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Dwight Yorke, calidad caribeña

Por lo general, es en las grandes ciudades de cada país donde acontecen los acontecimientos más recordados, como los eventos culturales o deportivos, los actos políticos o incluso las revoluciones. Son, por su parte, los lugares donde suelen nacer las celebridades más destacadas, algo lógico teniendo en cuenta que son las zonas más pobladas de cada nación. Pero, a veces, las pequeñas urbes han conseguido obtener relevancia por algún hecho puntual, justamente como puede ser una natalidad. Esto ocurre con Canaan, al sudoeste de la isla de Tobago, una localidad de apenas 2000 habitantes.  En esta pequeña aldea vería la luz un 3 de noviembre de 1971 uno de los hijos pródigos del Caribe, Dwight Eversley Yorke.

El trinitense –en su sitio web- se refiere a sí mismo como un hombre que tuvo “una sola oportunidad y la tomó”. Y es que su trayectoria termina siendo increíble a sabiendas de que fue casi una casualidad que llegase a Inglaterra, lugar donde se consagró, convirtiéndose en un icono global. Corría el año 1989 y el Aston Villa estaba realizando una gira por el Caribe, preparándose para volver a disputar la máxima división inglesa. Sería en uno de los amistosos que el entrenador, Graham Taylor, quedó prendado al ver en acción a aquel joven talento isleño. Yorke tenía 18 años y no poseía un físico imponente, pero sí que mostraba su talento por la banda, siendo sumamente técnico y ágil. Taylor, tras aquel encuentro, le ofreció que se sumara a ellos para realizar unas pruebas, algo que aquel muchachito aceptaría con gusto. Claro, no todos los días se aparece por Trinidad y Tobago un conjunto inglés, menos uno de primera. El de Canaan finalmente fue parte del plantel de un Villa que sorprendería a todos, ya que en el año de retorno lograron finalizar en el segundo lugar, solo por detrás del todopoderoso Liverpool.

Dwight Yorke se hizo un nombre en Inglaterra gracias a sus buenos números con el Aston Villa.

En los primeros años, Dwighty –como se lo conocía- iría ganándose poco a poco su lugar dentro de un fútbol inglés que comenzaba a transitar el camino hacia la opulenta Premier League en 1992. Tras unos años siendo extremo y ganando incluso la Copa de la Liga en 1994 ante el Manchester United de Giggs, Hughes y Cantona, terminó convertido en todo un centrodelantero goleador de la mano de Brian Little en la temporada 1995-1996. Aquella campaña el Aston Villa se convirtió en uno de los mejores clubes de la Premier, finalizando la campaña en la cuarta posición y teniendo al trinitario como cuarto máximo goleador con 17 dianas, solo por detrás de Alan Shearer, Robbie Fowler y Les Ferdinand. Eran otros tiempos. Lo más importante de la temporada, sin embargo, fue la consecución de una nueva Copa de la Liga, esta vez ante el Leeds United, a quienes destrozaron por 3-0 (Yorke marcaría el último tanto a los 88´).

Con el caribeño al mando, los villanos se mantuvieron en la parte media alta de la Premier, lo que provocaría que Alex Ferguson se fijara en él para reforzar el ataque de cara a una dura temporada 1998-1999, donde no solo disputarían la liga, sino también la Champions League. Y Yorke no le fallaría a esta confianza: anotó 29 goles en 51 partidos, los cuales sirvieron para que el Manchester United ganase un histórico triplete: liga, FA Cup y Champions, un trébol que quedó guardado en la memoria colectiva. Gran parte de este logro se basó en su unión casi instantánea con Andy Cole, además de que Ferguson poseía una plantilla en donde estaban leyendas de la talla de Peter Schmeichel, Gary Neville, Ryan Giggs, Ole Gunnar Solskjaer, Teddy Sheringham o David Beckham. Aquel 1999 terminaría con la obtención de la Copa Intercontinental.

Ferguson valoró mucho su presencia, diciendo que Yorke se enganchó rápidamente a la dinámica del equipo, algo que lo impulsó a tomar mayores responsabilidades.

En la temporada siguiente Yorke aumentó su prestación liguera (de los 18 tantos del torneo anterior pasó a 20 en esta), aunque luego iría cediendo su lugar, hasta abandonar al equipo en el 2002. Blackburn Rovers, Birmingham City, Sydney FC y el Sunderland fueron los últimos clubes de un caribeño que terminó con 198 goles en 615 partidos, ganando en el proceso la A-League australiana y ayudando al Sunderland a volver a la Premier en su primera temporada con los Black Cats.

