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Selección

Una vida juntos

El disparo de Juanito se fue al larguero y San Siro enmudeció. La España de 1980 vivía bajo el pesimismo futbolístico de sufrir en sus propias carnes la ausencia de dos eventos de la magnitud del Mundial de México 70 y Alemania Federal en 1974.

El fracaso en el Mundial de Argentina 78, con alojamiento en La Martona incluido, no hacía presagiar nada bueno en la Eurocopa del 80. Encima en el debut, partido ante la anfitriona en San Siro. Pues ese día España firmó su mejor partido del campeonato, le anularon un gol a Satrústegui y Juanito hizo temblar el larguero de la portería de Zoff. Acabó 0-0 y se denominó el partido de la esperanza.

Fue un “he muerto y he resucitado”, como inició unos años después Enrique Urquijo una de sus mejores canciones. 1980 fue el año de fundación de Los Secretos. Porque los Italia v España siempre son un “a tu lado”.

En la última Eurocopa emocionaron especialmente las imágenes del abrazo entre Roberto Mancini y Gianluca Vialli, tras proclamarse campeones de Europa. Esa pareja, que dio gloria a la mejor Sampdoria de su historia y compartió ataque en la Euro del 88, se cruzó en el camino de la selección española un 14 de junio del 88 en Frankfurt.

En otro partido igualadísimo, como el de San Siro en el 80, todo se decidió al final. Y cómo casi siempre hasta el año 2008, la moneda salió cruz para la selección. Vialli se llevó la cintura de Sanchís pegada a la suya y con un regate genial se quedó solo y batió a Zubi de disparo cruzado, con la pierna izquierda. Su carrera, puño en alto, celebrando el tanto encendió la Bota y apagó las esperanzas de la última España del inolvidable Miguel Muñoz. Era un Made in Spain, tatuado en su piel, en toda la regla. Con ese temazo acudió La Década Prodigiosa al festival de Eurovisión de 1988.

El calor y una humedad asfixiante reinaban en Boston el 9 de junio de 1994. Un sudoroso Clemente veía desde la banda cómo Pagliuca se hacía enorme ante la presencia de Julio Salinas.

Desde que Abelardo envió el balón al espacio hasta que el disparo de Julio rebotó en el pie de Pagliuca, transcurrieron casi 4 segundos. Fueron interminables para todos menos para Roberto Baggio, que unos segundos después recibió un pase de Signori, evadió a Zubi y mandó otra vez al limbo las ilusiones hispanas de superar los cuartos de final en un Mundial.

“Tranquilo, no te pongas nervioso, tranquilo, tranquilo majete en tu sillooon”, cantaba Celtas Cortos ese verano. Nos lo pudimos aplicar a partir del día 9 de aquel julio del ya lejano 1994.

No hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo aguante. Nuestro mal nos lo quitó Iker Casillas en otra calurosa noche del verano de 2008. Esta vez en Viena con el inolvidable Luis Aragonés al mando y una generación que aún no lo sabía, pero que se iba a convertir en la mejor en la historia del fútbol español.

El 22 de junio, estrenando el verano, Iker se hizo enorme ante De Rossi y Di Natale para romper de golpe un maleficio, el de los cuartos de final para España. Cesc hizo el resto lanzando con una tranquilidad insultante el penalti más importante de la historia reciente del fútbol español. En este caso, los Sueños Rotos de la Quinta Estación viajaron a Italia.

Imagen de cabecera: Getty Images

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