que había sufrido una catástrofe natural debido a la erupción de un volcán, que destruyó a su capital, Plymouth-, caía humillada ante el local de aquel mítico duelo, Bután, por 4-0. Esta había sido una idea del neerlandés Matthijs de Jongh, que al no ver a su país en el Mundial decidió buscar a las dos peores selecciones del ranking en aquel momento para enfrentarlas en un partido paralelo a la gran definición global. Curiosamente, este resultaría ser, hasta el día de la fecha, el único partido de los caribeños por fuera de la CONCACAF.

La Isla Esmeralda puede mantenerse a duras penas, con una población que no supera los 5 mil habitantes. Por supuesto que esto repercute sobremanera en la selección nacional, una que apenas ha disputado 37 partidos en toda su historia, ganando solo nueve y recibiendo hasta 113 goles en contra.

Lyle James Alfred Taylor era un niño que vivía en Londres cuando ocurrió la catástrofe del volcán Soufrière Hills y seguramente ni se haya enterado de que el equipo nacional de sus abuelos había caído en la final más humilde de todos los tiempos. Lo más importante para él por aquel entonces era tener algún objeto esférico al cual patear.

El nómada del fútbol

Sus primeros pasos en el mundo del fútbol inglés no fueron tan sencillos, ya que el joven de la cantera del Millwall comenzó a ser cedido de un equipo a otro del infrafútbol, de esos que solo los más frikis del Football Manager eligen para llevar a la gloria. Eastbourne Borough y Croydon Athletic apenas si confiaron en él. El que si viera un gran potencial en el delantero sería el Concord Rangers, y Lyle no los defraudó, marcando nada menos que 34 goles en 42 partidos, ayudando al equipo a terminar segundo en Division One North de la Isthmian League (el octavo escalón del fútbol inglés) y luego a ganar el playoff de ascenso, subiendo a la séptima categoría.

Gracias a esto llamó la atención de una institución varias divisiones arriba, el AFC Bournemouth (League One, la tercera inglesa), donde jugó dos años sin tanta suerte, teniendo que ser nuevamente cedido: Lewes, Hereford United y Woking se sumarían a las casacas de un muchacho que ya podía armarse un pequeño museo.

Sin embargo, nuevamente el destino le volvería a sonreír cuando menos se lo esperaba, ya que el Falkirk de la segunda división de Escocia lo llamó para afrontar el difícil reto de ascender a la máxima categoría. En los Bairns volvería a repuntar su trayectoria, anotando 29 tantos en 42 encuentros, llegando incluso hasta las semifinales de la Copa Escocesa, perdiendo 4-3 en tiempo suplementario con el Hibernian. Si bien lucharon con ímpetu, quedaron bastante lejos del Partick Thistle, el único ascendido.

Otra vez la League One le abría las puertas, en este caso a través del Sheffield United, donde disputó una parte de la temporada, pasando la restante justamente en el Thistle, conjunto al cuál ayudó a salvar del descenso con sus siete dianas. Sus prestaciones, sin embargo, no serían lo suficientemente convincentes para mantenerse en el United, así que el londinense, nuevamente, haría las maletas, en este caso para jugar una mitad de temporada en el Scunthorpe United de la League Two y otra en los escoceses, donde tampoco le fue bien, aunque al menos volvió a dejar a los suyos en la Premiership.

El que no lucha no tiene premio

Para cualquier jugador, el tener que defender tantas camisetas en tan pocos años (y pocas de especial relevancia) significaría un estigma difícil de quitar. ¿Valía la pena seguir así? ¿Alguien realmente lo tendría en cuenta? ¿Lograría demostrar su verdadero potencial o se mantendría como navegante sin rumbo entre las divisiones menores de Inglaterra?

Las respuestas comenzarían a llegarle en el 2015, cuando fichó por el AFC Wimbledon, que se encontraba en la cuarta división. En un equipo en donde estaban Adebayo Akinfewna, Barry Fuller, Paul Robinson y Ade Azeez, entre otros, logró erigirse como la gran figura de la temporada, anotando 21 dianas en 45 partidos y siendo clave sobre todo en los playoffs, marcando el gol del triunfo en tiempo suplementario ante el Accrington Stanley (aprovechando un rebote del arquero) y el primero en la final del mismo ante el Plymouth Argyle, donde corrió hasta la mitad de la cancha para abrazarse con su entrenador, Neal Ardley, en un gesto de enorme gratitud. En las siguientes dos campañas, ya en League One, volvió a erigirse en el máximo artillero de un equipo que tuvo aspiraciones un poco más bajas, aunque siempre logrando cómodamente la salvación.

Lyle Taylor celebrando un gol con el AFC Wimbledon.

