Bob Marley, un enamorado del fútbol

El pasado 6 de Febrero, hubiese sido el septuagésimo (70) cumpleaños de una de las grandes celebridades de la música y ferviente enamorado del fútbol, Bob Marley, y desde aquí le rendimos este humilde homenaje por su labor en el mundo, y su afición al fútbol.

Bob Marley nunca hizo canciones sobre regates, centros, goles o sobre algo relacionado con el fútbol. Puede ser que la razón fuese que el único rey para él era Haile Selassie, la encarnación de Dios en la tierra para los rastafaris.

Su ídolo fue Edson Arantes do Nascimiento, tal vez ustedes lo conozcan mejor como “Pelé” o “O Rei”, y quizá por eso se profesó seguidor del Santos brasileño.

Siempre separó su afición por el deporte rey de su pasión por la música, donde fue una de las estrellas más grandes jamás recordadas. Allá donde el jamaicano actuaba organizaba un partido de fútbol con la prensa, y además según cuentan todas las mañanas se levantaba, iba a correr y si encontraba un espacio adecuado jugaba un poco al fútbol, es la intrahistoria de uno de los personajes sin duda más influyentes del siglo XX, sus melodías, su peinado, su religión rastafari… y su afición al fútbol trascendieron allá por donde pasó, y para mucha gente alrededor de todo el mundo sigue trascendiendo. Bob Marley no podía sobrevivir sin fútbol, en una ocasión comentó “El fútbol es una habilidad en sí misma. Todo un mundo; un universo por sí solo. Yo lo amo, porque debes tener la suficiente destreza para jugarlo. ¡Libertad! ¡El fútbol es libertad!”.

Llegados a este punto no es de extrañar si afirmamos que Marley aprendió a jugar al deporte rey antes de coger una guitarra o empezar a ensayar su inconfundible voz. Incluso según voces autorizadas en sus biografías en sus inicios Bob fue más jugador que cantante, aunque la fama, y su vida pasará a ser recordada por lo segundo.

Robert Marley llevó a la música reggae donde nadie antes la había llevado, la extendió por todo el mundo y gracias a él mucha gente sabe situar Jamaica en el mapa, no era de extraño ver a Marley vestido con un chándal con los colores de Jamaica, una equipación y unos colores que pasaron a ser usados por muchas marcas deportivas en su honor por una parte, y por la otra como estrategia de marketing, conocedores de la legión de seguidores que aún siguen al ídolo de la música rastafari aún después de muerto.

Pese a que Bob Marley se dedicó más a la faceta musical, como se ha comentado anteriormente, nunca ocultó su amor por el fútbol, y siempre tenía ocasión no dudaba en echar el balón a rodar, gustándole además ser capitán del equipo en el que jugaba. Llevo su afición a la música y al futbol hasta su sepultura, siendo enterrado el 11 de mayo de 1981 con su guitarra, Gibson Les Paul, y una pelota (además de un brote de marihuana, un anillo y el Kebra Nagast (la biblia del movimiento rastafari). No era una  mera afición lo que sentía por el balompié, era parte de su pasión por la vida. En el libro “Bob Marley: Songs of Freedom” se recogen numerosos momentos en los que Bob aprovechaba para jugar y es que en cualquier espacio ponía un balón a sus pies, aunque fuera una habitación de hotel.

En 1970 durante un viaje a Río de Janeiro llegó a jugar un partido con el brasileño Paulo César, quien jugó junto a su ídolo futbolístico, Pelé, en la selección canarinha que se proclamaría campeona de México 70. Una vez termino el partido, Bob Marley recibió la camiseta con la que “O Rei” jugaba en el Santos. En otro de sus comentarios futbolísticos llego a afirmar: “Brasil es mi equipo. A Jamaica le gusta el fútbol debido a los brasileños”.

Sin embargo el deporte que tanto amaba le tenía una trampa. Ocurrió en 1978 en Londres. Marley, que jugaba como interior izquierdo, recibió un pisotón del periodista Danny Baker en un partido, tras este Bob sufrió una herida que fue vista por los doctores y tras un análisis su diagnóstico fue devastador: Se trataba de un melanoma (cáncer), los doctores insistieron en la necesidad de amputar parte de su extremidad pero debido a su religión se negó. “Mi religión no aprueba la amputación. Yo no dejo a un hombre desarmado” afirmaba el genio de la música reggae. El cáncer lo consumió sin cesar, hasta alcanzar órganos vitales; pulmones y el cerebro.

Tres años después de aquel accidental pisotón, se apagó su voz y perdimos un gran fan del futbol y un genio de la música al mismo tiempo.

 

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