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Werder Bremen, invictos en 2019

Juanma Perera @juanmaHumilAfic 16-04-2019

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La
vida, en el deporte, suele dar una segunda oportunidad y, a veces, hasta una
tercera y una cuarta. Eso, al menos, es lo que desean en Bremen, una ciudad que ha
vivido en los últimos años instalada en la dura monotonía de temporadas pobres,
luchando por objetivos más bajos que aquellos por los que un día luchó. No en
vano, los hanseáticos cuentan en su palmarés con cuatro Bundesligas y seis Copas, además de
otros tantos títulos, como la Recopa de Europa conquistada en 1992.

El
Werder Bremen no es un equipo cualquiera y, este año, por fin, las cosas van
saliendo. Está lejos del título de liga, aquel que hace 15 años que no ganan,
desde aquel 2004, con Thomas Schaaf en el banquillo, Klaus Allofs en los
despachos y el brasileño Aílton marcando goles, superando a Roy Makaay como
máximo goleador. Aquello ya es historia, cierto, pero Florian Kohfeldt ha conseguido lo que
otros ex jugadores del Bremen como Skripnik o Nouri no pudieron. La fórmula
Schaaf no ha funcionado hasta ahora, aunque aún queda por ver si les dará para
ganar un títulos o no. La prueba va a estar en las semifinales de DFB Pokal que
tendrán que disputar el mes que viene ante el Bayern.

Este
año el Werder cuenta con muy buenos jugadores, la típica mezcla de
veteranos y gente joven que aporta equilibrio en cualquier plantilla que se precie. Con estos
jugadores han conseguido algo imposible años atrás: acumular un total
de 11 partidos consecutivos sin perder. El Bremen no pierde un encuentro desde
el 22 de diciembre, un día en el que llegaron al descanso con un 2-0 en contra
ante el RB Leipzig y, un cuarto de hora después ya habían empatado. Sin
embargo, aquel encuentro se les fue en los minutos finales y no puntuaron.

Gran
parte de culpa de esa buena situación del Werder Bremen en esta temporada la
tiene, entre otras cosas, la madurez de Jiri Pavlenka, que se ha afianzado en
la portería y, en muchas ocasiones, cumple haciendo un buen papel. La pareja
formada por Niklas Moisander y Milos Veljkovic se ha vuelto muy fiable y, tanto
Augustinsson como Gebre Selassie son fijos y prácticamente insustituibles. En la medular, Klaassen aporta calidad y gol, marcando y asistiendo a sus compañeros. Y luego está Max Eggestein, la gran noticia
para los de Bremen en los últimos años. El canterano, nacido en Hannover, llegó
al club en 2011 y poco a poco fue subiendo escalones hasta colarse, poco a
poco, en el primer equipo y ser, actualmente, uno de los indiscutibles de la
plantilla. El apellido Eggestein se disfruta en Bremen por partida doble. Más
tarde que Max, fue asomando la cabeza en el primer equipo su hermano Johannes,
dos años más pequeño que él, que, como Maximilian, llegó al equipo del
Weserstadion procedente del Havelse.

Es
difícil centrar el buen inicio de 2019 para el Werder Bremen en uno o varios
nombres propios. Ya son once los encuentros que lleva sin perder en este año,
contando alguno más si se tiene en cuenta la competición de la Pokal. La
estabilidad ha llegado a Bremen, de la mano de Kohfeldt y eso puede tener
consecuencias buenas en un futuro muy próximo, confiando en que el equipo pueda
competir de principio a fin por estar entre los grandes y no solo al inicio de
la temporada, en el que los clubes están probándose y poniendo a punto sus
respectivos proyectos.

Ahora
quedará saber si consiguen clasificarse o no para la final de Copa, algo que no
consiguen desde 2010, cuando fueron claramente superados en la final ante su
próximo rival copero, el Bayern Múnich (0-4). Eliminar al todopoderoso y, a la
vez, vulnerable equipo bávaro, significaría un gran paso hacia esa vuelta a la
normalidad de años atrás. Ganando a los bávaros confirmas que has vuelto, que
tienes serias opciones de ganar una competición, de nuevo, casi una década
después. En la final aguardaría el vecino HSV, para revivir
el Nordderby, o el último equipo que, hasta ahora, ha logrado ganarles en
competición oficial, el RB Leipzig. Todo es cuestión de probarse. Lo que está
claro es que los tiempos en Bremen han cambiado a mejor y se están colocando de
nuevo las piedras para cimentar un proyecto de futuro con estabilidad entre los grandes.

