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El duelo a todo o nada

Carlos Mateos @cmateosgil 13-07-2018

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Después de cuatro semanas de emoción, goles, decepciones y alegrías el Mundial de Rusia llega a su desenlace con el duelo por el título. Dos países frente a frente en busca de la gloria. El palmarés solo recordará a uno de ellos pero el partido pasará a engrosar una historia en la que están todas las finales disputadas hasta la fecha. Las repasamos.

Uruguay-Argentina (1930): De este encuentro salió el primer campeón del mundo y fueron los uruguayos. Lo hicieron ante su público en un choque que representó muchas de las peculiaridades de la época. Para empezar, es hasta hora la única final que no se ha jugado en fin de semana. Además se usaron dos balones diferentes, uno aportado por cada contendiente. En lo deportivo, vencieron los charrúas por 4-2.

Italia-Checoslovaquia (1934): La primera Copa del Mundo alcanzada por Italia llegó en casa, con sufrimiento y de una manera peculiar. Se adelantaron los checoslovacos con un gol de Puc y estuvieron cerca de resistir pero en el ochenta y cinco igualó Orsi. Hubo entonces que recurrir a una prórroga con un sistema parecido al gol de oro. Solventó el entuerto Schiavio marcando en el noventa y cinco.

Italia-Hungría (1938): Italia se convirtió en la primera bicampeona del mundo y también en la primera que era capaz de coronarse en suelo foráneo. Dominó la ‘azzurra’, que se adelantó gracias a un tanto de volea obra de Colaussi. Puso las tablas Titkos inmediatamente después pero eso no evitó que los transalpinos se fueran al descanso con ventaja de 3-1. Pese a que los magiares volverían a recortar distancias, una diana de Piola puso el 4-2 definitivo.

Uruguay-Brasil (1950): Probablemente muchos no caerían en la cuenta de qué hablamos salvo que aclaremos de que se trata del famoso ‘Maracanazo’. Entonces llega a la memoria colectiva la imagen de uno de los grandes fracasos en la historia del fútbol brasileño, con permiso del ‘Mineirazo’ del 2014 (7-1 ante Alemania). Brasil peleó hasta la extenuación por albergar el torneo, atípico por el número de participantes y por la gran cantidad de selecciones que decidieron no acudir, y se jugó el trofeo a un partido ante Uruguay. Pese a contar con el apoyo de 170.000 personas en las gradas, un tanto de Ghigia puso el 1-2 y fraguó una sorpresa nunca antes vista.

Alemania-Hungría (1954): El encuentro ha pasado a la historia como ‘El milagro de Berna’. Y milagroso pareció que Alemania fuera capaz de derrotar a aquel elenco húngaro conocido como los ‘Magiares mágicos’. Más después de que estos se pusieran 2-0 arriba cuando solo se llevaban ocho minutos de juego. Empataron rápido los germanos y acabaron sentenciando en los últimos instantes ayudados por los tacos de sus botas, por su guardameta en la segunda parte, por los palos y por el colegiado tras no dar este un gol a Puskas por fuera de juego.

Brasil-Suecia (1958): El Mundial que descubrió a Pelé solo podía ser ganado por Brasil. El delantero se convirtió en el más joven goleador de una final, de momento la que más tantos ha acumulado con siete (5-2). Aquel triunfo fue además el primero de un combinado sudamericano en territorio europeo.

Brasil-Checoslovaquia (1962): Tras haberse impuesto cuatro años antes en Suecia, los brasileños revalidaron el título esta vez sin un Pelé que estaba lesionado. Masopust adelantó a los europeos pero una nefasta tarde del guardameta Schrojf impulsó a sus rivales, quienes acabaron remontando por medio de Amarildo, Zito y Vavá.

Inglaterra-Alemania (1966): El tiempo ha demostrado que aquel tanto de Hurst no entró en la portería alemana pero lo que cuenta es lo que decidió en ese momento el linier soviético Tofiq Bakhramov, que a la postre fue decisivo para que Inglaterra conquistara su única Copa del Mundo hasta la actualidad. Lo hizo ante su público después de un vibrante enfrentamiento ante Alemania, con los ecos de la Segunda Guerra Mundial aún resonando, y que se decidió en la prórroga.

