_FC Barcelona

Dos grandes y un perdón

Xavi Vallés @xavivalles14 08-05-2018

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Aunque parezca extraño en una semana post Clásico,
no voy a hablar de lo que sucedió dentro del rectángulo de juego durante el
partido entre FC Barcelona y Real Madrid, aunque mi texto guarde algo de
relación con estos equipos. Voy a aprovechar la semana en que probablemente
todas las miradas y palabras se dirigirán hacia lo que pasó en el partido más
importante de la Liga para reivindicar algo que ya hace tiempo que me pasa por
la cabeza. El motivo de hacerlo ahora es que la semana pasada se produjo un
suceso que encendió mi mecha interna y que va estrechamente ligado a lo que
quiero plantear hoy.

Tras la clasificación del Real Madrid para la final de Champions, el exjugador blanco Álvaro Arbeloa tuiteó, en pleno momento de euforia, la frase siguiente: «No entiendo cómo todavía queda gente que no es del Madrid, es como renunciar a la felicidad». Es una de las citas sobre la relación fútbol-felicidad más desafortunada que he visto en mucho tiempo, y vistas las reacciones desde los sectores y aficiones más modestas de nuestro fútbol, no soy el único que lo piensa así. En un mensaje que quizás esconde una parte de enfoque comercial/humorístico, un ex profesional del fútbol asocia algo tan emotivo como el sentimiento hacia un club con el hecho de ganar más o menos títulos. Está diciendo, básicamente, que su sentimiento por su equipo siempre será mejor que el que sienten otros.

La mecha que encendió Arbeloa hizo darme cuenta que quizás no hay que tratar su punto de vista como algo excepcional, y ahí es donde empieza la autocrítica que creo que deben hacer parte de los seguidores y medios de comunicación afines a los equipos más potentes (que no grandes) de este país. Si bien es cierto que parte de los argumentos de este colectivo se amparan en el «hablamos más de ellos porque mueven y venden más», no nos iría mal unir por una vez a madridistas y culés para mandar una disculpa conjunta a los equipos que tienen mucho menos protagonismo en nuestro día a días. Sin ser los principales culpables, adoptamos a veces algunos comportamientos ya instaurados que no hacen más que reforzar esta estructura establecida y que consudero casi irreformable.   

Por eso os pido perdón, equipos modestos.

Perdón por creernos el ombligo del mundo, por creer que todo lo que sucede
en esta Liga gira a nuestro alrededor. Por monopolizar informativos, resúmenes,
tertulias y debates futbolísticos. Por esos míseros cinco minutos que os dan en
un programa de dos horas, por dedicar más tiempo al penalti que no nos han
pitado que a vuestra disposición táctica, vuestros goles o vuestra trayectoria
en Liga o Copa del Rey.

Perdón por esa codicia que nos hace querer ganar cada día más (y más que el
otro), que nos ha cegado un poco a todos y que hace que veamos vuestros
triunfos (una salvación, una clasificación para Europa League, una racha de 10
partidos sin perder, ganar en Camp Nou o Santiago Bernabéu, llegar a una final
de Copa…) como algo menos o insignificante. Por hablar de vosotros solo cuando
‘nos hacéis un favor’ ganando a nuestro mayor rival (sí, como si la victoria
fuera un regalo hacia nosotros).

Perdón por poner “dos grandes” en el título de este artículo, porque
grandes lo somos todos. Perdón por empezar este articulo describiendo el FCB
Barcelona – Real Madrid como el partido más importante de la Liga y no como el
más importante para dos aficiones de esta Liga. Por no tener en cuenta que, por
ejemplo, un Celta – Deportivo es aún más grande para celtistas y deportivistas
o que un Sporting – Oviedo es el único partido que es capaz de paralizar a toda
una región llamada Asturias.

Perdón por copar muchas, demasiadas portadas y páginas de periódico para nuestra
causa, aprovechando que cualquier noticia o polémica tiene mucho más impacto
cuando nos sucede a nosotros. Perdón por quitaros una portada el día después de
vuestra meritoria victoria solo porque un rumor coloca a [insertar jugador] en nuestro equipo a partir de la siguiente
temporada, porque hay que contar que dos de nuestros jugadores no se hablan
desde hace seis meses o que nuestro nuevo fichaje ya está buscando escuela en
Barcelona o Madrid para matricular a sus hijos a partir del próximo
septiembre. 

