_Italia

Pirlo por y para Cristiano

Un jugador de la dimensión histórica de Cristiano Ronaldo es una absoluta multinacional en el fútbol en el que vivimos y, por lo tanto, sus sensaciones, intereses y opiniones tienen una influencia y un peso enormes en la toma de decisiones sobre todo aquello que afecte a su ámbito de actuación, a su mercado, a su universo. Andrea Pirlo, como el nuevo administrador delegado de las cuestiones futbolísticas de la Juventus, ha entendido rápidamente que para conseguir la empresa que el gigante piamontés se ha autoimpuesto —no desaprovechar la era del luso como bianconero sin conquistar de una vez por todas la tan ansiada Champions y no dejar al mismo tiempo de mantener incólume su superioridad en Italia— debe lanzar una OPA amistosa por la totalidad de las acciones de la ‘CR7 Corporation’. Convencerlo, conquistarlo, incluso en el sentido romántico del término, para que su sistema absorba y potencie el 100% de su talento y poderío rematador. Y desde su primer partido oficial como entrenador ante la Sampdoria, Coach Pirlo ya ha dejado claro que su equipo debe invertir en Cristiano en todas las fases del juego.

Atraer detrás para atacar con espacios delante

La fase de construcción de la Juventus de Pirlo se desarrolla a dos velocidades: pases cortos y elaboración pausada en los primeros metros hasta encontrar el envío filtrado que supere la primera línea de presión. A partir de ahí, ser cuanto más veloces y verticales mejor para alcanzar situaciones de remate en pleno vuelo y en ventaja espacial. Con un 3-4-1-2 como dibujo base, los bianconeri asumieron muchos riesgos en salida, involucrando a Wojciech Szczęsny y situando muy cerca de su portero, incluso en el área pequeña, a Danilo a su derecha y a Giorgio Chiellini a su izquierda, mientras que Leonardo Bonucci se colocaba normalmente por delante de ambos, formando un 2+1 que permitía una altura más para eludir la presión alta. De esta forma, la Juventus podía progresar por dentro de manera relativamente sencilla y formar un eventual 4-3-3 muy amplio, con Bonucci como circunstancial mediocentro, recuperando su traje de regista bajo en la distribución desde campo propio que ha sido siempre su seña de identidad.

Una vez Bonucci recibía a espaldas de la primera presión de la Samp, siempre que se daba el pressing alto del cuadro genovés, Weston McKennie —al que se le vieron ciertos problemas para recibir de espaldas, perfilarse y girarse— y Adrien Rabiot —menos hábil en la gestión de la posesión que un jugador como Arthur que parece que será crucial en este rol— bajaban a ofrecerse a sus costados, no para recoger el cuero sino para arrastrar a la medular rival y propiciar la aparición de los espacios necesarios para que Bonucci pudiese lanzar a uno de los dos carrileros todavía más arriba de sus respectivas posiciones de partida o, en cambio, encontrar en la vertical a Aaron Ramsey, cuyo talento para ofrecerse entre líneas, girarse y tirar el pase filtrado con una velocidad de ejecución diferencial quedó más que patente con los seis pases clave que dio, cinco de ellos hacia los desmarques de Cristiano Ronaldo en lo que promete ser una sociedad asistente – goleador de las más fructíferas del campeonato.

Mucho dinamismo y pocas referencias en estático

El 3-4-1-2 de partida pasa a ser un 3-2-5 en fases de posesión más avanzada y de mayor repliegue rival. Cuando no podía abrir en ventaja clara hacia una de las bandas o verticalizar a través del carril central, Bonucci optaba generalmente por jugar sobre Danilo y era entonces el brasileño, sumándose a zonas de interior derecho y con peligro incluso en el remate desde la frontal, el que decidía si la acción continuaba hacia fuera para encontrar luego el apoyo de Dejan Kulusevski en el pico del área —la zona clásica de recepción de Paulo Dybala—, si sumaba metros por medio de la conducción o si buscaba por dentro a Rabiot para una progresión más elaborada en forma de ataques más estáticos, que fue precisamente el contexto que más tiempo se repitió y la principal vía de dominio de la Juventus debido al plan principal de la Sampdoria de Claudio Ranieri. De hecho, tanto los tres centrales como los tres medios dieron más de 70 pases cada uno —hasta 106 en el caso de Danilo y 91 en el caso de Rabiot— a un 92% de acierto de media.

