_Fútbol femenino

Una madre en la élite

¿A quién no le gustan las imágenes emotivas? Y más si son niños los protagonistas de las mismas. Tenemos un salón con un televisor encendido, en el cual Leo Messi acaba de anotar un golazo, y en el sofá los tres pequeños retoños del astro argentino celebran enloquecidos la gesta de su padre. Antonella graba con el móvil, y a través de las redes sociales nos permite a todos ser espectadores de lujo de la tierna imagen familiar.  Este escenario se ha repetido en innumerables ocasiones. Hemos visto a los hijos de futbolistas, jugadores de baloncesto, pilotos de fórmula 1, tenistas, etc, celebrar cómo papá se ponía la capa de héroe y asombraba al mundo. Algo que, por desgracia, resulta mucho más complicado de ver cuando es una mujer quien aparece en pantalla.

Es cierto que cada vez es más habitual encontrar a deportistas de élite que compaginan su carrera profesional con la labor de ser madres. Y también es evidente que no existe obligación alguna de serlo, pero es una grata noticia que quien sienta esa necesidad pueda dar ese paso. Años atrás, por lo general, se aparcaba dicha opción hasta el momento de la retirada, debido a la dificultad que suponía frenar en seco un día a día dedicado a la máxima exigencia física para volver a retomarlo más de un año después, una vez superado un proceso tan exigente y especial como es el embarazo. Pero a día de hoy cada vez son más las mujeres que, empujadas por su deseo de ser mamás, deciden aparcar momentáneamente una carrera deportiva exitosa para poder vivir esta experiencia.

En los últimos años hemos sido testigos de numerosos ejemplos en los que una deportista ha sido madre y posteriormente ha vuelto a rendir al más alto nivel. La tenista estadounidense Serena Williams daba a luz a su hija a finales de 2017, y tras una intensa puesta a punto conseguía alcanzar cuatro finales de Grand Slam en apenas dos años. También la atleta británica Paula Radcliffe se convertía en mamá en enero de 2007, y apenas 10 meses después cruzaba en primer lugar la línea de meta de la maratón de Nueva York. Y recordar también a nuestra querida y admirada piragüista Maialen Chourraut, quien pasaba a disfrutar de la maternidad en 2013 para posteriormente colgarse dos medallas olímpicas en Río 2016 y Tokio 2020.

También encontramos casos similares en Primera Iberdrola. Son una clara minoría, pero tenemos jugadoras que compaginan su labor sobre el verde con la de ser madre. Las sevillistas Zenatha Coleman y Javiera Toro, la atlética Hedvig Lindhal, la madridista Babett Peter o la defensora del Levante María de Alharilla son las mamás de nuestro fútbol femenino, con mención especial a esta última, mamá de Hugo, quien recientemente daba un paso al frente anunciando que volvería a disfrutar de la maternidad por segunda vez. Una decisión que tiene un valor moral incalculable para todas aquellas deportistas que en algún momento se han planteado la idea de tener un hijo, pero que finalmente no se han atrevido por lo que ello pueda conllevar.

Por desgracia, en pleno siglo XXI, no deberíamos tildar este acto de valiente. Pero la incertidumbre todavía se cierne a día de hoy sobre aquellas mujeres que practican un deporte de manera profesional y que deciden dar este paso. Centrándonos en nuestras futbolistas, el convenio carece de criterio en cuanto a embarazos se refiere, con lo que no aporta la seguridad que se suele necesitar para poder tomar una decisión de este calibre. ¿Cambiará algo a raíz de este hecho? Así debe ser. María es la primera futbolista profesional embarazada de nuestro país, y con este paso crea un precedente al que, con el tiempo, se acogerán otras compañeras de profesión.

La defensora jienense del Levante no tiene ninguna intención de colgar las botas. A sus 31 años estaba cuajando una gran temporada hasta el momento en que ha notificado su baja. Altísimo rendimiento mostrado en la previa de Champions disputada ante el todopoderoso Olympique de Lyon, gran aportación defensiva y ofensiva en la Primera Iberdrola y una habitual en las últimas convocatorias de la selección española. María se marcha, pero para volver en breve. Su intención es seguir ligada al club granota mientras dure su embarazo y trabajar duro tras dar a luz para volver a formar parte de la plantilla dirigida por Ángel Villacampa más temprano que tarde. Y aquí nadie duda de que lo vaya a conseguir.

Seguiremos disfrutando pues de momentos inmensamente tiernos, donde los hijos de los grandes cracks del deporte aplaudan y griten porque papá está en la tele dejando boquiabierto al mundo. Pero quizás en unos años también sean Hugo y su hermanito o hermanita, quienes celebren delante de un televisor que mamá acaba de dejarnos asombrados a todos. El primer paso para que esto suceda es normalizar y regular la relación entre el deporte profesional y la maternidad, un objetivo que solo se puede alcanzar gracias a decisiones como la de una María de Alharilla que lleva con orgullo aquello que años atrás parecía impensable; ser madre y deportista de élite.

