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Y Kobe encontró a Pau

César Martín @CesarMrtn 22-10-2018

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Ahora es imposible asociar a Kobe Bryant con una camiseta que no sea la de los Lakers, pero en 2007 estuvo a punto de abandonar Los Ángeles. Una plantilla mediocre y unos resultados mediocres acabaron con la paciencia del escolta, que pidió un traspaso que finalmente no se materializó.

Más allá de Bryant, solo Lamar Odom y Derek Fisher eran potables. Se decía que Jason Kidd y Carlos Boozer podían haber recalado en Hollywood y que la directiva angelina rechazó incorporar a ambos, algo que cabreó (y mucho) a La Mamba Negra. Él sabía que necesitaba a su lado a un jugador de élite para asaltar el trono de la NBA. Ese tipo llegó el 1 de febrero de 2008: Pau Gasol Sáez. Kwame Brown, Javaris Crittenton y los derechos de Marc Gasol volaron hacia Memphis para hacer posible el fichaje del pívot español. La temporada de los Lakers iba a dar un giro de 180 grados.

Antes de la llegada de Gasol, los Lakers lucían un récord de 35 victorias y 20 derrotas. ¿Con Pau? 22-5 para un balance final de 57-25, el mejor de la Conferencia Oeste. Kobe y Pau hicieron click al instante. Se entendieron a la perfección tanto dentro como fuera de la cancha. Bryant chapurreaba algo de castellano y lo aprovechó para comunicarse con su nuevo compañero durante sus primeros partidos juntos para así desorientar a las defensas rivales.

Kobe se quitó un gran peso de encima. Ya no estaba solo contra el mundo, ya no había necesidad de intentar meter 40 o 50 puntos por noche para que su equipo ganara. Victorias, buena química en el vestuario… más de un lustro después, los Lakers por fin eran un equipo de verdad. Al término de la campaña regular 2007-08, Bryant por fin recibió el galardón que tanto se le había resistido: el MVP de la Temporada. Más allá de su gran rendimiento individual, por encima de todo pesó el gran año colectivo. Sólo los Celtics del Big Three Paul Pierce, Kevin Garnett y Ray Allen fueron capaces de aguar la fiesta angelina (4-2 incontestable en las Finales).

Para la temporada 2008-09, la primera temporada completa del dúo Kobe-Pau, solo valía una cosa: el anillo. El 65-17 de la regular season fue refrendado con un 4-1 ante los Orlando Magic en las Finales. Bryant, MVP de la serie, se quitó otra espina: la de no ganar un campeonato sin Shaquille O’Neal. Un año después los Lakers regresaron para disputar sus terceras Finales consecutivas. Y el rival volvía a ser Boston. Una serie que se fue a siete partidos y que se resolvió a favor de los californianos en un game seven poco vistoso pero muy emocionante. La labor de Gasol fue fundamental y así se lo reconoció Kobe nada más levantar su quinto Larry O’Brien. “¡Pau!” exclamó el escolta para que fuera el español quien alzara el trofeo justo después de él.

La Mamba Negra ya tenía cinco anillos. Uno más que Shaq, pero todavía uno menos que esa eterna referencia llamada Michael Jordan. Los intentos de conseguir el sexto terminaron todos en fracaso.

Renovar un proyecto campeón siempre es complicado. Y los Lakers se encontraron en esa situación. En las semis del Oeste de 2011, el conjunto angelino fue barrido por los Dallas Mavericks. En ese momento, el front office decidió que había que acometer una serie de cambios importantes. Entre ellos, prescindir de Gasol y de Odom. A finales de año, ambos fueron traspasados a Houston y New Orleans respectivamente a cambio de Chris Paul. La NBA vetó dicha operación, pero eso no impidió que un Lamar Odom decepcionado pidiese el trade a Dallas. Gasol continuó, pero los rumores sobre un posible traspaso le acompañarían hasta el fin de sus días de oro y púrpura. El megaproyecto de la 2012-13 con Dwight Howard y Steve Nash fue un desastre que terminó con Bryant en modo 2006… hasta que su tendón de Aquiles dijo basta.

Con las lesiones machacando al escolta, Kobe y Pau bailaron juntos por última vez el 17 de diciembre de 2013 en un partido ante los Grizzlies en el que ambos metieron 21 puntos. Al término de esa campaña, el pívot español hizo las maletas rumbo a Chicago y Bryant siguió un par de años más en el equipo de su vida en un mar de problemas físicos y derrotas.

Bryant y Gasol serán recordados como uno de los grandes dúos de la historia de los Lakers. Por todo, por lo que consiguieron dentro de la pista y también fuera de ella. “Pau es mi hermano, y sin él hubiera sido imposible ganar más campeonatos”. Palabra de Kobe.