Ante estos espacios estrechos, Pirlo apuesta por una circulación veloz, a uno o dos toques, con la pared como una de las principales herramientas para derribar el muro oponente, con muchas opciones de pase por delante de balón y donde la fluidez, el dinamismo y los apoyos entre líneas, perfectamente coordinados con rupturas que partan muy cercanas a esa recepción para atacar la profundidad hacia el área constantemente, sean condiciones ineludibles. El flamante técnico de la Juventus busca volumen, pero también que sus ocasiones sean de calidad, de alta probabilidad de gol. Para ello, dado que Ronaldo es el jugador con más libertad de acción —que no con mayor ratio de acción, de hecho, este parece que se reducirá respecto a la temporada anterior— y que más y mejor cae desde la posición más avanzada en el carril central (al que ahora se focaliza en mayor medida) hacia los espacios intermedios (normalmente en busca de su predilecto pico izquierdo del área), Pirlo necesita compensar en zona de finalización con otro elemento las licencias del luso dentro del juego de posición al que su libreto se adscribe.

Y ese elemento no es otro que Ramsey, el nuevo Mario Mandzukic para Ronaldo en Turín. Ante la Samp, el mediapunta actuó en muchas ocasiones como hombre más adelantado, atacando el punto de penalti de manera decidida cada vez que Cristiano salía de esa zona, impidiendo que los centrales abandonasen la cueva en la persecución del luso y logrando un doble cometido: ser opción de remate en el área y hundir a la zaga blucerchiata para darle a CR7 el tiempo y el espacio para maniobrar, armar la pierna, asociarse con Kulusevksi y repetir con el sueco el proceso de agresión hacia el área en busca de su asistencia o descargar hacia uno de las bandas, donde los carrileros fijaban en amplitud. En este sentido, el cuadro bianconero cargó el área con muchos elementos cuando pudo llevar el balón al costado en el último tercio, sobre todo por el izquierdo. Además, cuenta con una certeza del valor de Cristiano en el remate de cabeza y con un buen llegador al segundo palo como es Juan Guillermo Cuadrado. Sin embargo, quizá lo que más echó en falta en ataque al sistema de Pirlo fue cambiar la orientación de forma más ágil cuando lograba juntar pases en un costado para profundizar por sorpresa en el lado débil y ganar en peligrosidad atacando el remate tras el envío atrás desde línea de fondo del hombre exterior.

La presión tras pérdida, una obsesión necesaria

Si hay un aspecto en el que Pirlo ha insistido públicamente y con el que pretende marcar una diferencia significativa con la anterior etapa de Maurizio Sarri ese ha sido, sin duda, la presión tras pérdida. La meta no es el robo con el primer jugador, sino robarle, valga la redundancia, tiempo al rival para que no pueda tomar la mejor decisión, tenga que acelerar o arriesgar en su elección, su transición ofensiva se retrase y no encuentre fácilmente caminos verticales hacia campo rival. A partir del posicionamiento colectivo posterior, entonces sí buscar la recuperación de la posesión para reiniciar rápidamente el ataque, aprovechando los serios desajustes en la organización defensiva rival. Para este cometido, la actitud de todos los futbolistas —de todos menos uno— debe ser muy proactiva y muy agresiva y orientarse en bloque hacia la zona en la que se pierde la pelota para que pueda producirse una reconquista del cuero inmediatamente posterior (menos de cinco segundos después) por parte de un segundo o de un tercer elemento.

