_Cádiz

El Gafa

Héctor Ruiz @HectorRuizPardo 19-01-2022

Han pasado unos días y seguro que a muchos le han servido para ponderar el último ciclo del Cádiz CF. El ascenso en el Rico Pérez pocas semanas después de su llegada ya bordó el nombre de Álvaro Cervera en la historia del club, pero lo que vino después trasciende a los resultados. A nivel personal, en el momento en el que se confirmó su salida, fue como una estocada de realidad que me cambió el paso y me dejó unos días pensando en mis objetivos vitales.

Dicen los que le conocen en proximidad que Cervera no acepta equipos sin alma, que para elegir banquillo necesita que la vibra sea consonante a su sentir. En Cádiz parecería que por la bohemia y la sátira su estructuralismo podría chirriar, y a pesar de los habitantes de las cuevas, resulta que fue capaz de construir una línea de pensamiento multitudinaria alrededor de sus bases inquebrantables.

Siempre los hay que difieren a pesar de los buenos resultados, pero el cómo del Cádiz del último lustro está para mí a la altura de las grandes mentes brillantes del fútbol. Un equipo con un propósito claro, con pecados como todos, pero con un vestuario cegado por la confianza, la solidaridad, el espíritu de rebeldía y el hambre. Son muchos ingredientes y muy caros, sin ser la economía cadista el principal motor de la lucha.

Alguien me dijo alguna vez que el hijo del carpintero tenía techo, que no podía aspirar a más. Supongo que Cervera nunca le diría eso a su hijo. Le educaría para pelear por sus sueños, y creo que esa relación paternofilial con sus futbolistas empapó a la grada, al palco, a la bahía y fue calando en el amante del fútbol. Álvaro convenció al cadismo de que nadie debía decirle a lo que podía aspirar y usó cualquier límite como acicate durante tantos días cómo noches de alegría.

Supongo que su salida, propia de la peor enfermedad del fútbol, los resultados, me quebró por principios. Llegué a pensar en la eternidad de una simbiosis que parecía idílica y al romperse fue cómo estamparme contra mis miedos. ¿Vale la pena seguir luchando sin saber si va a llegar el resultado? El Cádiz del Gafa dijo que sí. Yo, tras unos días de reflexión, espero que también.

Imagen de cabecera: Cádiz CF

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Han pasado unos días y seguro que a muchos le han servido para ponderar el último ciclo del Cádiz CF. El ascenso en el Rico Pérez pocas semanas después de su llegada ya bordó el nombre de Álvaro Cervera en la historia del club, pero lo que vino después trasciende a los resultados. A nivel personal, en el momento en el que se confirmó su salida, fue como una estocada de realidad que me cambió el paso y me dejó unos días pensando en mis objetivos vitales.

Dicen los que le conocen en proximidad que Cervera no acepta equipos sin alma, que para elegir banquillo necesita que la vibra sea consonante a su sentir. En Cádiz parecería que por la bohemia y la sátira su estructuralismo podría chirriar, y a pesar de los habitantes de las cuevas, resulta que fue capaz de construir una línea de pensamiento multitudinaria alrededor de sus bases inquebrantables.

Siempre los hay que difieren a pesar de los buenos resultados, pero el cómo del Cádiz del último lustro está para mí a la altura de las grandes mentes brillantes del fútbol. Un equipo con un propósito claro, con pecados como todos, pero con un vestuario cegado por la confianza, la solidaridad, el espíritu de rebeldía y el hambre. Son muchos ingredientes y muy caros, sin ser la economía cadista el principal motor de la lucha.

Alguien me dijo alguna vez que el hijo del carpintero tenía techo, que no podía aspirar a más. Supongo que Cervera nunca le diría eso a su hijo. Le educaría para pelear por sus sueños, y creo que esa relación paternofilial con sus futbolistas empapó a la grada, al palco, a la bahía y fue calando en el amante del fútbol. Álvaro convenció al cadismo de que nadie debía decirle a lo que podía aspirar y usó cualquier límite como acicate durante tantos días cómo noches de alegría.

Supongo que su salida, propia de la peor enfermedad del fútbol, los resultados, me quebró por principios. Llegué a pensar en la eternidad de una simbiosis que parecía idílica y al romperse fue cómo estamparme contra mis miedos. ¿Vale la pena seguir luchando sin saber si va a llegar el resultado? El Cádiz del Gafa dijo que sí. Yo, tras unos días de reflexión, espero que también.

Imagen de cabecera: Cádiz CF

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