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Una noche más

Daniel Fernández-Pacheco @DFPV96 20-09-2018

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El Madrid volvió a la máxima competición continental para demostrar que sigue sabiendo como gastárselas en las noches europeas, incluso cuando ya no tienen al técnico que levanta orejonas casi sin querer. Los de Lopetegui mezclaron un fútbol pulcro, de café y libro, con el fragor y la velocidad de Bale, creando un cóctel que es difícil de superar en las noches de Liga de Campeones. Y las de cualquier torneo. 

Kroos llevó el timón -una vez más- acostumbrado a que le señalen con el dedo cuando reparten tareas, moviendo el cuero de un lado al otro. El alemán, con el 4-1-4-1 de la Roma, ejerció prácticamente de doble pivote para igualar el centro del campo rival, una de las obsesiones de todo entrenador. Con el ex del Bayern pendiente de uno de los interiores visitantes, Casemiro se encargaba de Dzeko, especialmente en los lances aéreos, y del otro centrocampista que pasaba – N’Zonzi o Zaniolo-. Así, Modric quedó como vértice del triángulo, presionando a un De Rossi muy superado. Lopetegui sabía que si ganaba la batalla del centro del campo tendría muchas opciones de salir en hombros. Y ya con ello ganó la guerra.

Los laterales, por su parte, también fueron clave. Carvajal volvió a cuajar un encuentro fantástico, interpretando todos los movimientos de Bale. El español, a diferencia de Marcelo, es un futbolista mucho menos anárquico ya que sus movimientos parecen escritos y demandados, pero siguen siendo muy difíciles de evitar para los rivales. En cambio, el carioca -más allá de que todavía no está a su mejor nivel físicamente- es una fuente de inspiración que también suspira por extremos e interiores que le entiendan, como el caso de Kroos e Isco.

En defensa, asimismo, Varane estuvo sublime una vez más, contagiado por su fantástico Mundial. El francés sigue insuperable en la marca y no parece incómodo con este Madrid más dispositivo, ya que no le quema el balón. Su armonía con Ramos, al que se le ve muy centrado, lleva al Real Madrid a un nivel defensivo superlativo. Por ello, cuando Di Francesco quiso encontrar cómo batir a los merengues ya había sido derrotado. Una noche más en el Bernabéu. 

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El Madrid volvió a la máxima competición continental para demostrar que sigue sabiendo como gastárselas en las noches europeas, incluso cuando ya no tienen al técnico que levanta orejonas casi sin querer. Los de Lopetegui mezclaron un fútbol pulcro, de café y libro, con el fragor y la velocidad de Bale, creando un cóctel que es difícil de superar en las noches de Liga de Campeones. Y las de cualquier torneo. 

Kroos llevó el timón -una vez más- acostumbrado a que le señalen con el dedo cuando reparten tareas, moviendo el cuero de un lado al otro. El alemán, con el 4-1-4-1 de la Roma, ejerció prácticamente de doble pivote para igualar el centro del campo rival, una de las obsesiones de todo entrenador. Con el ex del Bayern pendiente de uno de los interiores visitantes, Casemiro se encargaba de Dzeko, especialmente en los lances aéreos, y del otro centrocampista que pasaba – N’Zonzi o Zaniolo-. Así, Modric quedó como vértice del triángulo, presionando a un De Rossi muy superado. Lopetegui sabía que si ganaba la batalla del centro del campo tendría muchas opciones de salir en hombros. Y ya con ello ganó la guerra.

Los laterales, por su parte, también fueron clave. Carvajal volvió a cuajar un encuentro fantástico, interpretando todos los movimientos de Bale. El español, a diferencia de Marcelo, es un futbolista mucho menos anárquico ya que sus movimientos parecen escritos y demandados, pero siguen siendo muy difíciles de evitar para los rivales. En cambio, el carioca -más allá de que todavía no está a su mejor nivel físicamente- es una fuente de inspiración que también suspira por extremos e interiores que le entiendan, como el caso de Kroos e Isco.

En defensa, asimismo, Varane estuvo sublime una vez más, contagiado por su fantástico Mundial. El francés sigue insuperable en la marca y no parece incómodo con este Madrid más dispositivo, ya que no le quema el balón. Su armonía con Ramos, al que se le ve muy centrado, lleva al Real Madrid a un nivel defensivo superlativo. Por ello, cuando Di Francesco quiso encontrar cómo batir a los merengues ya había sido derrotado. Una noche más en el Bernabéu. 

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