_FC Barcelona

El más listo de la clase

Cristina Caparrós @criscaparros 12-04-2019

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Lo de Old Trafford era como una de
esas asignaturas pendientes, de las que quedan para septiembre, recordándote en
los momentos de lucidez que te espera para cuando termine el verano. Y era como
una de esas angustiosas materias prorrogadas al fin del estío, no sólo porque
el Barça nunca había ganado en el Teatro de los Sueños – que también – sino,
sobre todo, por lo que significa lograr el ansiado pase a semifinales tras tres
años consecutivos despidiéndose en cuartos de la competición europea.

No sabemos qué sienten los
jugadores al salir al césped por ese túnel ubicado frente al córner. El impacto
de un estadio como el del feudo de los ‘red devils’, su atmósfera, la ilusión
de la competición europea y la responsabilidad. Un cóctel de sensaciones que no
tuvieron más peso que el de salir con la convicción de aprobar el primer examen.

La lectura del Barcelona en su
quinta prueba en Old Trafford se produjo a la perfección, e inició con la comodidad
de los primeros 20’, afianzándose a la posición, a sus jugadores de banda, a
las recepciones de Messi en la línea de medios para circular por el carril
central, desarrollando su juego bajo la fluidez de sus movimientos con y sin
balón, y pasando por los duelos ganados de Suárez, a través de su cuerpeo, y su
participación en las jugadas de peligro. Dominando los porcentajes de posesión
y realizando hasta 48 pases para lograr el gol que impuso la superioridad en el
marcador. Y siguió en la misma línea de su lectura cuando las pruebas subían de
nivel, al insistir conectado al contexto del partido cuando el Manchester
United decidió adelantar su presión. A pesar de ello, y de lograr complicar la
salida de balón del rival, los locales no consiguieron crear ocasiones de gol.

Si bien en algunos momentos el
Barcelona parecía que podía sufrir, la realidad es que la contundencia de Piqué
seguía imponente en su faceta, como si quisiera darle descanso esa noche a ter
Stegen. Ni siquiera la pregunta trampa del examen logró engañar al Barcelona.
Valverde expuso una solución, como si de una chuleta se tratara, formando a un
4-4-2 y dando entrada a otro centrocampista para tener más control en el centro
del campo. Así Sergi Roberto, mientras Semedo guardaba las espaldas, trazó una
y otra vez generando por fuera y proporcionando llegadas.

Entre todos los factores que
interfieren al resultado final de un partido que puede ser vital para la
eliminatoria, destacó el nombre propio de Gerard Piqué. Dispuesto a medir
meticulosamente cada acción, evitando la efectividad de los centros del rival,
atento ante la velocidad y el juego aéreo que puede desarrollar el conjunto
británico, neutralizando a jugadores como Romelu Lukaku o Marcus Rashford.

A Gerard no se le hace de noche,
es tan puntual como las manecillas de un reloj suizo, contando los tiempos con
exactitud, para tomar la mejor decisión en un despeje, en la salida de balón, en
el apoyo al compañero, o para calibrar el límite de la medida de su área de
juego. Impuso su jerarquía, ejerciendo el rol de su veteranía de manera
solvente.

En una mente prodigiosa donde
reposa mucho más que fútbol, juega con esa maravillosa irracionalidad que
define este juego. Piqué fue el ‘man of the match’, como también es ‘el man of
the club’. Icono azulgrana, representación del compromiso. De aquellos
jugadores que respiran los colores, el escudo y el significado de la
institución.

Si en algún tramo de la temporada generó alguna duda, ha estado a
un nivel descomunal en el pico más exigente de la temporada, en el momento más
necesario. Recuerda hoy, con todas las
diferencias que se dan debido a su madurez, a su primer año en su regreso a la
Liga y a la casa en la que se formó, cuando componía una dupla de comodines
junto a Carles. El liderazgo de Puyol será para siempre algo indiscutible.
Ejemplo modélico, potenciaba a cualquier compañero. Tras su salida, Piqué ha
sido la referencia en la pareja de centrales. Si bien Umtiti estuvo a un nivel
magistral antes de su lesión en la pasada temporada, Lenglet está firmando una
adaptación tan sorprendente como soberbia, otorgando al equipo un rendimiento
inmediato. Seguramente, Gerard también tenga algo de culpa.

Si los exámenes cuentan con muchas
preguntas que responden a fechas de algunos acontecimientos, entonces deberemos
recordar que, mientras rodaba el balón el Old Trafford, paradójicamente, hacía
un año que el Barcelona era apeado de la Champions League, cambiando esta vez
el rumbo. También, que Gerard volvía a ese emblemático escenario once años
después, volviendo a ser diablo. Esta vez para que sus diabluras pusieran, para el Barça, un pie
en la siguiente eliminatoria. Quedará por ver si el conjunto azulgrana lo
consigue tras una noche en la que logró el ansiado aprobado y donde el alumno
privilegiado, el más listo de la clase, sacó nada más y nada menos, matrícula de honor.

