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Carrasco Superstar

Diego G. Argota @DiegoGArgota21 10-05-2022

El Atlético deja casi sellada la presencia en Champions League tras volver a ganar al Real Madrid mucho tiempo después y poner seis puntos de margen con el Betis con solo nueve por jugarse. Los rojiblancos no se imponían a su eterno rival desde la final de la Supercopa de Europa en 2018, y había que remontarse a la 2015-2016 para encontrar su última victoria en LaLiga, cuando asaltaron el Bernabéu con un solitario gol de Griezmann. Supone, además, la primera victoria en su nuevo estadio, donde hasta la fecha había cosechado tres empates y una derrota frente a los blancos. El domingo, agarrados a un gran Carrasco, los de Simeone no dejaron escapar la ocasión de llevarse los tres puntos ante un Real Madrid que tardó en enterarse que el partido había empezado.

Entre la polémica sobre el pasillo sí, pasillo no, fue el Real Madrid el que puso la alfombra roja a los delanteros rojiblancos durante la primera hora de partido. Quizás anestesiados por haber ganado LaLiga, o pensando en reducir esfuerzos mirando a la final de Champions, Ancelotti alineó a algunos de sus jugadores menos habituales como Vallejo o Lunín y eso lo aprovechó un Atlético mucho más intenso para avasallar a su rival. El poco acierto goleador privó a los rojiblancos de matar el partido en la primera mitad. El Real Madrid era incapaz de pasar del centro del campo, con Kondogbia, Koke y Llorente presionando alto y robando en campo rival, y con Correa, Cunha y Carrasco fallando ocasiones claras. El belga estuvo especialmente acertado en todo menos en el gol, que luego llegaría de sus botas, comandando el ataque colchonero. Fue ya al borde del descanso cuando el VAR tuvo que llamar al colegiado para advertirle que el derribo de Matheus Cunha en el área había sido propiciado por un pisotón de Vallejo y había que lanzar un penalti que Carrasco no iba a fallar. Se iba el Atlético con el mal sabor de boca de no haber sentenciado un partido que podía haber zanjado mucho antes, y con la sensación de dejar vivo al equipo que últimamente viene dándole una nueva vuelta de tuerca al término de remontada.

Porque herido en su orgullo y más metido en el partido, el Real Madrid salió más entonado en la segunda parte y el partido se convirtió en una ida y vuelta de ocasiones. Las más claras, eso sí, seguían siendo del Atlético, que había hecho ingresar a Griezmann por un desacertado Correa. El francés jugó más alejado del área, en esa posición interior en la que parece estar evolucionando ahora que está peleado con el gol (y eso que tuvo dos clarísimas). Carrasco siguió desacertado a la hora de marcar enviando una arriba y otra al palo y la sentencia que no llegó metió en el partido a los blancos. Ancelotti puso en liza un equipo más reconocible. Entraron Mendy, Valverde, Modric y Vinicius y con acercamientos tímidos y disparos lejanos, además de un remate de Nacho en clara posición para marcar, el Atlético comenzó a temblar. Esta vez sí, la mejor versión de Oblak reapareció.

La historia vivida mil veces por el Atleti ante su eterno rival esta vez no se dio. El equipo de Simeone aguantó estoico el arreón final del Real Madrid y recuperó la senda de la victoria, que no llegaba desde hacía tres jornadas. Los últimos dos triunfos de los rojiblancos han sido gracias a los tres goles de un Yannick Carrasco que vuelve a estar de dulce y echa por tierra aquellas semanas, no hace mucho, donde volvía a estar discutido, en las que por momentos se volvió a dudar sobre su profesionalidad y en las que no se dejó de especular sobre su salida a final de temporada. Carrasco, sobre el que en enero se rumoreó una posible salida al Newcastle que vuelve a amenazar ahora en este verano. Aquel que por momentos, tras su larga expulsión en Champions, había perdido su sitio en favor de un Lodi que explotó jugando más adelantado. El domingo, el belga fue el factor diferencial en ataque y el primero en bajarse al barro a la hora de la defensa, recuperando un último balón en el descuento justo antes de ser sustituido y ovacionado merecidamente. Si él quiere, y le dejan, tiene que ser piedra angular de un Atlético que se necesita reconstruir el curso que viene. Con un poco de fortuna de cara al gol, ayer podía haber acabado el derbi con un hat-trick, en un partido de resultado corto para tantas ocasiones, pero donde volvió a sacar su faceta rockstar.