Tras tres años en Wimbledon volvería a tomar las maletas, pero esta vez con otro estado de ánimo. Y es que ahora sí que se sentía un jugador diferente y reconocido, un líder. El Charlton Athletic lo convocó para ayudarlos a ascender al Championship y no defraudó: fue el jugador que más encuentros disputó con el equipo en la temporada 2018-2019 (45) y, por supuesto, el máximo goleador (25). Junto con Jamie Ward, Josh Cullen, Chris Solly, Patrick Bauer, Anfernee Dijkteel, Naby Sarr y Joe Aribo –muchos con presente o pasado en distintas selecciones nacionales- The Addicks realizaron una gran campaña, sumando hasta 88 puntos, aunque esto “solamente” los dejó en la tercera posición debido a las temporadas estratosféricas que realizaron tanto el Luton Town como el Barnsley. En los playoffs Taylor volvió a ser crucial, tanto ante el Doncaster Rovers en las semifinales (donde marcó un tanto y su penal en la definición desde esta vía) como en la final en Wembley ante el Sunderland, donde le dio una gran asistencia a Ben Purrington para el empate parcial. Luego Bauer desataría la locura al convertir el 2-1 en la última jugada del partido.

En la siguiente campaña volvió a hacer bien su labor (11 goles en 22 partidos), pero no quiso reanudar al equipo debido al brote del coronavirus y a que su contrato se le acababa y no quería correr riesgos. El Charlton no pudo arreglárselas sin su máxima figura y terminaría descendiendo tras perder cuatro de los últimos seis partidos. La temporada 2020-2021 ve a Taylor en el Nottingham Forest, donde aún no ha podido convertir.

El nuevo héroe caribeño

A todo esto… ¿y su participación con la selección? Lo cierto es que Lyle ha decidido vestir la casaca de la tierra de sus abuelos recién en el 2015, algo que no sorprende a nadie por dos cuestiones importantes: la búsqueda de gente con raíces de los países caribeños empezó recién a mediados de la década pasada y Montserrat apenas si jugaba partidos a lo largo de los ciclos mundialistas. Además, las distancias a recorrer y el que la isla no sea de fácil acceso tampoco facilitaban las cosas. «Estuve once días y, en este tiempo, me subí en 12 aviones y dos barcos. Recorrí casi 15.000 kilómetros», le dijo al diario The Mirrow tras su debut ante la selección de Curazao el 28 de marzo del 2015. Su titánico viaje fue el siguiente: salió de Glasgow (en ese momento estaba jugando en el Partick Thistle) y pasó luego por Londres, Barbados, St. Martin y Antigua y Barbuda antes de llegar a su lugar de destino para jugar por la primera ronda de las eliminatorias mundialistas de la CONCACAF, donde marcaría su primer –y de momento único- gol con los Muchachos Esmeralda, en una caída por 2-1. Para la revancha tuvo que pasar tanto por San Cristóbal y Nieves como por Antigua y Barbuda para culminar su odisea en Montserrat, donde igualarían 2-2, quedándose afuera del Mundial de Rusia.

Montserrat, como muchas islas del Caribe, apenas juega, como ya dijimos. De hecho, y para que se den una idea, mientras Kyle comenzaba a remontar su carrera y a vivir sus mejores años, la selección isleña se mantenía inactiva por nada menos que tres años, hasta la llegada de la CONCACAF Nations League, el certamen que resulta ser una bendición para estas naciones, que ahora si pueden curtirse más.

Lyle no fue convocado en el debut de las clasificatorias, donde su selección caería de manera valerosa como local ante la potente El Salvador por 2-1. Pero si jugaría los tres duelos restantes, escribiendo la página más gloriosa de los Emerald Boys: el equipo lograría vencer a Belice (1-0), Aruba (0-2) y las Islas Caimán (1-2) para terminar con 9 puntos, quedando afuera de disputar su primera Copa Oro solo por tener dos goles menos que los salvadoreños. Sin embargo, la que era una de las peores escuadras del mundo consiguió meterse en la Liga B y, de paso, escalar varios puestos en el ranking FIFA, donde se ubica actualmente en el puesto 183°. Taylor solo disputó un encuentro más con su seleccionado, aunque también se anotó otro triunfo: 2-1 ante la República Dominicana en la apertura del nuevo certamen. Los isleños terminaron en un enorme segundo lugar por delante de los dominicanos y del descendido Santa Lucia (El Salvador terminaría subiendo), lo que les permitió meterse en las eliminatorias para la Gold Cup 2021. ¿Será que el goleador se está guardando las mejores dianas para volver a hacer historia?