Por otro lado, en la presión en campo rival en fase puramente defensiva cuando el gegenpressing comentado no es exitoso, aunque esta fue más intermitente, rápidamente se produce la permuta entre Cristiano y Ramsey para que el galés pase a situarse como interior zurdo, liberando al portugués de toda responsabilidad sin balón y situando un 2+1 con sus tres piezas ofensivas como disposición tipo de su pressing alto. Ni Ramsey, ni Kulusevski en el otro costado saltan a los centrales, sino que taponan la potencial línea de pase a través de los pasillos interiores y ganan tiempo para que sean los dos mediocentros los que persigan las caídas al apoyo de los centrocampistas rivales en su intento de ofrecer asistencia a los centrales para sacar el balón jugado y contar también aquí con varias opciones de pase por delante del pasador en caso de robo adelantado. Vimos ya ante la Samp que la Juve intenta enfocar su presión para que el rival trate de salir por la derecha y cuenta, además, con la red de alta seguridad que siempre han supuesto sus tres centrales y con el gran trabajo en el retorno de hombres como Cuadrado o Kulusevski por el lado opuesto, en el caso de que el rival lograse cambiar de orientación el juego e hiciese correr hacia atrás a los juventinos en desventaja. Un motivo más, sumado a la presencia de un perfil recuperador como McKennie en ese sector, para esa elección.

La pregunta sale sola. ¿Por qué si la plantilla es casi la misma y la intención de dominar con balón tiene varios puntos en común, la Juventus de Sarri nunca pudo establecer un pressing alto y una presión tras pérdida intensa? Por su disposición. El 3-4-2-1 en la primera instancia de la fase defensiva le permite a Pirlo orientar la presión y acosar muy bien al rival en los costados (Ramsey + McKennie + carrilero izquierdo / Kulusevski + Rabiot + carrilero derecho), justo allí donde es más sencillo provocar la pérdida. Su sistema llega donde el mediapunta sarrista no podía, ya que no alcanzaba a cubrir él solo todo el ancho del campo sin el aporte de unos laterales que no tenían ante sí el contexto adecuado para ser agresivos, sino que debían replegar para no sufrir en transición defensiva. Además, hasta ahora, Pirlo “solo” debe integrar una única pieza que no trabaja en la presión, mientras que Sarri tenía que lidiar con la nula predisposición de CR7 y Dybala al unísono, lo que fue provocando concesiones en su idea hasta asentar un estructurado 4-4-2 que pudiese sujetar esa dupla, que le abocó a ceder metros desde que se producía la pérdida y que, para colmo, le hizo perder la facilidad en las triangulaciones del 4-3-1-2 o del 4-3-3 inherentes al juego de posición que Sarri también abandera. De todas formas, la contrapresión y los reinicios constantes arriba tras pérdidas de calidad volverán a ser el mejor termómetro de la Juventus, sobre todo si Pirlo apuesta por insertar a Dybala —seguramente el MVP de la Serie A durante la pasada temporada— como titular en sus futuras alineaciones.

Repliegue y contra como recurso con marcador a favor

Este sistema bisagra que pasa del 3-4-1-2 de partida al 3-2-5 en ataque estático y de este al 3-4-2-1 en la presión también tiene su disposición propia, bajo un 4-4-2, cuando el rival supera el pressing y la Juventus de Pirlo, que quiere ser un equipo muy ofensivo pero también muy equilibrado y compensado entre sus diferentes estructuras tácticas, tiene que saber manejarse sin balón en su propia mitad del terreno de juego con oficio y también con un marcado sentido del pragmatismo. En el caso particular del encuentro ante la Sampdoria, fue el debutante Gianluca Frabotta el que cerró en línea de cuatro como lateral izquierdo, con Ramsey por delante, mientras Danilo hacía lo propio en la otra banda. La Juve se mostró muy efectiva en el repliegue y el control de los espacios entre sus dos primeras líneas pera no dejar recibir con facilidad prácticamente a nadie, atacando al pasador delante, como hemos visto, y estando muy atenta a las posibles intercepciones de los pases, sobre todo con un gran McKennie en este tipo de acciones defensivas que exigen tanta proactividad, concentración y potencia en las piernas.

Sin embargo, Pirlo, que vio cómo su equipo se adelantó de manera muy temprana en el marcador, se sirvió de la incipiente capacidad camaleónica de los suyos y de la versatilidad que está inyectando en su sistema para dotarlo de formas de dominio muy diversas y cedió metros durante varios tramos del encuentro, buscando transitar tras robo desde su bloque medio en campo propio, lanzar a Cristiano hacia el área en su acción más representativa y aprovechar el gigantesco talento de Kulusevski para guiar contraataques de la mano de su potencia en carrera, de su excelsa conducción, de su timing inmaculado y de su asombrosa facilidad para filtrar pases en plena carrera, siendo muy dañino, muy preciso y muy ventajoso para la carrera al espacio de sus compañeros. Un arma más, y de primerísimo orden, y una nueva vía para colocar a Ronaldo en situaciones de gol de forma muy continuada a lo largo de los 90’.

