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Un Valencia huracanado se topa con un muro

Alessandra Roversi @http://www.twitter.com/aleroversi 07-01-2014

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Domingo ORTIZ

Domingo ORTIZ | Valencia

Postiga, en el 93, invita a soñar al valencianimo. Un gravísimo error de Guaita permitió al Atlético adelantarse con el oportunismo de Raúl García, que sumó su undécimo tanto de la temporada. Feghouli y Mathieu, inmensos.

Mestalla vivió una noche necesaria. El efecto Pizzi necesitaba continuidad tras la victoria ante el Levante y el campo subrayó la mejoría. El Valencia hizo, posiblemente, el mejor partido de la temporada y, si no se fue al Calderón con ventaja en la eliminatoria, fue por la soberbia actuación de “Tibo” Courtois. El arquero belga repelió todo lo que le iba llegando. Zapatazos de Bernat abajo, misiles de Canales buscando la escuadra, remates de Postiga y Feghouli en boca de gol… Paró hasta un taxi.

El Valencia salió enchufadísimo desde el principio. Como un coche de gama alta recién sacado del concesionario. Con todo en su sitio. Sin fisuras. Parejo mandó en sala de máquinas y enhebró los ataques de su equipo con la suavidad que le caracteriza. Bernat y Fede eran puñales por banda. Juanfran y Filipe, más incómodos que de costumbre, tuvieron que remar mucho para poder frenar a los menudos canteranos valencianistas. Pero el equipo de Pizzi es un oásis en punta. Miranda y Alderweireld, que entró en el once del Cholo por las molestias musculares de Godín, son mimbres importantes para secar a cualquier delantero, pero Postiga estaba desquiciando a Mestalla. Controles sin cartabón, remates con el hombro… Abanico de infortunios que alargan la sombra del delantero ché y que dinamizan la contratación de un ariete para el mercado invernal. El chileno Eduardo Vargas, el mejor colocado.


Bernat y Gabi disputan un balón | Getty Images

Con el paso de los minutos, el Valencia bajó la intensidad y el Atleti empezó a serenarse en el tapete. Adrián y Diego Costa empezaron a conectar, aunque se encontraron con uno de los hombres del partido: Jeremy Mathieu. El francés, discutido por algunos por habitar una zona que dicen no es la suya, volvió a brillar con luces de xenon. Ganó el mano a mano con Diego Costa durante los noventa minutos. Tarea árdua sabiendo con quién tenía que bailar. A pesar de ello, una diagonal maravillosa trazada por Adrián encontró reposo en Diego Costa. Éste habilitó de nuevo al asturiano, que vio a Raúl García abierto en la derecha. Era el primer tiro entre palos y Guaita despejó a córner tras una mano milagrosa. Fue la única, ya que en la segunda parte, cometió su segundo error gravísimo en dos partidos consecutivos en Mestalla. Privó al Valencia el día de la lotería de sumar un empate ante el Real Madrid en Liga y metió inmerecidamente al Atlético en la eliminatoria con un despeje impropio e imperdonable.

Varias fases tuvo el primer acto. Pero a los puntos fue mejor el Valencia. Donde eliminó cualquier atisbo de duda fue tras la reanudación. Un equipo que se venía cayendo tras el descanso físicamente, encontró como ante el Levante, su mejor tramo. Por momentos, el Valencia fue un ciclón. Desarboló al Atlético de Madrid, irreconocible en muchos instantes del enfrentamiento al conceder tantas ocasiones de gol a los locales. Demérito colchonero, sí, pero propinado por un mérito bárbaro de los de la ciudad de Artes Gráficas. El antiguo coliseum de la Avenida de Suecia veía posible doblegar a la trituradora atlética. Bernat avisó con un lanzamiento con la diestra desde la frontal del área pero se encontró la primera respuesta del hombre del partido. El mismo aviso de la madre a un hijo cuando quiere demostrar su supremacía. Hoy no. Por aquí no. La lata respiraba condensación y estaba a punto de abrirse. Esa pinta tenía. Y se abrió. Pero donde menos se esperaba.

