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Aquel gol

Daniel Fernández-Pacheco @DFPV96 11-07-2020

Decía Andrés Iniesta que ese fue el momento en el que escuchó el silencio. Es curioso: la de veces que comemos techo de noche, tumbados en la cama, con demasiadas cosas en la cabeza como para estar en paz con nosotros. Sin embargo Iniesta, en el mejor Informe Robinson de la historia, quizás el programa deportivo del siglo en este país, aseguró que ante 80.000 personas no oyó a nadie. Solo era él y el balón. Y la puso dentro. España, hace 10 años, era campeona del mundo.

Una profesora de filosofía me suspendió por no comprender lo que quería decir, pero ¿dónde hemos estado todo ese tiempo en el que no hemos vivido? Ese limbo sigue siendo una incógnita. Todos los que estamos vivos hemos nacido con este deporte en nuestras vidas. Más lejos o más cerca de nosotros, pero la pelota rodaba. Algunos vivimos esa época embelesados porque España parecía ganar siempre, al contrario de lo que nos habían dicho nuestros padres. Por ello, alucinábamos con las celebraciones de nuestros progenitores en las rondas previas. Normal. La de veces que habían visto a la selección tropezar con sus propios fantasmas. Con sus miedos. Parecía imposible tocar esa copa. Hasta que llegó esa final llena de silencios y gritos porque cada uno lo vive de manera diferente. Arjen Robben, que seguro que regalaría años de vida por marcar una de esas dos ocasiones que marró en el segundo acto, dejó helado a todo el país. Menos a Iker Casillas. En algún barrio ya no se podían contener los nervios. Yo decidí conectar con los comentarios de un Camacho atacado por la entidad del encuentro, ya que visualizarlo por Canal Plus significaba verlo con retraso y si había un gol había que vivirlo en directo. Sin spoilers. Sin que nadie te lo contara antes.

Cuando Iniesta escuchó el silencio todos contuvimos la respiración. Lo que hicimos después ni lo recordamos bien, embriagados por una alegría indescriptible. De primeras no pudimos, seguramente, vislumbrar que se lo dedicaba a su amigo Dani Jarque, fallecido un año antes repentinamente. Era un gol que no solo iba para él; sino para todos los que una vez soñaron con ver a España ganando un Mundial y no estaban allí. Al final, era posible.

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Decía Andrés Iniesta que ese fue el momento en el que escuchó el silencio. Es curioso: la de veces que comemos techo de noche, tumbados en la cama, con demasiadas cosas en la cabeza como para estar en paz con nosotros. Sin embargo Iniesta, en el mejor Informe Robinson de la historia, quizás el programa deportivo del siglo en este país, aseguró que ante 80.000 personas no oyó a nadie. Solo era él y el balón. Y la puso dentro. España, hace 10 años, era campeona del mundo.

Una profesora de filosofía me suspendió por no comprender lo que quería decir, pero ¿dónde hemos estado todo ese tiempo en el que no hemos vivido? Ese limbo sigue siendo una incógnita. Todos los que estamos vivos hemos nacido con este deporte en nuestras vidas. Más lejos o más cerca de nosotros, pero la pelota rodaba. Algunos vivimos esa época embelesados porque España parecía ganar siempre, al contrario de lo que nos habían dicho nuestros padres. Por ello, alucinábamos con las celebraciones de nuestros progenitores en las rondas previas. Normal. La de veces que habían visto a la selección tropezar con sus propios fantasmas. Con sus miedos. Parecía imposible tocar esa copa. Hasta que llegó esa final llena de silencios y gritos porque cada uno lo vive de manera diferente. Arjen Robben, que seguro que regalaría años de vida por marcar una de esas dos ocasiones que marró en el segundo acto, dejó helado a todo el país. Menos a Iker Casillas. En algún barrio ya no se podían contener los nervios. Yo decidí conectar con los comentarios de un Camacho atacado por la entidad del encuentro, ya que visualizarlo por Canal Plus significaba verlo con retraso y si había un gol había que vivirlo en directo. Sin spoilers. Sin que nadie te lo contara antes.

Cuando Iniesta escuchó el silencio todos contuvimos la respiración. Lo que hicimos después ni lo recordamos bien, embriagados por una alegría indescriptible. De primeras no pudimos, seguramente, vislumbrar que se lo dedicaba a su amigo Dani Jarque, fallecido un año antes repentinamente. Era un gol que no solo iba para él; sino para todos los que una vez soñaron con ver a España ganando un Mundial y no estaban allí. Al final, era posible.

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Aquel gol

Daniel Fernández-Pacheco @DFPV96
11-07-2020

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José Miguel Capel @JCapCar
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