_Italia

Una autopista para Theo

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 14-07-2020

Contar con Theo Hernandez como lateral titular de tu equipo es como jugar con un extremo izquierdo capaz de incidir de la misma manera tenaz y agresiva, solo que partiendo desde 30 metros más atrás en el campo. Una ventaja evidente, pero que hay que saber poner en valor. La llegada del francés al Milan, tras una temporada muy discreta en la Real Sociedad, parecía que iba a encontrarse de lleno con sus propias limitaciones defensivas en el uno contra uno defensivo, con su falta de temple cubriendo los espacios con la posición en lugar de yendo en busca del balón y con su escasa concentración a la hora de ejecutar una salida de pelota más pausada. Sin embargo, desde el inicio mismo de la temporada, Theo ha ido tirando por tierra el mito de que un lateral con carencias atrás no puede triunfar en Italia en una línea de cuatro.

El canterano colchonero se ha convertido en el arma ofensiva más punzante, fácil de activar y constante de los rossoneri. Hasta el punto de que Stefano Pioli ha seguido adaptando su sistema para favorecer más y más su vuelo con y sin pelota —ya sea pegado a la línea de cal o insertándose por el carril intermedio—, el cual parte desde el primer tercio del campo propio hasta alcanzar el último en la mitad rival, e incluso aportar en zonas de finalización. Una adaptación y un rendimiento que hacen que su nombre se sume con fuerza a la nueva oleada de grandes laterales verticales, físicamente dominantes, regateadores, velocísimos, más atléticos que creativos, con mucho desborde y altamente productivos que está cambiando el concepto tipo de la demarcación, con nombres como los de Achraf Hakimi o Alphonso Davies.

La profundidad innata de Theo le ha facilitado mucho la vida a Pioli tácticamente. Su ritmo alto a lo largo de los 90 minutos, su extrema facilidad para llegar al segundo palo o pisar área desde el lado débil del ataque y su demoledora conducción —una de las más exuberantes de la Serie A—, casi a modo de slalom gigante, permite al Milan una salida desde atrás muy sencilla de ejecutar, que consiste en entregarle el esférico a Theo, bien pegado a la banda y a una distancia de relación óptima respecto a Alessio Romagnoli, para que se apoye en el mediocentro de su lado y trace un desmarque en profundidad o directamente salga con el balón al pie al galope. Esta acción, sumada a la poca efusividad de las presiones altas en el Calcio, permite a su equipo mantener su capacidad de amenaza hacia la mitad rival, aunque ceda metros, aunque defienda abajo y aunque la transición ofensiva se antoje a priori demasiado larga como para hacer daño.

Esta alternativa exime al Milan de tener que asumir siempre el control del juego, le permite mezclar con fases de un dominio un poco más elaborado —con Franck Kessié e Ismaël Bennacer al mando—, aunque siempre con vocación vertical. Le confiere además una superioridad exterior permanente por la banda izquierda para que Theo la explote de manera prácticamente individual, ya que el teórico extremo zurdo —generalmente Hakan Çalhanoglu— actúa de facto en la zona del mediapunta, arrastrando al lateral hacia el carril central o fijándolo por fuera cuando cae puntualmente a banda —una tarea que también pueden ejecutar cualquiera de los puntas— y libera así por completo el carril exterior o, en el segundo caso, el pasillo interior para las incursiones del francés. Por su parte, el lateral derecho rossonero se encarga de cerrar atrás junto a los dos defensores centrales para compensar y equilibrar la estructura defensivamente. De esta forma, el teórico 4-4-2 de partida y sin balón pasa a ser en ataque un móvil 3-4-1-2.

Ante Rebic y Franck Kessié celebrando un tanto ante el Napoli.

Con esta disposición, el espacio a su espalda se convierte en una piedra a picar para cualquier adversario. Más allá de ejercer como primer apoyo interior de Theo cuando este recibe el primer pase en la salida, Kessié está siendo un jugador absolutamente clave para el sobresaliente nivel del galo. De hecho, Pioli ha cambiado del perfil derecho al izquierdo al centrocampista marfileño en su doble pivote precisamente para que esté muy pendiente de su posicionamiento sin balón y ejerza de soporte continuo. Una labor que no solo lleva a cabo con la ayuda lateral cuando la jugada pilla a Theo muy arriba, sino que también realiza en los ataques más estáticos del rival.