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La
vida, en el deporte, suele dar una segunda oportunidad y, a veces, hasta una
tercera y una cuarta. Eso, al menos, es lo que desean en Bremen, una ciudad que ha
vivido en los últimos años instalada en la dura monotonía de temporadas pobres,
luchando por objetivos más bajos que aquellos por los que un día luchó. No en
vano, los hanseáticos cuentan en su palmarés con cuatro Bundesligas y seis Copas, además de
otros tantos títulos, como la Recopa de Europa conquistada en 1992.

El
Werder Bremen no es un equipo cualquiera y, este año, por fin, las cosas van
saliendo. Está lejos del título de liga, aquel que hace 15 años que no ganan,
desde aquel 2004, con Thomas Schaaf en el banquillo, Klaus Allofs en los
despachos y el brasileño Aílton marcando goles, superando a Roy Makaay como
máximo goleador. Aquello ya es historia, cierto, pero Florian Kohfeldt ha conseguido lo que
otros ex jugadores del Bremen como Skripnik o Nouri no pudieron. La fórmula
Schaaf no ha funcionado hasta ahora, aunque aún queda por ver si les dará para
ganar un títulos o no. La prueba va a estar en las semifinales de DFB Pokal que
tendrán que disputar el mes que viene ante el Bayern.

Este
año el Werder cuenta con muy buenos jugadores, la típica mezcla de
veteranos y gente joven que aporta equilibrio en cualquier plantilla que se precie. Con estos
jugadores han conseguido algo imposible años atrás: acumular un total
de 11 partidos consecutivos sin perder. El Bremen no pierde un encuentro desde
el 22 de diciembre, un día en el que llegaron al descanso con un 2-0 en contra
ante el RB Leipzig y, un cuarto de hora después ya habían empatado. Sin
embargo, aquel encuentro se les fue en los minutos finales y no puntuaron.

Gran
parte de culpa de esa buena situación del Werder Bremen en esta temporada la
tiene, entre otras cosas, la madurez de Jiri Pavlenka, que se ha afianzado en
la portería y, en muchas ocasiones, cumple haciendo un buen papel. La pareja
formada por Niklas Moisander y Milos Veljkovic se ha vuelto muy fiable y, tanto
Augustinsson como Gebre Selassie son fijos y prácticamente insustituibles. En la medular, Klaassen aporta calidad y gol, marcando y asistiendo a sus compañeros. Y luego está Max Eggestein, la gran noticia
para los de Bremen en los últimos años. El canterano, nacido en Hannover, llegó
al club en 2011 y poco a poco fue subiendo escalones hasta colarse, poco a
poco, en el primer equipo y ser, actualmente, uno de los indiscutibles de la
plantilla. El apellido Eggestein se disfruta en Bremen por partida doble. Más
tarde que Max, fue asomando la cabeza en el primer equipo su hermano Johannes,
dos años más pequeño que él, que, como Maximilian, llegó al equipo del
Weserstadion procedente del Havelse.

Es
difícil centrar el buen inicio de 2019 para el Werder Bremen en uno o varios
nombres propios. Ya son once los encuentros que lleva sin perder en este año,
contando alguno más si se tiene en cuenta la competición de la Pokal. La
estabilidad ha llegado a Bremen, de la mano de Kohfeldt y eso puede tener
consecuencias buenas en un futuro muy próximo, confiando en que el equipo pueda
competir de principio a fin por estar entre los grandes y no solo al inicio de
la temporada, en el que los clubes están probándose y poniendo a punto sus
respectivos proyectos.

Ahora
quedará saber si consiguen clasificarse o no para la final de Copa, algo que no
consiguen desde 2010, cuando fueron claramente superados en la final ante su
próximo rival copero, el Bayern Múnich (0-4). Eliminar al todopoderoso y, a la
vez, vulnerable equipo bávaro, significaría un gran paso hacia esa vuelta a la
normalidad de años atrás. Ganando a los bávaros confirmas que has vuelto, que
tienes serias opciones de ganar una competición, de nuevo, casi una década
después. En la final aguardaría el vecino HSV, para revivir
el Nordderby, o el último equipo que, hasta ahora, ha logrado ganarles en
competición oficial, el RB Leipzig. Todo es cuestión de probarse. Lo que está
claro es que los tiempos en Bremen han cambiado a mejor y se están colocando de
nuevo las piedras para cimentar un proyecto de futuro con estabilidad entre los grandes.

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