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El despegue

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 10-12-2020

La Juventus de Andrea Pirlo venía alternando momentos de juego muy lúcido y complejo e ideas ofensivas más que interesantes con prestaciones dubitativas, límites en su configuración de plantilla —especialmente en algunos perfiles muy concretos— y resultados bastante decepcionantes. Sin embargo, el tono futbolístico general, aun con sus evidentes baches, no ha dejado de crecer desde el inicio de la temporada. Y el 0-3 en el Camp Nou en la Champions, en el que los bianconeri dominaron con una gran solidez, es una muestra más que notoria de ello.

Nada más y nada menos que en Barcelona, Pirlo situó asiduamente su predilecto 3-1-6 en fase ofensiva muy dentro de la mitad rival. En parte gracias a una nula presión organizada del conjunto culé, que permitió a la Juve construir cómodamente desde atrás a través de su 3+1 en fase de salida comandado por Arthur en el vértice alto del rombo, pero también gracias a su estilo y a su audaz estructura táctica. Así, los carrileros otorgan amplitud prácticamente desde el inicio, los llegadores pueden avanzar sin balón a través de los carriles intermedios y sumarse a Cristiano Ronaldo y Álvaro Morata en el carril central para, con la movilidad continua de todas las piezas interiores, favorecer que el balón llegue en ventaja a los hombres de fuera y vuelva dentro solo para finalizar, como demostró Weston McKennie con su inapelable volea.

La Juve ejecutó una circulación de lado a lado muy dinámica y célere que, sumada al gran papel de Morata en los apoyos, destrozó al Barça en los primeros minutos del partido. En este sentido, la importancia de Arthur es muy elevada. El brasileño posee una capacidad enorme para controlar la pelota, se perfila muy bien incluso antes de recibir el pase, domina los giros y las fintas con el cuerpo para eludir la presión y está aprendiendo a soltar el cuero de una manera más ágil, un aspecto fundamental para Pirlo y en el que el propio técnico declaró estar trabajando directamente con él para aumentar así la fluidez de la posesión en todo el campo.

Esta disposición ofensiva tan particular y superpoblada en su última línea, con tantos futbolistas situados entre la defensa y el centro del campo del adversario y pisando directamente el área, hace muy difícil la labor de los centrocampistas rivales, que deben vigilar de cara la gestión del balón de Arthur y de reojo los movimientos constantes a su espalda. Su labor se convierte de repente en una función mucho más pasiva a efectos prácticos y a ojos del espectador de lo que realmente es, lo que les dificulta enormemente poder acudir a la presión hacia adelante si esta no es colectiva, muy organizada y prácticamente al hombre.

En el caso del Barça, en cuanto Miralem Pjanic o Frenkie de Jong saltaban a por Arthur, se generaba un pasillo y una zona de recepción aún más grande detrás de su espalda, que causaba un efecto mariposa en las secuencias posteriores con las rupturas hacia la línea de fondo del carrilero del mismo lado de la acción o con los desmarques hacia el corazón del área del interior del otro costado y de los dos atacantes puros del sistema: Cristiano y un Morata que, liberado de presión y viendo reducido su rango de acción (y, por tanto, su tiempo de ejecución delante de la portería), es un nueve que se mueve de maravilla entre los centrales para atacar la zona entre estos y el portero cuando el balón llega raso al área desde la banda.

Lo hizo en Barcelona y trata de repetirlo siempre. El cuadro turinés suele emparejar hasta cuatro o cinco hombres con los defensores rivales en las inmediaciones o dentro del área, por lo que estos acaban cediendo las bandas, adonde va a parar la mayor parte del juego juventino en el último tercio. Especialmente hacia la derecha, donde Juan Guillermo Cuadrado vive en un estado de forma y de juego sobresaliente desde hace tiempo, siendo el mejor último pasador y el principal generador de ocasiones del equipo, ya que suma cinco asistencias en los cinco partidos que ha disputado en competición continental hasta ahora —líder estadístico del torneo—. Un dato que habla por sí solo del tipo de construcciones ofensivas de esta Juve.