Imagen de cabecera: Getty Images

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¿A quién no le gustan las imágenes emotivas? Y más si son niños los protagonistas de las mismas. Tenemos un salón con un televisor encendido, en el cual Leo Messi acaba de anotar un golazo, y en el sofá los tres pequeños retoños del astro argentino celebran enloquecidos la gesta de su padre. Antonella graba con el móvil, y a través de las redes sociales nos permite a todos ser espectadores de lujo de la tierna imagen familiar.  Este escenario se ha repetido en innumerables ocasiones. Hemos visto a los hijos de futbolistas, jugadores de baloncesto, pilotos de fórmula 1, tenistas, etc, celebrar cómo papá se ponía la capa de héroe y asombraba al mundo. Algo que, por desgracia, resulta mucho más complicado de ver cuando es una mujer quien aparece en pantalla.

Es cierto que cada vez es más habitual encontrar a deportistas de élite que compaginan su carrera profesional con la labor de ser madres. Y también es evidente que no existe obligación alguna de serlo, pero es una grata noticia que quien sienta esa necesidad pueda dar ese paso. Años atrás, por lo general, se aparcaba dicha opción hasta el momento de la retirada, debido a la dificultad que suponía frenar en seco un día a día dedicado a la máxima exigencia física para volver a retomarlo más de un año después, una vez superado un proceso tan exigente y especial como es el embarazo. Pero a día de hoy cada vez son más las mujeres que, empujadas por su deseo de ser mamás, deciden aparcar momentáneamente una carrera deportiva exitosa para poder vivir esta experiencia.

En los últimos años hemos sido testigos de numerosos ejemplos en los que una deportista ha sido madre y posteriormente ha vuelto a rendir al más alto nivel. La tenista estadounidense Serena Williams daba a luz a su hija a finales de 2017, y tras una intensa puesta a punto conseguía alcanzar cuatro finales de Grand Slam en apenas dos años. También la atleta británica Paula Radcliffe se convertía en mamá en enero de 2007, y apenas 10 meses después cruzaba en primer lugar la línea de meta de la maratón de Nueva York. Y recordar también a nuestra querida y admirada piragüista Maialen Chourraut, quien pasaba a disfrutar de la maternidad en 2013 para posteriormente colgarse dos medallas olímpicas en Río 2016 y Tokio 2020.

También encontramos casos similares en Primera Iberdrola. Son una clara minoría, pero tenemos jugadoras que compaginan su labor sobre el verde con la de ser madre. Las sevillistas Zenatha Coleman y Javiera Toro, la atlética Hedvig Lindhal, la madridista Babett Peter o la defensora del Levante María de Alharilla son las mamás de nuestro fútbol femenino, con mención especial a esta última, mamá de Hugo, quien recientemente daba un paso al frente anunciando que volvería a disfrutar de la maternidad por segunda vez. Una decisión que tiene un valor moral incalculable para todas aquellas deportistas que en algún momento se han planteado la idea de tener un hijo, pero que finalmente no se han atrevido por lo que ello pueda conllevar.

Por desgracia, en pleno siglo XXI, no deberíamos tildar este acto de valiente. Pero la incertidumbre todavía se cierne a día de hoy sobre aquellas mujeres que practican un deporte de manera profesional y que deciden dar este paso. Centrándonos en nuestras futbolistas, el convenio carece de criterio en cuanto a embarazos se refiere, con lo que no aporta la seguridad que se suele necesitar para poder tomar una decisión de este calibre. ¿Cambiará algo a raíz de este hecho? Así debe ser. María es la primera futbolista profesional embarazada de nuestro país, y con este paso crea un precedente al que, con el tiempo, se acogerán otras compañeras de profesión.

La defensora jienense del Levante no tiene ninguna intención de colgar las botas. A sus 31 años estaba cuajando una gran temporada hasta el momento en que ha notificado su baja. Altísimo rendimiento mostrado en la previa de Champions disputada ante el todopoderoso Olympique de Lyon, gran aportación defensiva y ofensiva en la Primera Iberdrola y una habitual en las últimas convocatorias de la selección española. María se marcha, pero para volver en breve. Su intención es seguir ligada al club granota mientras dure su embarazo y trabajar duro tras dar a luz para volver a formar parte de la plantilla dirigida por Ángel Villacampa más temprano que tarde. Y aquí nadie duda de que lo vaya a conseguir.

Seguiremos disfrutando pues de momentos inmensamente tiernos, donde los hijos de los grandes cracks del deporte aplaudan y griten porque papá está en la tele dejando boquiabierto al mundo. Pero quizás en unos años también sean Hugo y su hermanito o hermanita, quienes celebren delante de un televisor que mamá acaba de dejarnos asombrados a todos. El primer paso para que esto suceda es normalizar y regular la relación entre el deporte profesional y la maternidad, un objetivo que solo se puede alcanzar gracias a decisiones como la de una María de Alharilla que lleva con orgullo aquello que años atrás parecía impensable; ser madre y deportista de élite.

Imagen de cabecera: Getty Images

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