_Fútbol Internacional

Alemania no es lo mismo

Juanma Perera @juanmaHumilAfic 08-09-2020

Otra vez. Joachim Löw vuelve a recibir críticas tras este último parón de selecciones al regresar de la concentración con dos puntos de los seis que había en juego ante España y Suiza, rivales, por otra parte, complicados. No en vano, lo que pretende la UEFA Nations League es hacer competir, frente a frente, a combinados con el mismo nivel o similar en unas ligas con ascensos y descensos. Pero la situación de Die Mannschaft ya viene de caída desde que sufrieron la maldición del campeón y cayeron en Rusia 2018 en la fase de grupos. 

Disposición de los grupos en la Liga A de la Nations League 2020 (ROBIN VAN LONKHUIJSEN/ANP/AFP via Getty Images)

No vamos a ir tan atrás en el tiempo para explicar lo que ha pasado. La UNL cambió y, eso, a una de las selecciones que más favoreció fue a Alemania. ¿Por qué? La idea inicial era grupos de tres en las primeras ligas y cuatro en la última, con los países más débiles. Alemania quedó tercera de su grupo, con Países Bajos y Francia, lo que hubiera supuesto el descenso a la Liga B: pasar de competir con lo más alto del ranking a hacerlo con otras que ocupan un escalón medio, que no son las mejores, pero tienen muchos jugadores compitiendo a gran nivel. Sin embargo, eso no se llegó a cumplir. La organización del torneo decidió ampliar los grupos con un equipo más, dejando sin efecto los descensos en esta ‘primera vez’. El sorteo les emparejó con España -en proceso de regeneración tras perder a gran parte de los campeones del mundo en los últimos años-, Suiza -con una larga lista de jugadores que han militado o militan en la Bundesliga- y la Ucrania de Shevchenko -una selección siempre combativa, con la incorporación de algunos de los brasileños del Shakhtar Donetsk y con unos campeones del mundo sub20 que están entrando poco a poco, pero cuya aportación en estos partidos ha sido nula-. 

Los motivos de la irregularidad de Alemania

Pero, ¿qué pasa con Alemania? Todo se resume en una frase que en su día se unió a Alejandro Sanz en forma de canción: «No es lo mismo«. Y esa es una frase muy cierta. No es lo mismo tener a Manuel Neuer y Marc-André ter Stegen que tener que contar por obligación con un irregular Kevin Trapp y un Bernd Leno que se había perdido por lesión los últimos once partidos de la pasada Premier y en el equipo nacional siempre es el tercero en discordia. Tampoco es lo mismo contar con jugadores como Kimmich o Goretzka, que han tenido descanso por llegar a la final de Champions en agosto. Aunque visto de otra manera, jugadores como Thiago (campeón) y Dani Olmo (semifinalista), sí acudieron con España a la cita.

No es nada fácil renovar una selección, y más como la alemana, que consiguió en su día renovarse para acabar ganando un Mundial o clasificarse entre las cuatro mejores del continente.  La idea de Löw necesita, quizás, una vuelta de tuerca, pero con una revolución gradual. Las salidas de Müller y Boateng, por ejemplo, puede que ocurrieran antes de lo debido, porque el segundo tramo de la temporada de los dos jugadores con el Bayern ha sido a un nivel altísimo. Pero claro, ellos también estuvieron en el declive tras conquistar la cima del cuarto Mundial. Ahora es el momento de los Sané, Werner, Havertz, Brandt y compañía, jugadores de calidad contrastada a los que no se discute. 

Timo Werner, Kai Havertz o Julian Brandt son algunos de los llamados a liderar el cambio generacional de Alemania (Matthias Hangst/Getty Images)

El problema, que viene de atrás, está en la mente del seleccionador. Löw se enamoró del estilo de juego de aquella España de 2008 a 2012 y le dio una vuelta de tuerca, pero lleva tiempo en el que no consigue dar con la tecla. Alemania no tiene malos jugadores, pero en esta última fecha se ha quedado sin ideas. No es normal que, en un torneo como la Nations League, la selección teutona aún no haya conseguido una victoria. Aunque se enfrenten a otros equipos importantes, lo que no debe hacer el combinado alemán es perder su identidad. Porque no es lo mismo jugar con la mentalidad de que eres Alemania y todo el mundo debería tener respeto, a jugar pensando que, como eres Alemania, todos te conocen y te estudian a fondo.

No, señores. No es lo mismo la Alemania que venció en Brasil con absoluta autoridad a la selección anfitriona que el combinado actual, lleno de ‘suplentes’ y con un juego algo plano y poco efectivo. Lo bueno que ha tenido ese juego plano es los atacantes, los que ya se nombraron líneas atrás. Leroy Sané volvió con ganas de correr y de mostrar su juego, mientras que Werner sigue haciendo lo que mejor se le da, marcar goles. Ellos son parte de la buena noticia de un equipo que tiene cosas que mejorar, reinventarse. No se puede vivir de lo que ya ha pasado, sino evolucionar. Mientras esto no pase, Joachim Löw seguirá siendo criticado y cuestionado porque, aunque se haya ganado algún título, Alemania siempre debe estar en la lucha y en las últimas fases finales no lo ha estado, sea culpa de la regeneración de los jugadores o de la falta de recursos para mejorar la idea de juego. 

