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Una carrera a contrarreloj

Pocos dirían que no a una tableta de chocolate con leche, producto indispensable (al menos en mi casa) en tiempos de confinamiento. El cacao, según los expertos (y yo me lo creo y por eso como más) ayuda a combatir la depresión y más mínima sensación de claustrofobia. Ayuda al cerebro a producir serotonina, creando una sensación de bienestar y aumentando exponencialmente la autoestima. No en vano, el propio profesor Remus Lupin le proporcionaba chocolate a Harry tras una mala experiencia a manos de los dementores.

Pero todo lo bueno se acaba, también el chocolate. Te obliga a comprar en cantidades industriales como el papel higiénico o a salir a las semi desiertas calles de Madrid en busca de, al menos, una tableta más. El riesgo merece la pena, por supuesto. Quizá también para un Santi Cazorla que lucha contra los restos de una lesión que casi le deja sin pierna y sin fútbol para siempre, y que tras volver de un calvario que parecía no acabar, disfrutaba de días tan mágicos que algunos ya le veíamos titular en la próxima Eurocopa.

Pero esta crisis sanitaria ha frenado todo, con severas consecuencias para aquellos que no tienen tiempo que perder. Con 35 años (uno más en diciembre) es evidente que el asturiano vive el trayecto final de su carrera, aunque pocos podían imaginar que fuera a ser tan esplendoroso. Una vez pasaron los peores momentos, lo importante no era volver al mejor nivel, sino simplemente volver. Verle entrenar con el Villarreal sin contrato era un motivo para ilusionarse. Lo que nadie esperaba es que firmara una temporada espectacular en un equipo que, contra todo pronóstico, rozó el descenso a Segunda División. Santi, cuyo diagnóstico le auguraba no volver a saltar al césped más que para un homenaje, jugó 46 partidos la pasada campaña. Se confirmó como uno de los mejores asistentes del campeonato y firmó una noche para el recuerdo marcando un doblete ante el mismísimo Real Madrid.

Pero lo mejor estaba por llegar. El Villarreal renovó su contrato por un curso más y le convirtió en el líder y capitán de un vestuario que aspiraba a mayores cotas. Su nivel ha sido tan alto que no hace falta ni apoyarse en los números (7 asistencias y 12 goles, su mejor cifra hasta la fecha). Volver con la Selección ni siquiera era un objetivo un año atrás, y sin embargo, la llamada de Luis Enrique primero y Robert Moreno después confirmaba que el pequeño asturiano no había vuelto para un retiro dorado, sino para demostrar que la calidad se le cae de los bolsillos. Importantísimo en el juego de asociación amarillo, España se ve cada vez más necesitado de este tipo de futbolista, que además sirve de ejemplo para jóvenes y líder natural del vestuario. Su candidatura para acudir a la Eurocopa era tan firme que algunos ya le veíamos como titular en el once.

Pero el último mes ha echado por tierra algunas de las grandes motivaciones de Santi. El Submarino sumó una única victoria en cinco jornadas y hasta tres derrotas consecutivas para dejar los puestos europeos a una distancia de siete puntos. Para colmo, el obligado parón y el aplazamiento de la Eurocopa al verano de 2021 ha acabado con la ilusión de verle en esa lista y en su último gran torneo con la Roja, el mismo que ha conquistado en dos ocasiones con grandes contribuciones (inolvidable uno de sus penaltis lanzados en la tanda de cuartos de final ante Italia en 2008).

El futuro es incierto para un jugador que perdió cuatro años de fútbol y ahora, en su mejor momento, tiene que esperar en casa hasta que todo vuelva a la normalidad. El tiempo juega en su contra, y aunque el Villarreal tiene clara su renovación a final de temporada, él todavía no ha tomado una decisión. “No me planteo nada a largo plazo, y menos con 35 años. Acabaré la temporada y veré qué me pide el cuerpo porque cada día que me levanto las sensaciones son diferentes. Siempre dije que volvía aquí para jugar a mi mejor nivel y cuando vea que no estoy ni a un 80% me echaré a un lado y dejaré paso a la gente joven. A día de hoy estoy contento, pero la edad se nota, la lesión está ahí y cada vez cuesta más», dijo en una entrevista en MARCA.

Es difícil que su mejor nivel no se resienta durante esta pausa que tiene vistas de ser prolongada. El tiempo para seguir disfrutando del fútbol de Santi Cazorla se va acabando, y a diferencia del chocolate, parece imposible de reponer. 