A veinte minutos del final, un córner aparentemente sin peligro alguno, se convirtió en tesoro para los colchoneros y carbón para los valencianistas. Guaita, emulando a ‘Mazinger Z’ de Hacendado, mandó al cerebro aquella máxima abogada por Di Stéfano a los porteros de “los balones que vayan fuera no se los metan dentro”. Su salida de puños fue casi negligente. Y Raúl García, que sigue su undécimo idilio con el gol, estaba preparado para empujar el cuero con la testa a la red. Premio inmerecido para los dos grandes.


Pizzi se desgañita en la banda de Mestalla | Getty Images

Pizzi movió el banquillo y dio entrada a Feghouli, Canales y Piatti. Sofiane y 'el Duende' fueron, junto a Bernat, los dos  mejores jugadores el pasado sábado ante el Levante. Lejos de acusar el golpe, el Valencia se creció. Su voracidad fue en aumento y rozó la perfección en el verde. “Sosó” Feghouli pareció estar en el campo desde el sábado. Como si no se hubiese marchado aún a su casa. Seguía encarando, driblando y desmenuzando a sus rivales. Su media hora fue para enmarcar. En museo de avenida concurrida. Un jugadón suyo desde la derecha acabó con un lanzamiento de Piatti maravilloso. Su perspectiva amaba la red. Pero Courtois volvió a estar magnífico. Quedó muerto el esférico, sin ganas de soledad. Apareció Canales e, incomprensiblemente, lo mandó a las nubes. Cuando pedía amor eterno.

La avalancha local siguió con un disparo del propio Canales desde fuera de la grande. Pero Courtois quería dejar claro que es el mejor portero joven del mundo. Y quizás, hasta podríamos obviar lo de la juventud. También Feghouli, tras slalom, puso a prueba al guardameta. Pero era la noche de ‘Tibo’. Majestuoso. Pero en el último suspiro, ni Courtois pudo impedir el empate. El certero centro de Guardado, tras pared milimétrica con el Petiso, encontró al insaciable Feghouli, que remató en semifallo. Por fortuna para el Valencia, pues Postiga hibernaba en boca de gol. Mandó a la red el balón de la justicia y del merecimiento. Y abrió, de paso, una eliminatoria preciosa que tendrá su sentencia el próximo martes a las 21.30 en el Vicente Calderón.

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Domingo ORTIZ | Valencia

Postiga, en el 93, invita a soñar al valencianimo. Un gravísimo error de Guaita permitió al Atlético adelantarse con el oportunismo de Raúl García, que sumó su undécimo tanto de la temporada. Feghouli y Mathieu, inmensos.

Mestalla vivió una noche necesaria. El efecto Pizzi necesitaba continuidad tras la victoria ante el Levante y el campo subrayó la mejoría. El Valencia hizo, posiblemente, el mejor partido de la temporada y, si no se fue al Calderón con ventaja en la eliminatoria, fue por la soberbia actuación de “Tibo” Courtois. El arquero belga repelió todo lo que le iba llegando. Zapatazos de Bernat abajo, misiles de Canales buscando la escuadra, remates de Postiga y Feghouli en boca de gol… Paró hasta un taxi.

El Valencia salió enchufadísimo desde el principio. Como un coche de gama alta recién sacado del concesionario. Con todo en su sitio. Sin fisuras. Parejo mandó en sala de máquinas y enhebró los ataques de su equipo con la suavidad que le caracteriza. Bernat y Fede eran puñales por banda. Juanfran y Filipe, más incómodos que de costumbre, tuvieron que remar mucho para poder frenar a los menudos canteranos valencianistas. Pero el equipo de Pizzi es un oásis en punta. Miranda y Alderweireld, que entró en el once del Cholo por las molestias musculares de Godín, son mimbres importantes para secar a cualquier delantero, pero Postiga estaba desquiciando a Mestalla. Controles sin cartabón, remates con el hombro… Abanico de infortunios que alargan la sombra del delantero ché y que dinamizan la contratación de un ariete para el mercado invernal. El chileno Eduardo Vargas, el mejor colocado.


