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Clayton Kershaw y el valor de un anillo de campeón

César Martín @CesarMrtn 02-11-2020

Muy pocas estrellas del deporte no tienen un pero encasquetado. En el caso de Clayton Kershaw, el suyo era la postemporada. Por eso cuando el 27 de octubre de 2020 Los Angeles Dodgers pusieron fin a treinta y dos años de sequía sin ganar la Serie Mundial, las cámaras tardaron poco en enfocar al pitcher. En ese club de ilustres sin anillo, él ya no iba a estar.

Aunque su contador de World Series hubiese quedado vacío para siempre, Kershaw ya podía ser considerado como uno de los mejores lanzadores de la historia del béisbol. En palmarés podía presumir de un MVP de la Liga Nacional, tres Premios Cy Young al mejor pitcher de la NL, ocho elecciones para el All-Star, una Triple Corona (líder de la MLB en victorias, strikeouts y promedio de carreras limpias -ERA-), un Guante de Oro y un partido no-hitter. Su grandeza también se trasladaba fuera del campo: en 2012 fue reconocido con el Premio Roberto Clemente por su labor humanitaria en Zambia.

Kersh estaba llamado a ser una estrella de las Grandes Ligas desde que los Dodgers le eligieron en el séptimo puesto global del Draft de 2006 y le convencieron, vía prima por firma, para que omitiese su paso por la universidad. Unas expectativas muy altas que fue cumpliendo a raíz de su explosión en 2011. Además de los premios anteriormente citados, Kershaw es cinco veces líder de la NL en ERA y tres veces líder en victorias y strikeouts. Y su lanzamiento de bola curva es motivo más que de sobra para sentarse a ver sus partidos.

Sin embargo, Kershaw no era capaz de trasladar su dominio en temporada regular a los Playoffs. Si a jugadores como Reggie Jackson o Derek Jeter se les apodó Mr. October y Mr. November por sus actuaciones en postemporada, a Kersh parecía temblarle el brazo en la fase decisiva del año. El frío dato dice que es el lanzador que más veces ha eliminado a los bateadores de la historia de los Playoffs, pero sus descalabros eran más sonados. El primero fue en el sexto partido de la Serie de Campeonato de la NL de 2013, ante los St. Louis Cardinals. Kershaw permitió siete carreras en cuatro entradas y los Dodgers fueron eliminados. Era el segundo partido perdido por el 22 en esa serie.

Tres años después, nuevamente en la NLCS, Kershaw permitió cinco carreras en los cinco primeros innings que su equipo fue incapaz de remontar. Los Chicago Cubs se llevaron la eliminatoria en el partido siguiente.

Pero la debacle más sonada fue la del Game 5 de la controvertida Serie Mundial de 2017 frente a los Houston Astros. Con los Dodgers ganando 4-0 en el marcador, Kershaw vio cómo los texanos anotaban seis carreras delante de sus narices. Los Astros acabaron llevándose ese partido y, posteriormente, el título mundial en el séptimo partido. A todo esto hubo que sumarle sus dos derrotas en la Serie Mundial de 2018 que los Boston Red Sox se llevaron en cinco juegos y la derrota en el cuarto encuentro de la NLCS de 2020 que dejó a los Dodgers a una derrota de irse a casa (1-3 ante los Atlanta Braves). Al final los angelinos dieron la vuelta a la eliminatoria y se metieron en su tercera World Series en cuatro años.

Tuvo que ser en Arlington, a 30 kilómetros de su Dallas natal, donde Kershaw se redimió. Con la gorra que había usado durante la temporada regular más corta de la historia, abrió en los juegos 1 y 5 de la serie y se llevó la victoria en ambos. La del quinto partido era vital porque la eliminatoria estaba empatada a dos. Una derrota no sólo dejaba a su equipo contra las cuerdas, sino que agrandaría su leyenda negra en postemporada. No fue así y los Dodgers certificaron su séptima Serie Mundial en el sexto juego.

Aunque a veces se niegue, un anillo cambia, y mucho, cualquier narrativa deportiva. De entre los al menos tres veces Cy Young (diez pitchers), Clayton Kershaw era el único que no lucía la preciada joya en su mano. Ahora ya tiene la suya.

