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Zahovič cerrando el círculo

Cuando Zlatko dejó Belgrado para ir al oeste y seguir su carrera en Europa, la liga de Eslovenia ya había visto sus primeros dos años de competición. Era 1993 y la antigua Yugoslavia se había desmembrado, creando nuevas competiciones en las que los equipos, otrora luchando por ser parte del primer nivel futbolístico yugoslavo. En ese viaje de Belgrado a Guimarães, seguro que se le pasaban muchos recuerdos por la cabeza. El título logrado, sus goles marcados y, por supuesto, su ciudad, Maribor. La segunda ciudad de Eslovenia se abría al primer nivel futbolístico en la recién creada Prva SNL. El NK Maribor es hoy uno de los tres únicos clubes que no han descendido jamás de esa primera categoría. Con un cierto grado de nostalgia, seguro que Zlatko Zahović deseaba conocer qué era ser estrella en el equipo de su ciudad natal. Pero Guimarães le esperaba.

Era su primera incursión en una de las grandes ligas europeas y lo hacía a lomos del Vitória Guimarães. Su calidad ya le había abierto todas las puertas en los años previos a firmar con el conjunto portugués y su zurda no parecía querer dejar de quemar etapas. Jugador con una excelsa técnica, desde la mediapunta comandaba los ataques con una rotundidad y una pasión admirable. Sus lanzamientos de falta y disparos lejanos le abrían además la posibilidad de sumar cada año una nada desdeñable cifra de goles, pero sus asistencias y su último pase, como tejedor de jugadas, le hacían el jugador importante que se esperaba. No tardó en llamar la atención del FC Porto y, en 1997, Zahović se incorporaba a la plantilla azul y blanca para dar otro paso más en su carrera.

En un fútbol en el que la posición del mediapunta aún era importante, Zahović se supo sentir importante en los dos años en los que su juego pudo verse en Do Dragão. Con el ‘25’ a la espalda, el atacante esloveno conseguiría con los Dragões tres campeonatos de liga portuguesa, dos supercopas nacionales y una Taça, palmarés nada aburrido para sus tres años en Porto. Cuando su estancia en la capital portuguesa del Duero llegaba a su fin, un nuevo reto le llegaba a Zlatko. Aunque su debut con la nueva Eslovenia ya había llegado años atrás, en 1999 el reto de la Eurocopa era incomparable. Con Albania, Noruega, Georgia, Grecia y Letonia en el grupo clasificatorio y aunque no pintaba bien en el inicio, sus doce goles y su contribución en el seleccionado para el periodo clasificatorio fueron claves para que Eslovenia asegurara la segunda plaza y se la jugara a doble partido contra Ucrania. De nuevo con gol de Zlatko, Eslovenia logró clasificarse, con una victoria en la ida y un empate en la vuelta, doblegando la voluntad ucraniana y asegurándose estar en la Eurocopa 2000.

No fue la única gesta en el combinado nacional esloveno, consiguiendo en 2002 poder ir a un Mundial. La primera clasificación del pequeño país europeo a una cita de tal calibre. No obstante, su carácter lo llevó a muchas situaciones adversas, en las que compitió en importancia con entrenadores y compañeros, llevándole a una última fase de su carrera más célebre que fructífera. El mejor ejemplo, lo darían sus enfrentamientos a Katanec, que lo llevaron a ser expulsado de la selección en ese famoso Mundial 2002 de Corea y Japón, enturbiando la gesta de Eslovenia y apartando las opciones que podrían haber tenido de verse clasificados.

Su carrera lo había llevado ya hasta El Pireo (con Olympiakos) y Valencia, para terminar de nuevo en Portugal, en una última parada en el Benfica. Allí, en 2005, acabó su carrera el que probablemente haya sido el mejor futbolista esloveno de la historia. Su pierna izquierda y su carácter fueron básicos para entender la carrera de este mediapunta, que logró ver cumplidos los grandes objetivos de un país pequeño, con grandes sueños. Hoy, cerrando el círculo, otro Zahović, ya golea y se está convirtiendo en una de las grandes esperanzas de Eslovenia, con la camiseta del NK Maribor. Luka, centrodelantero diestro de la generación del 95, construye una carrera en la ciudad que vio nacer a su padre.