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Otra vez. Joachim Löw vuelve a recibir críticas tras este último parón de selecciones al regresar de la concentración con dos puntos de los seis que había en juego ante España y Suiza, rivales, por otra parte, complicados. No en vano, lo que pretende la UEFA Nations League es hacer competir, frente a frente, a combinados con el mismo nivel o similar en unas ligas con ascensos y descensos. Pero la situación de Die Mannschaft ya viene de caída desde que sufrieron la maldición del campeón y cayeron en Rusia 2018 en la fase de grupos. 

Disposición de los grupos en la Liga A de la Nations League 2020 (ROBIN VAN LONKHUIJSEN/ANP/AFP via Getty Images)

No vamos a ir tan atrás en el tiempo para explicar lo que ha pasado. La UNL cambió y, eso, a una de las selecciones que más favoreció fue a Alemania. ¿Por qué? La idea inicial era grupos de tres en las primeras ligas y cuatro en la última, con los países más débiles. Alemania quedó tercera de su grupo, con Países Bajos y Francia, lo que hubiera supuesto el descenso a la Liga B: pasar de competir con lo más alto del ranking a hacerlo con otras que ocupan un escalón medio, que no son las mejores, pero tienen muchos jugadores compitiendo a gran nivel. Sin embargo, eso no se llegó a cumplir. La organización del torneo decidió ampliar los grupos con un equipo más, dejando sin efecto los descensos en esta ‘primera vez’. El sorteo les emparejó con España -en proceso de regeneración tras perder a gran parte de los campeones del mundo en los últimos años-, Suiza -con una larga lista de jugadores que han militado o militan en la Bundesliga- y la Ucrania de Shevchenko -una selección siempre combativa, con la incorporación de algunos de los brasileños del Shakhtar Donetsk y con unos campeones del mundo sub20 que están entrando poco a poco, pero cuya aportación en estos partidos ha sido nula-. 

Los motivos de la irregularidad de Alemania

Pero, ¿qué pasa con Alemania? Todo se resume en una frase que en su día se unió a Alejandro Sanz en forma de canción: «No es lo mismo«. Y esa es una frase muy cierta. No es lo mismo tener a Manuel Neuer y Marc-André ter Stegen que tener que contar por obligación con un irregular Kevin Trapp y un Bernd Leno que se había perdido por lesión los últimos once partidos de la pasada Premier y en el equipo nacional siempre es el tercero en discordia. Tampoco es lo mismo contar con jugadores como Kimmich o Goretzka, que han tenido descanso por llegar a la final de Champions en agosto. Aunque visto de otra manera, jugadores como Thiago (campeón) y Dani Olmo (semifinalista), sí acudieron con España a la cita.

No es nada fácil renovar una selección, y más como la alemana, que consiguió en su día renovarse para acabar ganando un Mundial o clasificarse entre las cuatro mejores del continente.  La idea de Löw necesita, quizás, una vuelta de tuerca, pero con una revolución gradual. Las salidas de Müller y Boateng, por ejemplo, puede que ocurrieran antes de lo debido, porque el segundo tramo de la temporada de los dos jugadores con el Bayern ha sido a un nivel altísimo. Pero claro, ellos también estuvieron en el declive tras conquistar la cima del cuarto Mundial. Ahora es el momento de los Sané, Werner, Havertz, Brandt y compañía, jugadores de calidad contrastada a los que no se discute. 

Timo Werner, Kai Havertz o Julian Brandt son algunos de los llamados a liderar el cambio generacional de Alemania (Matthias Hangst/Getty Images)

El problema, que viene de atrás, está en la mente del seleccionador. Löw se enamoró del estilo de juego de aquella España de 2008 a 2012 y le dio una vuelta de tuerca, pero lleva tiempo en el que no consigue dar con la tecla. Alemania no tiene malos jugadores, pero en esta última fecha se ha quedado sin ideas. No es normal que, en un torneo como la Nations League, la selección teutona aún no haya conseguido una victoria. Aunque se enfrenten a otros equipos importantes, lo que no debe hacer el combinado alemán es perder su identidad. Porque no es lo mismo jugar con la mentalidad de que eres Alemania y todo el mundo debería tener respeto, a jugar pensando que, como eres Alemania, todos te conocen y te estudian a fondo.

No, señores. No es lo mismo la Alemania que venció en Brasil con absoluta autoridad a la selección anfitriona que el combinado actual, lleno de ‘suplentes’ y con un juego algo plano y poco efectivo. Lo bueno que ha tenido ese juego plano es los atacantes, los que ya se nombraron líneas atrás. Leroy Sané volvió con ganas de correr y de mostrar su juego, mientras que Werner sigue haciendo lo que mejor se le da, marcar goles. Ellos son parte de la buena noticia de un equipo que tiene cosas que mejorar, reinventarse. No se puede vivir de lo que ya ha pasado, sino evolucionar. Mientras esto no pase, Joachim Löw seguirá siendo criticado y cuestionado porque, aunque se haya ganado algún título, Alemania siempre debe estar en la lucha y en las últimas fases finales no lo ha estado, sea culpa de la regeneración de los jugadores o de la falta de recursos para mejorar la idea de juego. 

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