_Sudamérica

Yeferson Soteldo y el inexistente mal de altura

Diego G. Argota @DiegoGArgota21 22-01-2021

Quiso la suerte brindarnos con un Superclásico hace un par de años y honrar a la batalla de todas las batallas (Argentina-Brasil) en la edición pasada, pero en esta ocasión la Copa Libertadores será nuevamente brasileña, con una final entre Santos y Palmeiras que volverá a dejar el título en el país. Y entre todos los 22 jugadores que saltarán al césped, uno sobresale de la media, precisamente cuando su aspecto dice lo contrario, pero no tendrá para nada pánico a las dimensiones de un Maracaná que será capaz de hacer propio si se lo propone.  

Porque quien comandará el ataque del Santos, aquel que lleva el número 10 en la espalda que en tiempos pasados lucieron Pelé y Neymar, sin ir más lejos, es un pequeño mediapunta venezolano de 23 años que tiene que ponerse un poco de puntillas para alcanzar el 1’60m de estatura pero que tiene totalmente concentrado en ese pequeño envase la calidad que ya quisieran muchos. Que Yeferson Soteldo es un futbolista descomunal no es algo nuevo, aunque esté hoy en el punto álgido de su carrera. Es uno de esos pocos elegidos capaces de debutar antes con la selección absoluta que con las categorías inferiores. Porque para cuando tenía edad de ser Sub17, consideraron sus entrenadores que era demasiado pequeño para jugar en torneos donde el tamaño importa mucho. Así que, a los 18 años, Noel Sanvicente decidió llamarle para jugar con los mayores y eso le dio el pie a Rafael Dudamel para hacer de él pieza fundamental en el Sub20, en una generación que llegó a la final del Mundial en 2017 (derrota ante Inglaterra) donde también brillaron Yángel Herrera, Wuilker Faríñez, Peñaranda o Makoun, entre otros.

Soteldo tomó decisiones extrañas, quizás entendibles. Mejor pasos pequeños que uno en falso que dé con todo al traste. Son muchos los jugadores de envoltura pequeña que se han quedado por el camino por ese gran hándicap que a veces es el físico. Bounanotte o Maxi Morález pasaron de comandar en Sudamérica para ser jugadores totalmente residuales en Europa y al Papu Gómez le costó muchísimo llegar a ser el jugador que es hoy. Giovinco nunca tuvo el impacto deseado en Italia. Soteldo Descartó ofertas para ir a Europa y cuando salió de Venezuela pasó un par de años en Chile, desestimando incluso ir también a Colo Colo, el equipo más grande del país, para poco después aterrizar en un Santos donde se ha convertido ya en uno de los jugadores más importantes del continente gracias a dos años absolutamente colosales. Y eso que llegar hasta aquí, una final de la Copa Libertadores, le ha costado mucho. Quizás más de lo normal.

Porque la historia de Yeferson Soteldo es la de ese niño que, de no haber sido por el fútbol, habría terminado por el mal camino de la vida. Hoy, en cambio, pasa las tardes jugando al Fortnite y las mañanas entrenando para, una vez cada tres noches, poner a la afición del Santos a sus pies. Criado en el humilde barrio El Muertico, uno de los mayores nidos de delincuencia de Venezuela, Soteldo tuvo que lidiar con los problemas que envuelven a todos los muchachos en aquellos lugares en su juventud. Mi familia aún vive en un barrio muy peligroso de Caracas. Si no es por el fútbol, yo podría haber terminado muerto”. A los 13 años, el Caracas FC prescindió de sus servicios por su mala disciplina, algo que él asume y achaca a todas esas malas compañías con las que se juntaba y de las que formaba parte. Era uno más de las pandillas. Al poco, en cambio, Noel Sanvicente le llevó a Zamora, y ahí su vida cambió, e incluso no quiere recordar nada del antiguo Yeferson. Su padre regentaba un puesto de manzanas, así que a él le cayó el apodo Manzanita del cielo. Un sobrenombre que, en ocasiones, ha pedido se evite usar, pues le recuerda a un pasado que quiere olvidar y a la gente que se lo llamaba que no le hizo ningún bien.

