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Davide Nicola busca otro milagro

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 29-04-2022

Davide Nicola lleva en su corazón un vacío que nunca se llenará. En 2014, el actual técnico de la Salernitana, solo un año después de devolver a la élite al último Livorno de Serie A, perdió a su hijo de 14 años, atropellado por un autobús mientras montaba en bicicleta. Sin embargo, en ese mismo lugar del corazón en el que la peor de las tragedias imaginables jamás dejará de habitar, Nicola también ha hecho germinar un espíritu y una pasión incesante por este deporte que se expresa a través de una idea de juego propositiva y corajuda y que se desarrolla por medio de una gestión emocional de grupo que define al 100% su esencia como entrenador.

“Quiero que mi corazón siga latiendo por ti y que puedas vivir a través de mí. Todo lo que hago es solo por ti y cada una de mis conquistas es la tuya”. Con esas palabras cerró Nicola la carta que le dedicó a su hijo unas horas después de haber logrado el milagro de salvar en 2017 a un Crotone que estaba a ocho puntos de la permanencia a falta de nueve jornadas, la misma distancia que tenía a su llegada a Salerno. Una diferencia que ya ha sido capaz de reducir a solo tres unidades gracias a una racha de tres victorias consecutivas por primera vez en la temporada.

La Salernitana, condicionada durante el pasado verano por la controvertida situación sobre su propiedad, anteriormente en manos de Claudio Lotito, presidente de la Lazio, se ha mostrado durante todo el presente curso, al menos hasta la llegada de Nicola, como un equipo alejado del nivel y prácticamente impropio de la máxima categoría del Calcio. Una squadra confeccionada para llevar a cabo un catenaccio dogmático (ascendió con un 38% de posesión, el peor dato de Serie B) y que ha ido dejando en evidencia a cada jornada un enorme déficit de calidad, especialmente destacado en términos defensivos y de organización en la medular.

Una colección de condicionantes que únicamente el fichaje de relumbrón de un Franck Ribéry esforzado y genial pero con muy poca gasolina para un reto tan gigantesco como el de salvar prácticamente solo al equipo granata lograba compensar un poco a la hora de armar ataques de un cierto poso. La reciente llegada de Walter Sabatini a la dirección deportiva insufló aire nuevo y el casi inminente aterrizaje de Nicola abrió una ventana al milagro. Un resquicio que, de repente, hacía aparecer un 1% de posibilidades para que la Salernitana se enganchase a la lucha por la permanencia. Un 1% que Nicola ha ido aumentando décima a décima, día tras día, hasta encontrarse ahora mismo a tan solo una sola victoria de colocarse fuera del descenso.

El preparador piamontés siempre se ha mostrado como un técnico de intenciones futbolísticas más que interesantes. Un técnico, como él mismo se autodefinió en una entrevista con los compañeros del Ultimo Uomo, “con buenas ideas y que sabe crear problemas a sus colegas de profesión”. Un técnico que siempre ha intentado conjugar equilibrio con fluidez ofensiva. Su propuesta se basa en una salida desde atrás pausada que busca generar pases verticales pero que evita situaciones de riesgo y comprometidas y que no implica a demasiadas piezas para así no tener que jugar en espacios excesivamente reducidos, una línea defensiva alta y que pretende tirar el fuera de juego y un bloque compacto que acude a incomodar al rival a su mitad. Agilidad, fluidez, un conocimiento bastante marcado de sus limitaciones, compattezza y un aprovechamiento y aceptación de un fútbol de transiciones, tanto a favor como en contra.

Una propuesta, en definitiva, veteada de personalidad, aunque últimamente no le hayan permitido realizar un curso completo de principio a fin (Udinese) o solo le llamen como contacto de emergencia (Torino, Genoa) debido a su historial tan destacado a la hora de revitalizar causas perdidas a nivel colectivo y a equipos que ya habían entregado la cuchara. Nicola se maneja como pez en el agua en este tipo de situaciones, aunque su visión futbolística va mucho más allá de la positiva inercia psicológica que logra insuflar desde el principio.