Cristiano Ronaldo por encima de todo y de todos

Sarri acabó apostando por hacer de Dybala su hombre más determinante, acumulando pases y efectivos en el sector derecho, al que convirtió en el lado fuerte de su plan para que el argentino entrase muchas veces en contacto con el balón y tuviese la libertad de mezclar por dentro, de insertarse hacia el área o de buscar la rosca desde fuera. Y lo hizo intentando que Ronaldo “no se percatase” (aunque finalmente parece que sí lo hizo), es decir, enfocando al luso al remate, pero aislándolo demasiado en el lado débil, donde sus apoyos lejos del área eran prácticamente el único camino posible hacia la ocasión de gol y de manera excesivamente individual. También lo era en el caso de Dybala en derecha, aunque el ex del Palermo cuenta con más recursos propios en cuanto a calidad técnica para generar jugadas, aunque tampoco generase juego.

Cristiano Ronaldo sigue siendo el alma de la Juventus.

No había, por lo demás, ningún tipo de movimiento en profundidad para hundir a los centrales hacia su propia portería, algo fundamental para generar espacio entre líneas, lo que provocaba que la zaga rival siempre estuviese en disposición de defender frontalmente todas y cada una de las acciones. Con Sarri vimos un ataque muy poco optimizado, abrazado a sus dos talentos, lastrado durante todo el año por la ausencia de iniciativa e intensidad colectivas en la presión y escasamente potenciado por una pizarra que tuvo que ir parcheando continuamente el sistema, el dibujo y las relaciones de sus futbolistas sobre el campo por las lesiones y los problemas tácticos y que nunca supo realmente cómo proponer un posicionamiento global que propiciase una menor propensión de balón al pie, posesiones menos plomizas y que activase la contrapresión, aun sabiendo que CR7 y Dybala eran elementos que no se involucrarían en ella.

Al contrario que la gestión del técnico napolitano, Pirlo tiene muy claro desde el primer día quién es su buque insignia, quién es el buque insignia del club y quién es el futbolista que más acerca a la Juventus a su anhelo con forma de Copa de Europa. Y todo lo demás es secundario, matizable y adaptable, incluyendo los dogmatismos del juego de posición que Andrea pretende desarrollar y con el que se identifica totalmente, pero que pueden ser cambiados por un dinamismo y una acumulación en zonas interiores muy marcadas en fase ofensiva si beneficia en mayor medida a su mejor futbolista. También es secundaria —ya veremos si incluso superflua— la participación o no como titular de un fuoriclasse de la talla de Dybala en las alineaciones si su presencia provoca que el once inicial, que tan bien funcionó ante la Samp con Kulusevski en el teórico rol que le tocaría asumir al argentino en el 3-4-1-2 que será el esquema base, tenga que asumir unos desajustes muy difíciles de compensar, como ya le ocurrió a Sarri.

Pirlo para Cristiano es una combinación que todos los amantes del fútbol desearíamos haber visto alguna vez en un campo de fútbol compartiendo equipo, sin embargo, la relación que realmente se produce ahora entre ambos es de una complejidad superior e igual de apasionante que lo que hubiese supuesto poder disfrutar de Don Andrea situando al infalible e insaciable CR7 delante del portero con uno de sus lejanísimos pero milimétricos envíos por encima de la defensa. O puede que incluso más. De momento, Coach Pirlo comienza su aventura en los banquillos con todas las acciones de Cristiano Ronaldo ganadas para su causa mientras parte en busca de una empresa todavía mayor: reconquistar el Scudetto por décima ocasión consecutiva, alzar la Champions League por la que el club bebe los vientos desde hace un cuarto de siglo de manera cada vez más impaciente y conseguir hacerlo en su temporada de debut en los banquillos, sin ningún tipo de experiencia previa y con el absoluto beneplácito del máximo goleador y de todo un cinco veces campeón de la mejor competición continental de clubes. Será con él o no será, ya que Pirlo por y para Cristiano es ya el leitmotiv de esta nueva Juventus.