Soteldo debutó como profesional a los 16, y dos años después tuvo a su primer hijo, al cual llamó Thiago Mateo, en honor a los hijos de su ídolo, Leo Messi. Cuando Europa entera se preparaba para acogerle, optó por el camino de Chile y cuando llegó al Santos en 2019 tras parecer que su carrera se había estancado, muchos se rieron de quién iba a llevar una camiseta tan prestigiosa porque no le consideraban a la altura (nunca mejor dicho). Pero a base de goles, asistencias y liderazgo (ha llegado ya a ser capitán pese a llevar en el club poco tiempo) se ha ganado el respeto y admiración de los suyos y las llamadas del extranjero. Y es que en octubre Soteldo jugó su último partido con el Santos. O al menos eso llegó a afirmar su técnico. Se había cerrado su pase al Al Hilal de Arabia Saudí, pero fue el propio jugador el que paralizó la transferencia de un contrato que le bañaría en billetes para toda su vida.

Un gol suyo clasificó al equipo en octavos. Se perdió el duelo de cuartos ante Gremio por Coronavirus y ejecutó una obra de arte ante Boca en semifinales. Desencadenado, en su último duelo, ante Botafogo, dio una asistencia y marcó un gol de chilena de museo. Metiendo en fases finales de la Copa Libertadores al Santos, Soteldo prefirió seguir en el Peixe y esa decisión, acertada, al menos en los futbolístico, le hace ser el foco de todas las miradas en el partido de la próxima semana en Maracaná. Allí, Santos buscará su cuarto título continental y colocarse así como el mejor equipo brasileño y el cuarto de siempre. Palmeiras, en cambio, busca su segundo entorchado tras perder tres finales. No estarán solos. Tottenham, Inter de Milán, Atalanta y River Plate son algunos de los clubes que ya han tocado a un venezolano que le pega igual de bien con las dos piernas y que tiene a Neymar rendido a sus pies.

Imagen de cabecera: ANDRE PENNER/POOL/AFP via Getty Images

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Quiso la suerte brindarnos con un Superclásico hace un par de años y honrar a la batalla de todas las batallas (Argentina-Brasil) en la edición pasada, pero en esta ocasión la Copa Libertadores será nuevamente brasileña, con una final entre Santos y Palmeiras que volverá a dejar el título en el país. Y entre todos los 22 jugadores que saltarán al césped, uno sobresale de la media, precisamente cuando su aspecto dice lo contrario, pero no tendrá para nada pánico a las dimensiones de un Maracaná que será capaz de hacer propio si se lo propone.  

Porque quien comandará el ataque del Santos, aquel que lleva el número 10 en la espalda que en tiempos pasados lucieron Pelé y Neymar, sin ir más lejos, es un pequeño mediapunta venezolano de 23 años que tiene que ponerse un poco de puntillas para alcanzar el 1’60m de estatura pero que tiene totalmente concentrado en ese pequeño envase la calidad que ya quisieran muchos. Que Yeferson Soteldo es un futbolista descomunal no es algo nuevo, aunque esté hoy en el punto álgido de su carrera. Es uno de esos pocos elegidos capaces de debutar antes con la selección absoluta que con las categorías inferiores. Porque para cuando tenía edad de ser Sub17, consideraron sus entrenadores que era demasiado pequeño para jugar en torneos donde el tamaño importa mucho. Así que, a los 18 años, Noel Sanvicente decidió llamarle para jugar con los mayores y eso le dio el pie a Rafael Dudamel para hacer de él pieza fundamental en el Sub20, en una generación que llegó a la final del Mundial en 2017 (derrota ante Inglaterra) donde también brillaron Yángel Herrera, Wuilker Faríñez, Peñaranda o Makoun, entre otros.

