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Una Guinness por Sandra

David Orenes @david_lrl 29-12-2020

En 1951, en plena Guerra Fría, cuando Churchill es elegido primer ministro de Reino Unido por segunda vez y Nelson Mandela asume la presidencia de la Liga Juvenil del Congreso Nacional Africano, un grupo de amigos se encuentran de cacería en el condado de Wexford, en Inglaterra. Uno de ellos era Sir Hugh Beaver, Director General de la destilería Guinness, cuya cerveza stout ya era una de las más populares del planeta.

Es en las conversaciones más banales donde surgen las mejores ideas, como la que tuvo el propio Beaver mientras charlaba con sus compañeros. Surgió una duda para nada existencial pero curiosa al menos: ¿Cuál es el pájaro de caza más rápido de Europa, el chorlito dorado o el urogallo?

Incapaces de dar con la respuesta, al director de Guinness se le ocurrió crear un libro que, además de promocionar su marca, diera una solución a este tipo de preguntas. De la mano de Norris y Ross McWhirter, unos gemelos que dirigían una oficina de investigación en Londres, crearon años después un Libro de los Récords, una compilación cargada de datos interesantes que solían crear disputas en los bares y pubs. Se elaboró en 13 semanas, a base de 90 horas de trabajo semanales, siendo publicado precisamente en Navidad. El resultado marcó época: desde entonces (1955) es el libro con derechos más vendido de la historia, otro récord en sí mismo (yo mismo lo he recibido un par de años en Reyes).

Este libro popularizó los récords y la ambición por conseguirlos. En el caso del deporte, más si cabe. El jugador de fútbol con más goles, el atleta más rápido en correr una maratón, el tenista con más títulos de Grand Slam, el jugador de baloncesto con más triples dobles consecutivos, el jugador de fútbol americano con más yardas avanzadas mediante pases en una Superbowl, el atleta con más medallas olímpicas de la historia, la esquiadora con más victorias en una sola edición de Copa del mundo…

Pero es en el deporte femenino, y más concretamente en el español, donde se baten récords con cierta frecuencia, catalogando de hazañas lo que en un futuro serán poco más que anécdotas. La murciana Ana Carrasco batió tres en 2018 al romper con todos los prejuicios del motor: fue la primera mujer en ganar una carrera de un campeonato del mundo individual de motos, la primera en lograr una «pole position» y la primera campeona mundial de una competición de la Federación Internacional de Motociclismo. Pongo la mano en el fuego a que el registro de 60.739 asistentes en el Wanda Metropolitano para ver el Atlético-Barça de Primera Iberdrola se superará más pronto que tarde, si el covid-19 lo permite.

Ana Carrasco ha batido varios registros para romper prejuicios en el mundo del motor. (Mirco Lazzari gp/Getty Images)

Hay otros, como los de Mireia Belmonte (hasta cuatro en piscina corta) que parece que aguantarán con el paso del tiempo. El que sí parece inalcanzable acaba de estrenarse en las páginas del famoso libro y no puede ser más merecido. Hace cinco años Sandra Sánchez ni siquiera formaba parte del equipo nacional de katas. Entró a la edad de 32, algo muy poco habitual. “A mí me quisieron retirar desde antes de empezar. Una de las cosas que se sopesaban era si tenía proyección de futuro. Había que decidir si se me daba la oportunidad o no”. Menos mal que se la dieron: ahora mismo es la karateca con más medallas en la historia del circuito mundial.

La talaverana acumula 35 metales (17 oros, 10 platas y ocho bronces) desde su debut en 2014, lo que equivale a siete por año. En un 2020 atípico ha logrado tres medallas de oro en Premier League, otras tres en Liga Nacional y el título del Campeonato de España, además de afianzar el primer puesto del ránking WKF, del ránking olímpico y en el de mejor karateca de todos los tiempos. Entrará en 2021 con un récord Guinness bajo el brazo y soñando con el único gran objetivo que le falta, un oro olímpico. En Tokio tendrá a buen seguro la única oportunidad de su carrera de conseguirlo (en París 2024 el kárate se ha quedado fuera). En septiembre cumplirá 40 años (13 más que su máxima perseguidora, la japonesa Kiyou Shimizu, a la que aventaja en casi 4000 puntos) con la certeza de que la edad es solo un número, y que somos nosotros mismos quienes elegimos nuestros límites. Incluso para batir récords.