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Un jugador de la dimensión histórica de Cristiano Ronaldo es una absoluta multinacional en el fútbol en el que vivimos y, por lo tanto, sus sensaciones, intereses y opiniones tienen una influencia y un peso enormes en la toma de decisiones sobre todo aquello que afecte a su ámbito de actuación, a su mercado, a su universo. Andrea Pirlo, como el nuevo administrador delegado de las cuestiones futbolísticas de la Juventus, ha entendido rápidamente que para conseguir la empresa que el gigante piamontés se ha autoimpuesto —no desaprovechar la era del luso como bianconero sin conquistar de una vez por todas la tan ansiada Champions y no dejar al mismo tiempo de mantener incólume su superioridad en Italia— debe lanzar una OPA amistosa por la totalidad de las acciones de la ‘CR7 Corporation’. Convencerlo, conquistarlo, incluso en el sentido romántico del término, para que su sistema absorba y potencie el 100% de su talento y poderío rematador. Y desde su primer partido oficial como entrenador ante la Sampdoria, Coach Pirlo ya ha dejado claro que su equipo debe invertir en Cristiano en todas las fases del juego.

Atraer detrás para atacar con espacios delante

La fase de construcción de la Juventus de Pirlo se desarrolla a dos velocidades: pases cortos y elaboración pausada en los primeros metros hasta encontrar el envío filtrado que supere la primera línea de presión. A partir de ahí, ser cuanto más veloces y verticales mejor para alcanzar situaciones de remate en pleno vuelo y en ventaja espacial. Con un 3-4-1-2 como dibujo base, los bianconeri asumieron muchos riesgos en salida, involucrando a Wojciech Szczęsny y situando muy cerca de su portero, incluso en el área pequeña, a Danilo a su derecha y a Giorgio Chiellini a su izquierda, mientras que Leonardo Bonucci se colocaba normalmente por delante de ambos, formando un 2+1 que permitía una altura más para eludir la presión alta. De esta forma, la Juventus podía progresar por dentro de manera relativamente sencilla y formar un eventual 4-3-3 muy amplio, con Bonucci como circunstancial mediocentro, recuperando su traje de regista bajo en la distribución desde campo propio que ha sido siempre su seña de identidad.

Una vez Bonucci recibía a espaldas de la primera presión de la Samp, siempre que se daba el pressing alto del cuadro genovés, Weston McKennie —al que se le vieron ciertos problemas para recibir de espaldas, perfilarse y girarse— y Adrien Rabiot —menos hábil en la gestión de la posesión que un jugador como Arthur que parece que será crucial en este rol— bajaban a ofrecerse a sus costados, no para recoger el cuero sino para arrastrar a la medular rival y propiciar la aparición de los espacios necesarios para que Bonucci pudiese lanzar a uno de los dos carrileros todavía más arriba de sus respectivas posiciones de partida o, en cambio, encontrar en la vertical a Aaron Ramsey, cuyo talento para ofrecerse entre líneas, girarse y tirar el pase filtrado con una velocidad de ejecución diferencial quedó más que patente con los seis pases clave que dio, cinco de ellos hacia los desmarques de Cristiano Ronaldo en lo que promete ser una sociedad asistente – goleador de las más fructíferas del campeonato.

Mucho dinamismo y pocas referencias en estático

El 3-4-1-2 de partida pasa a ser un 3-2-5 en fases de posesión más avanzada y de mayor repliegue rival. Cuando no podía abrir en ventaja clara hacia una de las bandas o verticalizar a través del carril central, Bonucci optaba generalmente por jugar sobre Danilo y era entonces el brasileño, sumándose a zonas de interior derecho y con peligro incluso en el remate desde la frontal, el que decidía si la acción continuaba hacia fuera para encontrar luego el apoyo de Dejan Kulusevski en el pico del área —la zona clásica de recepción de Paulo Dybala—, si sumaba metros por medio de la conducción o si buscaba por dentro a Rabiot para una progresión más elaborada en forma de ataques más estáticos, que fue precisamente el contexto que más tiempo se repitió y la principal vía de dominio de la Juventus debido al plan principal de la Sampdoria de Claudio Ranieri. De hecho, tanto los tres centrales como los tres medios dieron más de 70 pases cada uno —hasta 106 en el caso de Danilo y 91 en el caso de Rabiot— a un 92% de acierto de media.