Todos los automatismos ofensivos de la Juventus de Pirlo desembocan aquí, en la enorme presencia de opciones de remate en el área. Aquí reside su esencia, la mentalidad ofensiva innegociable que se erige a partir de la construcción asociativa desde los primeros pases. Una actitud atrevida a la que hay que sumar la presión tras pérdida y la defensa hacia adelante por parte de todas las líneas en fase defensiva, dos aspectos cruciales para atosigar aún más al rival en sus primeros metros y mantener la generación de ocasiones de peligro, o simplemente para evitar la maniobra del poseedor, robarle tiempo para que no pueda ejecutar un pase que desmonte el bloque alto bianconero y que este pueda reorganizarse. Matthijs De Ligt yendo a buscar a Leo Messi a cada recepción fue una señal evidente de esta cuestión en el Camp Nou.

La Juventus pasa a un 4-4-2 en defensa organizada, pero ha dejado ver algunos problemas en la transición defensiva, donde sus centrocampistas están teniendo dificultades para sujetar al equipo, especialmente cuando no está McKennie, cuyo físico y mayor agresividad sin balón, válida tanto para rellenar el área como para acudir al corte o ganar el duelo individual, casi siempre termina por beneficiar al equipo y por hacerlo más compacto. A pesar de ello y de estar echando en falta en estos primeros partidos una mayor regularidad, debido a una plantilla con varios perfiles poco adaptados al esquema y a la particular manera de ver el fútbol de Pirlo y a un calendario tan exigente, la Juve está demostrando que en sus máximos es un equipo que ya está preparado para competir otra vez por el Scudetto y para batirse el cobre con cualquiera en Europa, el gran anhelo del club mientras dure esta brillante versión de CR7.

No resulta en absoluto sencillo darle la vuelta a nivel táctico, como a un calcetín, a un supercampeón de este calibre sin que por el camino surja un ligero runrún y puedan aparecer algunas dudas entre los más escépticos, más si cabe en los primeros meses de proyecto. Sin embargo, la Juventus de Pirlo, que está implementando con más éxito del que pueda parecer un sistema altamente propositivo y claramente enfocado a aumentar su volumen de ocasiones para rentabilizar su pegada, puede haber despegado definitivamente en el Camp Nou con una de esas victorias que inclinan la balanza, que avivan la confianza, que afilan el cuchillo del juego colectivo y que pueden marcar de manera decisiva los inicios de un proyecto ganador.

Imagen de cabecera: David Ramos/Getty Images

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La Juventus de Andrea Pirlo venía alternando momentos de juego muy lúcido y complejo e ideas ofensivas más que interesantes con prestaciones dubitativas, límites en su configuración de plantilla —especialmente en algunos perfiles muy concretos— y resultados bastante decepcionantes. Sin embargo, el tono futbolístico general, aun con sus evidentes baches, no ha dejado de crecer desde el inicio de la temporada. Y el 0-3 en el Camp Nou en la Champions, en el que los bianconeri dominaron con una gran solidez, es una muestra más que notoria de ello.

Nada más y nada menos que en Barcelona, Pirlo situó asiduamente su predilecto 3-1-6 en fase ofensiva muy dentro de la mitad rival. En parte gracias a una nula presión organizada del conjunto culé, que permitió a la Juve construir cómodamente desde atrás a través de su 3+1 en fase de salida comandado por Arthur en el vértice alto del rombo, pero también gracias a su estilo y a su audaz estructura táctica. Así, los carrileros otorgan amplitud prácticamente desde el inicio, los llegadores pueden avanzar sin balón a través de los carriles intermedios y sumarse a Cristiano Ronaldo y Álvaro Morata en el carril central para, con la movilidad continua de todas las piezas interiores, favorecer que el balón llegue en ventaja a los hombres de fuera y vuelva dentro solo para finalizar, como demostró Weston McKennie con su inapelable volea.

La Juve ejecutó una circulación de lado a lado muy dinámica y célere que, sumada al gran papel de Morata en los apoyos, destrozó al Barça en los primeros minutos del partido. En este sentido, la importancia de Arthur es muy elevada. El brasileño posee una capacidad enorme para controlar la pelota, se perfila muy bien incluso antes de recibir el pase, domina los giros y las fintas con el cuerpo para eludir la presión y está aprendiendo a soltar el cuero de una manera más ágil, un aspecto fundamental para Pirlo y en el que el propio técnico declaró estar trabajando directamente con él para aumentar así la fluidez de la posesión en todo el campo.