Bernat y Gabi disputan un balón | Getty Images

Con el paso de los minutos, el Valencia bajó la intensidad y el Atleti empezó a serenarse en el tapete. Adrián y Diego Costa empezaron a conectar, aunque se encontraron con uno de los hombres del partido: Jeremy Mathieu. El francés, discutido por algunos por habitar una zona que dicen no es la suya, volvió a brillar con luces de xenon. Ganó el mano a mano con Diego Costa durante los noventa minutos. Tarea árdua sabiendo con quién tenía que bailar. A pesar de ello, una diagonal maravillosa trazada por Adrián encontró reposo en Diego Costa. Éste habilitó de nuevo al asturiano, que vio a Raúl García abierto en la derecha. Era el primer tiro entre palos y Guaita despejó a córner tras una mano milagrosa. Fue la única, ya que en la segunda parte, cometió su segundo error gravísimo en dos partidos consecutivos en Mestalla. Privó al Valencia el día de la lotería de sumar un empate ante el Real Madrid en Liga y metió inmerecidamente al Atlético en la eliminatoria con un despeje impropio e imperdonable.

Varias fases tuvo el primer acto. Pero a los puntos fue mejor el Valencia. Donde eliminó cualquier atisbo de duda fue tras la reanudación. Un equipo que se venía cayendo tras el descanso físicamente, encontró como ante el Levante, su mejor tramo. Por momentos, el Valencia fue un ciclón. Desarboló al Atlético de Madrid, irreconocible en muchos instantes del enfrentamiento al conceder tantas ocasiones de gol a los locales. Demérito colchonero, sí, pero propinado por un mérito bárbaro de los de la ciudad de Artes Gráficas. El antiguo coliseum de la Avenida de Suecia veía posible doblegar a la trituradora atlética. Bernat avisó con un lanzamiento con la diestra desde la frontal del área pero se encontró la primera respuesta del hombre del partido. El mismo aviso de la madre a un hijo cuando quiere demostrar su supremacía. Hoy no. Por aquí no. La lata respiraba condensación y estaba a punto de abrirse. Esa pinta tenía. Y se abrió. Pero donde menos se esperaba.

A veinte minutos del final, un córner aparentemente sin peligro alguno, se convirtió en tesoro para los colchoneros y carbón para los valencianistas. Guaita, emulando a ‘Mazinger Z’ de Hacendado, mandó al cerebro aquella máxima abogada por Di Stéfano a los porteros de “los balones que vayan fuera no se los metan dentro”. Su salida de puños fue casi negligente. Y Raúl García, que sigue su undécimo idilio con el gol, estaba preparado para empujar el cuero con la testa a la red. Premio inmerecido para los dos grandes.


Pizzi se desgañita en la banda de Mestalla | Getty Images

Pizzi movió el banquillo y dio entrada a Feghouli, Canales y Piatti. Sofiane y 'el Duende' fueron, junto a Bernat, los dos  mejores jugadores el pasado sábado ante el Levante. Lejos de acusar el golpe, el Valencia se creció. Su voracidad fue en aumento y rozó la perfección en el verde. “Sosó” Feghouli pareció estar en el campo desde el sábado. Como si no se hubiese marchado aún a su casa. Seguía encarando, driblando y desmenuzando a sus rivales. Su media hora fue para enmarcar. En museo de avenida concurrida. Un jugadón suyo desde la derecha acabó con un lanzamiento de Piatti maravilloso. Su perspectiva amaba la red. Pero Courtois volvió a estar magnífico. Quedó muerto el esférico, sin ganas de soledad. Apareció Canales e, incomprensiblemente, lo mandó a las nubes. Cuando pedía amor eterno.

La avalancha local siguió con un disparo del propio Canales desde fuera de la grande. Pero Courtois quería dejar claro que es el mejor portero joven del mundo. Y quizás, hasta podríamos obviar lo de la juventud. También Feghouli, tras slalom, puso a prueba al guardameta. Pero era la noche de ‘Tibo’. Majestuoso. Pero en el último suspiro, ni Courtois pudo impedir el empate. El certero centro de Guardado, tras pared milimétrica con el Petiso, encontró al insaciable Feghouli, que remató en semifallo. Por fortuna para el Valencia, pues Postiga hibernaba en boca de gol. Mandó a la red el balón de la justicia y del merecimiento. Y abrió, de paso, una eliminatoria preciosa que tendrá su sentencia el próximo martes a las 21.30 en el Vicente Calderón.

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