Imagen de cabecera: Ronald Martinez/Getty Images

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Muy pocas estrellas del deporte no tienen un pero encasquetado. En el caso de Clayton Kershaw, el suyo era la postemporada. Por eso cuando el 27 de octubre de 2020 Los Angeles Dodgers pusieron fin a treinta y dos años de sequía sin ganar la Serie Mundial, las cámaras tardaron poco en enfocar al pitcher. En ese club de ilustres sin anillo, él ya no iba a estar.

Aunque su contador de World Series hubiese quedado vacío para siempre, Kershaw ya podía ser considerado como uno de los mejores lanzadores de la historia del béisbol. En palmarés podía presumir de un MVP de la Liga Nacional, tres Premios Cy Young al mejor pitcher de la NL, ocho elecciones para el All-Star, una Triple Corona (líder de la MLB en victorias, strikeouts y promedio de carreras limpias -ERA-), un Guante de Oro y un partido no-hitter. Su grandeza también se trasladaba fuera del campo: en 2012 fue reconocido con el Premio Roberto Clemente por su labor humanitaria en Zambia.

Kersh estaba llamado a ser una estrella de las Grandes Ligas desde que los Dodgers le eligieron en el séptimo puesto global del Draft de 2006 y le convencieron, vía prima por firma, para que omitiese su paso por la universidad. Unas expectativas muy altas que fue cumpliendo a raíz de su explosión en 2011. Además de los premios anteriormente citados, Kershaw es cinco veces líder de la NL en ERA y tres veces líder en victorias y strikeouts. Y su lanzamiento de bola curva es motivo más que de sobra para sentarse a ver sus partidos.

Sin embargo, Kershaw no era capaz de trasladar su dominio en temporada regular a los Playoffs. Si a jugadores como Reggie Jackson o Derek Jeter se les apodó Mr. October y Mr. November por sus actuaciones en postemporada, a Kersh parecía temblarle el brazo en la fase decisiva del año. El frío dato dice que es el lanzador que más veces ha eliminado a los bateadores de la historia de los Playoffs, pero sus descalabros eran más sonados. El primero fue en el sexto partido de la Serie de Campeonato de la NL de 2013, ante los St. Louis Cardinals. Kershaw permitió siete carreras en cuatro entradas y los Dodgers fueron eliminados. Era el segundo partido perdido por el 22 en esa serie.

Tres años después, nuevamente en la NLCS, Kershaw permitió cinco carreras en los cinco primeros innings que su equipo fue incapaz de remontar. Los Chicago Cubs se llevaron la eliminatoria en el partido siguiente.

Pero la debacle más sonada fue la del Game 5 de la controvertida Serie Mundial de 2017 frente a los Houston Astros. Con los Dodgers ganando 4-0 en el marcador, Kershaw vio cómo los texanos anotaban seis carreras delante de sus narices. Los Astros acabaron llevándose ese partido y, posteriormente, el título mundial en el séptimo partido. A todo esto hubo que sumarle sus dos derrotas en la Serie Mundial de 2018 que los Boston Red Sox se llevaron en cinco juegos y la derrota en el cuarto encuentro de la NLCS de 2020 que dejó a los Dodgers a una derrota de irse a casa (1-3 ante los Atlanta Braves). Al final los angelinos dieron la vuelta a la eliminatoria y se metieron en su tercera World Series en cuatro años.

Tuvo que ser en Arlington, a 30 kilómetros de su Dallas natal, donde Kershaw se redimió. Con la gorra que había usado durante la temporada regular más corta de la historia, abrió en los juegos 1 y 5 de la serie y se llevó la victoria en ambos. La del quinto partido era vital porque la eliminatoria estaba empatada a dos. Una derrota no sólo dejaba a su equipo contra las cuerdas, sino que agrandaría su leyenda negra en postemporada. No fue así y los Dodgers certificaron su séptima Serie Mundial en el sexto juego.

Aunque a veces se niegue, un anillo cambia, y mucho, cualquier narrativa deportiva. De entre los al menos tres veces Cy Young (diez pitchers), Clayton Kershaw era el único que no lucía la preciada joya en su mano. Ahora ya tiene la suya.

Imagen de cabecera: Ronald Martinez/Getty Images