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EL BOMBERO

José Gavilán @futbol_internac 14-03-2019

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La temporada llega al tramo final y el Sevilla Fútbol Club se encuentra sumido en un momento de dudas. El conjunto hispalense vaga por un hilo que lleva hasta el principal objetivo pero cualquier mínimo imprevisto, puede hacerlo caer. El todo o nada depende de poco más de dos meses cruciales que ofrecerán un diagnóstico preciso acerca del proyecto liderado por Joaquín Caparrós y ejecutado por Pablo Machín.

El técnico soriano ha estado en jaque durante los dos últimos partidos, dos encuentros saldados con un empate en la ida de la UEFA Europa League y con goleada gracias a una excepcional segunda mitad ante la Real Sociedad, quizás los mejores minutos del Sevilla FC en 2019. La amenaza sigue vigente, y es que una eliminación de la competición europea, ante un rival como el Sparta de Praga, no haría más que alimentar las dudas sobre la capacidad de un entrenador con proyección pero sin demasiada experiencia al más alto nivel. Para ello, Machín recupera a un hombre considerado vital desde su llegada a la capital andaluza. Maxime Gonalons se pondrá el uniforme de bombero para apagar los posibles fuegos que puedan surgir. La necesidad de contar con el francés no nace de su rendimiento como sevillista, puesto que solo ha disputado seis encuentros con la elástica sevillista. Sin embargo, el centrocampista cedido por la Roma convenció a Machín nada más bajar del avión.

Un centrocampista con presencia física, cualificado para hacer el trabajo sucio y con la calidad suficiente como para no hacer peligrar la salida de balón. El socio perfecto en la medular, un futbolista ávido por tener continuidad y demostrar lo que sabe hacer sobre el terreno de juego. El hombre idóneo para liberar a Éver Banega de un excesivo despliegue defensivo y adelantar la posición del argentino para sacar partido de su último pase. Oxígeno para Franco Vázquez y Pablo Sarabia, extenuados, desde el mes de julio.

No ha sido ni una ni dos las veces que Pablo Machín ha nombrado a Gonalons como el hombre que puede curar cualquiera de los males de su equipo. El soriano ha echado en falta a un futbolista con altura en el eje. Los duelos aéreos, las jugadas a balón parado o la recuperación tras pérdida son factores del juego que mejorarían ostensiblemente con un perfil de futbolista como el de Gonalons. Probablemente, el de Gómara haya contado con mayor profundidad de banquillo durante la temporada si el francés no hubiera encadenado las dos graves lesiones óseas que lo han apartado del terreno de juego.

El bombero ya está disponible. Tarde, pero llegó. En el momento más oportuno, cuando las llamas aún no han decidido convertirlo todo en ceniza. A tiempo para sacar del apuro a los que viven en una situación de peligro. Es el momento de Maxime Gonalons.

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La temporada llega al tramo final y el Sevilla Fútbol Club se encuentra sumido en un momento de dudas. El conjunto hispalense vaga por un hilo que lleva hasta el principal objetivo pero cualquier mínimo imprevisto, puede hacerlo caer. El todo o nada depende de poco más de dos meses cruciales que ofrecerán un diagnóstico preciso acerca del proyecto liderado por Joaquín Caparrós y ejecutado por Pablo Machín.

El técnico soriano ha estado en jaque durante los dos últimos partidos, dos encuentros saldados con un empate en la ida de la UEFA Europa League y con goleada gracias a una excepcional segunda mitad ante la Real Sociedad, quizás los mejores minutos del Sevilla FC en 2019. La amenaza sigue vigente, y es que una eliminación de la competición europea, ante un rival como el Sparta de Praga, no haría más que alimentar las dudas sobre la capacidad de un entrenador con proyección pero sin demasiada experiencia al más alto nivel. Para ello, Machín recupera a un hombre considerado vital desde su llegada a la capital andaluza. Maxime Gonalons se pondrá el uniforme de bombero para apagar los posibles fuegos que puedan surgir. La necesidad de contar con el francés no nace de su rendimiento como sevillista, puesto que solo ha disputado seis encuentros con la elástica sevillista. Sin embargo, el centrocampista cedido por la Roma convenció a Machín nada más bajar del avión.

Un centrocampista con presencia física, cualificado para hacer el trabajo sucio y con la calidad suficiente como para no hacer peligrar la salida de balón. El socio perfecto en la medular, un futbolista ávido por tener continuidad y demostrar lo que sabe hacer sobre el terreno de juego. El hombre idóneo para liberar a Éver Banega de un excesivo despliegue defensivo y adelantar la posición del argentino para sacar partido de su último pase. Oxígeno para Franco Vázquez y Pablo Sarabia, extenuados, desde el mes de julio.

No ha sido ni una ni dos las veces que Pablo Machín ha nombrado a Gonalons como el hombre que puede curar cualquiera de los males de su equipo. El soriano ha echado en falta a un futbolista con altura en el eje. Los duelos aéreos, las jugadas a balón parado o la recuperación tras pérdida son factores del juego que mejorarían ostensiblemente con un perfil de futbolista como el de Gonalons. Probablemente, el de Gómara haya contado con mayor profundidad de banquillo durante la temporada si el francés no hubiera encadenado las dos graves lesiones óseas que lo han apartado del terreno de juego.

El bombero ya está disponible. Tarde, pero llegó. En el momento más oportuno, cuando las llamas aún no han decidido convertirlo todo en ceniza. A tiempo para sacar del apuro a los que viven en una situación de peligro. Es el momento de Maxime Gonalons.

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