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Un robot diseñado para ganar

Rubén Gómez @rubengp26 03-01-2018

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Es Navidad y la gente es feliz. O al menos, aparenta ser
feliz. Cada uno, a su manera. Mientras tanto, en un entorno de silencio y
tranquilidad en Suiza, Michael Schumacher cumple 50 años. Con absoluta
incertidumbre sobre su estado de salud y sin noticias desde su entorno, pero
con el recuerdo imborrable de sus siete títulos y la huella que dejó en la F1
en general y en Ferrari en particular.

La llegada de Schumi
a la F1 supuso el final de una era y el principio de otra. El adiós al
romanticismo, a los pilotos que actuaban por intuición, improvisación y puro
talento, y la llegada de la tecnología y la extenuante preparación física. El
adiós a Ayrton Senna, trágicamente fallecido en la fatídica curva de Tamburello
en 1994, y el comienzo de la era Schumacher.

“No había oído su nombre hasta que debutó en F1 en 1991”,
admite Joan Villadelprat, team mánager del
equipo Benetton entre 1991 y 1999, donde Schumacher ganó sus dos primeros
títulos (1994 y 1995). Tras aquel debut, con el equipo Jordan en Spa, Benetton
decidió ficharle, previo paso por unas pruebas en Silverstone. “Fue allí cuando
hablé por primera vez con él. Era un test para que se acoplara al coche, nada
más. Al cabo de cuatro vueltas, tuvimos que pararle porque iba demasiado rápido
y temíamos que hubiera un accidente. Al llegar al garaje, le dije que no
estábamos allí para batir ningún récord. Él me dijo que estaba tranquilo,
aprendiendo. Ahí supe que teníamos a alguien especial”, comenta Villadelprat.

En sus primeros años completos en F1 (1992 y 1993), el
joven Schumacher convivió con Ayrton Senna, Alain Prost y Nigel Mansell, el Big 3 de finales de los 80, la mejor
época de la historia de la F1. Un inmejorable máster de aprendizaje para el
astuto Michael. “Si Senna hacía alguno de sus trucos, Michael se lo apuntaba,
lo estudiaba y lo hacía suyo. Cometía errores, pero jamás el mismo dos veces”,
apunta Villadelprat.

La retirada de Mansell y Prost -a finales de 1992 y 1993,
respectivamente- y la muerte de Senna en 1994 dejó a Schumacher, con 25 años,
como la referencia. “En 1994, Michael arrasó”, asegura Villadelprat, que
también añade: “Pero la FIA no podía permitirnos ganar tan fácil. Éramos un
equipo con un presupuesto menor y estábamos ganando al establishment
formado por Ferrari, McLaren y Williams.
Especialmente a Williams, que venía de ganar los últimos títulos. Con Senna ya
les ganábamos. Sin Senna, no había Mundial. Y por ello, nos persiguieron”.
Schumacher tenía su primer título en el bolsillo en verano, pero una serie de
sanciones de la FIA hizo que el Mundial llegara vivo a Adelaida, la última
cita. “Consiguieron lo que querían: que Schumacher y Damon Hill se jugaran el
título en un punto”, comenta su team
mánager.

Aquella tarde, en Australia, Schumacher cometió la primera
de sus acciones polémicas en su carrera deportiva. Líder del Mundial por un
punto, provocó el accidente de Hill para dejarle fuera de combate y ganar el
título. “No fue una acción premeditada, pero dijo: ‘aquí tú no me pasas’”, relata Villadelprat, que temió la
descalificación: “No lo hicieron porque ya nos habían perseguido durante todo
el año para conseguir eso: un thriller
al final del curso”.

Pero la historia no recuerda a Michael por sus éxitos en
Benetton, sino por cambiar la historia de Ferrari. A finales de 1995, tras
ganar su segundo título, decidió firmar por el equipo italiano, que llevaba 16
años sin conquistar el Mundial, la mayor sequía de su historia. “La clave de su
éxito en Ferrari fue el bloque que creó. Llegó en 1996 y mantuvo el mismo
equipo, con los mismos miembros, hasta 2006”, explica Marc Gené, piloto de
pruebas de la Scuderia desde 2005,
compartiendo garaje con Michael Schumacher.

