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21 momentos inolvidables del Mundial 94

Carlos Mateos @cmateosgil 26-06-2018

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Aunque la noticia ha pasado casi desapercibida, todo lo
contrario que cuando se eligieron las sedes del 2018 y el 2022, estos días se
ha conocido que Estados Unidos volverá a acoger una Copa del Mundo en el año 2026.
En este caso lo hará acompañada de Canadá y México. Es por tanto imposible no
retrotraerse a todo lo que sucedió en 1994. Muchos consideran aquel el peor
Mundial de la historia. Otros, como yo, lo recordamos con veneración. Quizás
estos veintiún motivos te ayuden a decantarte.

Los trajes de Campos: Hay gente llamada a desafiar
las normas establecidas y el guardameta mexicano Jorge Campos era uno de ellos.
En una época donde el fútbol estaba en transición hacia algo parecido a lo que
es ahora, él decidió ir un par de pasos más por delante con los coloridos
uniformes que le dieron fama. Diseñados de manera personal, resultaron una
potente herramienta para potenciar la marca personal, el sueño de cualquier
‘influencer’ casi un cuarto de siglo después.

La dupla Dahlin-Brolin: Aunque también hay que darle
su protagonismo a Kennet Andersson y a un joven Henrik Larsson que por entonces
lucía unas rastas características, fueron estos dos nombres los más destacados
del ilusionante ataque sueco. Uno rubio y de mofletes sonrosados, el otro de
raza negra y atlético. Juntos formaban una pareja singular que se entendía de
lujo en el campo para beneficio del resto del colectivo.

La tarde mágica de Salenko: Nadie hasta el momento ha
logrado emular lo que el delantero ruso logró el 28 de junio del año 1994 en
California. Ese día Rusia se midió a Camerún y Salenko, por entonces en las
filas del Logroñés, firmó cinco dianas en el triunfo por 6-1 de su selección.
Todo le salió al bueno de Oleg, que lució a ojos del panorama internacional.
Tras el evento acabaría fichándole el Valencia.

La botella reventada de Preud’homme: Bélgica y
Alemania se cruzaron en octavos de final. El partido había arrancado de manera
brillante, con un tanto por cada bando en apenas ocho minutos. En el once,
Völler inició una excelente arrancada por el carril central. Después de
apoyarse en Klinsmann, quien le devolvió el esférico de tacón, se plantó al
borde del área. Apareció entonces el propio Klinsmann para ejecutar con el alma
un golpeo seco a la base del palo ante el que nada pudo hacer  Preud’Homme. Tal fue la potencia del impacto
que reventó las botellas de agua que el guardameta tenía cerca de la portería
para hidratarse en la que fue una de las grandes imágenes del torneo.

El codazo de Tasotti: Como españoles es una de esas
instantáneas que marcan a toda una generación, Luis Enrique sangrando de manera
prominente y pidiéndole explicaciones al colegiado Sandor Puhl tras recibir un
codazo de Mauro Tassotti. ‘La Roja’ acabaría derrotada en ese encuentro ante
Italia y marchándose en cuartos entre el estupor y la desesperación por el
tropiezo de un equipo que podía haber llegado lejos.

La final del calor: El duelo por el título entre
Brasil e Italia con la ciudad de Pasadena como testigo no será recordado por su
belleza y plasticidad. Tampoco por los goles que se vieron durante los noventa
minutos toda vez que no hubo ninguno. Pero en descargo de los protagonistas
conviene decir que había una causa justificada. A fin de que fuera disfrutada
en condiciones horarias óptimas en casi todos los rincones del mundo, se
decidió jugarlo a las 12.35 horas. Sin duda una mala idea pues el calor hizo
acto de presencia elevándose la temperatura hasta los cuarenta grados. Un
auténtico despropósito que pagaron los futbolistas incluido el desolado Baggio,
quien marró el penal decisivo de la tanda.