Ante estos espacios estrechos, Pirlo apuesta por una circulación veloz, a uno o dos toques, con la pared como una de las principales herramientas para derribar el muro oponente, con muchas opciones de pase por delante de balón y donde la fluidez, el dinamismo y los apoyos entre líneas, perfectamente coordinados con rupturas que partan muy cercanas a esa recepción para atacar la profundidad hacia el área constantemente, sean condiciones ineludibles. El flamante técnico de la Juventus busca volumen, pero también que sus ocasiones sean de calidad, de alta probabilidad de gol. Para ello, dado que Ronaldo es el jugador con más libertad de acción —que no con mayor ratio de acción, de hecho, este parece que se reducirá respecto a la temporada anterior— y que más y mejor cae desde la posición más avanzada en el carril central (al que ahora se focaliza en mayor medida) hacia los espacios intermedios (normalmente en busca de su predilecto pico izquierdo del área), Pirlo necesita compensar en zona de finalización con otro elemento las licencias del luso dentro del juego de posición al que su libreto se adscribe.

Y ese elemento no es otro que Ramsey, el nuevo Mario Mandzukic para Ronaldo en Turín. Ante la Samp, el mediapunta actuó en muchas ocasiones como hombre más adelantado, atacando el punto de penalti de manera decidida cada vez que Cristiano salía de esa zona, impidiendo que los centrales abandonasen la cueva en la persecución del luso y logrando un doble cometido: ser opción de remate en el área y hundir a la zaga blucerchiata para darle a CR7 el tiempo y el espacio para maniobrar, armar la pierna, asociarse con Kulusevksi y repetir con el sueco el proceso de agresión hacia el área en busca de su asistencia o descargar hacia uno de las bandas, donde los carrileros fijaban en amplitud. En este sentido, el cuadro bianconero cargó el área con muchos elementos cuando pudo llevar el balón al costado en el último tercio, sobre todo por el izquierdo. Además, cuenta con una certeza del valor de Cristiano en el remate de cabeza y con un buen llegador al segundo palo como es Juan Guillermo Cuadrado. Sin embargo, quizá lo que más echó en falta en ataque al sistema de Pirlo fue cambiar la orientación de forma más ágil cuando lograba juntar pases en un costado para profundizar por sorpresa en el lado débil y ganar en peligrosidad atacando el remate tras el envío atrás desde línea de fondo del hombre exterior.

La presión tras pérdida, una obsesión necesaria

Si hay un aspecto en el que Pirlo ha insistido públicamente y con el que pretende marcar una diferencia significativa con la anterior etapa de Maurizio Sarri ese ha sido, sin duda, la presión tras pérdida. La meta no es el robo con el primer jugador, sino robarle, valga la redundancia, tiempo al rival para que no pueda tomar la mejor decisión, tenga que acelerar o arriesgar en su elección, su transición ofensiva se retrase y no encuentre fácilmente caminos verticales hacia campo rival. A partir del posicionamiento colectivo posterior, entonces sí buscar la recuperación de la posesión para reiniciar rápidamente el ataque, aprovechando los serios desajustes en la organización defensiva rival. Para este cometido, la actitud de todos los futbolistas —de todos menos uno— debe ser muy proactiva y muy agresiva y orientarse en bloque hacia la zona en la que se pierde la pelota para que pueda producirse una reconquista del cuero inmediatamente posterior (menos de cinco segundos después) por parte de un segundo o de un tercer elemento.