Perdón por el tratamiento que hacemos del colectivo arbitral. Por hacer ver
o querer vender que las mayores víctimas de la polémica somos nosotros cuando,
sin ningún tipo de dudas, somos los que menos nos podemos quejar. Por las
supuestas conspiraciones, por las campañas acabadas en “-ato”, por presionar
para que metan a uno u otro a la nevera durante unos meses. Por esta semana
posterior al Clásico en que vamos a discutir como niños pequeños para ver a
quien han perjudicado más, por recorrer siempre al “y tú más” cuando sois
vosotros los que deberíais decir “Barça y Madrid, siempre más”. 

Perdón por esta aberración que han creado con el reparto de dinero de los
derechos televisivos, que sin darse cuenta representa un fiel retrato de
nuestro país y nuestra sociedad, en la que los ricos son quienes más ricos se
están haciendo. Perdón por no tomar como ejemplo otras Ligas como la Premier
donde el colista del año pasado (Sunderland) se llevó 30 millones de euros más
que equipos que se clasifican para competiciones europeas. Perdón por esta
injusticia que no os permite competir de forma real en un mercado de fichajes y
que os mantiene a una inalcanzable distancia de los dos de arriba, pese a que
ésta podría (y debería) ser cada vez más estrecha.

Te pido perdón, Valencia. A vosotros también, Athletic, Celta, Villarreal,
Betis o Sevilla. No me olvido mis queridos Atleti y Girona. Tampoco de Eibar,
Leganés, Las Palmas, Real Sociedad, Levante, Alavés o Deportivo. Incluso
vosotros, Espanyol, Getafe y Málaga, que por un motivo u otro no os tengo tanta
simpatía. A todos los equipos que componéis esta maravillosa, emocionante y
complicada Segunda División. Oviedo, te quiero en primera, quiero volver al
Tartiere. Cádiz, aquí arriba se te echa de menos. Vamos, Osasuna, que aún hay
opciones.

Tenía ganas de destacar el enorme mérito que tenéis cada vez que conseguís
sacar la cabeza a primera plana de la actualidad. Gracias por obligar, de vez
en cuando y en la medida que os dejan, a los medios de comunicación a tener que
ampliar la paleta de colores que tienen en la redacción. No he encontrado ni he
querido encontrar mejor día para escribiros esto: justo en la semana en que los
dos equipos que nos creemos más importantes vamos a alimentar, avivar e
insistir en todo aquello que dejó atrás el Clásico.

Gracias por vuestra (in)comprensión. Es totalmente merecida.

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Aunque parezca extraño en una semana post Clásico,
no voy a hablar de lo que sucedió dentro del rectángulo de juego durante el
partido entre FC Barcelona y Real Madrid, aunque mi texto guarde algo de
relación con estos equipos. Voy a aprovechar la semana en que probablemente
todas las miradas y palabras se dirigirán hacia lo que pasó en el partido más
importante de la Liga para reivindicar algo que ya hace tiempo que me pasa por
la cabeza. El motivo de hacerlo ahora es que la semana pasada se produjo un
suceso que encendió mi mecha interna y que va estrechamente ligado a lo que
quiero plantear hoy.

Tras la clasificación del Real Madrid para la final de Champions, el exjugador blanco Álvaro Arbeloa tuiteó, en pleno momento de euforia, la frase siguiente: «No entiendo cómo todavía queda gente que no es del Madrid, es como renunciar a la felicidad». Es una de las citas sobre la relación fútbol-felicidad más desafortunada que he visto en mucho tiempo, y vistas las reacciones desde los sectores y aficiones más modestas de nuestro fútbol, no soy el único que lo piensa así. En un mensaje que quizás esconde una parte de enfoque comercial/humorístico, un ex profesional del fútbol asocia algo tan emotivo como el sentimiento hacia un club con el hecho de ganar más o menos títulos. Está diciendo, básicamente, que su sentimiento por su equipo siempre será mejor que el que sienten otros.

La mecha que encendió Arbeloa hizo darme cuenta que quizás no hay que tratar su punto de vista como algo excepcional, y ahí es donde empieza la autocrítica que creo que deben hacer parte de los seguidores y medios de comunicación afines a los equipos más potentes (que no grandes) de este país. Si bien es cierto que parte de los argumentos de este colectivo se amparan en el «hablamos más de ellos porque mueven y venden más», no nos iría mal unir por una vez a madridistas y culés para mandar una disculpa conjunta a los equipos que tienen mucho menos protagonismo en nuestro día a días. Sin ser los principales culpables, adoptamos a veces algunos comportamientos ya instaurados que no hacen más que reforzar esta estructura establecida y que consudero casi irreformable.   

Por eso os pido perdón, equipos modestos.