La cuna de Bebeto: Para que la celebración de un gol
pase a la historia es indispensable que esta sea original y muy visual. Y la
que hizo Bebeto junto a Romario y Mazinho tras marcarle a Holanda cumplió los
dos requisitos. Buscando la complicidad de la cámara el trío de futbolistas, en
una coreografía casi acompasada, homenajearon al hijo del primero juntando sus
brazos mientras imitaban el gesto de mecer una cuna.

El gol de Al Owairan: De espaldas a la portería y en
campo propio, el futbolista saudí recibió el esférico y comenzó una impensable
carrera en solitario. A la altura de la medular se dio el balón en largo para
superar a los dos primeros belgas que le salieron al paso. Luego, con un toque
sutil, esquivó una entrada a ras de suelo para plantarse en la media luna. Allí
le esperaba un zaguero que no supo leer su movimiento y finalmente, mientras se
trastabillaba, sacó fuerzas de donde no las tenía para superar al arquero.
Había nacido la versión ‘pobre’ de ‘la jugada de todos los tiempos’,
probablemente el mejor tanto de cuantos se vieron en aquella Copa del Mundo.

La celebración de Yekini: La de Bebeto no fue la
única celebración para la posteridad que dejó Estados Unidos. En el encuentro
que midió a Nigeria contra Bulgaria el nigeriano Rashidi Yekini, ex jugador del
Sporting fallecido en el año 2012, se ganó la complicidad de los espectadores
cuando después de llevar el balón a las mallas agarró estas emocionado en grado
sumo. Era la pasión de quien disfruta de un momento único, el grito de toda una
nación.

El asesinato de Andrés Escobar: Diez días después de
anotar un autogol en el partido que enfrentó a Colombia contra Estados Unidos,
el defensa era asesinado de vuelta en su país natal tras un intercambio de
pareceres en una discoteca de Medellín después de que fuera increpado por ese
tanto ya maldito. Otros dicen que independientemente de lo que sucediera ese
día, las apuestas estaban detrás del fatal desenlace. Sea como fuere, se reveló
como un momento trágico que empañó la que debía ser una fiesta internacional.

El positivo de Maradona: Diego Armando Maradona
afrontó el Mundial de 1994 como una oportunidad de resurgir y ya en su primer
enfrentamiento, ante Grecia, demostró que no iba de paseo anotando un gran
tanto y celebrándolo con furia ante la cámara. También ante Nigeria deslumbró,
lo que hizo aumentar las esperanzas de la hinchada. Pero pocos días más tarde,
el 25 de junio, se conoció la noticia de su positivo por cocaína. Expulsado por
la AFA, el conjunto acusó la baja y perdió sus dos últimos envites ante
Bulgaria y Rumanía.

La selección estadounidense: Eran los anfitriones y
es por ello que centraron gran parte de las miradas. Se trataba de un elenco de
nombres pintorescos que causaron sensación pese a no progresar más allá de
octavos. Casos como el del portero Tony Meola y su coleta, el bético Tab Ramos,
el pelirrojo Alexi Lalas con su estética de ‘western’, el fotogénico Eric
Wynalda (cuya mujer acabaría siéndole infiel con el también internacional John
Harkes), Cobi Jones, Marcelo Balboa… únicos e inimitables.

La revelación búlgara: Bulgaria ya había dado un
aviso de lo que era capaz de hacer cuando en la fase de clasificación quedó
segunda por detrás de Suecia y apartó a la Francia de Cantona, Papin y Ginola
(En esa fase de clasificación, por cierto, se vivió también el histórico 5-0 de
Colombia sobre Argentina). Con el tiempo se vio que aquel grupo era el de la
muerte toda vez que las dos triunfadoras llegaron hasta las semifinales. El
caso del plantel que lideraba Hristo Stoichkov fue si cabe más sorpresivo al
dejar en la cuneta a Alemania. Kostadinov, Letchkov, Ivanov, Borimirov,
Balakov… son todos futbolistas que pasarán a la posteridad para quienes vieron
en acción a aquel combinado.

