_Valencia

Una plantilla para viajar al fin del mundo

Domingo Ortiz @Domingortiz 29-11-2019

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LaLiga Valencia

Tendrá que ser en Amsterdam. En el Johan Cruyff Arena y ante un equipazo mayúsculo que recita el juego de memoria. Habrá que conseguirlo ante los bichitos de Ziyech, Tadic, Van de Beek, Promes y compañía para estar en octavos de final de la Champions League. El empate ante el Chelsea dejó sin cerrar una clasificación que el Valencia mereció con creces. El desarrollo fue un cántico a este deporte. Ambición, robustez y firmeza mental, derroche hasta la extenuación, compromiso a prueba de bombas y un corazón infinito. Solo la puntería privó a los de Mestalla de una fiesta a la que no tiene invitación desde hace siete años. Las de Maxi Gómez, las de Rodrigo, el penalti de Parejo… acciones todas que desfilan en la memoria como una cinta cinematográfica. ¿Pero saben qué? Que esta plantilla es un orgullo.

Porque siempre demuestra empeño y devoción, se estimula, cree, codicia y empuja, se levanta sea cual sea la desgracia (en el campo y fuera de él), jamás se da por vencido y se sabe que hasta la última gota de sudor van a intentar llevarse el botín. Repleta de futbolistas con una profesionalidad intachable, el Valencia tiene en ese vestuario un grupo por el que apostar hasta el final. Por todo ello, y aun sabiendo la máxima dificultad que tiene arrancar a los tulipanes de la máxima competición continental (si se gana se es líder de grupo), merecen convicción. Hasta el último instante. Y si después espera la Europa League, todavía más. Aunque duela el golpe. Porque hay futbolistas con una querencia indestructible, jugadores de grandísimo nivel y una enfermería que, en el momento que regrese la competición europea, se espera que esté vacía.

Por supuesto que hubo, hay y habrá partidos donde se les exija más. O donde incluso se les señale el acierto o la continuidad en la puesta en escena. Pero este Valencia jamás pecará de indolencia, de arrastrarse o de bajar los brazos. Así son ellos. Y ni es sencillo ni casualidad. Al menos por la experiencia vivida durante estos años. Han transitado vestuarios dañinos, canallas, sin compromiso y con un elevadísimo grado de arrastre. Por eso se valora más a esta familia -como les gusta llamarse entre ellos-. Nadie tiene una bola de cristal para saber qué ocurrirá en la Champions, Liga, Copa del Rey, Supercopa de Rubiales, digo de España, o en Europa League en caso de caer, pero tras más de dos años de trabajo de estos futbolistas (elegidos en su mayoría por lo que están demostrando en ese sentido además de por su talento), nadie duda que van a batallar hasta el último aliento por los objetivos.

No se trata de convencer a nadie. Ni siquiera suspiro en el intento. Pero sería de justicia reconocer la idiosincrasia de este grupo de futbolistas para seguirles hasta el final. Ya demostraron la temporada anterior, con lo mal que lo pasaron hasta finales de enero, de qué pasta están hechos. Y se pudo comprobar que con atributos, tesón, trabajo y cemento en la azotea para superar cualquier golpe, se pueden conseguir objetivos y levantar títulos once años después. Al proceso de madurez que se sumaron algunos, han continuado otros manteniendo o incluso subiendo el nivel respecto a la 18-19. Ahora falta que los que bajaron rendimiento por falta de continuidad (provocado por las lesiones), regresen al día a día en plena forma y eleven su producción para ayudar al colectivo. Si confluyen las tres patas, es más que probable que el Valencia sea determinante y aclaratorio en el momento cumbre de la temporada. ¿Que hay aspectos tácticos a mejorar? Muchos. Principalmente a nivel de equilibrio. Como también defensivamente y en ataque estático. El fútbol es un continuo aprendizaje donde nunca se es perfecto. Pero todo es mucho más sencillo de absorber cuando en una plantilla se disfruta de futbolistas capaces y personas comprometidas con un escudo. Así cala y empapa mucho más.

El Valencia tiene por delante un calendario áspero antes de acabar el año. Con derbis en plural, con la visita a Holanda para poder estar entre los 16 mejores equipos del continente y el examen del Real Madrid cuatro días después. Acabará 2019 en Pucela. Y después en Enero vendrá la Supercopa, la Copa del Rey y el desenlace de la temporada. Pasará lo que tenga que pasar. Pero siempre será mejor que ocurra con una plantilla a la que seguir hasta el fin del mundo.