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30 de junio del 2002. Las selecciones de Alemania y Brasil se preparan para verse las caras en la gran final del Mundial de Corea y Japón, en el evento más televisado y esperado del año. Practicamente nadie sabía, sin embargo, que unas horas antes de que el balón comenzara a rodar en el Estadio Internacional de Yokohama se había disputado “otra final”, en este caso la más humilde a nivel global. La joven selección de Montserrat, que se había afiliado a la FIFA en 1996 –y que había sufrido una catástrofe natural debido a la erupción de un volcán, que destruyó a su capital, Plymouth-, caía humillada ante el local de aquel mítico duelo, Bután, por 4-0. Esta había sido una idea del neerlandés Matthijs de Jongh, que al no ver a su país en el Mundial decidió buscar a las dos peores selecciones del ranking en aquel momento para enfrentarlas en un partido paralelo a la gran definición global. Curiosamente, este resultaría ser, hasta el día de la fecha, el único partido de los caribeños por fuera de la CONCACAF.

La Isla Esmeralda puede mantenerse a duras penas, con una población que no supera los 5 mil habitantes. Por supuesto que esto repercute sobremanera en la selección nacional, una que apenas ha disputado 37 partidos en toda su historia, ganando solo nueve y recibiendo hasta 113 goles en contra.

Lyle James Alfred Taylor era un niño que vivía en Londres cuando ocurrió la catástrofe del volcán Soufrière Hills y seguramente ni se haya enterado de que el equipo nacional de sus abuelos había caído en la final más humilde de todos los tiempos. Lo más importante para él por aquel entonces era tener algún objeto esférico al cual patear.

El nómada del fútbol

Sus primeros pasos en el mundo del fútbol inglés no fueron tan sencillos, ya que el joven de la cantera del Millwall comenzó a ser cedido de un equipo a otro del infrafútbol, de esos que solo los más frikis del Football Manager eligen para llevar a la gloria. Eastbourne Borough y Croydon Athletic apenas si confiaron en él. El que si viera un gran potencial en el delantero sería el Concord Rangers, y Lyle no los defraudó, marcando nada menos que 34 goles en 42 partidos, ayudando al equipo a terminar segundo en Division One North de la Isthmian League (el octavo escalón del fútbol inglés) y luego a ganar el playoff de ascenso, subiendo a la séptima categoría.

Gracias a esto llamó la atención de una institución varias divisiones arriba, el AFC Bournemouth (League One, la tercera inglesa), donde jugó dos años sin tanta suerte, teniendo que ser nuevamente cedido: Lewes, Hereford United y Woking se sumarían a las casacas de un muchacho que ya podía armarse un pequeño museo.

Sin embargo, nuevamente el destino le volvería a sonreír cuando menos se lo esperaba, ya que el Falkirk de la segunda división de Escocia lo llamó para afrontar el difícil reto de ascender a la máxima categoría. En los Bairns volvería a repuntar su trayectoria, anotando 29 tantos en 42 encuentros, llegando incluso hasta las semifinales de la Copa Escocesa, perdiendo 4-3 en tiempo suplementario con el Hibernian. Si bien lucharon con ímpetu, quedaron bastante lejos del Partick Thistle, el único ascendido.

Otra vez la League One le abría las puertas, en este caso a través del Sheffield United, donde disputó una parte de la temporada, pasando la restante justamente en el Thistle, conjunto al cuál ayudó a salvar del descenso con sus siete dianas. Sus prestaciones, sin embargo, no serían lo suficientemente convincentes para mantenerse en el United, así que el londinense, nuevamente, haría las maletas, en este caso para jugar una mitad de temporada en el Scunthorpe United de la League Two y otra en los escoceses, donde tampoco le fue bien, aunque al menos volvió a dejar a los suyos en la Premiership.

El que no lucha no tiene premio

Para cualquier jugador, el tener que defender tantas camisetas en tan pocos años (y pocas de especial relevancia) significaría un estigma difícil de quitar. ¿Valía la pena seguir así? ¿Alguien realmente lo tendría en cuenta? ¿Lograría demostrar su verdadero potencial o se mantendría como navegante sin rumbo entre las divisiones menores de Inglaterra?

Las respuestas comenzarían a llegarle en el 2015, cuando fichó por el AFC Wimbledon, que se encontraba en la cuarta división. En un equipo en donde estaban Adebayo Akinfewna, Barry Fuller, Paul Robinson y Ade Azeez, entre otros, logró erigirse como la gran figura de la temporada, anotando 21 dianas en 45 partidos y siendo clave sobre todo en los playoffs, marcando el gol del triunfo en tiempo suplementario ante el Accrington Stanley (aprovechando un rebote del arquero) y el primero en la final del mismo ante el Plymouth Argyle, donde corrió hasta la mitad de la cancha para abrazarse con su entrenador, Neal Ardley, en un gesto de enorme gratitud. En las siguientes dos campañas, ya en League One, volvió a erigirse en el máximo artillero de un equipo que tuvo aspiraciones un poco más bajas, aunque siempre logrando cómodamente la salvación.