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Pocos dirían que no a una tableta de chocolate con leche, producto indispensable (al menos en mi casa) en tiempos de confinamiento. El cacao, según los expertos (y yo me lo creo y por eso como más) ayuda a combatir la depresión y más mínima sensación de claustrofobia. Ayuda al cerebro a producir serotonina, creando una sensación de bienestar y aumentando exponencialmente la autoestima. No en vano, el propio profesor Remus Lupin le proporcionaba chocolate a Harry tras una mala experiencia a manos de los dementores.

Pero todo lo bueno se acaba, también el chocolate. Te obliga a comprar en cantidades industriales como el papel higiénico o a salir a las semi desiertas calles de Madrid en busca de, al menos, una tableta más. El riesgo merece la pena, por supuesto. Quizá también para un Santi Cazorla que lucha contra los restos de una lesión que casi le deja sin pierna y sin fútbol para siempre, y que tras volver de un calvario que parecía no acabar, disfrutaba de días tan mágicos que algunos ya le veíamos titular en la próxima Eurocopa.

Pero esta crisis sanitaria ha frenado todo, con severas consecuencias para aquellos que no tienen tiempo que perder. Con 35 años (uno más en diciembre) es evidente que el asturiano vive el trayecto final de su carrera, aunque pocos podían imaginar que fuera a ser tan esplendoroso. Una vez pasaron los peores momentos, lo importante no era volver al mejor nivel, sino simplemente volver. Verle entrenar con el Villarreal sin contrato era un motivo para ilusionarse. Lo que nadie esperaba es que firmara una temporada espectacular en un equipo que, contra todo pronóstico, rozó el descenso a Segunda División. Santi, cuyo diagnóstico le auguraba no volver a saltar al césped más que para un homenaje, jugó 46 partidos la pasada campaña. Se confirmó como uno de los mejores asistentes del campeonato y firmó una noche para el recuerdo marcando un doblete ante el mismísimo Real Madrid.

Pero lo mejor estaba por llegar. El Villarreal renovó su contrato por un curso más y le convirtió en el líder y capitán de un vestuario que aspiraba a mayores cotas. Su nivel ha sido tan alto que no hace falta ni apoyarse en los números (7 asistencias y 12 goles, su mejor cifra hasta la fecha). Volver con la Selección ni siquiera era un objetivo un año atrás, y sin embargo, la llamada de Luis Enrique primero y Robert Moreno después confirmaba que el pequeño asturiano no había vuelto para un retiro dorado, sino para demostrar que la calidad se le cae de los bolsillos. Importantísimo en el juego de asociación amarillo, España se ve cada vez más necesitado de este tipo de futbolista, que además sirve de ejemplo para jóvenes y líder natural del vestuario. Su candidatura para acudir a la Eurocopa era tan firme que algunos ya le veíamos como titular en el once.

Pero el último mes ha echado por tierra algunas de las grandes motivaciones de Santi. El Submarino sumó una única victoria en cinco jornadas y hasta tres derrotas consecutivas para dejar los puestos europeos a una distancia de siete puntos. Para colmo, el obligado parón y el aplazamiento de la Eurocopa al verano de 2021 ha acabado con la ilusión de verle en esa lista y en su último gran torneo con la Roja, el mismo que ha conquistado en dos ocasiones con grandes contribuciones (inolvidable uno de sus penaltis lanzados en la tanda de cuartos de final ante Italia en 2008).

El futuro es incierto para un jugador que perdió cuatro años de fútbol y ahora, en su mejor momento, tiene que esperar en casa hasta que todo vuelva a la normalidad. El tiempo juega en su contra, y aunque el Villarreal tiene clara su renovación a final de temporada, él todavía no ha tomado una decisión. “No me planteo nada a largo plazo, y menos con 35 años. Acabaré la temporada y veré qué me pide el cuerpo porque cada día que me levanto las sensaciones son diferentes. Siempre dije que volvía aquí para jugar a mi mejor nivel y cuando vea que no estoy ni a un 80% me echaré a un lado y dejaré paso a la gente joven. A día de hoy estoy contento, pero la edad se nota, la lesión está ahí y cada vez cuesta más», dijo en una entrevista en MARCA.

Es difícil que su mejor nivel no se resienta durante esta pausa que tiene vistas de ser prolongada. El tiempo para seguir disfrutando del fútbol de Santi Cazorla se va acabando, y a diferencia del chocolate, parece imposible de reponer.