El ‘Questra’: A lo largo de la historia cada Copa del
Mundo ha tenido siempre su balón oficial y el de Estados Unidos se convirtió en
un auténtico emblema. Bautizado así a fin de abreviar ‘The quest of stars’ (‘La
búsqueda de las estrellas’), estaba decorado con motivos que recordaban al
espacio. Su éxito fue tal que Adidas realizó una versión para la Eurocopa de
1996 y otra más para los Juegos Olímpicos de ese mismo año.

Nombres y dorsales: El de 1994 fue un Mundial en el que
se rompieron tradiciones y una de las más arraigadas era la de ver a los
jugadores enfundarse camisetas con anodinas cifras del uno al once. Aquello,
muy distinto a como lo conocemos ahora en el fútbol profesional, cambió para
siempre con la introducción de dorsales personalizados que llegaban junto al
nombre del futbolista correspondiente.

Los contrastes suizos: Era el combinado helvético un
equipo interesante que acabó con su andadura en octavos tras caer ante España.
En sus filas integrantes procedentes de distintas ligas y con aspectos de lo
más dispar. El más claro ejemplo lo ponían dos de sus grandes estrellas. Una
era Georges Bregy, tipo estándar dotado de un recordado bigote que le permitía
camuflarse con cualquier burócrata anómico. La otra Alain Sutter, cuya melena
leonina hubiera firmado cualquier gran estrella de rock. Pese a ello se
entendían y encajaban.

Las latas de Coca Cola con las banderas y ‘Striker’: Hay
campañas de marketing que se recuerdan como un acierto aún cuando ha pasado
mucho tiempo desde ellas. Le sucedió a la emprendida por Coca Cola en aquella
cita. La compañía de bebidas tuvo la feliz idea de personalizar sus latas con
las banderas de los equipos participantes y la imagen de la mascota ‘Striker’.
El ansia de algunos por coleccionarlas todas hizo que se dispararan las ventas.

La ceremonia inaugurual: No es común que el
espectáculo que sirve de apertura se recuerde años después salvo que este sea
icónico. El de Estados Unidos adquirió ese calificativo. Para empezar asistentes
al estadio y telespectadores pudieron disfrutar de un enorme repertorio de los
bailes más representativas de los países participantes (exhibición de flamenco,
de tango, danzas búlgaras…). Y cuando aún no se habían repuesto de eso
comprobaron ojipláticos como Diana Ross tiraba por tierra todo lo ensayado
fallando un lanzamiento de penalti a escasos cinco metros y en una portería
gigante. Demasiado para cualquiera.

El grupo de la máxima igualdad: Resulta complicado
que se repita algo como lo que sucedió en el grupo E. México, Irlanda, Italia y
Noruega firmaron todas una victoria, un empate y una derrota. Además se dio el
caso de que dejaron su diferencia de goles en cero. Acabaron decidiendo los
tantos a favor y, pese a que los transalpinos finalizaron terceros, acabarían
luchando por el trofeo. Pasaron también México e Irlanda mientras que Noruega
tuvo que hacer las maletas.

El anuncio de Nike: Otro gran ejemplo de buena
publicidad. La firma americana de ropa deportiva siempre se ha caracterizado
por sus espectaculares anuncios y en aquel torneo, jugado además en casa,
estaba ‘obligada’ a dar un golpe de efecto. Con el paso del tiempo se ve como muy
rudimentario pero qué duda cabe que llamó la atención aquel spot en la que
diversos futbolistas (incluido Tab Ramos con la camiseta del Betis) aparecían
inmortalizados en diversas fachadas y cobraban vida pasándose el esférico de
una a otra.

Atrapado por la red: La capacidad para resolver
posibles problemas sobre la marcha fue también una característica muy
destacable en aquella ocasión. El mejor ejemplo se presenció en el México
Bulgaria de octavos cuando el zaguero Marcelino Bernal derribó uno de los soportes
de la portería mientras intentaba escapar de la red, que le había ‘atrapado’
tras un saque de esquina. Ante el imprevisto los operarios saltaron al verde y
solucionaron el entuerto de manera rápida y eficaz instalando otro arco.