Soteldo tomó decisiones extrañas, quizás entendibles. Mejor pasos pequeños que uno en falso que dé con todo al traste. Son muchos los jugadores de envoltura pequeña que se han quedado por el camino por ese gran hándicap que a veces es el físico. Bounanotte o Maxi Morález pasaron de comandar en Sudamérica para ser jugadores totalmente residuales en Europa y al Papu Gómez le costó muchísimo llegar a ser el jugador que es hoy. Giovinco nunca tuvo el impacto deseado en Italia. Soteldo Descartó ofertas para ir a Europa y cuando salió de Venezuela pasó un par de años en Chile, desestimando incluso ir también a Colo Colo, el equipo más grande del país, para poco después aterrizar en un Santos donde se ha convertido ya en uno de los jugadores más importantes del continente gracias a dos años absolutamente colosales. Y eso que llegar hasta aquí, una final de la Copa Libertadores, le ha costado mucho. Quizás más de lo normal.

Porque la historia de Yeferson Soteldo es la de ese niño que, de no haber sido por el fútbol, habría terminado por el mal camino de la vida. Hoy, en cambio, pasa las tardes jugando al Fortnite y las mañanas entrenando para, una vez cada tres noches, poner a la afición del Santos a sus pies. Criado en el humilde barrio El Muertico, uno de los mayores nidos de delincuencia de Venezuela, Soteldo tuvo que lidiar con los problemas que envuelven a todos los muchachos en aquellos lugares en su juventud. Mi familia aún vive en un barrio muy peligroso de Caracas. Si no es por el fútbol, yo podría haber terminado muerto”. A los 13 años, el Caracas FC prescindió de sus servicios por su mala disciplina, algo que él asume y achaca a todas esas malas compañías con las que se juntaba y de las que formaba parte. Era uno más de las pandillas. Al poco, en cambio, Noel Sanvicente le llevó a Zamora, y ahí su vida cambió, e incluso no quiere recordar nada del antiguo Yeferson. Su padre regentaba un puesto de manzanas, así que a él le cayó el apodo Manzanita del cielo. Un sobrenombre que, en ocasiones, ha pedido se evite usar, pues le recuerda a un pasado que quiere olvidar y a la gente que se lo llamaba que no le hizo ningún bien.

Soteldo debutó como profesional a los 16, y dos años después tuvo a su primer hijo, al cual llamó Thiago Mateo, en honor a los hijos de su ídolo, Leo Messi. Cuando Europa entera se preparaba para acogerle, optó por el camino de Chile y cuando llegó al Santos en 2019 tras parecer que su carrera se había estancado, muchos se rieron de quién iba a llevar una camiseta tan prestigiosa porque no le consideraban a la altura (nunca mejor dicho). Pero a base de goles, asistencias y liderazgo (ha llegado ya a ser capitán pese a llevar en el club poco tiempo) se ha ganado el respeto y admiración de los suyos y las llamadas del extranjero. Y es que en octubre Soteldo jugó su último partido con el Santos. O al menos eso llegó a afirmar su técnico. Se había cerrado su pase al Al Hilal de Arabia Saudí, pero fue el propio jugador el que paralizó la transferencia de un contrato que le bañaría en billetes para toda su vida.

Un gol suyo clasificó al equipo en octavos. Se perdió el duelo de cuartos ante Gremio por Coronavirus y ejecutó una obra de arte ante Boca en semifinales. Desencadenado, en su último duelo, ante Botafogo, dio una asistencia y marcó un gol de chilena de museo. Metiendo en fases finales de la Copa Libertadores al Santos, Soteldo prefirió seguir en el Peixe y esa decisión, acertada, al menos en los futbolístico, le hace ser el foco de todas las miradas en el partido de la próxima semana en Maracaná. Allí, Santos buscará su cuarto título continental y colocarse así como el mejor equipo brasileño y el cuarto de siempre. Palmeiras, en cambio, busca su segundo entorchado tras perder tres finales. No estarán solos. Tottenham, Inter de Milán, Atalanta y River Plate son algunos de los clubes que ya han tocado a un venezolano que le pega igual de bien con las dos piernas y que tiene a Neymar rendido a sus pies.

Imagen de cabecera: ANDRE PENNER/POOL/AFP via Getty Images

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