Lyle Taylor celebrando un gol con el AFC Wimbledon.

Tras tres años en Wimbledon volvería a tomar las maletas, pero esta vez con otro estado de ánimo. Y es que ahora sí que se sentía un jugador diferente y reconocido, un líder. El Charlton Athletic lo convocó para ayudarlos a ascender al Championship y no defraudó: fue el jugador que más encuentros disputó con el equipo en la temporada 2018-2019 (45) y, por supuesto, el máximo goleador (25). Junto con Jamie Ward, Josh Cullen, Chris Solly, Patrick Bauer, Anfernee Dijkteel, Naby Sarr y Joe Aribo –muchos con presente o pasado en distintas selecciones nacionales- The Addicks realizaron una gran campaña, sumando hasta 88 puntos, aunque esto “solamente” los dejó en la tercera posición debido a las temporadas estratosféricas que realizaron tanto el Luton Town como el Barnsley. En los playoffs Taylor volvió a ser crucial, tanto ante el Doncaster Rovers en las semifinales (donde marcó un tanto y su penal en la definición desde esta vía) como en la final en Wembley ante el Sunderland, donde le dio una gran asistencia a Ben Purrington para el empate parcial. Luego Bauer desataría la locura al convertir el 2-1 en la última jugada del partido.

En la siguiente campaña volvió a hacer bien su labor (11 goles en 22 partidos), pero no quiso reanudar al equipo debido al brote del coronavirus y a que su contrato se le acababa y no quería correr riesgos. El Charlton no pudo arreglárselas sin su máxima figura y terminaría descendiendo tras perder cuatro de los últimos seis partidos. La temporada 2020-2021 ve a Taylor en el Nottingham Forest, donde aún no ha podido convertir.

El nuevo héroe caribeño

A todo esto… ¿y su participación con la selección? Lo cierto es que Lyle ha decidido vestir la casaca de la tierra de sus abuelos recién en el 2015, algo que no sorprende a nadie por dos cuestiones importantes: la búsqueda de gente con raíces de los países caribeños empezó recién a mediados de la década pasada y Montserrat apenas si jugaba partidos a lo largo de los ciclos mundialistas. Además, las distancias a recorrer y el que la isla no sea de fácil acceso tampoco facilitaban las cosas. «Estuve once días y, en este tiempo, me subí en 12 aviones y dos barcos. Recorrí casi 15.000 kilómetros», le dijo al diario The Mirrow tras su debut ante la selección de Curazao el 28 de marzo del 2015. Su titánico viaje fue el siguiente: salió de Glasgow (en ese momento estaba jugando en el Partick Thistle) y pasó luego por Londres, Barbados, St. Martin y Antigua y Barbuda antes de llegar a su lugar de destino para jugar por la primera ronda de las eliminatorias mundialistas de la CONCACAF, donde marcaría su primer –y de momento único- gol con los Muchachos Esmeralda, en una caída por 2-1. Para la revancha tuvo que pasar tanto por San Cristóbal y Nieves como por Antigua y Barbuda para culminar su odisea en Montserrat, donde igualarían 2-2, quedándose afuera del Mundial de Rusia.

Montserrat, como muchas islas del Caribe, apenas juega, como ya dijimos. De hecho, y para que se den una idea, mientras Kyle comenzaba a remontar su carrera y a vivir sus mejores años, la selección isleña se mantenía inactiva por nada menos que tres años, hasta la llegada de la CONCACAF Nations League, el certamen que resulta ser una bendición para estas naciones, que ahora si pueden curtirse más.

Lyle no fue convocado en el debut de las clasificatorias, donde su selección caería de manera valerosa como local ante la potente El Salvador por 2-1. Pero si jugaría los tres duelos restantes, escribiendo la página más gloriosa de los Emerald Boys: el equipo lograría vencer a Belice (1-0), Aruba (0-2) y las Islas Caimán (1-2) para terminar con 9 puntos, quedando afuera de disputar su primera Copa Oro solo por tener dos goles menos que los salvadoreños. Sin embargo, la que era una de las peores escuadras del mundo consiguió meterse en la Liga B y, de paso, escalar varios puestos en el ranking FIFA, donde se ubica actualmente en el puesto 183°. Taylor solo disputó un encuentro más con su seleccionado, aunque también se anotó otro triunfo: 2-1 ante la República Dominicana en la apertura del nuevo certamen. Los isleños terminaron en un enorme segundo lugar por delante de los dominicanos y del descendido Santa Lucia (El Salvador terminaría subiendo), lo que les permitió meterse en las eliminatorias para la Gold Cup 2021. ¿Será que el goleador se está guardando las mejores dianas para volver a hacer historia?

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