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Aunque la noticia ha pasado casi desapercibida, todo lo
contrario que cuando se eligieron las sedes del 2018 y el 2022, estos días se
ha conocido que Estados Unidos volverá a acoger una Copa del Mundo en el año 2026.
En este caso lo hará acompañada de Canadá y México. Es por tanto imposible no
retrotraerse a todo lo que sucedió en 1994. Muchos consideran aquel el peor
Mundial de la historia. Otros, como yo, lo recordamos con veneración. Quizás
estos veintiún motivos te ayuden a decantarte.

Los trajes de Campos: Hay gente llamada a desafiar
las normas establecidas y el guardameta mexicano Jorge Campos era uno de ellos.
En una época donde el fútbol estaba en transición hacia algo parecido a lo que
es ahora, él decidió ir un par de pasos más por delante con los coloridos
uniformes que le dieron fama. Diseñados de manera personal, resultaron una
potente herramienta para potenciar la marca personal, el sueño de cualquier
‘influencer’ casi un cuarto de siglo después.

La dupla Dahlin-Brolin: Aunque también hay que darle
su protagonismo a Kennet Andersson y a un joven Henrik Larsson que por entonces
lucía unas rastas características, fueron estos dos nombres los más destacados
del ilusionante ataque sueco. Uno rubio y de mofletes sonrosados, el otro de
raza negra y atlético. Juntos formaban una pareja singular que se entendía de
lujo en el campo para beneficio del resto del colectivo.

La tarde mágica de Salenko: Nadie hasta el momento ha
logrado emular lo que el delantero ruso logró el 28 de junio del año 1994 en
California. Ese día Rusia se midió a Camerún y Salenko, por entonces en las
filas del Logroñés, firmó cinco dianas en el triunfo por 6-1 de su selección.
Todo le salió al bueno de Oleg, que lució a ojos del panorama internacional.
Tras el evento acabaría fichándole el Valencia.

La botella reventada de Preud’homme: Bélgica y
Alemania se cruzaron en octavos de final. El partido había arrancado de manera
brillante, con un tanto por cada bando en apenas ocho minutos. En el once,
Völler inició una excelente arrancada por el carril central. Después de
apoyarse en Klinsmann, quien le devolvió el esférico de tacón, se plantó al
borde del área. Apareció entonces el propio Klinsmann para ejecutar con el alma
un golpeo seco a la base del palo ante el que nada pudo hacer  Preud’Homme. Tal fue la potencia del impacto
que reventó las botellas de agua que el guardameta tenía cerca de la portería
para hidratarse en la que fue una de las grandes imágenes del torneo.

El codazo de Tasotti: Como españoles es una de esas
instantáneas que marcan a toda una generación, Luis Enrique sangrando de manera
prominente y pidiéndole explicaciones al colegiado Sandor Puhl tras recibir un
codazo de Mauro Tassotti. ‘La Roja’ acabaría derrotada en ese encuentro ante
Italia y marchándose en cuartos entre el estupor y la desesperación por el
tropiezo de un equipo que podía haber llegado lejos.

La final del calor: El duelo por el título entre
Brasil e Italia con la ciudad de Pasadena como testigo no será recordado por su
belleza y plasticidad. Tampoco por los goles que se vieron durante los noventa
minutos toda vez que no hubo ninguno. Pero en descargo de los protagonistas
conviene decir que había una causa justificada. A fin de que fuera disfrutada
en condiciones horarias óptimas en casi todos los rincones del mundo, se
decidió jugarlo a las 12.35 horas. Sin duda una mala idea pues el calor hizo
acto de presencia elevándose la temperatura hasta los cuarenta grados. Un
auténtico despropósito que pagaron los futbolistas incluido el desolado Baggio,
quien marró el penal decisivo de la tanda.