Algo que siempre se valoró del trinitario es su capacidad de adaptación, no solo a los clubes en los que jugó, sino también a las distintas posiciones en las que fue probado. Como ya dijimos, comenzó como extremo, pasó a ser delantero centro y terminó sus días como mediocampista central. Y en todos los puestos lo hizo más que bien.

El milagro con Trinidad y Tobago

Fue en esta última posición donde logró la gran hazaña de meter a su país nada menos que a la Copa del Mundo, un torneo en el cual pensó que nunca aparecería debido al nivel de Trinidad y Tobago. Él había debutado en su país en 1989, ganando la Copa del Caribe en el proceso, pero en el 2001 renunció debido a conflictos con el cuerpo técnico de turno. Sin embargo, en su nación siempre fue una persona muy querida, tanto es así que cuando se disputó el Mundial Sub 17 uno de los estadios (el de Bacolet) llevaría su nombre. Es por ello que aquel adiós terminó durando tan poco, ya que sentía que tenía una deuda que saldar. Y esta la consiguió en el 2005, cuando derrotaron a Bahrein en el repechaje intercontinental para viajar a Alemania, un logro impresionante. Y es que los Soca Warriors se convirtieron en la selección con menos población en disputar un Mundial –hasta la aparición de Islandia en el 2018.

Hizo historia con su selección tras jugar el Mundial de 2006.

De la mano del neerlandés Leo Beenhakker Trinidad lograría grandes resultados, empatando a cero ante Suecia (y siendo Yorke galardonado con el premio al mejor jugador del partido) y perdiendo por 0-2 ante Inglaterra y Paraguay, aunque es verdad que los primeros estuvieron sin poder marcar hasta el minuto 83. Pero la hazaña ya la habían conseguido, lo demás era ganancia.

Cuando Dwight decidió retirarse en el 2009 lo hizo dejando un historial sumamente impresionante, no solo para el fútbol inglés (donde sigue siendo recordado como uno de los mejores delanteros de la década de los 90´) sino para todo el Caribe. Y todo aquello comenzó gracias a una casualidad. ¿Qué hubiera pasado si el Aston Villa hubiera realizado aquella gira en, digamos, Asia?

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Por lo general, es en las grandes ciudades de cada país donde acontecen los acontecimientos más recordados, como los eventos culturales o deportivos, los actos políticos o incluso las revoluciones. Son, por su parte, los lugares donde suelen nacer las celebridades más destacadas, algo lógico teniendo en cuenta que son las zonas más pobladas de cada nación. Pero, a veces, las pequeñas urbes han conseguido obtener relevancia por algún hecho puntual, justamente como puede ser una natalidad. Esto ocurre con Canaan, al sudoeste de la isla de Tobago, una localidad de apenas 2000 habitantes.  En esta pequeña aldea vería la luz un 3 de noviembre de 1971 uno de los hijos pródigos del Caribe, Dwight Eversley Yorke.

El trinitense –en su sitio web- se refiere a sí mismo como un hombre que tuvo “una sola oportunidad y la tomó”. Y es que su trayectoria termina siendo increíble a sabiendas de que fue casi una casualidad que llegase a Inglaterra, lugar donde se consagró, convirtiéndose en un icono global. Corría el año 1989 y el Aston Villa estaba realizando una gira por el Caribe, preparándose para volver a disputar la máxima división inglesa. Sería en uno de los amistosos que el entrenador, Graham Taylor, quedó prendado al ver en acción a aquel joven talento isleño. Yorke tenía 18 años y no poseía un físico imponente, pero sí que mostraba su talento por la banda, siendo sumamente técnico y ágil. Taylor, tras aquel encuentro, le ofreció que se sumara a ellos para realizar unas pruebas, algo que aquel muchachito aceptaría con gusto. Claro, no todos los días se aparece por Trinidad y Tobago un conjunto inglés, menos uno de primera. El de Canaan finalmente fue parte del plantel de un Villa que sorprendería a todos, ya que en el año de retorno lograron finalizar en el segundo lugar, solo por detrás del todopoderoso Liverpool.

Dwight Yorke se hizo un nombre en Inglaterra gracias a sus buenos números con el Aston Villa.

