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Werder Bremen, del ‘Schaafismo’ al conformismo

Juanma Perera @juanmaHumilAfic 19-03-2014

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Juanma PERERA

Juanma PERERAExisten muchos tipos de fútbol, pero hay uno que está más apegado a un club que el resto. El llamado "Schaafismo" se vinculó durante unos 14 años al Werder Bremen, club que contó con Thomas Schaaf desde que era un niño hasta que, como último remedio, abandonó el club en 2013. Porque nadie como Schaaf ha combinado su situación de jugador como la de entrenador. Llevaba clubes de la cantera y hasta era asistente del entrenador siendo jugador del primer equipo, en sus dos últimos años.

Schaaf es lo que se conoce como un "One Club Man", una persona que ha dedicado gran parte de su vida a unos colores. Y se las prometía felices, pero al final, el 15 de Mayo de 2013 esa relación se rompió. Porque no quedaba más remedio. Semanas antes, Schaaf puso su cargo a disposición del club, pero no fue aceptada y tuvo que seguir. Él, y sólo él, sabían cómo funcionaba el Schaafismo y los riesgos que entrañaban el mantener esa filosofía. Y durante algunos años no le fue mal. Thomas se llevó al Bremen a Klose y lo hizo convirtió en un gigante, vió crecer a Mesut Özil (fichado del Schalke 04) y la Mannschaft se lo agradeció. Llevó a la Bundesliga a un rubio belga llamado Kevin De Bruyne que pertenecía al Chelsea y éste demostró tener mucha calidad, a pesar de algunos problemas. Pero como ya hemos dicho, no fue lo único que dejó Thomas Schaaf de herencia en el mundo del fútbol. Lo ganó todo en Alemania, tanto como futbolista como desde el banquillo y todo con el mismo club. Pero su mayor legado es, sin duda, el "Schaafismo". Esa manera de ver el fútbol sin retrovisor. El atacar, presionar y agobiar al rival en su campo, sin mirar atrás. Para muchos, una forma suicida de jugar. Para otros, una variante del fútbol total. "Cuando encajamos tres goles, la única manera de ganar es marcando cuatro". Esta frase definía a la perfección lo que él quería demostrar con su corriente.


El Werder Bremen celebrando el campeonato 2006-07 | Getty Images

Pero, como todo, llegó un momento en el que esa forma de ver el fútbol que tantas alegrías le dio, en un tiempo le dejaron sólo. Contra los grandes encajaba goleadas (cinco goles del Dortmund, seis del Bayern, cuatro del Leverkusen, etc…). Los últimos meses de Schaaf al frente del Werder Bremen se convirtieron en un "quiero y no puedo". El club había pasado de ganar ligas y llegar a finales europeas a luchar por la permanencia. Se tuvo que vender en su día a Miroslav Klose al rival directo aquellos años, el Bayern Múnich. Mesut Özil, como un joven en alza, no pudo decir que no a la propuesta del Real Madrid y también marchó. De la mano de Schaaf subieron al primer equipo futbolistas de buen nivel como Simon Rolfes, Tim Borowski, Nelson Haedo Valdez (que llegó de Paraguay siendo casi un niño), Max Kruse y Aaron Hunt. Además de otros tantos jugadores que han salido en los últimos años y que forman parte de la primera plantilla. Pero también se fichó a grandísimos nombres: Claudio Pizarro (cuando era casi un desconocido), Frings o Sokratis por nombrar algunos. Gente que ha rendido a un nivel alto y que ha aportado mucho al club.

Pero ahora es otra historia. El "Schaafismo" entró en caída libre hace tres temporadas y no conseguía superar el 13º puesto. En la última temporada, incluso, llegaron a salvarse en la última jornada de liga. Los que mandan decidieron cesarle viendo que no marchaba y que Thomas Schaaf había agotado su crédito. Le sustituyó Robin Dutt en el cargo y, desde entonces, el equipo de la ciudad donde Grimm situó a los músicos en uno de sus cuentos, no ha vuelto a sonreír. La irregularidad abunda en el juego de este equipo que, con muchos jugadores polivalentes, no encuentra el lugar para cada uno de ellos. Donde gente como Elia no responde a sus expectativas o Di Santo no llega al nivel. Ahora en Bremen se busca el Conformismo, ya el Schaafismo es historia. Queda algún resquicio, pero el fútbol evoluciona y los rivales son cada vez más listos. El Werder muestra un ataque muy pobre y una defensa endeble. Estamos en tiempos de cambio.