Brasil-Italia (1970): ‘Juegan bien, pero ni que fueran la Brasil del setenta’. Muchas veces se ha dicho esta frase o alguna parecida y eso permite dar dimensión a lo que era aquel conjunto en el que junto a Pelé destacaban futbolistas como Gerson, Tostao, Jairzinho, Rivelino, Clodoaldo o Carlos Alberto. Si bien en el duelo por conquistar el trofeo Jules Rimet sus contricantes les pusieron en algún apuro y llegaron a empatar la contienda, lo cierto es que en la segunda parte se vio la mejor versión de aquella generación de la ‘canarinha’, que acabó imponiéndose por cuatro tantos a uno.

Alemania-Holanda (1974): La carta de presentación con la que Holanda se plantó en la final de aquel Mundial era inmejorable. Catorce goles a favor, uno en contra y la admiración del mundo entero por su juego vistoso plasmado en partidos como el de Argentina (4-0) y Brasil (2-0). Y de hecho todo arrancó sobre ruedas ante Alemania, con un penalti a los dos minutos. No se doblegó sin embargo en anfitrión, que empató gracias a otra pena máxima y sentenció con un último servicio de Müller a la patria. Las paradas de Maier hicieron el resto.

Argentina-Holanda (1978): Pese a que se vieron cuatro goles entre el tiempo reglamentario y la prórroga aquella final no se recordará por el acierto de cara a puerta. Ambos equipos disputaron un encuentro de gran intensidad, repleto de ocasiones en el que solo la falta de inspiración evitó un desenfreno anotador más grande. Argentina, que había liderado su grupo en la segunda fase con polémica y jugaba en casa, acabó imponiéndose 3-1 a una Holanda que veía como perdía de nuevo la oportunidad de alzarse como ganadora.

Italia-Alemania (1982): La única edición disputada hasta la fecha en España vivió un duelo por el título entre dos conjuntos europeos. Por un lado Alemania, cuya imagen llegaba envuelta en la polémica tras la dureza en la semifinal contra Francia. En el otro Italia, que se había repuesto de un mal comienzo y ganó confianza con el triunfo por 3-2 ante la todopoderosa Brasil gracias a un triplete de Rossi. El punta, convocado in extremis tras una larga sanción, fue el encargado de abrir la lata en ese enfrentamiento que la ‘azzurra’ venció por 3-1. Tardelli y Altobelli marcaron los otros dos tantos de su combinado, que previamente había fallado un penalti en la primera mitad, mientras que Breitner anotó el gol alemán.

Argentina-Alemania (1986): El Mundial conquistado por Maradona vivió una final apasionante en la que la albiceleste logró una cómoda ventaja de 2-0 gracias a los tantos de Brown y Valdano. Sin embargo Rummenigge y Völler igualarían tras sendos córners en apenas siete minutos, los que fueron del setenta y cuatro al ochenta y uno. Emergió entonces la figura de ‘El pelusa’, que había maravillado al mundo durante toda la cita, para servir un pase preciso a Burruchaga y que este sentenciara el duelo.

Alemania-Argentina (1990): El del árbitro mexicano Edgardo Codesal no es un nombre recordado con cariño en Argentina. En una final trabada y bronca, con muchas interrupciones, el tanto llegó tras un riguroso penalti de Sensini sobre Völler en los instantes decisorios que se encargó de transformar Brehme. Esta fue la única vez hasta la fecha en la que se repitió el duelo por el título de la edición anterior y además la primera en la que se vieron expulsiones (Monzón y Dezotti).

Brasil-Italia (1994): Quizás una de las finales menos vistosas que se recuerdan en la cita del torneo si bien en su descargo queda decir que el intenso calor que azotó el Rose Bowl de Pasadena fue un factor decisivo en el desarrollo del juego. Desfondados, los futbolistas tuvieron que afrontar una tanda de penaltis en la que Baggio pasó de héroe a ‘villano’ fallando el quinto de Italia.