Por otro lado, en la presión en campo rival en fase puramente defensiva cuando el gegenpressing comentado no es exitoso, aunque esta fue más intermitente, rápidamente se produce la permuta entre Cristiano y Ramsey para que el galés pase a situarse como interior zurdo, liberando al portugués de toda responsabilidad sin balón y situando un 2+1 con sus tres piezas ofensivas como disposición tipo de su pressing alto. Ni Ramsey, ni Kulusevski en el otro costado saltan a los centrales, sino que taponan la potencial línea de pase a través de los pasillos interiores y ganan tiempo para que sean los dos mediocentros los que persigan las caídas al apoyo de los centrocampistas rivales en su intento de ofrecer asistencia a los centrales para sacar el balón jugado y contar también aquí con varias opciones de pase por delante del pasador en caso de robo adelantado. Vimos ya ante la Samp que la Juve intenta enfocar su presión para que el rival trate de salir por la derecha y cuenta, además, con la red de alta seguridad que siempre han supuesto sus tres centrales y con el gran trabajo en el retorno de hombres como Cuadrado o Kulusevski por el lado opuesto, en el caso de que el rival lograse cambiar de orientación el juego e hiciese correr hacia atrás a los juventinos en desventaja. Un motivo más, sumado a la presencia de un perfil recuperador como McKennie en ese sector, para esa elección.

La pregunta sale sola. ¿Por qué si la plantilla es casi la misma y la intención de dominar con balón tiene varios puntos en común, la Juventus de Sarri nunca pudo establecer un pressing alto y una presión tras pérdida intensa? Por su disposición. El 3-4-2-1 en la primera instancia de la fase defensiva le permite a Pirlo orientar la presión y acosar muy bien al rival en los costados (Ramsey + McKennie + carrilero izquierdo / Kulusevski + Rabiot + carrilero derecho), justo allí donde es más sencillo provocar la pérdida. Su sistema llega donde el mediapunta sarrista no podía, ya que no alcanzaba a cubrir él solo todo el ancho del campo sin el aporte de unos laterales que no tenían ante sí el contexto adecuado para ser agresivos, sino que debían replegar para no sufrir en transición defensiva. Además, hasta ahora, Pirlo “solo” debe integrar una única pieza que no trabaja en la presión, mientras que Sarri tenía que lidiar con la nula predisposición de CR7 y Dybala al unísono, lo que fue provocando concesiones en su idea hasta asentar un estructurado 4-4-2 que pudiese sujetar esa dupla, que le abocó a ceder metros desde que se producía la pérdida y que, para colmo, le hizo perder la facilidad en las triangulaciones del 4-3-1-2 o del 4-3-3 inherentes al juego de posición que Sarri también abandera. De todas formas, la contrapresión y los reinicios constantes arriba tras pérdidas de calidad volverán a ser el mejor termómetro de la Juventus, sobre todo si Pirlo apuesta por insertar a Dybala —seguramente el MVP de la Serie A durante la pasada temporada— como titular en sus futuras alineaciones.

Repliegue y contra como recurso con marcador a favor

Este sistema bisagra que pasa del 3-4-1-2 de partida al 3-2-5 en ataque estático y de este al 3-4-2-1 en la presión también tiene su disposición propia, bajo un 4-4-2, cuando el rival supera el pressing y la Juventus de Pirlo, que quiere ser un equipo muy ofensivo pero también muy equilibrado y compensado entre sus diferentes estructuras tácticas, tiene que saber manejarse sin balón en su propia mitad del terreno de juego con oficio y también con un marcado sentido del pragmatismo. En el caso particular del encuentro ante la Sampdoria, fue el debutante Gianluca Frabotta el que cerró en línea de cuatro como lateral izquierdo, con Ramsey por delante, mientras Danilo hacía lo propio en la otra banda. La Juve se mostró muy efectiva en el repliegue y el control de los espacios entre sus dos primeras líneas pera no dejar recibir con facilidad prácticamente a nadie, atacando al pasador delante, como hemos visto, y estando muy atenta a las posibles intercepciones de los pases, sobre todo con un gran McKennie en este tipo de acciones defensivas que exigen tanta proactividad, concentración y potencia en las piernas.

Sin embargo, Pirlo, que vio cómo su equipo se adelantó de manera muy temprana en el marcador, se sirvió de la incipiente capacidad camaleónica de los suyos y de la versatilidad que está inyectando en su sistema para dotarlo de formas de dominio muy diversas y cedió metros durante varios tramos del encuentro, buscando transitar tras robo desde su bloque medio en campo propio, lanzar a Cristiano hacia el área en su acción más representativa y aprovechar el gigantesco talento de Kulusevski para guiar contraataques de la mano de su potencia en carrera, de su excelsa conducción, de su timing inmaculado y de su asombrosa facilidad para filtrar pases en plena carrera, siendo muy dañino, muy preciso y muy ventajoso para la carrera al espacio de sus compañeros. Un arma más, y de primerísimo orden, y una nueva vía para colocar a Ronaldo en situaciones de gol de forma muy continuada a lo largo de los 90’.