Theo es un tipo de defensor muy agresivo, poco reflexivo, que se fía en exceso de su potencia y de su rapidez cuando salta al portador, que puede generar por lo tanto espacios jugosos a su espalda y que no orienta demasiado bien a su marca hacia el lado que más le interese al sistema de su equipo. Es por ese motivo que Pioli está utilizando a Kessié como una suerte de “falso carrilero” en la defensa en bloque bajo, emparejándolo con el extremo derecho del oponente en una tarea que teóricamente le correspondería a Theo y dejando a este en un segundo escalón de la jugada, pendiente de la posible salida del rival para, ahora sí, acudir al balón dividido, llevar el duelo hacia la línea de fondo con ventaja o anticipar la pelota gracias a su físico y velocidad. Cuando un solo futbolista supone por sí mismo una salida de balón tan potente, incisiva y fácil de ejecutar, es más rápido transportando el cuero que los demás sin él, genera tantas ventajas en el último tercio siendo lateral izquierdo, haciendo que pesen mucho más que los desequilibrios que pueda ocasionar su falta de conceptos defensivos de élite en la propia mitad del campo y posee además la capacidad de eliminar rivales a través del dribbling —es el séptimo que más regates realiza por partido en Serie A— todos los esfuerzos de protección y enfatización de ese futbolista resultan pocos. Y Pioli, con su consabido gusto por la verticalidad, lo ha ido entendiendo progresivamente a lo largo de la temporada de forma inteligente y a través de una idea de juego muy práctica. Y lo más importante, que está dando resultados. Si Theo pone su bólido, los caballos de sus piernas y una de las mejores conducciones del mercado a disposición del sistema, lo mínimo que puede hacer su entrenador es asfaltarle la autopista

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Contar con Theo Hernandez como lateral titular de tu equipo es como jugar con un extremo izquierdo capaz de incidir de la misma manera tenaz y agresiva, solo que partiendo desde 30 metros más atrás en el campo. Una ventaja evidente, pero que hay que saber poner en valor. La llegada del francés al Milan, tras una temporada muy discreta en la Real Sociedad, parecía que iba a encontrarse de lleno con sus propias limitaciones defensivas en el uno contra uno defensivo, con su falta de temple cubriendo los espacios con la posición en lugar de yendo en busca del balón y con su escasa concentración a la hora de ejecutar una salida de pelota más pausada. Sin embargo, desde el inicio mismo de la temporada, Theo ha ido tirando por tierra el mito de que un lateral con carencias atrás no puede triunfar en Italia en una línea de cuatro.

El canterano colchonero se ha convertido en el arma ofensiva más punzante, fácil de activar y constante de los rossoneri. Hasta el punto de que Stefano Pioli ha seguido adaptando su sistema para favorecer más y más su vuelo con y sin pelota —ya sea pegado a la línea de cal o insertándose por el carril intermedio—, el cual parte desde el primer tercio del campo propio hasta alcanzar el último en la mitad rival, e incluso aportar en zonas de finalización. Una adaptación y un rendimiento que hacen que su nombre se sume con fuerza a la nueva oleada de grandes laterales verticales, físicamente dominantes, regateadores, velocísimos, más atléticos que creativos, con mucho desborde y altamente productivos que está cambiando el concepto tipo de la demarcación, con nombres como los de Achraf Hakimi o Alphonso Davies.