Imagen de cabecera: PIERRE-PHILIPPE MARCOU/AFP via Getty Images

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En 1951, en plena Guerra Fría, cuando Churchill es elegido primer ministro de Reino Unido por segunda vez y Nelson Mandela asume la presidencia de la Liga Juvenil del Congreso Nacional Africano, un grupo de amigos se encuentran de cacería en el condado de Wexford, en Inglaterra. Uno de ellos era Sir Hugh Beaver, Director General de la destilería Guinness, cuya cerveza stout ya era una de las más populares del planeta.

Es en las conversaciones más banales donde surgen las mejores ideas, como la que tuvo el propio Beaver mientras charlaba con sus compañeros. Surgió una duda para nada existencial pero curiosa al menos: ¿Cuál es el pájaro de caza más rápido de Europa, el chorlito dorado o el urogallo?

Incapaces de dar con la respuesta, al director de Guinness se le ocurrió crear un libro que, además de promocionar su marca, diera una solución a este tipo de preguntas. De la mano de Norris y Ross McWhirter, unos gemelos que dirigían una oficina de investigación en Londres, crearon años después un Libro de los Récords, una compilación cargada de datos interesantes que solían crear disputas en los bares y pubs. Se elaboró en 13 semanas, a base de 90 horas de trabajo semanales, siendo publicado precisamente en Navidad. El resultado marcó época: desde entonces (1955) es el libro con derechos más vendido de la historia, otro récord en sí mismo (yo mismo lo he recibido un par de años en Reyes).

Este libro popularizó los récords y la ambición por conseguirlos. En el caso del deporte, más si cabe. El jugador de fútbol con más goles, el atleta más rápido en correr una maratón, el tenista con más títulos de Grand Slam, el jugador de baloncesto con más triples dobles consecutivos, el jugador de fútbol americano con más yardas avanzadas mediante pases en una Superbowl, el atleta con más medallas olímpicas de la historia, la esquiadora con más victorias en una sola edición de Copa del mundo…

Pero es en el deporte femenino, y más concretamente en el español, donde se baten récords con cierta frecuencia, catalogando de hazañas lo que en un futuro serán poco más que anécdotas. La murciana Ana Carrasco batió tres en 2018 al romper con todos los prejuicios del motor: fue la primera mujer en ganar una carrera de un campeonato del mundo individual de motos, la primera en lograr una «pole position» y la primera campeona mundial de una competición de la Federación Internacional de Motociclismo. Pongo la mano en el fuego a que el registro de 60.739 asistentes en el Wanda Metropolitano para ver el Atlético-Barça de Primera Iberdrola se superará más pronto que tarde, si el covid-19 lo permite.

Ana Carrasco ha batido varios registros para romper prejuicios en el mundo del motor. (Mirco Lazzari gp/Getty Images)

Hay otros, como los de Mireia Belmonte (hasta cuatro en piscina corta) que parece que aguantarán con el paso del tiempo. El que sí parece inalcanzable acaba de estrenarse en las páginas del famoso libro y no puede ser más merecido. Hace cinco años Sandra Sánchez ni siquiera formaba parte del equipo nacional de katas. Entró a la edad de 32, algo muy poco habitual. “A mí me quisieron retirar desde antes de empezar. Una de las cosas que se sopesaban era si tenía proyección de futuro. Había que decidir si se me daba la oportunidad o no”. Menos mal que se la dieron: ahora mismo es la karateca con más medallas en la historia del circuito mundial.

La talaverana acumula 35 metales (17 oros, 10 platas y ocho bronces) desde su debut en 2014, lo que equivale a siete por año. En un 2020 atípico ha logrado tres medallas de oro en Premier League, otras tres en Liga Nacional y el título del Campeonato de España, además de afianzar el primer puesto del ránking WKF, del ránking olímpico y en el de mejor karateca de todos los tiempos. Entrará en 2021 con un récord Guinness bajo el brazo y soñando con el único gran objetivo que le falta, un oro olímpico. En Tokio tendrá a buen seguro la única oportunidad de su carrera de conseguirlo (en París 2024 el kárate se ha quedado fuera). En septiembre cumplirá 40 años (13 más que su máxima perseguidora, la japonesa Kiyou Shimizu, a la que aventaja en casi 4000 puntos) con la certeza de que la edad es solo un número, y que somos nosotros mismos quienes elegimos nuestros límites. Incluso para batir récords.

Imagen de cabecera: PIERRE-PHILIPPE MARCOU/AFP via Getty Images

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