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El futuro era esto

Rubén Baez @Superbabel 11-03-2021

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Baloncesto NBA

El aficionado europeo ha tenido siempre un cierto complejo ante la NBA y el ‘Team USA’. Un complejo comprensible ante la, por momentos, abrumadora superioridad estadounidense (tanto en baloncesto femenino como masculino).

Era habitual escuchar, e incluso decir en nuestra propia voz, que tal o cual jugador no desentonaría en la NBA. Que podría, incluso, ser importante. Y durante la década de los ‘90’ tuvimos buenos ejemplos de que esto, en un futuro, sería así. Petrović, Divać, Kukoć, Sabonis o Schrempf se hicieron con un rol relevante en varias franquicias tras, algunos de ellos, someter a Europa.

En la siguiente década llegó la verdadera revolución. Jóvenes que en otra época no habrían tenido esa oportunidad llamaban la atención de las franquicias, que los querían para jugar y ser importantes. La expansión global de la NBA como marca ayudó como, por ejemplo, en el caso de Yao Ming (nº 1 del draft de 2002). El pívot chino demostró, eso sí, que podía ser un jugador diferencial.

El MVP de Nowitzki, el rookie del año de Pau Gasol o el MVP de unas finales para Tony Parker. Los extranjeros estaban preparados para ser diferenciales en la NBA. Además, la selección de Estados Unidos empezó a demostrar debilidad desde que acudía con jugadores profesionales a las citas internacionales. El Mundial de 2002 o los JJOO de 2004 fueron un claro ejemplo de ello. (Aunque todavía está por demostrar si se les puede ganar cuando van con los doce mejores).

Esta evolución abrió las puertas a decenas de jugadores que, con más o menos calidad, han ido llegando a la NBA. Algunos para quedarse y otros en un viaje de ida y vuelta. Pero jugar en una de las 30 franquicias no es la quimera de antaño.

Ahora mismo, no llama la atención ver a más de 100 jugadores internacionales (contando a los canadienses). Y una gran cantidad de ellos siendo importantes y estrellas de la liga. Nadie se sorprende al ver a Antetokounmpo repetir galardón como mejor jugador, a Dončić dominar siendo uno de los jugadores más jóvenes de la liga o a Gobert entre los mejores pagados. Es más, el esloveno y el griego son dos de los jugadores que más camisetas venden.

En los últimos años vemos dos fenómenos que hace varias temporadas eran menos probables. Por un lado, que no hay que ser una estrella consagrada en el, por ejemplo, baloncesto europeo para que las franquicias se fijen en ti; y, por otro, que muchos jugadores van a la NBA para ser importantes y, si no lo consiguen, no tienen problemas para hacer las maletas y poner rumbo a la Euroliga o al baloncesto chino. Aquello de la cola de león o cabeza de ratón.

Durante muchos años hemos imaginado un baloncesto global en el que jugadores de todos los lugares serían importantes en la mejor liga del mundo y ese momento ha llegado. El futuro era esto.

Imagen de cabecera: Imago

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El aficionado europeo ha tenido siempre un cierto complejo ante la NBA y el ‘Team USA’. Un complejo comprensible ante la, por momentos, abrumadora superioridad estadounidense (tanto en baloncesto femenino como masculino).

Era habitual escuchar, e incluso decir en nuestra propia voz, que tal o cual jugador no desentonaría en la NBA. Que podría, incluso, ser importante. Y durante la década de los ‘90’ tuvimos buenos ejemplos de que esto, en un futuro, sería así. Petrović, Divać, Kukoć, Sabonis o Schrempf se hicieron con un rol relevante en varias franquicias tras, algunos de ellos, someter a Europa.

En la siguiente década llegó la verdadera revolución. Jóvenes que en otra época no habrían tenido esa oportunidad llamaban la atención de las franquicias, que los querían para jugar y ser importantes. La expansión global de la NBA como marca ayudó como, por ejemplo, en el caso de Yao Ming (nº 1 del draft de 2002). El pívot chino demostró, eso sí, que podía ser un jugador diferencial.

El MVP de Nowitzki, el rookie del año de Pau Gasol o el MVP de unas finales para Tony Parker. Los extranjeros estaban preparados para ser diferenciales en la NBA. Además, la selección de Estados Unidos empezó a demostrar debilidad desde que acudía con jugadores profesionales a las citas internacionales. El Mundial de 2002 o los JJOO de 2004 fueron un claro ejemplo de ello. (Aunque todavía está por demostrar si se les puede ganar cuando van con los doce mejores).

Esta evolución abrió las puertas a decenas de jugadores que, con más o menos calidad, han ido llegando a la NBA. Algunos para quedarse y otros en un viaje de ida y vuelta. Pero jugar en una de las 30 franquicias no es la quimera de antaño.

Ahora mismo, no llama la atención ver a más de 100 jugadores internacionales (contando a los canadienses). Y una gran cantidad de ellos siendo importantes y estrellas de la liga. Nadie se sorprende al ver a Antetokounmpo repetir galardón como mejor jugador, a Dončić dominar siendo uno de los jugadores más jóvenes de la liga o a Gobert entre los mejores pagados. Es más, el esloveno y el griego son dos de los jugadores que más camisetas venden.

En los últimos años vemos dos fenómenos que hace varias temporadas eran menos probables. Por un lado, que no hay que ser una estrella consagrada en el, por ejemplo, baloncesto europeo para que las franquicias se fijen en ti; y, por otro, que muchos jugadores van a la NBA para ser importantes y, si no lo consiguen, no tienen problemas para hacer las maletas y poner rumbo a la Euroliga o al baloncesto chino. Aquello de la cola de león o cabeza de ratón.

Durante muchos años hemos imaginado un baloncesto global en el que jugadores de todos los lugares serían importantes en la mejor liga del mundo y ese momento ha llegado. El futuro era esto.

Imagen de cabecera: Imago

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