Perdón por creernos el ombligo del mundo, por creer que todo lo que sucede
en esta Liga gira a nuestro alrededor. Por monopolizar informativos, resúmenes,
tertulias y debates futbolísticos. Por esos míseros cinco minutos que os dan en
un programa de dos horas, por dedicar más tiempo al penalti que no nos han
pitado que a vuestra disposición táctica, vuestros goles o vuestra trayectoria
en Liga o Copa del Rey.

Perdón por esa codicia que nos hace querer ganar cada día más (y más que el
otro), que nos ha cegado un poco a todos y que hace que veamos vuestros
triunfos (una salvación, una clasificación para Europa League, una racha de 10
partidos sin perder, ganar en Camp Nou o Santiago Bernabéu, llegar a una final
de Copa…) como algo menos o insignificante. Por hablar de vosotros solo cuando
‘nos hacéis un favor’ ganando a nuestro mayor rival (sí, como si la victoria
fuera un regalo hacia nosotros).

Perdón por poner “dos grandes” en el título de este artículo, porque
grandes lo somos todos. Perdón por empezar este articulo describiendo el FCB
Barcelona – Real Madrid como el partido más importante de la Liga y no como el
más importante para dos aficiones de esta Liga. Por no tener en cuenta que, por
ejemplo, un Celta – Deportivo es aún más grande para celtistas y deportivistas
o que un Sporting – Oviedo es el único partido que es capaz de paralizar a toda
una región llamada Asturias.

Perdón por copar muchas, demasiadas portadas y páginas de periódico para nuestra
causa, aprovechando que cualquier noticia o polémica tiene mucho más impacto
cuando nos sucede a nosotros. Perdón por quitaros una portada el día después de
vuestra meritoria victoria solo porque un rumor coloca a [insertar jugador] en nuestro equipo a partir de la siguiente
temporada, porque hay que contar que dos de nuestros jugadores no se hablan
desde hace seis meses o que nuestro nuevo fichaje ya está buscando escuela en
Barcelona o Madrid para matricular a sus hijos a partir del próximo
septiembre. 

Perdón por el tratamiento que hacemos del colectivo arbitral. Por hacer ver
o querer vender que las mayores víctimas de la polémica somos nosotros cuando,
sin ningún tipo de dudas, somos los que menos nos podemos quejar. Por las
supuestas conspiraciones, por las campañas acabadas en “-ato”, por presionar
para que metan a uno u otro a la nevera durante unos meses. Por esta semana
posterior al Clásico en que vamos a discutir como niños pequeños para ver a
quien han perjudicado más, por recorrer siempre al “y tú más” cuando sois
vosotros los que deberíais decir “Barça y Madrid, siempre más”. 

Perdón por esta aberración que han creado con el reparto de dinero de los
derechos televisivos, que sin darse cuenta representa un fiel retrato de
nuestro país y nuestra sociedad, en la que los ricos son quienes más ricos se
están haciendo. Perdón por no tomar como ejemplo otras Ligas como la Premier
donde el colista del año pasado (Sunderland) se llevó 30 millones de euros más
que equipos que se clasifican para competiciones europeas. Perdón por esta
injusticia que no os permite competir de forma real en un mercado de fichajes y
que os mantiene a una inalcanzable distancia de los dos de arriba, pese a que
ésta podría (y debería) ser cada vez más estrecha.

Te pido perdón, Valencia. A vosotros también, Athletic, Celta, Villarreal,
Betis o Sevilla. No me olvido mis queridos Atleti y Girona. Tampoco de Eibar,
Leganés, Las Palmas, Real Sociedad, Levante, Alavés o Deportivo. Incluso
vosotros, Espanyol, Getafe y Málaga, que por un motivo u otro no os tengo tanta
simpatía. A todos los equipos que componéis esta maravillosa, emocionante y
complicada Segunda División. Oviedo, te quiero en primera, quiero volver al
Tartiere. Cádiz, aquí arriba se te echa de menos. Vamos, Osasuna, que aún hay
opciones.

Tenía ganas de destacar el enorme mérito que tenéis cada vez que conseguís
sacar la cabeza a primera plana de la actualidad. Gracias por obligar, de vez
en cuando y en la medida que os dejan, a los medios de comunicación a tener que
ampliar la paleta de colores que tienen en la redacción. No he encontrado ni he
querido encontrar mejor día para escribiros esto: justo en la semana en que los
dos equipos que nos creemos más importantes vamos a alimentar, avivar e
insistir en todo aquello que dejó atrás el Clásico.

Gracias por vuestra (in)comprensión. Es totalmente merecida.

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