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Tendrá que ser en Amsterdam. En el Johan Cruyff Arena y ante un equipazo mayúsculo que recita el juego de memoria. Habrá que conseguirlo ante los bichitos de Ziyech, Tadic, Van de Beek, Promes y compañía para estar en octavos de final de la Champions League. El empate ante el Chelsea dejó sin cerrar una clasificación que el Valencia mereció con creces. El desarrollo fue un cántico a este deporte. Ambición, robustez y firmeza mental, derroche hasta la extenuación, compromiso a prueba de bombas y un corazón infinito. Solo la puntería privó a los de Mestalla de una fiesta a la que no tiene invitación desde hace siete años. Las de Maxi Gómez, las de Rodrigo, el penalti de Parejo… acciones todas que desfilan en la memoria como una cinta cinematográfica. ¿Pero saben qué? Que esta plantilla es un orgullo.

Porque siempre demuestra empeño y devoción, se estimula, cree, codicia y empuja, se levanta sea cual sea la desgracia (en el campo y fuera de él), jamás se da por vencido y se sabe que hasta la última gota de sudor van a intentar llevarse el botín. Repleta de futbolistas con una profesionalidad intachable, el Valencia tiene en ese vestuario un grupo por el que apostar hasta el final. Por todo ello, y aun sabiendo la máxima dificultad que tiene arrancar a los tulipanes de la máxima competición continental (si se gana se es líder de grupo), merecen convicción. Hasta el último instante. Y si después espera la Europa League, todavía más. Aunque duela el golpe. Porque hay futbolistas con una querencia indestructible, jugadores de grandísimo nivel y una enfermería que, en el momento que regrese la competición europea, se espera que esté vacía.

Por supuesto que hubo, hay y habrá partidos donde se les exija más. O donde incluso se les señale el acierto o la continuidad en la puesta en escena. Pero este Valencia jamás pecará de indolencia, de arrastrarse o de bajar los brazos. Así son ellos. Y ni es sencillo ni casualidad. Al menos por la experiencia vivida durante estos años. Han transitado vestuarios dañinos, canallas, sin compromiso y con un elevadísimo grado de arrastre. Por eso se valora más a esta familia -como les gusta llamarse entre ellos-. Nadie tiene una bola de cristal para saber qué ocurrirá en la Champions, Liga, Copa del Rey, Supercopa de Rubiales, digo de España, o en Europa League en caso de caer, pero tras más de dos años de trabajo de estos futbolistas (elegidos en su mayoría por lo que están demostrando en ese sentido además de por su talento), nadie duda que van a batallar hasta el último aliento por los objetivos.

No se trata de convencer a nadie. Ni siquiera suspiro en el intento. Pero sería de justicia reconocer la idiosincrasia de este grupo de futbolistas para seguirles hasta el final. Ya demostraron la temporada anterior, con lo mal que lo pasaron hasta finales de enero, de qué pasta están hechos. Y se pudo comprobar que con atributos, tesón, trabajo y cemento en la azotea para superar cualquier golpe, se pueden conseguir objetivos y levantar títulos once años después. Al proceso de madurez que se sumaron algunos, han continuado otros manteniendo o incluso subiendo el nivel respecto a la 18-19. Ahora falta que los que bajaron rendimiento por falta de continuidad (provocado por las lesiones), regresen al día a día en plena forma y eleven su producción para ayudar al colectivo. Si confluyen las tres patas, es más que probable que el Valencia sea determinante y aclaratorio en el momento cumbre de la temporada. ¿Que hay aspectos tácticos a mejorar? Muchos. Principalmente a nivel de equilibrio. Como también defensivamente y en ataque estático. El fútbol es un continuo aprendizaje donde nunca se es perfecto. Pero todo es mucho más sencillo de absorber cuando en una plantilla se disfruta de futbolistas capaces y personas comprometidas con un escudo. Así cala y empapa mucho más.

El Valencia tiene por delante un calendario áspero antes de acabar el año. Con derbis en plural, con la visita a Holanda para poder estar entre los 16 mejores equipos del continente y el examen del Real Madrid cuatro días después. Acabará 2019 en Pucela. Y después en Enero vendrá la Supercopa, la Copa del Rey y el desenlace de la temporada. Pasará lo que tenga que pasar. Pero siempre será mejor que ocurra con una plantilla a la que seguir hasta el fin del mundo.

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Una plantilla para viajar al fin del mundo

Domingo Ortiz @Domingortiz
29-11-2019

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El campeón de las adversidades

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