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Cuando Zlatko dejó Belgrado para ir al oeste y seguir su carrera en Europa, la liga de Eslovenia ya había visto sus primeros dos años de competición. Era 1993 y la antigua Yugoslavia se había desmembrado, creando nuevas competiciones en las que los equipos, otrora luchando por ser parte del primer nivel futbolístico yugoslavo. En ese viaje de Belgrado a Guimarães, seguro que se le pasaban muchos recuerdos por la cabeza. El título logrado, sus goles marcados y, por supuesto, su ciudad, Maribor. La segunda ciudad de Eslovenia se abría al primer nivel futbolístico en la recién creada Prva SNL. El NK Maribor es hoy uno de los tres únicos clubes que no han descendido jamás de esa primera categoría. Con un cierto grado de nostalgia, seguro que Zlatko Zahović deseaba conocer qué era ser estrella en el equipo de su ciudad natal. Pero Guimarães le esperaba.

Era su primera incursión en una de las grandes ligas europeas y lo hacía a lomos del Vitória Guimarães. Su calidad ya le había abierto todas las puertas en los años previos a firmar con el conjunto portugués y su zurda no parecía querer dejar de quemar etapas. Jugador con una excelsa técnica, desde la mediapunta comandaba los ataques con una rotundidad y una pasión admirable. Sus lanzamientos de falta y disparos lejanos le abrían además la posibilidad de sumar cada año una nada desdeñable cifra de goles, pero sus asistencias y su último pase, como tejedor de jugadas, le hacían el jugador importante que se esperaba. No tardó en llamar la atención del FC Porto y, en 1997, Zahović se incorporaba a la plantilla azul y blanca para dar otro paso más en su carrera.

En un fútbol en el que la posición del mediapunta aún era importante, Zahović se supo sentir importante en los dos años en los que su juego pudo verse en Do Dragão. Con el ‘25’ a la espalda, el atacante esloveno conseguiría con los Dragões tres campeonatos de liga portuguesa, dos supercopas nacionales y una Taça, palmarés nada aburrido para sus tres años en Porto. Cuando su estancia en la capital portuguesa del Duero llegaba a su fin, un nuevo reto le llegaba a Zlatko. Aunque su debut con la nueva Eslovenia ya había llegado años atrás, en 1999 el reto de la Eurocopa era incomparable. Con Albania, Noruega, Georgia, Grecia y Letonia en el grupo clasificatorio y aunque no pintaba bien en el inicio, sus doce goles y su contribución en el seleccionado para el periodo clasificatorio fueron claves para que Eslovenia asegurara la segunda plaza y se la jugara a doble partido contra Ucrania. De nuevo con gol de Zlatko, Eslovenia logró clasificarse, con una victoria en la ida y un empate en la vuelta, doblegando la voluntad ucraniana y asegurándose estar en la Eurocopa 2000.

No fue la única gesta en el combinado nacional esloveno, consiguiendo en 2002 poder ir a un Mundial. La primera clasificación del pequeño país europeo a una cita de tal calibre. No obstante, su carácter lo llevó a muchas situaciones adversas, en las que compitió en importancia con entrenadores y compañeros, llevándole a una última fase de su carrera más célebre que fructífera. El mejor ejemplo, lo darían sus enfrentamientos a Katanec, que lo llevaron a ser expulsado de la selección en ese famoso Mundial 2002 de Corea y Japón, enturbiando la gesta de Eslovenia y apartando las opciones que podrían haber tenido de verse clasificados.

Su carrera lo había llevado ya hasta El Pireo (con Olympiakos) y Valencia, para terminar de nuevo en Portugal, en una última parada en el Benfica. Allí, en 2005, acabó su carrera el que probablemente haya sido el mejor futbolista esloveno de la historia. Su pierna izquierda y su carácter fueron básicos para entender la carrera de este mediapunta, que logró ver cumplidos los grandes objetivos de un país pequeño, con grandes sueños. Hoy, cerrando el círculo, otro Zahović, ya golea y se está convirtiendo en una de las grandes esperanzas de Eslovenia, con la camiseta del NK Maribor. Luka, centrodelantero diestro de la generación del 95, construye una carrera en la ciudad que vio nacer a su padre.

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