Ferrari es un equipo especial. En los tiempos de victorias
y en los de derrotas, cuando devora a sus trabajadores. Pilotos de la talla de
Prost fueron aniquilados por la prensa italiana por no ganar. Eso no asustó a Schumi. “La llegada de Michael cambió la
filosofía del equipo”, asegura Villadelprat, que trabajó en Ferrari en los años
80. Schumacher fue derrotado en sus cuatro primeros intentos de ser campeón con
Ferrari. Dos veces en la última carrera -ante Jacques Villeneuve en 1997 y
frente a Mika Häkkinen en 1998-, pero eso no le hundió: “Él creía en la gente,
porque eran los mismos que le habían hecho ganar en Benetton”, concreta
Villadelprat.

“En la época de Schumacher, la prensa intentó romper a
Ferrari”, relata, “pero no lo consiguieron”. Ni siquiera en aquellos largos
años de derrotas: “Aguantaron los cuatro años de purgatorio, pero luego vino el
cielo”. Un cielo que llegó el 8 de octubre de 2000, la fecha más importante de
la historia de Ferrari. El día en que la sequía de 21 años se acabó. “Eran las
ocho de la mañana. Cogí el coche y me fui a Maranello”, explicaba Luca Cordero
di Montezemolo, por entonces presidente de Ferrari, en un documental posterior,
emitido en 2007. “En la autopista ya veía coches con la bandera de Ferrari y al
llegar a Maranello fue increíble, porque todas las calles estaban teñidas de
rojo. Fue inolvidable”, relata Montezemolo. presidente hasta 2014.

Ese día comenzó una cabalgada imparable que desembocó en
cinco Mundiales seguidos, algo que nadie más ha hecho. “Hizo que todos los
miembros del equipo se sintieran importantes”, asegura Gené. “En esa época no
tuvo rival. Coulthard, Montoya y Barrichello eran buenos pilotos, pero no
campeones. Su ciclo sólo acabó por el desgaste del equipo. Ross Brawn y Rory
Byrne llevaban más de una década en Ferrari y es complicado mantener a todos
motivados cuando has ganado cinco veces seguidas”, explica Villadelprat.

Para el técnico catalán, en ocasiones se ha creado una
imagen equivocada de Schumi: “Se le
ha puesto una etiqueta de persona arrogante y realmente no era así. Era
introvertido y vergonzoso. Hasta tal punto que no tenía amigos en la F1. Sólo a
su equipo. Pero estaba a muerte con su equipo”, concreta Villadelprat, que
también comenta que, en las celebraciones nocturnas, “Schumacher no se
comportaba como un campeón del mundo, sino como un miembro más del equipo”.
Gené, que compartió equipo con él durante dos años, coincide: “Le recuerdo como
una persona cercana. Solía llegar el primero y se marchaba el último. Siempre
estaba dispuesto a ayudar a cualquier trabajador del equipo”.

“Los pilotos que más han llevado al límite a Michael han
sido Ayrton Senna y Fernando Alonso -que acabó con la racha de Schumacher en
2005-“, comenta Villadelprat, que también trabajó con Senna en McLaren. Para
Gené, el abanico es más amplio: “Como rivales de Schumi¸ diría a tres: Hill, Häkkinen y Alonso. Habitualmente nos
quedamos con Alonso porque es el más reciente, pero su rivalidad con Häkkinen
le hizo ser mejor piloto”, explica el piloto de Badalona.

“De no haber muerto en 1994, Senna habría sido destrozado
por Schumacher”, asegura Villadelprat, que considera al alemán el mejor piloto
de todos los tiempos. “La diferencia entre ambos es que Senna era un talento
puro y natural. Supongo que se habría adecuado a la modernidad, pero salía
cansado de las carreras. Michael era un portento físico, era capaz de hacer 20
vueltas de clasificación de forma consecutiva”, relata el que fuera su team mánager.

Schumacher es uno de los pocos pilotos en la historia de la
F1 que trasciende a su época. Marcó el final y el inicio de una era, cambió el
relato de Ferrari, convirtiendo a un equipo perdedor en la mayor máquina de
ganar de la historia, y dejó unos números -7 títulos y 91 victorias- que hasta
ahora, nadie ha conseguido superar. Michael, como sus récords, es infinito.