Cree en lo que hace, cree en sus futbolistas y les hace creer, cree en la vida a pesar de sus terribles circunstancias personales, la entiende, la comprende, la asimila y la sabe transmitir. Y eso tiene un efecto innegable sobre el terreno de juego. Un hombre que ya ha manejado el drama más grande que pueda existir y que se sirve de su carácter enérgico, pasional, empático, contagioso y de una entereza que acaba convertida en una dinamo para unos jugadores que habían dejado de creer (no como él) que su objetivo fuese ya posible. “Yo creo en una visión holística del fútbol. Nadie es un sistema de partes individuales que encajan por sí solas. Un deportista siempre trabaja a 360º (técnica, físico, mentalidad) y cada cosa influye sobre las otras. Del mismo modo que cada individuo influencia en los demás dentro de un sistema de juego y de un equipo”. Y él, precisamente él, es el primero que ejerce esa influencia colectiva.

El gran milagro de Davide Nicola no solo radica en el hecho de haber salvado a aquel Crotone que era carne de Serie B como se demostró la temporada siguiente o de haber puesto a la Salernitana en disposición de intentar, con posibilidades ahora realistas, un milagro de la misma magnitud, sino en haber reforzado incluso su esencia como entrenador, en haberse mantenido en pie buscando un camino siendo fiel a sí mismo, a su carácter, a su fútbol valiente capaz de asumir la iniciativa en las circunstancias deportivas más críticas, a su fútbol mental capaz de liberar a su plantilla de las malas sensaciones y lograr que vuelvan a disfrutar jugando, que recuperen la confianza, que compitan en sus máximos y retomen sus objetivos.

Nicola ya ha demostrado ser alguien capaz de convertir una situación sumamente delicada en un motivo para aferrarse a la vida. Del mismo modo que su Salernitana, desahuciada y a una distancia sideral del nivel medio de la Serie A a su llegada, se está intentando aferrar a la categoría. Lo consiga esta vez o no, ha vuelto a dejar patente que es un entrenador de nivel sobrado para la élite del fútbol italiano y con un manejo de lo psicológico muy por encima de la media. Y la oportunidad que merece de dirigir un proyecto serio y a medio plazo en Serie A (prácticamente impensable en equipos de mitad de tabla hacia abajo en el Calcio) llegará y aunque no llegue, lo más importante es seguir buscándola, seguir mereciéndola, seguir adelante. Creer. Dejar todo lo que tengas dentro. El milagro de no venirse abajo, de encontrar las fuerzas para sacar la cabeza y remontar el río. En el fútbol y en la vida. El milagro de Davide Nicola.

Imagen de cabecera: US Salernitana 1919

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Davide Nicola lleva en su corazón un vacío que nunca se llenará. En 2014, el actual técnico de la Salernitana, solo un año después de devolver a la élite al último Livorno de Serie A, perdió a su hijo de 14 años, atropellado por un autobús mientras montaba en bicicleta. Sin embargo, en ese mismo lugar del corazón en el que la peor de las tragedias imaginables jamás dejará de habitar, Nicola también ha hecho germinar un espíritu y una pasión incesante por este deporte que se expresa a través de una idea de juego propositiva y corajuda y que se desarrolla por medio de una gestión emocional de grupo que define al 100% su esencia como entrenador.

“Quiero que mi corazón siga latiendo por ti y que puedas vivir a través de mí. Todo lo que hago es solo por ti y cada una de mis conquistas es la tuya”. Con esas palabras cerró Nicola la carta que le dedicó a su hijo unas horas después de haber logrado el milagro de salvar en 2017 a un Crotone que estaba a ocho puntos de la permanencia a falta de nueve jornadas, la misma distancia que tenía a su llegada a Salerno. Una diferencia que ya ha sido capaz de reducir a solo tres unidades gracias a una racha de tres victorias consecutivas por primera vez en la temporada.

La Salernitana, condicionada durante el pasado verano por la controvertida situación sobre su propiedad, anteriormente en manos de Claudio Lotito, presidente de la Lazio, se ha mostrado durante todo el presente curso, al menos hasta la llegada de Nicola, como un equipo alejado del nivel y prácticamente impropio de la máxima categoría del Calcio. Una squadra confeccionada para llevar a cabo un catenaccio dogmático (ascendió con un 38% de posesión, el peor dato de Serie B) y que ha ido dejando en evidencia a cada jornada un enorme déficit de calidad, especialmente destacado en términos defensivos y de organización en la medular.