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Lo de Old Trafford era como una de
esas asignaturas pendientes, de las que quedan para septiembre, recordándote en
los momentos de lucidez que te espera para cuando termine el verano. Y era como
una de esas angustiosas materias prorrogadas al fin del estío, no sólo porque
el Barça nunca había ganado en el Teatro de los Sueños – que también – sino,
sobre todo, por lo que significa lograr el ansiado pase a semifinales tras tres
años consecutivos despidiéndose en cuartos de la competición europea.

No sabemos qué sienten los
jugadores al salir al césped por ese túnel ubicado frente al córner. El impacto
de un estadio como el del feudo de los ‘red devils’, su atmósfera, la ilusión
de la competición europea y la responsabilidad. Un cóctel de sensaciones que no
tuvieron más peso que el de salir con la convicción de aprobar el primer examen.

La lectura del Barcelona en su
quinta prueba en Old Trafford se produjo a la perfección, e inició con la comodidad
de los primeros 20’, afianzándose a la posición, a sus jugadores de banda, a
las recepciones de Messi en la línea de medios para circular por el carril
central, desarrollando su juego bajo la fluidez de sus movimientos con y sin
balón, y pasando por los duelos ganados de Suárez, a través de su cuerpeo, y su
participación en las jugadas de peligro. Dominando los porcentajes de posesión
y realizando hasta 48 pases para lograr el gol que impuso la superioridad en el
marcador. Y siguió en la misma línea de su lectura cuando las pruebas subían de
nivel, al insistir conectado al contexto del partido cuando el Manchester
United decidió adelantar su presión. A pesar de ello, y de lograr complicar la
salida de balón del rival, los locales no consiguieron crear ocasiones de gol.

Si bien en algunos momentos el
Barcelona parecía que podía sufrir, la realidad es que la contundencia de Piqué
seguía imponente en su faceta, como si quisiera darle descanso esa noche a ter
Stegen. Ni siquiera la pregunta trampa del examen logró engañar al Barcelona.
Valverde expuso una solución, como si de una chuleta se tratara, formando a un
4-4-2 y dando entrada a otro centrocampista para tener más control en el centro
del campo. Así Sergi Roberto, mientras Semedo guardaba las espaldas, trazó una
y otra vez generando por fuera y proporcionando llegadas.

Entre todos los factores que
interfieren al resultado final de un partido que puede ser vital para la
eliminatoria, destacó el nombre propio de Gerard Piqué. Dispuesto a medir
meticulosamente cada acción, evitando la efectividad de los centros del rival,
atento ante la velocidad y el juego aéreo que puede desarrollar el conjunto
británico, neutralizando a jugadores como Romelu Lukaku o Marcus Rashford.

A Gerard no se le hace de noche,
es tan puntual como las manecillas de un reloj suizo, contando los tiempos con
exactitud, para tomar la mejor decisión en un despeje, en la salida de balón, en
el apoyo al compañero, o para calibrar el límite de la medida de su área de
juego. Impuso su jerarquía, ejerciendo el rol de su veteranía de manera
solvente.

En una mente prodigiosa donde
reposa mucho más que fútbol, juega con esa maravillosa irracionalidad que
define este juego. Piqué fue el ‘man of the match’, como también es ‘el man of
the club’. Icono azulgrana, representación del compromiso. De aquellos
jugadores que respiran los colores, el escudo y el significado de la
institución.

Si en algún tramo de la temporada generó alguna duda, ha estado a
un nivel descomunal en el pico más exigente de la temporada, en el momento más
necesario. Recuerda hoy, con todas las
diferencias que se dan debido a su madurez, a su primer año en su regreso a la
Liga y a la casa en la que se formó, cuando componía una dupla de comodines
junto a Carles. El liderazgo de Puyol será para siempre algo indiscutible.
Ejemplo modélico, potenciaba a cualquier compañero. Tras su salida, Piqué ha
sido la referencia en la pareja de centrales. Si bien Umtiti estuvo a un nivel
magistral antes de su lesión en la pasada temporada, Lenglet está firmando una
adaptación tan sorprendente como soberbia, otorgando al equipo un rendimiento
inmediato. Seguramente, Gerard también tenga algo de culpa.

Si los exámenes cuentan con muchas
preguntas que responden a fechas de algunos acontecimientos, entonces deberemos
recordar que, mientras rodaba el balón el Old Trafford, paradójicamente, hacía
un año que el Barcelona era apeado de la Champions League, cambiando esta vez
el rumbo. También, que Gerard volvía a ese emblemático escenario once años
después, volviendo a ser diablo. Esta vez para que sus diabluras pusieran, para el Barça, un pie
en la siguiente eliminatoria. Quedará por ver si el conjunto azulgrana lo
consigue tras una noche en la que logró el ansiado aprobado y donde el alumno
privilegiado, el más listo de la clase, sacó nada más y nada menos, matrícula de honor.

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