Imagen de cabecera: Getty Images

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El Atlético deja casi sellada la presencia en Champions League tras volver a ganar al Real Madrid mucho tiempo después y poner seis puntos de margen con el Betis con solo nueve por jugarse. Los rojiblancos no se imponían a su eterno rival desde la final de la Supercopa de Europa en 2018, y había que remontarse a la 2015-2016 para encontrar su última victoria en LaLiga, cuando asaltaron el Bernabéu con un solitario gol de Griezmann. Supone, además, la primera victoria en su nuevo estadio, donde hasta la fecha había cosechado tres empates y una derrota frente a los blancos. El domingo, agarrados a un gran Carrasco, los de Simeone no dejaron escapar la ocasión de llevarse los tres puntos ante un Real Madrid que tardó en enterarse que el partido había empezado.

Entre la polémica sobre el pasillo sí, pasillo no, fue el Real Madrid el que puso la alfombra roja a los delanteros rojiblancos durante la primera hora de partido. Quizás anestesiados por haber ganado LaLiga, o pensando en reducir esfuerzos mirando a la final de Champions, Ancelotti alineó a algunos de sus jugadores menos habituales como Vallejo o Lunín y eso lo aprovechó un Atlético mucho más intenso para avasallar a su rival. El poco acierto goleador privó a los rojiblancos de matar el partido en la primera mitad. El Real Madrid era incapaz de pasar del centro del campo, con Kondogbia, Koke y Llorente presionando alto y robando en campo rival, y con Correa, Cunha y Carrasco fallando ocasiones claras. El belga estuvo especialmente acertado en todo menos en el gol, que luego llegaría de sus botas, comandando el ataque colchonero. Fue ya al borde del descanso cuando el VAR tuvo que llamar al colegiado para advertirle que el derribo de Matheus Cunha en el área había sido propiciado por un pisotón de Vallejo y había que lanzar un penalti que Carrasco no iba a fallar. Se iba el Atlético con el mal sabor de boca de no haber sentenciado un partido que podía haber zanjado mucho antes, y con la sensación de dejar vivo al equipo que últimamente viene dándole una nueva vuelta de tuerca al término de remontada.

Porque herido en su orgullo y más metido en el partido, el Real Madrid salió más entonado en la segunda parte y el partido se convirtió en una ida y vuelta de ocasiones. Las más claras, eso sí, seguían siendo del Atlético, que había hecho ingresar a Griezmann por un desacertado Correa. El francés jugó más alejado del área, en esa posición interior en la que parece estar evolucionando ahora que está peleado con el gol (y eso que tuvo dos clarísimas). Carrasco siguió desacertado a la hora de marcar enviando una arriba y otra al palo y la sentencia que no llegó metió en el partido a los blancos. Ancelotti puso en liza un equipo más reconocible. Entraron Mendy, Valverde, Modric y Vinicius y con acercamientos tímidos y disparos lejanos, además de un remate de Nacho en clara posición para marcar, el Atlético comenzó a temblar. Esta vez sí, la mejor versión de Oblak reapareció.

La historia vivida mil veces por el Atleti ante su eterno rival esta vez no se dio. El equipo de Simeone aguantó estoico el arreón final del Real Madrid y recuperó la senda de la victoria, que no llegaba desde hacía tres jornadas. Los últimos dos triunfos de los rojiblancos han sido gracias a los tres goles de un Yannick Carrasco que vuelve a estar de dulce y echa por tierra aquellas semanas, no hace mucho, donde volvía a estar discutido, en las que por momentos se volvió a dudar sobre su profesionalidad y en las que no se dejó de especular sobre su salida a final de temporada. Carrasco, sobre el que en enero se rumoreó una posible salida al Newcastle que vuelve a amenazar ahora en este verano. Aquel que por momentos, tras su larga expulsión en Champions, había perdido su sitio en favor de un Lodi que explotó jugando más adelantado. El domingo, el belga fue el factor diferencial en ataque y el primero en bajarse al barro a la hora de la defensa, recuperando un último balón en el descuento justo antes de ser sustituido y ovacionado merecidamente. Si él quiere, y le dejan, tiene que ser piedra angular de un Atlético que se necesita reconstruir el curso que viene. Con un poco de fortuna de cara al gol, ayer podía haber acabado el derbi con un hat-trick, en un partido de resultado corto para tantas ocasiones, pero donde volvió a sacar su faceta rockstar.

Imagen de cabecera: Getty Images

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