Una colección de condicionantes que únicamente el fichaje de relumbrón de un Franck Ribéry esforzado y genial pero con muy poca gasolina para un reto tan gigantesco como el de salvar prácticamente solo al equipo granata lograba compensar un poco a la hora de armar ataques de un cierto poso. La reciente llegada de Walter Sabatini a la dirección deportiva insufló aire nuevo y el casi inminente aterrizaje de Nicola abrió una ventana al milagro. Un resquicio que, de repente, hacía aparecer un 1% de posibilidades para que la Salernitana se enganchase a la lucha por la permanencia. Un 1% que Nicola ha ido aumentando décima a décima, día tras día, hasta encontrarse ahora mismo a tan solo una sola victoria de colocarse fuera del descenso.

El preparador piamontés siempre se ha mostrado como un técnico de intenciones futbolísticas más que interesantes. Un técnico, como él mismo se autodefinió en una entrevista con los compañeros del Ultimo Uomo, “con buenas ideas y que sabe crear problemas a sus colegas de profesión”. Un técnico que siempre ha intentado conjugar equilibrio con fluidez ofensiva. Su propuesta se basa en una salida desde atrás pausada que busca generar pases verticales pero que evita situaciones de riesgo y comprometidas y que no implica a demasiadas piezas para así no tener que jugar en espacios excesivamente reducidos, una línea defensiva alta y que pretende tirar el fuera de juego y un bloque compacto que acude a incomodar al rival a su mitad. Agilidad, fluidez, un conocimiento bastante marcado de sus limitaciones, compattezza y un aprovechamiento y aceptación de un fútbol de transiciones, tanto a favor como en contra.

Una propuesta, en definitiva, veteada de personalidad, aunque últimamente no le hayan permitido realizar un curso completo de principio a fin (Udinese) o solo le llamen como contacto de emergencia (Torino, Genoa) debido a su historial tan destacado a la hora de revitalizar causas perdidas a nivel colectivo y a equipos que ya habían entregado la cuchara. Nicola se maneja como pez en el agua en este tipo de situaciones, aunque su visión futbolística va mucho más allá de la positiva inercia psicológica que logra insuflar desde el principio.

Cree en lo que hace, cree en sus futbolistas y les hace creer, cree en la vida a pesar de sus terribles circunstancias personales, la entiende, la comprende, la asimila y la sabe transmitir. Y eso tiene un efecto innegable sobre el terreno de juego. Un hombre que ya ha manejado el drama más grande que pueda existir y que se sirve de su carácter enérgico, pasional, empático, contagioso y de una entereza que acaba convertida en una dinamo para unos jugadores que habían dejado de creer (no como él) que su objetivo fuese ya posible. “Yo creo en una visión holística del fútbol. Nadie es un sistema de partes individuales que encajan por sí solas. Un deportista siempre trabaja a 360º (técnica, físico, mentalidad) y cada cosa influye sobre las otras. Del mismo modo que cada individuo influencia en los demás dentro de un sistema de juego y de un equipo”. Y él, precisamente él, es el primero que ejerce esa influencia colectiva.

El gran milagro de Davide Nicola no solo radica en el hecho de haber salvado a aquel Crotone que era carne de Serie B como se demostró la temporada siguiente o de haber puesto a la Salernitana en disposición de intentar, con posibilidades ahora realistas, un milagro de la misma magnitud, sino en haber reforzado incluso su esencia como entrenador, en haberse mantenido en pie buscando un camino siendo fiel a sí mismo, a su carácter, a su fútbol valiente capaz de asumir la iniciativa en las circunstancias deportivas más críticas, a su fútbol mental capaz de liberar a su plantilla de las malas sensaciones y lograr que vuelvan a disfrutar jugando, que recuperen la confianza, que compitan en sus máximos y retomen sus objetivos.

Nicola ya ha demostrado ser alguien capaz de convertir una situación sumamente delicada en un motivo para aferrarse a la vida. Del mismo modo que su Salernitana, desahuciada y a una distancia sideral del nivel medio de la Serie A a su llegada, se está intentando aferrar a la categoría. Lo consiga esta vez o no, ha vuelto a dejar patente que es un entrenador de nivel sobrado para la élite del fútbol italiano y con un manejo de lo psicológico muy por encima de la media. Y la oportunidad que merece de dirigir un proyecto serio y a medio plazo en Serie A (prácticamente impensable en equipos de mitad de tabla hacia abajo en el Calcio) llegará y aunque no llegue, lo más importante es seguir buscándola, seguir mereciéndola, seguir adelante. Creer. Dejar todo lo que tengas dentro. El milagro de no venirse abajo, de encontrar las fuerzas para sacar la cabeza y remontar el río. En el fútbol y en la vida. El milagro de Davide Nicola.

Imagen de cabecera: US Salernitana 1919

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