Tiempos de evolución. Tiempo post-Schaaf.

[Sigue toda la actualidad del fútbol alemán en @Bundesphera]

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Juanma PERERAExisten muchos tipos de fútbol, pero hay uno que está más apegado a un club que el resto. El llamado "Schaafismo" se vinculó durante unos 14 años al Werder Bremen, club que contó con Thomas Schaaf desde que era un niño hasta que, como último remedio, abandonó el club en 2013. Porque nadie como Schaaf ha combinado su situación de jugador como la de entrenador. Llevaba clubes de la cantera y hasta era asistente del entrenador siendo jugador del primer equipo, en sus dos últimos años.

Schaaf es lo que se conoce como un "One Club Man", una persona que ha dedicado gran parte de su vida a unos colores. Y se las prometía felices, pero al final, el 15 de Mayo de 2013 esa relación se rompió. Porque no quedaba más remedio. Semanas antes, Schaaf puso su cargo a disposición del club, pero no fue aceptada y tuvo que seguir. Él, y sólo él, sabían cómo funcionaba el Schaafismo y los riesgos que entrañaban el mantener esa filosofía. Y durante algunos años no le fue mal. Thomas se llevó al Bremen a Klose y lo hizo convirtió en un gigante, vió crecer a Mesut Özil (fichado del Schalke 04) y la Mannschaft se lo agradeció. Llevó a la Bundesliga a un rubio belga llamado Kevin De Bruyne que pertenecía al Chelsea y éste demostró tener mucha calidad, a pesar de algunos problemas. Pero como ya hemos dicho, no fue lo único que dejó Thomas Schaaf de herencia en el mundo del fútbol. Lo ganó todo en Alemania, tanto como futbolista como desde el banquillo y todo con el mismo club. Pero su mayor legado es, sin duda, el "Schaafismo". Esa manera de ver el fútbol sin retrovisor. El atacar, presionar y agobiar al rival en su campo, sin mirar atrás. Para muchos, una forma suicida de jugar. Para otros, una variante del fútbol total. "Cuando encajamos tres goles, la única manera de ganar es marcando cuatro". Esta frase definía a la perfección lo que él quería demostrar con su corriente.


El Werder Bremen celebrando el campeonato 2006-07 | Getty Images

Pero, como todo, llegó un momento en el que esa forma de ver el fútbol que tantas alegrías le dio, en un tiempo le dejaron sólo. Contra los grandes encajaba goleadas (cinco goles del Dortmund, seis del Bayern, cuatro del Leverkusen, etc…). Los últimos meses de Schaaf al frente del Werder Bremen se convirtieron en un "quiero y no puedo". El club había pasado de ganar ligas y llegar a finales europeas a luchar por la permanencia. Se tuvo que vender en su día a Miroslav Klose al rival directo aquellos años, el Bayern Múnich. Mesut Özil, como un joven en alza, no pudo decir que no a la propuesta del Real Madrid y también marchó. De la mano de Schaaf subieron al primer equipo futbolistas de buen nivel como Simon Rolfes, Tim Borowski, Nelson Haedo Valdez (que llegó de Paraguay siendo casi un niño), Max Kruse y Aaron Hunt. Además de otros tantos jugadores que han salido en los últimos años y que forman parte de la primera plantilla. Pero también se fichó a grandísimos nombres: Claudio Pizarro (cuando era casi un desconocido), Frings o Sokratis por nombrar algunos. Gente que ha rendido a un nivel alto y que ha aportado mucho al club.

Pero ahora es otra historia. El "Schaafismo" entró en caída libre hace tres temporadas y no conseguía superar el 13º puesto. En la última temporada, incluso, llegaron a salvarse en la última jornada de liga. Los que mandan decidieron cesarle viendo que no marchaba y que Thomas Schaaf había agotado su crédito. Le sustituyó Robin Dutt en el cargo y, desde entonces, el equipo de la ciudad donde Grimm situó a los músicos en uno de sus cuentos, no ha vuelto a sonreír. La irregularidad abunda en el juego de este equipo que, con muchos jugadores polivalentes, no encuentra el lugar para cada uno de ellos. Donde gente como Elia no responde a sus expectativas o Di Santo no llega al nivel. Ahora en Bremen se busca el Conformismo, ya el Schaafismo es historia. Queda algún resquicio, pero el fútbol evoluciona y los rivales son cada vez más listos. El Werder muestra un ataque muy pobre y una defensa endeble. Estamos en tiempos de cambio.

Tiempos de evolución. Tiempo post-Schaaf.

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