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Una duda

Daniel Fernández-Pacheco @DFPV96 10-10-2018

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Cuando Thibaut Courtois entró por la puerta del Santiago Bernabéu era evidente que su disputa con Keylor Navas iba a abrir un sinfín de debates incontrolables – pensaría Lopetegui – que ni el propio fútbol podría esconder. Estamos en una era en la que lo que lo manifiesto está envenenado e incluso te puede golpear cuando es tuyo, como un boomerang, y, en cambio, lo ignoto gana puntos. Bendita ignorancia.

El costarricense domina estas lides, ha vivido lo que es disputar solo una competición al año, y siempre supo resarcirse de cualquier desliz en la portería blanca, seguramente una de las más fantasiosas de todo el planeta Tierra. De ella uno tiene que salir, por lo menos, carente de algún tornillo -de los de la cabeza – por la propia presión que conlleva defenderla. Sin embargo, el exfutbolista del Albacete también es un ser humano que ha estado varias veces en la puerta de salida. Y eso duele. 

La de portero es una demarcación singular, en la que cuando estás acostumbrado a ver los choques desde el banquillo la salida al verde revuelve, casi siendo peor que un desamor. Los guardametas no suelen encontrarse en su sitio, titubean en cada salida y suelen ser nocivos con el cuero en los pies. De hecho, Lopetegui obliga en la iniciación un esfuerzo extra, una metáfora del fútbol y la vida actual, en la que el portero y el central no se pueden olvidar del ataque aunque últimamente algunos consientan obviar su principal cometido: que no marque el rival.

Courtois, por su parte, es titular en La Liga reemplazando a alguien que precisamente será eterno por poseer 3 Champions League, un hito que se asemeja inalcanzable. El belga, más allá del gol del Alavés, puede cargarse con poca responsabilidad y más con este estilo tan propositivo que pretende el conjunto blanco, en el que no desatina. Los de la capital de España obligan a sus guardametas a mimar el cuero de tal manera que incluso se han visto situaciones arriesgadas a la hora de sacar el balón desde atrás y eso, lógicamente, requiere una confianza que lleva muchos choques en las condiciones de uso. 

La incertidumbre, asimismo, florece sola, casi sin tener que regarla. Habría que saber si en el momento que alguno de los guardametas baje su nivel podría haber un supuesto cambio, contando que el Real Madrid cuenta con dos de los mejores del mundo. Tenerlos puede ser una solución o un problema. Y en el término medio, algo que lamentablemente está desapareciendo, surge la duda. 

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Cuando Thibaut Courtois entró por la puerta del Santiago Bernabéu era evidente que su disputa con Keylor Navas iba a abrir un sinfín de debates incontrolables – pensaría Lopetegui – que ni el propio fútbol podría esconder. Estamos en una era en la que lo que lo manifiesto está envenenado e incluso te puede golpear cuando es tuyo, como un boomerang, y, en cambio, lo ignoto gana puntos. Bendita ignorancia.

El costarricense domina estas lides, ha vivido lo que es disputar solo una competición al año, y siempre supo resarcirse de cualquier desliz en la portería blanca, seguramente una de las más fantasiosas de todo el planeta Tierra. De ella uno tiene que salir, por lo menos, carente de algún tornillo -de los de la cabeza – por la propia presión que conlleva defenderla. Sin embargo, el exfutbolista del Albacete también es un ser humano que ha estado varias veces en la puerta de salida. Y eso duele. 

La de portero es una demarcación singular, en la que cuando estás acostumbrado a ver los choques desde el banquillo la salida al verde revuelve, casi siendo peor que un desamor. Los guardametas no suelen encontrarse en su sitio, titubean en cada salida y suelen ser nocivos con el cuero en los pies. De hecho, Lopetegui obliga en la iniciación un esfuerzo extra, una metáfora del fútbol y la vida actual, en la que el portero y el central no se pueden olvidar del ataque aunque últimamente algunos consientan obviar su principal cometido: que no marque el rival.

Courtois, por su parte, es titular en La Liga reemplazando a alguien que precisamente será eterno por poseer 3 Champions League, un hito que se asemeja inalcanzable. El belga, más allá del gol del Alavés, puede cargarse con poca responsabilidad y más con este estilo tan propositivo que pretende el conjunto blanco, en el que no desatina. Los de la capital de España obligan a sus guardametas a mimar el cuero de tal manera que incluso se han visto situaciones arriesgadas a la hora de sacar el balón desde atrás y eso, lógicamente, requiere una confianza que lleva muchos choques en las condiciones de uso. 

La incertidumbre, asimismo, florece sola, casi sin tener que regarla. Habría que saber si en el momento que alguno de los guardametas baje su nivel podría haber un supuesto cambio, contando que el Real Madrid cuenta con dos de los mejores del mundo. Tenerlos puede ser una solución o un problema. Y en el término medio, algo que lamentablemente está desapareciendo, surge la duda. 

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