Cristiano Ronaldo por encima de todo y de todos

Sarri acabó apostando por hacer de Dybala su hombre más determinante, acumulando pases y efectivos en el sector derecho, al que convirtió en el lado fuerte de su plan para que el argentino entrase muchas veces en contacto con el balón y tuviese la libertad de mezclar por dentro, de insertarse hacia el área o de buscar la rosca desde fuera. Y lo hizo intentando que Ronaldo “no se percatase” (aunque finalmente parece que sí lo hizo), es decir, enfocando al luso al remate, pero aislándolo demasiado en el lado débil, donde sus apoyos lejos del área eran prácticamente el único camino posible hacia la ocasión de gol y de manera excesivamente individual. También lo era en el caso de Dybala en derecha, aunque el ex del Palermo cuenta con más recursos propios en cuanto a calidad técnica para generar jugadas, aunque tampoco generase juego.

Cristiano Ronaldo sigue siendo el alma de la Juventus.

No había, por lo demás, ningún tipo de movimiento en profundidad para hundir a los centrales hacia su propia portería, algo fundamental para generar espacio entre líneas, lo que provocaba que la zaga rival siempre estuviese en disposición de defender frontalmente todas y cada una de las acciones. Con Sarri vimos un ataque muy poco optimizado, abrazado a sus dos talentos, lastrado durante todo el año por la ausencia de iniciativa e intensidad colectivas en la presión y escasamente potenciado por una pizarra que tuvo que ir parcheando continuamente el sistema, el dibujo y las relaciones de sus futbolistas sobre el campo por las lesiones y los problemas tácticos y que nunca supo realmente cómo proponer un posicionamiento global que propiciase una menor propensión de balón al pie, posesiones menos plomizas y que activase la contrapresión, aun sabiendo que CR7 y Dybala eran elementos que no se involucrarían en ella.

Al contrario que la gestión del técnico napolitano, Pirlo tiene muy claro desde el primer día quién es su buque insignia, quién es el buque insignia del club y quién es el futbolista que más acerca a la Juventus a su anhelo con forma de Copa de Europa. Y todo lo demás es secundario, matizable y adaptable, incluyendo los dogmatismos del juego de posición que Andrea pretende desarrollar y con el que se identifica totalmente, pero que pueden ser cambiados por un dinamismo y una acumulación en zonas interiores muy marcadas en fase ofensiva si beneficia en mayor medida a su mejor futbolista. También es secundaria —ya veremos si incluso superflua— la participación o no como titular de un fuoriclasse de la talla de Dybala en las alineaciones si su presencia provoca que el once inicial, que tan bien funcionó ante la Samp con Kulusevski en el teórico rol que le tocaría asumir al argentino en el 3-4-1-2 que será el esquema base, tenga que asumir unos desajustes muy difíciles de compensar, como ya le ocurrió a Sarri.

Pirlo para Cristiano es una combinación que todos los amantes del fútbol desearíamos haber visto alguna vez en un campo de fútbol compartiendo equipo, sin embargo, la relación que realmente se produce ahora entre ambos es de una complejidad superior e igual de apasionante que lo que hubiese supuesto poder disfrutar de Don Andrea situando al infalible e insaciable CR7 delante del portero con uno de sus lejanísimos pero milimétricos envíos por encima de la defensa. O puede que incluso más. De momento, Coach Pirlo comienza su aventura en los banquillos con todas las acciones de Cristiano Ronaldo ganadas para su causa mientras parte en busca de una empresa todavía mayor: reconquistar el Scudetto por décima ocasión consecutiva, alzar la Champions League por la que el club bebe los vientos desde hace un cuarto de siglo de manera cada vez más impaciente y conseguir hacerlo en su temporada de debut en los banquillos, sin ningún tipo de experiencia previa y con el absoluto beneplácito del máximo goleador y de todo un cinco veces campeón de la mejor competición continental de clubes. Será con él o no será, ya que Pirlo por y para Cristiano es ya el leitmotiv de esta nueva Juventus.

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