La profundidad innata de Theo le ha facilitado mucho la vida a Pioli tácticamente. Su ritmo alto a lo largo de los 90 minutos, su extrema facilidad para llegar al segundo palo o pisar área desde el lado débil del ataque y su demoledora conducción —una de las más exuberantes de la Serie A—, casi a modo de slalom gigante, permite al Milan una salida desde atrás muy sencilla de ejecutar, que consiste en entregarle el esférico a Theo, bien pegado a la banda y a una distancia de relación óptima respecto a Alessio Romagnoli, para que se apoye en el mediocentro de su lado y trace un desmarque en profundidad o directamente salga con el balón al pie al galope. Esta acción, sumada a la poca efusividad de las presiones altas en el Calcio, permite a su equipo mantener su capacidad de amenaza hacia la mitad rival, aunque ceda metros, aunque defienda abajo y aunque la transición ofensiva se antoje a priori demasiado larga como para hacer daño.

Esta alternativa exime al Milan de tener que asumir siempre el control del juego, le permite mezclar con fases de un dominio un poco más elaborado —con Franck Kessié e Ismaël Bennacer al mando—, aunque siempre con vocación vertical. Le confiere además una superioridad exterior permanente por la banda izquierda para que Theo la explote de manera prácticamente individual, ya que el teórico extremo zurdo —generalmente Hakan Çalhanoglu— actúa de facto en la zona del mediapunta, arrastrando al lateral hacia el carril central o fijándolo por fuera cuando cae puntualmente a banda —una tarea que también pueden ejecutar cualquiera de los puntas— y libera así por completo el carril exterior o, en el segundo caso, el pasillo interior para las incursiones del francés. Por su parte, el lateral derecho rossonero se encarga de cerrar atrás junto a los dos defensores centrales para compensar y equilibrar la estructura defensivamente. De esta forma, el teórico 4-4-2 de partida y sin balón pasa a ser en ataque un móvil 3-4-1-2.

Ante Rebic y Franck Kessié celebrando un tanto ante el Napoli.

Con esta disposición, el espacio a su espalda se convierte en una piedra a picar para cualquier adversario. Más allá de ejercer como primer apoyo interior de Theo cuando este recibe el primer pase en la salida, Kessié está siendo un jugador absolutamente clave para el sobresaliente nivel del galo. De hecho, Pioli ha cambiado del perfil derecho al izquierdo al centrocampista marfileño en su doble pivote precisamente para que esté muy pendiente de su posicionamiento sin balón y ejerza de soporte continuo. Una labor que no solo lleva a cabo con la ayuda lateral cuando la jugada pilla a Theo muy arriba, sino que también realiza en los ataques más estáticos del rival.

Theo es un tipo de defensor muy agresivo, poco reflexivo, que se fía en exceso de su potencia y de su rapidez cuando salta al portador, que puede generar por lo tanto espacios jugosos a su espalda y que no orienta demasiado bien a su marca hacia el lado que más le interese al sistema de su equipo. Es por ese motivo que Pioli está utilizando a Kessié como una suerte de “falso carrilero” en la defensa en bloque bajo, emparejándolo con el extremo derecho del oponente en una tarea que teóricamente le correspondería a Theo y dejando a este en un segundo escalón de la jugada, pendiente de la posible salida del rival para, ahora sí, acudir al balón dividido, llevar el duelo hacia la línea de fondo con ventaja o anticipar la pelota gracias a su físico y velocidad. Cuando un solo futbolista supone por sí mismo una salida de balón tan potente, incisiva y fácil de ejecutar, es más rápido transportando el cuero que los demás sin él, genera tantas ventajas en el último tercio siendo lateral izquierdo, haciendo que pesen mucho más que los desequilibrios que pueda ocasionar su falta de conceptos defensivos de élite en la propia mitad del campo y posee además la capacidad de eliminar rivales a través del dribbling —es el séptimo que más regates realiza por partido en Serie A— todos los esfuerzos de protección y enfatización de ese futbolista resultan pocos. Y Pioli, con su consabido gusto por la verticalidad, lo ha ido entendiendo progresivamente a lo largo de la temporada de forma inteligente y a través de una idea de juego muy práctica. Y lo más importante, que está dando resultados. Si Theo pone su bólido, los caballos de sus piernas y una de las mejores conducciones del mercado a disposición del sistema, lo mínimo que puede hacer su entrenador es asfaltarle la autopista

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