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Es Navidad y la gente es feliz. O al menos, aparenta ser
feliz. Cada uno, a su manera. Mientras tanto, en un entorno de silencio y
tranquilidad en Suiza, Michael Schumacher cumple 50 años. Con absoluta
incertidumbre sobre su estado de salud y sin noticias desde su entorno, pero
con el recuerdo imborrable de sus siete títulos y la huella que dejó en la F1
en general y en Ferrari en particular.

La llegada de Schumi
a la F1 supuso el final de una era y el principio de otra. El adiós al
romanticismo, a los pilotos que actuaban por intuición, improvisación y puro
talento, y la llegada de la tecnología y la extenuante preparación física. El
adiós a Ayrton Senna, trágicamente fallecido en la fatídica curva de Tamburello
en 1994, y el comienzo de la era Schumacher.

“No había oído su nombre hasta que debutó en F1 en 1991”,
admite Joan Villadelprat, team mánager del
equipo Benetton entre 1991 y 1999, donde Schumacher ganó sus dos primeros
títulos (1994 y 1995). Tras aquel debut, con el equipo Jordan en Spa, Benetton
decidió ficharle, previo paso por unas pruebas en Silverstone. “Fue allí cuando
hablé por primera vez con él. Era un test para que se acoplara al coche, nada
más. Al cabo de cuatro vueltas, tuvimos que pararle porque iba demasiado rápido
y temíamos que hubiera un accidente. Al llegar al garaje, le dije que no
estábamos allí para batir ningún récord. Él me dijo que estaba tranquilo,
aprendiendo. Ahí supe que teníamos a alguien especial”, comenta Villadelprat.

En sus primeros años completos en F1 (1992 y 1993), el
joven Schumacher convivió con Ayrton Senna, Alain Prost y Nigel Mansell, el Big 3 de finales de los 80, la mejor
época de la historia de la F1. Un inmejorable máster de aprendizaje para el
astuto Michael. “Si Senna hacía alguno de sus trucos, Michael se lo apuntaba,
lo estudiaba y lo hacía suyo. Cometía errores, pero jamás el mismo dos veces”,
apunta Villadelprat.

La retirada de Mansell y Prost -a finales de 1992 y 1993,
respectivamente- y la muerte de Senna en 1994 dejó a Schumacher, con 25 años,
como la referencia. “En 1994, Michael arrasó”, asegura Villadelprat, que
también añade: “Pero la FIA no podía permitirnos ganar tan fácil. Éramos un
equipo con un presupuesto menor y estábamos ganando al establishment
formado por Ferrari, McLaren y Williams.
Especialmente a Williams, que venía de ganar los últimos títulos. Con Senna ya
les ganábamos. Sin Senna, no había Mundial. Y por ello, nos persiguieron”.
Schumacher tenía su primer título en el bolsillo en verano, pero una serie de
sanciones de la FIA hizo que el Mundial llegara vivo a Adelaida, la última
cita. “Consiguieron lo que querían: que Schumacher y Damon Hill se jugaran el
título en un punto”, comenta su team
mánager.

Aquella tarde, en Australia, Schumacher cometió la primera
de sus acciones polémicas en su carrera deportiva. Líder del Mundial por un
punto, provocó el accidente de Hill para dejarle fuera de combate y ganar el
título. “No fue una acción premeditada, pero dijo: ‘aquí tú no me pasas’”, relata Villadelprat, que temió la
descalificación: “No lo hicieron porque ya nos habían perseguido durante todo
el año para conseguir eso: un thriller
al final del curso”.

Pero la historia no recuerda a Michael por sus éxitos en
Benetton, sino por cambiar la historia de Ferrari. A finales de 1995, tras
ganar su segundo título, decidió firmar por el equipo italiano, que llevaba 16
años sin conquistar el Mundial, la mayor sequía de su historia. “La clave de su
éxito en Ferrari fue el bloque que creó. Llegó en 1996 y mantuvo el mismo
equipo, con los mismos miembros, hasta 2006”, explica Marc Gené, piloto de
pruebas de la Scuderia desde 2005,
compartiendo garaje con Michael Schumacher.