La cuna de Bebeto: Para que la celebración de un gol
pase a la historia es indispensable que esta sea original y muy visual. Y la
que hizo Bebeto junto a Romario y Mazinho tras marcarle a Holanda cumplió los
dos requisitos. Buscando la complicidad de la cámara el trío de futbolistas, en
una coreografía casi acompasada, homenajearon al hijo del primero juntando sus
brazos mientras imitaban el gesto de mecer una cuna.

El gol de Al Owairan: De espaldas a la portería y en
campo propio, el futbolista saudí recibió el esférico y comenzó una impensable
carrera en solitario. A la altura de la medular se dio el balón en largo para
superar a los dos primeros belgas que le salieron al paso. Luego, con un toque
sutil, esquivó una entrada a ras de suelo para plantarse en la media luna. Allí
le esperaba un zaguero que no supo leer su movimiento y finalmente, mientras se
trastabillaba, sacó fuerzas de donde no las tenía para superar al arquero.
Había nacido la versión ‘pobre’ de ‘la jugada de todos los tiempos’,
probablemente el mejor tanto de cuantos se vieron en aquella Copa del Mundo.

La celebración de Yekini: La de Bebeto no fue la
única celebración para la posteridad que dejó Estados Unidos. En el encuentro
que midió a Nigeria contra Bulgaria el nigeriano Rashidi Yekini, ex jugador del
Sporting fallecido en el año 2012, se ganó la complicidad de los espectadores
cuando después de llevar el balón a las mallas agarró estas emocionado en grado
sumo. Era la pasión de quien disfruta de un momento único, el grito de toda una
nación.

El asesinato de Andrés Escobar: Diez días después de
anotar un autogol en el partido que enfrentó a Colombia contra Estados Unidos,
el defensa era asesinado de vuelta en su país natal tras un intercambio de
pareceres en una discoteca de Medellín después de que fuera increpado por ese
tanto ya maldito. Otros dicen que independientemente de lo que sucediera ese
día, las apuestas estaban detrás del fatal desenlace. Sea como fuere, se reveló
como un momento trágico que empañó la que debía ser una fiesta internacional.

El positivo de Maradona: Diego Armando Maradona
afrontó el Mundial de 1994 como una oportunidad de resurgir y ya en su primer
enfrentamiento, ante Grecia, demostró que no iba de paseo anotando un gran
tanto y celebrándolo con furia ante la cámara. También ante Nigeria deslumbró,
lo que hizo aumentar las esperanzas de la hinchada. Pero pocos días más tarde,
el 25 de junio, se conoció la noticia de su positivo por cocaína. Expulsado por
la AFA, el conjunto acusó la baja y perdió sus dos últimos envites ante
Bulgaria y Rumanía.

La selección estadounidense: Eran los anfitriones y
es por ello que centraron gran parte de las miradas. Se trataba de un elenco de
nombres pintorescos que causaron sensación pese a no progresar más allá de
octavos. Casos como el del portero Tony Meola y su coleta, el bético Tab Ramos,
el pelirrojo Alexi Lalas con su estética de ‘western’, el fotogénico Eric
Wynalda (cuya mujer acabaría siéndole infiel con el también internacional John
Harkes), Cobi Jones, Marcelo Balboa… únicos e inimitables.

La revelación búlgara: Bulgaria ya había dado un
aviso de lo que era capaz de hacer cuando en la fase de clasificación quedó
segunda por detrás de Suecia y apartó a la Francia de Cantona, Papin y Ginola
(En esa fase de clasificación, por cierto, se vivió también el histórico 5-0 de
Colombia sobre Argentina). Con el tiempo se vio que aquel grupo era el de la
muerte toda vez que las dos triunfadoras llegaron hasta las semifinales. El
caso del plantel que lideraba Hristo Stoichkov fue si cabe más sorpresivo al
dejar en la cuneta a Alemania. Kostadinov, Letchkov, Ivanov, Borimirov,
Balakov… son todos futbolistas que pasarán a la posteridad para quienes vieron
en acción a aquel combinado.