Francia-Brasil (1998): Francia tenía ante sí una oportunidad única, disputar como anfitriona la primera final mundialista de su historia. Y no la desaprovechó. Brasil acusó la situación física de un Ronaldo mermado y los galos sacaron brillo al balón parado y a la figura imperial de Zidane, autor de dos goles de cabeza tras saque de esquina. Ni siquiera la expulsión de Desailly cambió el destino del encuentro, sentenciado con un tanto de Petit.

Brasil-Alemania (2002): A lomos de un gran Oliver Kahn, la selección alemana consiguió plantarse en la final ante una Brasil de apariencia solvente durante todo el torneo. Ambos jugaron un duelo igualado, con un palo para cada equipo y ocasiones claras. Sin embargo el destino quiso que un fallo del hasta entonces seguro guardameta teutón le pusiera el primer gol en bandeja a Ronaldo, por entonces en una de las mejores versiones que se le recuerdan. Más tarde el propio delantero, tras un excelente movimiento de Rivaldo, acabaría sentenciando.

Italia-Francia (2006): Dos hombres fueron los grandes protagonistas de aquella final, Materazzi y Zidane. Autores de los tantos durante el tiempo reglamentario, el galo acabaría siendo expulsado por propinarle un cabezazo al italiano en la que sería su última imagen como futbolista profesional. La tanda decisiva sonrió a Italia.

España-Holanda (2010): El partido que nunca olvidará el fútbol español. Espoleada por su buen resultado en la Eurocopa y confiada en un modelo de juego que daba resultados, ‘La Roja’ apareció en el torneo como una de las favoritas. Y aunque muchos pensaban que el maleficio de cuartos acabaría haciendo acto de presencia, los de Del Bosque alcanzaron la final y se impusieron no sin sufrimiento a Holanda con el inolvidable gol de Iniesta.

Alemania-Argentina (2014): No hay dos sin tres. Alemania y Argentina volvieron a verse las caras en la final más repetida de la historia. Esta vez estaba en juego el título de campeona y la opción de resolver el empate personal. Un tanto de Mario Götze en el minuto 113 dio continuidad a la machada de los germanos en semifinales y privó a Argentina del placer de alzar el trofeo en Brasil.

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Después de cuatro semanas de emoción, goles, decepciones y alegrías el Mundial de Rusia llega a su desenlace con el duelo por el título. Dos países frente a frente en busca de la gloria. El palmarés solo recordará a uno de ellos pero el partido pasará a engrosar una historia en la que están todas las finales disputadas hasta la fecha. Las repasamos.

Uruguay-Argentina (1930): De este encuentro salió el primer campeón del mundo y fueron los uruguayos. Lo hicieron ante su público en un choque que representó muchas de las peculiaridades de la época. Para empezar, es hasta hora la única final que no se ha jugado en fin de semana. Además se usaron dos balones diferentes, uno aportado por cada contendiente. En lo deportivo, vencieron los charrúas por 4-2.

Italia-Checoslovaquia (1934): La primera Copa del Mundo alcanzada por Italia llegó en casa, con sufrimiento y de una manera peculiar. Se adelantaron los checoslovacos con un gol de Puc y estuvieron cerca de resistir pero en el ochenta y cinco igualó Orsi. Hubo entonces que recurrir a una prórroga con un sistema parecido al gol de oro. Solventó el entuerto Schiavio marcando en el noventa y cinco.

Italia-Hungría (1938): Italia se convirtió en la primera bicampeona del mundo y también en la primera que era capaz de coronarse en suelo foráneo. Dominó la ‘azzurra’, que se adelantó gracias a un tanto de volea obra de Colaussi. Puso las tablas Titkos inmediatamente después pero eso no evitó que los transalpinos se fueran al descanso con ventaja de 3-1. Pese a que los magiares volverían a recortar distancias, una diana de Piola puso el 4-2 definitivo.