Ferrari es un equipo especial. En los tiempos de victorias
y en los de derrotas, cuando devora a sus trabajadores. Pilotos de la talla de
Prost fueron aniquilados por la prensa italiana por no ganar. Eso no asustó a Schumi. “La llegada de Michael cambió la
filosofía del equipo”, asegura Villadelprat, que trabajó en Ferrari en los años
80. Schumacher fue derrotado en sus cuatro primeros intentos de ser campeón con
Ferrari. Dos veces en la última carrera -ante Jacques Villeneuve en 1997 y
frente a Mika Häkkinen en 1998-, pero eso no le hundió: “Él creía en la gente,
porque eran los mismos que le habían hecho ganar en Benetton”, concreta
Villadelprat.

“En la época de Schumacher, la prensa intentó romper a
Ferrari”, relata, “pero no lo consiguieron”. Ni siquiera en aquellos largos
años de derrotas: “Aguantaron los cuatro años de purgatorio, pero luego vino el
cielo”. Un cielo que llegó el 8 de octubre de 2000, la fecha más importante de
la historia de Ferrari. El día en que la sequía de 21 años se acabó. “Eran las
ocho de la mañana. Cogí el coche y me fui a Maranello”, explicaba Luca Cordero
di Montezemolo, por entonces presidente de Ferrari, en un documental posterior,
emitido en 2007. “En la autopista ya veía coches con la bandera de Ferrari y al
llegar a Maranello fue increíble, porque todas las calles estaban teñidas de
rojo. Fue inolvidable”, relata Montezemolo. presidente hasta 2014.

Ese día comenzó una cabalgada imparable que desembocó en
cinco Mundiales seguidos, algo que nadie más ha hecho. “Hizo que todos los
miembros del equipo se sintieran importantes”, asegura Gené. “En esa época no
tuvo rival. Coulthard, Montoya y Barrichello eran buenos pilotos, pero no
campeones. Su ciclo sólo acabó por el desgaste del equipo. Ross Brawn y Rory
Byrne llevaban más de una década en Ferrari y es complicado mantener a todos
motivados cuando has ganado cinco veces seguidas”, explica Villadelprat.

Para el técnico catalán, en ocasiones se ha creado una
imagen equivocada de Schumi: “Se le
ha puesto una etiqueta de persona arrogante y realmente no era así. Era
introvertido y vergonzoso. Hasta tal punto que no tenía amigos en la F1. Sólo a
su equipo. Pero estaba a muerte con su equipo”, concreta Villadelprat, que
también comenta que, en las celebraciones nocturnas, “Schumacher no se
comportaba como un campeón del mundo, sino como un miembro más del equipo”.
Gené, que compartió equipo con él durante dos años, coincide: “Le recuerdo como
una persona cercana. Solía llegar el primero y se marchaba el último. Siempre
estaba dispuesto a ayudar a cualquier trabajador del equipo”.

“Los pilotos que más han llevado al límite a Michael han
sido Ayrton Senna y Fernando Alonso -que acabó con la racha de Schumacher en
2005-“, comenta Villadelprat, que también trabajó con Senna en McLaren. Para
Gené, el abanico es más amplio: “Como rivales de Schumi¸ diría a tres: Hill, Häkkinen y Alonso. Habitualmente nos
quedamos con Alonso porque es el más reciente, pero su rivalidad con Häkkinen
le hizo ser mejor piloto”, explica el piloto de Badalona.

“De no haber muerto en 1994, Senna habría sido destrozado
por Schumacher”, asegura Villadelprat, que considera al alemán el mejor piloto
de todos los tiempos. “La diferencia entre ambos es que Senna era un talento
puro y natural. Supongo que se habría adecuado a la modernidad, pero salía
cansado de las carreras. Michael era un portento físico, era capaz de hacer 20
vueltas de clasificación de forma consecutiva”, relata el que fuera su team mánager.

Schumacher es uno de los pocos pilotos en la historia de la
F1 que trasciende a su época. Marcó el final y el inicio de una era, cambió el
relato de Ferrari, convirtiendo a un equipo perdedor en la mayor máquina de
ganar de la historia, y dejó unos números -7 títulos y 91 victorias- que hasta
ahora, nadie ha conseguido superar. Michael, como sus récords, es infinito.

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