El ‘Questra’: A lo largo de la historia cada Copa del
Mundo ha tenido siempre su balón oficial y el de Estados Unidos se convirtió en
un auténtico emblema. Bautizado así a fin de abreviar ‘The quest of stars’ (‘La
búsqueda de las estrellas’), estaba decorado con motivos que recordaban al
espacio. Su éxito fue tal que Adidas realizó una versión para la Eurocopa de
1996 y otra más para los Juegos Olímpicos de ese mismo año.

Nombres y dorsales: El de 1994 fue un Mundial en el que
se rompieron tradiciones y una de las más arraigadas era la de ver a los
jugadores enfundarse camisetas con anodinas cifras del uno al once. Aquello,
muy distinto a como lo conocemos ahora en el fútbol profesional, cambió para
siempre con la introducción de dorsales personalizados que llegaban junto al
nombre del futbolista correspondiente.

Los contrastes suizos: Era el combinado helvético un
equipo interesante que acabó con su andadura en octavos tras caer ante España.
En sus filas integrantes procedentes de distintas ligas y con aspectos de lo
más dispar. El más claro ejemplo lo ponían dos de sus grandes estrellas. Una
era Georges Bregy, tipo estándar dotado de un recordado bigote que le permitía
camuflarse con cualquier burócrata anómico. La otra Alain Sutter, cuya melena
leonina hubiera firmado cualquier gran estrella de rock. Pese a ello se
entendían y encajaban.

Las latas de Coca Cola con las banderas y ‘Striker’: Hay
campañas de marketing que se recuerdan como un acierto aún cuando ha pasado
mucho tiempo desde ellas. Le sucedió a la emprendida por Coca Cola en aquella
cita. La compañía de bebidas tuvo la feliz idea de personalizar sus latas con
las banderas de los equipos participantes y la imagen de la mascota ‘Striker’.
El ansia de algunos por coleccionarlas todas hizo que se dispararan las ventas.

La ceremonia inaugurual: No es común que el
espectáculo que sirve de apertura se recuerde años después salvo que este sea
icónico. El de Estados Unidos adquirió ese calificativo. Para empezar asistentes
al estadio y telespectadores pudieron disfrutar de un enorme repertorio de los
bailes más representativas de los países participantes (exhibición de flamenco,
de tango, danzas búlgaras…). Y cuando aún no se habían repuesto de eso
comprobaron ojipláticos como Diana Ross tiraba por tierra todo lo ensayado
fallando un lanzamiento de penalti a escasos cinco metros y en una portería
gigante. Demasiado para cualquiera.

El grupo de la máxima igualdad: Resulta complicado
que se repita algo como lo que sucedió en el grupo E. México, Irlanda, Italia y
Noruega firmaron todas una victoria, un empate y una derrota. Además se dio el
caso de que dejaron su diferencia de goles en cero. Acabaron decidiendo los
tantos a favor y, pese a que los transalpinos finalizaron terceros, acabarían
luchando por el trofeo. Pasaron también México e Irlanda mientras que Noruega
tuvo que hacer las maletas.

El anuncio de Nike: Otro gran ejemplo de buena
publicidad. La firma americana de ropa deportiva siempre se ha caracterizado
por sus espectaculares anuncios y en aquel torneo, jugado además en casa,
estaba ‘obligada’ a dar un golpe de efecto. Con el paso del tiempo se ve como muy
rudimentario pero qué duda cabe que llamó la atención aquel spot en la que
diversos futbolistas (incluido Tab Ramos con la camiseta del Betis) aparecían
inmortalizados en diversas fachadas y cobraban vida pasándose el esférico de
una a otra.

Atrapado por la red: La capacidad para resolver
posibles problemas sobre la marcha fue también una característica muy
destacable en aquella ocasión. El mejor ejemplo se presenció en el México
Bulgaria de octavos cuando el zaguero Marcelino Bernal derribó uno de los soportes
de la portería mientras intentaba escapar de la red, que le había ‘atrapado’
tras un saque de esquina. Ante el imprevisto los operarios saltaron al verde y
solucionaron el entuerto de manera rápida y eficaz instalando otro arco.

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