Uruguay-Brasil (1950): Probablemente muchos no caerían en la cuenta de qué hablamos salvo que aclaremos de que se trata del famoso ‘Maracanazo’. Entonces llega a la memoria colectiva la imagen de uno de los grandes fracasos en la historia del fútbol brasileño, con permiso del ‘Mineirazo’ del 2014 (7-1 ante Alemania). Brasil peleó hasta la extenuación por albergar el torneo, atípico por el número de participantes y por la gran cantidad de selecciones que decidieron no acudir, y se jugó el trofeo a un partido ante Uruguay. Pese a contar con el apoyo de 170.000 personas en las gradas, un tanto de Ghigia puso el 1-2 y fraguó una sorpresa nunca antes vista.

Alemania-Hungría (1954): El encuentro ha pasado a la historia como ‘El milagro de Berna’. Y milagroso pareció que Alemania fuera capaz de derrotar a aquel elenco húngaro conocido como los ‘Magiares mágicos’. Más después de que estos se pusieran 2-0 arriba cuando solo se llevaban ocho minutos de juego. Empataron rápido los germanos y acabaron sentenciando en los últimos instantes ayudados por los tacos de sus botas, por su guardameta en la segunda parte, por los palos y por el colegiado tras no dar este un gol a Puskas por fuera de juego.

Brasil-Suecia (1958): El Mundial que descubrió a Pelé solo podía ser ganado por Brasil. El delantero se convirtió en el más joven goleador de una final, de momento la que más tantos ha acumulado con siete (5-2). Aquel triunfo fue además el primero de un combinado sudamericano en territorio europeo.

Brasil-Checoslovaquia (1962): Tras haberse impuesto cuatro años antes en Suecia, los brasileños revalidaron el título esta vez sin un Pelé que estaba lesionado. Masopust adelantó a los europeos pero una nefasta tarde del guardameta Schrojf impulsó a sus rivales, quienes acabaron remontando por medio de Amarildo, Zito y Vavá.

Inglaterra-Alemania (1966): El tiempo ha demostrado que aquel tanto de Hurst no entró en la portería alemana pero lo que cuenta es lo que decidió en ese momento el linier soviético Tofiq Bakhramov, que a la postre fue decisivo para que Inglaterra conquistara su única Copa del Mundo hasta la actualidad. Lo hizo ante su público después de un vibrante enfrentamiento ante Alemania, con los ecos de la Segunda Guerra Mundial aún resonando, y que se decidió en la prórroga.

Brasil-Italia (1970): ‘Juegan bien, pero ni que fueran la Brasil del setenta’. Muchas veces se ha dicho esta frase o alguna parecida y eso permite dar dimensión a lo que era aquel conjunto en el que junto a Pelé destacaban futbolistas como Gerson, Tostao, Jairzinho, Rivelino, Clodoaldo o Carlos Alberto. Si bien en el duelo por conquistar el trofeo Jules Rimet sus contricantes les pusieron en algún apuro y llegaron a empatar la contienda, lo cierto es que en la segunda parte se vio la mejor versión de aquella generación de la ‘canarinha’, que acabó imponiéndose por cuatro tantos a uno.

Alemania-Holanda (1974): La carta de presentación con la que Holanda se plantó en la final de aquel Mundial era inmejorable. Catorce goles a favor, uno en contra y la admiración del mundo entero por su juego vistoso plasmado en partidos como el de Argentina (4-0) y Brasil (2-0). Y de hecho todo arrancó sobre ruedas ante Alemania, con un penalti a los dos minutos. No se doblegó sin embargo en anfitrión, que empató gracias a otra pena máxima y sentenció con un último servicio de Müller a la patria. Las paradas de Maier hicieron el resto.

Argentina-Holanda (1978): Pese a que se vieron cuatro goles entre el tiempo reglamentario y la prórroga aquella final no se recordará por el acierto de cara a puerta. Ambos equipos disputaron un encuentro de gran intensidad, repleto de ocasiones en el que solo la falta de inspiración evitó un desenfreno anotador más grande. Argentina, que había liderado su grupo en la segunda fase con polémica y jugaba en casa, acabó imponiéndose 3-1 a una Holanda que veía como perdía de nuevo la oportunidad de alzarse como ganadora.