Esta disposición ofensiva tan particular y superpoblada en su última línea, con tantos futbolistas situados entre la defensa y el centro del campo del adversario y pisando directamente el área, hace muy difícil la labor de los centrocampistas rivales, que deben vigilar de cara la gestión del balón de Arthur y de reojo los movimientos constantes a su espalda. Su labor se convierte de repente en una función mucho más pasiva a efectos prácticos y a ojos del espectador de lo que realmente es, lo que les dificulta enormemente poder acudir a la presión hacia adelante si esta no es colectiva, muy organizada y prácticamente al hombre.

En el caso del Barça, en cuanto Miralem Pjanic o Frenkie de Jong saltaban a por Arthur, se generaba un pasillo y una zona de recepción aún más grande detrás de su espalda, que causaba un efecto mariposa en las secuencias posteriores con las rupturas hacia la línea de fondo del carrilero del mismo lado de la acción o con los desmarques hacia el corazón del área del interior del otro costado y de los dos atacantes puros del sistema: Cristiano y un Morata que, liberado de presión y viendo reducido su rango de acción (y, por tanto, su tiempo de ejecución delante de la portería), es un nueve que se mueve de maravilla entre los centrales para atacar la zona entre estos y el portero cuando el balón llega raso al área desde la banda.

Lo hizo en Barcelona y trata de repetirlo siempre. El cuadro turinés suele emparejar hasta cuatro o cinco hombres con los defensores rivales en las inmediaciones o dentro del área, por lo que estos acaban cediendo las bandas, adonde va a parar la mayor parte del juego juventino en el último tercio. Especialmente hacia la derecha, donde Juan Guillermo Cuadrado vive en un estado de forma y de juego sobresaliente desde hace tiempo, siendo el mejor último pasador y el principal generador de ocasiones del equipo, ya que suma cinco asistencias en los cinco partidos que ha disputado en competición continental hasta ahora —líder estadístico del torneo—. Un dato que habla por sí solo del tipo de construcciones ofensivas de esta Juve.

Todos los automatismos ofensivos de la Juventus de Pirlo desembocan aquí, en la enorme presencia de opciones de remate en el área. Aquí reside su esencia, la mentalidad ofensiva innegociable que se erige a partir de la construcción asociativa desde los primeros pases. Una actitud atrevida a la que hay que sumar la presión tras pérdida y la defensa hacia adelante por parte de todas las líneas en fase defensiva, dos aspectos cruciales para atosigar aún más al rival en sus primeros metros y mantener la generación de ocasiones de peligro, o simplemente para evitar la maniobra del poseedor, robarle tiempo para que no pueda ejecutar un pase que desmonte el bloque alto bianconero y que este pueda reorganizarse. Matthijs De Ligt yendo a buscar a Leo Messi a cada recepción fue una señal evidente de esta cuestión en el Camp Nou.

La Juventus pasa a un 4-4-2 en defensa organizada, pero ha dejado ver algunos problemas en la transición defensiva, donde sus centrocampistas están teniendo dificultades para sujetar al equipo, especialmente cuando no está McKennie, cuyo físico y mayor agresividad sin balón, válida tanto para rellenar el área como para acudir al corte o ganar el duelo individual, casi siempre termina por beneficiar al equipo y por hacerlo más compacto. A pesar de ello y de estar echando en falta en estos primeros partidos una mayor regularidad, debido a una plantilla con varios perfiles poco adaptados al esquema y a la particular manera de ver el fútbol de Pirlo y a un calendario tan exigente, la Juve está demostrando que en sus máximos es un equipo que ya está preparado para competir otra vez por el Scudetto y para batirse el cobre con cualquiera en Europa, el gran anhelo del club mientras dure esta brillante versión de CR7.

No resulta en absoluto sencillo darle la vuelta a nivel táctico, como a un calcetín, a un supercampeón de este calibre sin que por el camino surja un ligero runrún y puedan aparecer algunas dudas entre los más escépticos, más si cabe en los primeros meses de proyecto. Sin embargo, la Juventus de Pirlo, que está implementando con más éxito del que pueda parecer un sistema altamente propositivo y claramente enfocado a aumentar su volumen de ocasiones para rentabilizar su pegada, puede haber despegado definitivamente en el Camp Nou con una de esas victorias que inclinan la balanza, que avivan la confianza, que afilan el cuchillo del juego colectivo y que pueden marcar de manera decisiva los inicios de un proyecto ganador.

Imagen de cabecera: David Ramos/Getty Images

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