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Un viaje en el tiempo

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 22-04-2022

Hace ya un tiempo, cuando las vacas verdiblancas tenían la mitad de la mitad de las hechuras de las de ahora y los objetivos deportivos del Betis se dividían en las opciones subir o no bajar, un amigo me contó una historia que, en mi opinión, resume bastante bien lo que es el sentir bético, sus porqués sin porqué, lo que significa el ‘manquepierda’ y qué conlleva la afección por unos colores que traspasa las carestías, aunque anhele las bonanzas o las sufra muy de cerca.

El caso es que este amigo tiene un hijo que por entonces no tendría más de siete años. Nacido en Málaga como su malagueña y malaguista madre. De padre sevillano y sevillista del barrio de Nervión. Un niño que se llama Álex y que un buen día al volver del colegio se plantó decidido y valeroso en la cocina y les soltó abiertamente a ambos que se había hecho del Betis, a lo que su padre le contestó: “Vamos a ver… ¿Pero a ti quién te ha dicho siquiera que el Betis existe?”.

Así es el Betis. Si no está desde la cuna y llega a tu vida sin motivo aparente, se quedará contigo para siempre. Y tú con él. En la riqueza y en la pobreza. Ha costado sangre, sudor, lágrimas, luchas internas y externas, uniones y desuniones, ilusiones convertidas en septiembre en desilusiones y en mayo en auténticos dramas. Ha tenido que pasar, a lo largo de todo este trayecto, una vasta colección de nombres de futbolistas que solo vamos a recordar los que los padecimos por el único y exclusivo hecho de eso mismo: de haberlos padecido.

Ha habido otros momentos en los que parecía que sí, pero al final era siempre no. Pero el Betis ha vuelto a engancharse a su tren favorito, el tren de la Copa, y se ha subido en él cuando la moneda al aire ha empezado a salir de cara. Conviene no olvidar nunca de dónde se viene. Del mismo modo que le conviene al Betis, por si en algún momento tiene la tentación de abrazar el papel de claro favorito, que este viaje apasionante no alcanzó la velocidad óptima hasta que un gol de Lainez (el jugador número 23 o 24 en la rotación de Pellegrini) marcó un gol que puede ser un icono en el minuto 116 en el Estadio Municipal El Prado de Talavera de la Reina.

A veces, muchas más de las que a cualquier padre nos gustaría reconocer, la frase “tú hazle caso a tu padre” está totalmente injustificada y carece de sentido. Y esta es una de esas veces. Que sí, Álex, que tú tenías razón y no tu padre. Que el Betis existe, claro que existe. Y tú ya lo sabías. Que el Betis eres precisamente tú eligiéndolo frente al exitismo vecino más punzante, eligiéndolo por el mero hecho de su propia existencia. Y si existía entonces, cuando no había mayores razones, si existía mientras encajaba un 4-1 en Ponferrada en una lluviosa tarde de verano, cómo no va a existir ahora, ocho años después de aquello, 17 desde la última final.

Cómo no va a existir ahora que el lunes, cuando vayas a clase, ya en el instituto, no va a quedar absolutamente nadie sin saber que el Betis, que el Real Betis Balompié, ha vuelto a buscar las llaves por si en unas horas le toca abrir de nuevo las vitrinas, sin saber que el Betis ha vuelto a encontrarse consigo gracias a una de sus mejores versiones de siempre, sin saber simplemente que el Betis ha vuelto. Sin más rodeos ni desvíos. Porque manquepierda, el Betis ha vuelto.

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Imagen de cabecera: Real Betis

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Hace ya un tiempo, cuando las vacas verdiblancas tenían la mitad de la mitad de las hechuras de las de ahora y los objetivos deportivos del Betis se dividían en las opciones subir o no bajar, un amigo me contó una historia que, en mi opinión, resume bastante bien lo que es el sentir bético, sus porqués sin porqué, lo que significa el ‘manquepierda’ y qué conlleva la afección por unos colores que traspasa las carestías, aunque anhele las bonanzas o las sufra muy de cerca.

El caso es que este amigo tiene un hijo que por entonces no tendría más de siete años. Nacido en Málaga como su malagueña y malaguista madre. De padre sevillano y sevillista del barrio de Nervión. Un niño que se llama Álex y que un buen día al volver del colegio se plantó decidido y valeroso en la cocina y les soltó abiertamente a ambos que se había hecho del Betis, a lo que su padre le contestó: “Vamos a ver… ¿Pero a ti quién te ha dicho siquiera que el Betis existe?”.

Así es el Betis. Si no está desde la cuna y llega a tu vida sin motivo aparente, se quedará contigo para siempre. Y tú con él. En la riqueza y en la pobreza. Ha costado sangre, sudor, lágrimas, luchas internas y externas, uniones y desuniones, ilusiones convertidas en septiembre en desilusiones y en mayo en auténticos dramas. Ha tenido que pasar, a lo largo de todo este trayecto, una vasta colección de nombres de futbolistas que solo vamos a recordar los que los padecimos por el único y exclusivo hecho de eso mismo: de haberlos padecido.

Ha habido otros momentos en los que parecía que sí, pero al final era siempre no. Pero el Betis ha vuelto a engancharse a su tren favorito, el tren de la Copa, y se ha subido en él cuando la moneda al aire ha empezado a salir de cara. Conviene no olvidar nunca de dónde se viene. Del mismo modo que le conviene al Betis, por si en algún momento tiene la tentación de abrazar el papel de claro favorito, que este viaje apasionante no alcanzó la velocidad óptima hasta que un gol de Lainez (el jugador número 23 o 24 en la rotación de Pellegrini) marcó un gol que puede ser un icono en el minuto 116 en el Estadio Municipal El Prado de Talavera de la Reina.

A veces, muchas más de las que a cualquier padre nos gustaría reconocer, la frase “tú hazle caso a tu padre” está totalmente injustificada y carece de sentido. Y esta es una de esas veces. Que sí, Álex, que tú tenías razón y no tu padre. Que el Betis existe, claro que existe. Y tú ya lo sabías. Que el Betis eres precisamente tú eligiéndolo frente al exitismo vecino más punzante, eligiéndolo por el mero hecho de su propia existencia. Y si existía entonces, cuando no había mayores razones, si existía mientras encajaba un 4-1 en Ponferrada en una lluviosa tarde de verano, cómo no va a existir ahora, ocho años después de aquello, 17 desde la última final.

Cómo no va a existir ahora que el lunes, cuando vayas a clase, ya en el instituto, no va a quedar absolutamente nadie sin saber que el Betis, que el Real Betis Balompié, ha vuelto a buscar las llaves por si en unas horas le toca abrir de nuevo las vitrinas, sin saber que el Betis ha vuelto a encontrarse consigo gracias a una de sus mejores versiones de siempre, sin saber simplemente que el Betis ha vuelto. Sin más rodeos ni desvíos. Porque manquepierda, el Betis ha vuelto.

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