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Brasil, sin tercer puesto y sin dignidad

Alejandro Centellas @alexcalonso 13-07-2014

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Alejandro CENTELLAS

Alejandro CENTELLASHay un proverbio, muy conocido, que dice así: “El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”. Nunca agradeceremos lo suficiente a la selección brasileña que nos haya demostrado que esto es así; lo que antes era una vaga teoría, ahora se ha convertido en axioma. Porque Brasil, de nuevo, sin ningún ánimo de enmendar su error, se fue alicaído y en cuarta posición de su Mundial. Y gracias que no cabía la posibilidad de quedar quinto.

En menos de 20 minutos a Brasil se le volvieron a aparecer los fantasmas. Si ayer eran fornidos alemanes, hoy eran los famosos molinos de viento holandeses que a los brasileños, como al Quijote, les parecieron gigantes. Van Persie y Blind pusieron a Holanda con el viento a favor, con la ayuda inestimable de los colegiados, que tienen la extraña habilidad de pitar mal muy bien. Un penalti que no era y que se pitó; una tarjeta roja que era, y se sacó amarilla; y un fuera de juego que también era, y no se pitó. Sea como fuere, Brasil volvió a echar por tierra un partido que, si bien era de consolación, consoló más a los holandeses que a los brasileños. Como con Alemania, con Colombia, con Chile y con tantos otros, Brasil fue pusilánime con el balón, sin una referencia de inspiración que les saque del atolladero.

Brasil se va del Mundial con unas cifras sonrojantes: 10 goles en contra y 1 a favor en los dos últimos partidos. Además, han conseguido el honorífico hito de perder, por primera vez en toda su historia, dos partidos consecutivos no amistosos como local. Una mancha en el currículum de jugadores que, paradójicamente, son las piezas clave en sus equipos pero que no son capaces de vertebrar un conjunto que les lleve a la Copa del Mundo. Visto está, además, que Thiago Silva se contagió de la enfermedad defensiva que acompaña a su selección, y que la presencia de Neymar no hubiera cambiado demasiado las cosas. Pensando en retrospectiva, el fortuito golpe de Zúñiga le ha librado de la humillación y podrá pasear tranquilo por Copacabana de aquí a su jubilación.

Porque el problema de Brasil, lo peor de todo, está en los huesos y no en la epidermis. No se trata del aspecto exterior, sino de la sala de máquinas de la selección. Deben llevar a cabo una regeneración profunda, cuestionar los principios que sustentaban a la “canarinha” y ajustar la brújula para futuros compromisos. De todo, al final, se aprende. Y Brasil ha comprendido que el escudo poco hace si detrás no hay un motor potente, que de poco vale el público si se cae en la irremediable mediocridad y que organizar un Mundial no garantiza la final de antemano. Cuando se apaguen, a partir del lunes, los focos de los estadios que alumbran el espectáculo mundialista y se comience a olvidar esta edición del Mundial, a Brasil le queda el duro tránsito del luto en soledad. Pero no hay mal que el tiempo no cure, ni próximo Mundial que no tape una catástrofe histórica.

FICHA TÉCNICA

Estadio Mané Garrincha (Brasília)
GOLES: van Persie (2' penalti), Blind (17'), Wijnaldum (90')

BRASIL: Julio César (4); Maicon (3), David Luiz (3), Thiago Silva (3), Maxwell (3); Luiz Gustavo (5), Paulinho (4); Ramires (4), Oscar (6), Willian (5); Jo (3)
Suplentes: Fernandinho (4), Hernanes (4), Hulk (5) 

HOLANDA: Cillessen (6), Kuyt (7), De Vrij (7), Vlaar (8), Martins Indi (6), Blind (7); Clasie (7), Wijnaldum (7), De Guzman (6); Robben (8), van Persie (7)
Suplentes: Janmaat (6), Veltman (SC), Vorm (SC)

Man of the Match (jugador Sportium): ARJEN ROBBEN

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Alejandro CENTELLASHay un proverbio, muy conocido, que dice así: “El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”. Nunca agradeceremos lo suficiente a la selección brasileña que nos haya demostrado que esto es así; lo que antes era una vaga teoría, ahora se ha convertido en axioma. Porque Brasil, de nuevo, sin ningún ánimo de enmendar su error, se fue alicaído y en cuarta posición de su Mundial. Y gracias que no cabía la posibilidad de quedar quinto.

En menos de 20 minutos a Brasil se le volvieron a aparecer los fantasmas. Si ayer eran fornidos alemanes, hoy eran los famosos molinos de viento holandeses que a los brasileños, como al Quijote, les parecieron gigantes. Van Persie y Blind pusieron a Holanda con el viento a favor, con la ayuda inestimable de los colegiados, que tienen la extraña habilidad de pitar mal muy bien. Un penalti que no era y que se pitó; una tarjeta roja que era, y se sacó amarilla; y un fuera de juego que también era, y no se pitó. Sea como fuere, Brasil volvió a echar por tierra un partido que, si bien era de consolación, consoló más a los holandeses que a los brasileños. Como con Alemania, con Colombia, con Chile y con tantos otros, Brasil fue pusilánime con el balón, sin una referencia de inspiración que les saque del atolladero.

Brasil se va del Mundial con unas cifras sonrojantes: 10 goles en contra y 1 a favor en los dos últimos partidos. Además, han conseguido el honorífico hito de perder, por primera vez en toda su historia, dos partidos consecutivos no amistosos como local. Una mancha en el currículum de jugadores que, paradójicamente, son las piezas clave en sus equipos pero que no son capaces de vertebrar un conjunto que les lleve a la Copa del Mundo. Visto está, además, que Thiago Silva se contagió de la enfermedad defensiva que acompaña a su selección, y que la presencia de Neymar no hubiera cambiado demasiado las cosas. Pensando en retrospectiva, el fortuito golpe de Zúñiga le ha librado de la humillación y podrá pasear tranquilo por Copacabana de aquí a su jubilación.

Porque el problema de Brasil, lo peor de todo, está en los huesos y no en la epidermis. No se trata del aspecto exterior, sino de la sala de máquinas de la selección. Deben llevar a cabo una regeneración profunda, cuestionar los principios que sustentaban a la “canarinha” y ajustar la brújula para futuros compromisos. De todo, al final, se aprende. Y Brasil ha comprendido que el escudo poco hace si detrás no hay un motor potente, que de poco vale el público si se cae en la irremediable mediocridad y que organizar un Mundial no garantiza la final de antemano. Cuando se apaguen, a partir del lunes, los focos de los estadios que alumbran el espectáculo mundialista y se comience a olvidar esta edición del Mundial, a Brasil le queda el duro tránsito del luto en soledad. Pero no hay mal que el tiempo no cure, ni próximo Mundial que no tape una catástrofe histórica.

FICHA TÉCNICA

Estadio Mané Garrincha (Brasília)
GOLES: van Persie (2' penalti), Blind (17'), Wijnaldum (90')

BRASIL: Julio César (4); Maicon (3), David Luiz (3), Thiago Silva (3), Maxwell (3); Luiz Gustavo (5), Paulinho (4); Ramires (4), Oscar (6), Willian (5); Jo (3)
Suplentes: Fernandinho (4), Hernanes (4), Hulk (5) 

HOLANDA: Cillessen (6), Kuyt (7), De Vrij (7), Vlaar (8), Martins Indi (6), Blind (7); Clasie (7), Wijnaldum (7), De Guzman (6); Robben (8), van Persie (7)
Suplentes: Janmaat (6), Veltman (SC), Vorm (SC)

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