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Ahora es imposible asociar a Kobe Bryant con una camiseta que no sea la de los Lakers, pero en 2007 estuvo a punto de abandonar Los Ángeles. Una plantilla mediocre y unos resultados mediocres acabaron con la paciencia del escolta, que pidió un traspaso que finalmente no se materializó.

Más allá de Bryant, solo Lamar Odom y Derek Fisher eran potables. Se decía que Jason Kidd y Carlos Boozer podían haber recalado en Hollywood y que la directiva angelina rechazó incorporar a ambos, algo que cabreó (y mucho) a La Mamba Negra. Él sabía que necesitaba a su lado a un jugador de élite para asaltar el trono de la NBA. Ese tipo llegó el 1 de febrero de 2008: Pau Gasol Sáez. Kwame Brown, Javaris Crittenton y los derechos de Marc Gasol volaron hacia Memphis para hacer posible el fichaje del pívot español. La temporada de los Lakers iba a dar un giro de 180 grados.

Antes de la llegada de Gasol, los Lakers lucían un récord de 35 victorias y 20 derrotas. ¿Con Pau? 22-5 para un balance final de 57-25, el mejor de la Conferencia Oeste. Kobe y Pau hicieron click al instante. Se entendieron a la perfección tanto dentro como fuera de la cancha. Bryant chapurreaba algo de castellano y lo aprovechó para comunicarse con su nuevo compañero durante sus primeros partidos juntos para así desorientar a las defensas rivales.

Kobe se quitó un gran peso de encima. Ya no estaba solo contra el mundo, ya no había necesidad de intentar meter 40 o 50 puntos por noche para que su equipo ganara. Victorias, buena química en el vestuario… más de un lustro después, los Lakers por fin eran un equipo de verdad. Al término de la campaña regular 2007-08, Bryant por fin recibió el galardón que tanto se le había resistido: el MVP de la Temporada. Más allá de su gran rendimiento individual, por encima de todo pesó el gran año colectivo. Sólo los Celtics del Big Three Paul Pierce, Kevin Garnett y Ray Allen fueron capaces de aguar la fiesta angelina (4-2 incontestable en las Finales).

Para la temporada 2008-09, la primera temporada completa del dúo Kobe-Pau, solo valía una cosa: el anillo. El 65-17 de la regular season fue refrendado con un 4-1 ante los Orlando Magic en las Finales. Bryant, MVP de la serie, se quitó otra espina: la de no ganar un campeonato sin Shaquille O’Neal. Un año después los Lakers regresaron para disputar sus terceras Finales consecutivas. Y el rival volvía a ser Boston. Una serie que se fue a siete partidos y que se resolvió a favor de los californianos en un game seven poco vistoso pero muy emocionante. La labor de Gasol fue fundamental y así se lo reconoció Kobe nada más levantar su quinto Larry O’Brien. “¡Pau!” exclamó el escolta para que fuera el español quien alzara el trofeo justo después de él.

La Mamba Negra ya tenía cinco anillos. Uno más que Shaq, pero todavía uno menos que esa eterna referencia llamada Michael Jordan. Los intentos de conseguir el sexto terminaron todos en fracaso.

Renovar un proyecto campeón siempre es complicado. Y los Lakers se encontraron en esa situación. En las semis del Oeste de 2011, el conjunto angelino fue barrido por los Dallas Mavericks. En ese momento, el front office decidió que había que acometer una serie de cambios importantes. Entre ellos, prescindir de Gasol y de Odom. A finales de año, ambos fueron traspasados a Houston y New Orleans respectivamente a cambio de Chris Paul. La NBA vetó dicha operación, pero eso no impidió que un Lamar Odom decepcionado pidiese el trade a Dallas. Gasol continuó, pero los rumores sobre un posible traspaso le acompañarían hasta el fin de sus días de oro y púrpura. El megaproyecto de la 2012-13 con Dwight Howard y Steve Nash fue un desastre que terminó con Bryant en modo 2006… hasta que su tendón de Aquiles dijo basta.

Con las lesiones machacando al escolta, Kobe y Pau bailaron juntos por última vez el 17 de diciembre de 2013 en un partido ante los Grizzlies en el que ambos metieron 21 puntos. Al término de esa campaña, el pívot español hizo las maletas rumbo a Chicago y Bryant siguió un par de años más en el equipo de su vida en un mar de problemas físicos y derrotas.

Bryant y Gasol serán recordados como uno de los grandes dúos de la historia de los Lakers. Por todo, por lo que consiguieron dentro de la pista y también fuera de ella. “Pau es mi hermano, y sin él hubiera sido imposible ganar más campeonatos”. Palabra de Kobe.

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Muy orgulloso

Adrià Campmany @campmany_adria
08-11-2021