En los primeros años, Dwighty –como se lo conocía- iría ganándose poco a poco su lugar dentro de un fútbol inglés que comenzaba a transitar el camino hacia la opulenta Premier League en 1992. Tras unos años siendo extremo y ganando incluso la Copa de la Liga en 1994 ante el Manchester United de Giggs, Hughes y Cantona, terminó convertido en todo un centrodelantero goleador de la mano de Brian Little en la temporada 1995-1996. Aquella campaña el Aston Villa se convirtió en uno de los mejores clubes de la Premier, finalizando la campaña en la cuarta posición y teniendo al trinitario como cuarto máximo goleador con 17 dianas, solo por detrás de Alan Shearer, Robbie Fowler y Les Ferdinand. Eran otros tiempos. Lo más importante de la temporada, sin embargo, fue la consecución de una nueva Copa de la Liga, esta vez ante el Leeds United, a quienes destrozaron por 3-0 (Yorke marcaría el último tanto a los 88´).

Con el caribeño al mando, los villanos se mantuvieron en la parte media alta de la Premier, lo que provocaría que Alex Ferguson se fijara en él para reforzar el ataque de cara a una dura temporada 1998-1999, donde no solo disputarían la liga, sino también la Champions League. Y Yorke no le fallaría a esta confianza: anotó 29 goles en 51 partidos, los cuales sirvieron para que el Manchester United ganase un histórico triplete: liga, FA Cup y Champions, un trébol que quedó guardado en la memoria colectiva. Gran parte de este logro se basó en su unión casi instantánea con Andy Cole, además de que Ferguson poseía una plantilla en donde estaban leyendas de la talla de Peter Schmeichel, Gary Neville, Ryan Giggs, Ole Gunnar Solskjaer, Teddy Sheringham o David Beckham. Aquel 1999 terminaría con la obtención de la Copa Intercontinental.

Ferguson valoró mucho su presencia, diciendo que Yorke se enganchó rápidamente a la dinámica del equipo, algo que lo impulsó a tomar mayores responsabilidades.

En la temporada siguiente Yorke aumentó su prestación liguera (de los 18 tantos del torneo anterior pasó a 20 en esta), aunque luego iría cediendo su lugar, hasta abandonar al equipo en el 2002. Blackburn Rovers, Birmingham City, Sydney FC y el Sunderland fueron los últimos clubes de un caribeño que terminó con 198 goles en 615 partidos, ganando en el proceso la A-League australiana y ayudando al Sunderland a volver a la Premier en su primera temporada con los Black Cats.

Algo que siempre se valoró del trinitario es su capacidad de adaptación, no solo a los clubes en los que jugó, sino también a las distintas posiciones en las que fue probado. Como ya dijimos, comenzó como extremo, pasó a ser delantero centro y terminó sus días como mediocampista central. Y en todos los puestos lo hizo más que bien.

El milagro con Trinidad y Tobago

Fue en esta última posición donde logró la gran hazaña de meter a su país nada menos que a la Copa del Mundo, un torneo en el cual pensó que nunca aparecería debido al nivel de Trinidad y Tobago. Él había debutado en su país en 1989, ganando la Copa del Caribe en el proceso, pero en el 2001 renunció debido a conflictos con el cuerpo técnico de turno. Sin embargo, en su nación siempre fue una persona muy querida, tanto es así que cuando se disputó el Mundial Sub 17 uno de los estadios (el de Bacolet) llevaría su nombre. Es por ello que aquel adiós terminó durando tan poco, ya que sentía que tenía una deuda que saldar. Y esta la consiguió en el 2005, cuando derrotaron a Bahrein en el repechaje intercontinental para viajar a Alemania, un logro impresionante. Y es que los Soca Warriors se convirtieron en la selección con menos población en disputar un Mundial –hasta la aparición de Islandia en el 2018.

Hizo historia con su selección tras jugar el Mundial de 2006.

De la mano del neerlandés Leo Beenhakker Trinidad lograría grandes resultados, empatando a cero ante Suecia (y siendo Yorke galardonado con el premio al mejor jugador del partido) y perdiendo por 0-2 ante Inglaterra y Paraguay, aunque es verdad que los primeros estuvieron sin poder marcar hasta el minuto 83. Pero la hazaña ya la habían conseguido, lo demás era ganancia.

Cuando Dwight decidió retirarse en el 2009 lo hizo dejando un historial sumamente impresionante, no solo para el fútbol inglés (donde sigue siendo recordado como uno de los mejores delanteros de la década de los 90´) sino para todo el Caribe. Y todo aquello comenzó gracias a una casualidad. ¿Qué hubiera pasado si el Aston Villa hubiera realizado aquella gira en, digamos, Asia?

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26-11-2021

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