Italia-Alemania (1982): La única edición disputada hasta la fecha en España vivió un duelo por el título entre dos conjuntos europeos. Por un lado Alemania, cuya imagen llegaba envuelta en la polémica tras la dureza en la semifinal contra Francia. En el otro Italia, que se había repuesto de un mal comienzo y ganó confianza con el triunfo por 3-2 ante la todopoderosa Brasil gracias a un triplete de Rossi. El punta, convocado in extremis tras una larga sanción, fue el encargado de abrir la lata en ese enfrentamiento que la ‘azzurra’ venció por 3-1. Tardelli y Altobelli marcaron los otros dos tantos de su combinado, que previamente había fallado un penalti en la primera mitad, mientras que Breitner anotó el gol alemán.

Argentina-Alemania (1986): El Mundial conquistado por Maradona vivió una final apasionante en la que la albiceleste logró una cómoda ventaja de 2-0 gracias a los tantos de Brown y Valdano. Sin embargo Rummenigge y Völler igualarían tras sendos córners en apenas siete minutos, los que fueron del setenta y cuatro al ochenta y uno. Emergió entonces la figura de ‘El pelusa’, que había maravillado al mundo durante toda la cita, para servir un pase preciso a Burruchaga y que este sentenciara el duelo.

Alemania-Argentina (1990): El del árbitro mexicano Edgardo Codesal no es un nombre recordado con cariño en Argentina. En una final trabada y bronca, con muchas interrupciones, el tanto llegó tras un riguroso penalti de Sensini sobre Völler en los instantes decisorios que se encargó de transformar Brehme. Esta fue la única vez hasta la fecha en la que se repitió el duelo por el título de la edición anterior y además la primera en la que se vieron expulsiones (Monzón y Dezotti).

Brasil-Italia (1994): Quizás una de las finales menos vistosas que se recuerdan en la cita del torneo si bien en su descargo queda decir que el intenso calor que azotó el Rose Bowl de Pasadena fue un factor decisivo en el desarrollo del juego. Desfondados, los futbolistas tuvieron que afrontar una tanda de penaltis en la que Baggio pasó de héroe a ‘villano’ fallando el quinto de Italia.

Francia-Brasil (1998): Francia tenía ante sí una oportunidad única, disputar como anfitriona la primera final mundialista de su historia. Y no la desaprovechó. Brasil acusó la situación física de un Ronaldo mermado y los galos sacaron brillo al balón parado y a la figura imperial de Zidane, autor de dos goles de cabeza tras saque de esquina. Ni siquiera la expulsión de Desailly cambió el destino del encuentro, sentenciado con un tanto de Petit.

Brasil-Alemania (2002): A lomos de un gran Oliver Kahn, la selección alemana consiguió plantarse en la final ante una Brasil de apariencia solvente durante todo el torneo. Ambos jugaron un duelo igualado, con un palo para cada equipo y ocasiones claras. Sin embargo el destino quiso que un fallo del hasta entonces seguro guardameta teutón le pusiera el primer gol en bandeja a Ronaldo, por entonces en una de las mejores versiones que se le recuerdan. Más tarde el propio delantero, tras un excelente movimiento de Rivaldo, acabaría sentenciando.

Italia-Francia (2006): Dos hombres fueron los grandes protagonistas de aquella final, Materazzi y Zidane. Autores de los tantos durante el tiempo reglamentario, el galo acabaría siendo expulsado por propinarle un cabezazo al italiano en la que sería su última imagen como futbolista profesional. La tanda decisiva sonrió a Italia.

España-Holanda (2010): El partido que nunca olvidará el fútbol español. Espoleada por su buen resultado en la Eurocopa y confiada en un modelo de juego que daba resultados, ‘La Roja’ apareció en el torneo como una de las favoritas. Y aunque muchos pensaban que el maleficio de cuartos acabaría haciendo acto de presencia, los de Del Bosque alcanzaron la final y se impusieron no sin sufrimiento a Holanda con el inolvidable gol de Iniesta.

Alemania-Argentina (2014): No hay dos sin tres. Alemania y Argentina volvieron a verse las caras en la final más repetida de la historia. Esta vez estaba en juego el título de campeona y la opción de resolver el empate personal. Un tanto de Mario Götze en el minuto 113 dio continuidad a la machada de los germanos en semifinales y privó a Argentina del placer de alzar el trofeo en Brasil.

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