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Un pulso con el destino

David Orenes @david_lrl 05-11-2018

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Ser el tercer portero del Atlético de Madrid está bien cuando sabes que
tendrás alguna oportunidad de demostrar tu valía. Le pasó a David de Gea,
cuando se encontró con una autopista tras las lesiones de Roberto y Asenjo.
Desde entonces, la portería rojiblanca fue terreno vedado. Thibaut Courtois y
Jan Oblak se encargaron de ello con grandes temporadas a las órdenes de Simeone
(entre los dos han ganado cinco Zamoras).

La dirección deportiva, sin embargo, es una de las más activas en cuanto a
la captación de jóvenes promesas bajo palos en los últimos años. Por muy
cubierta que estuviera la posición, la posibilidad de perder a Oblak con el
pago de una eventual cláusula de rescisión hace que siempre haya una promesa en
la recámara. La llegada del meta esloveno provocó, en el verano de 2014, la
cesión al Real Zaragoza de Yassine Bounou, un marroquí de origen canadiense que
había llegado procedente del Wydad.

No era el primer revés que sufría Bono (por este nombre se le conoce) a lo
largo de su corta carrera deportiva. Para él fue hasta difícil ser futbolista,
ya que sus padres eran contrarios a que dedicara tantas horas a un deporte que
ni conocían, en lugar de a los estudios. Sin embargo, de las calles de
Casablanca pasó, con tan solo ocho años, a jugar sus primeros partidos en uno
de los equipos más laureados del país (19 Ligas y dos Champions africanas).
Pronto dio el salto al primer equipo, y sus grandes actuaciones llegaron hasta
Niza, club que decidió ficharle con apenas 17 años de edad. Problemas
burocráticos obligaron al meta marroquí a volver a Wydad, donde llegaría a
disputar una final de Champions.

Fue en un torneo de Toulon (probablemente el torneo no oficial que mayor
interés despierta entre los ojeadores de jóvenes promesas) donde el Atlético de
Madrid descubrió a Bono, al que reclutó para su filial. En Casablanca no
entendieron cómo había dejado a un club que le pagaba infinitamente más para
marcharse al equipo B, donde estaría dos años sin llegar a jugar un solo
partido con la primera plantilla. Yassine llegó incluso a sopesar su vuelta en
varias ocasiones, pero aguantó. La cesión al Zaragoza era, al menos, una
oportunidad para demostrar su nivel en un siempre aspirante a ascender a
Primera.

Pero en La Romareda tampoco tuvo suerte. No jugó su primer partido hasta la
jornada 20, en Gran Canaria. Encajó cinco goles. Aquello no le hundió y tampoco
le apartó de la portería. Su respuesta fue instantánea: Dejó su portería a cero
en las siguientes cuatro jornadas. En la siguiente, volvió a encajar una
goleada (4-0 ante el Alavés) y de nuevo fue relevado. Seis partidos en la grada
y uno en el banquillo después, regresó a la portería. Su sobriedad le llevó a
ser titular hasta el final de temporada y también a ser convocado con la
selección de Marruecos. Una de esas llamadas le privó de disputar el primer
partido del play-off, que perdió el Zaragoza por 0-3 ante el Girona con Óscar
Whalley bajo palos. En la vuelta, Bono ocupó la portería y el cuadro aragonés
firmó una remontada histórica (1-4) que le llevó a disputar la final por el
ascenso. Allí desperdiciaron una ventaja de 3-1 ante Las Palmas, que se había
convertido en la bestia negra del marroquí.

El Zaragoza, contento con su rendimiento, pidió al Atlético su cesión por
un año más. Aunque jugó gran parte de la primera vuelta, pasó seis meses sin
disputar un partido tras perder el puesto en detrimento del veterano Manu
Herrera. Entonces ya imaginaba que no volvería al Atlético para quedarse. El
club rojiblanco lo traspasó al Girona, el equipo al que había eliminado en el
play-off la temporada anterior. A lo largo de toda la temporada, Pablo Machín
alternó a Bono y su competidor, René, en la portería. El equipo catalán firmó
un curso histórico, logrando el subcampeonato y con ello el primer ascenso de
su historia a la máxima categoría.

La llegada de Iraizoz tras una vida en el Athletic apartaba a Bono o a René
del equipo. Finalmente el elegido fue el segundo, por lo que el marroquí
aseguró su continuidad y empezó su primera temporada en la élite en el
banquillo. El bajo rendimiento del meta vasco llevó a Yassine a la titularidad
en la jornada nueve. Y ya no volvió a sentarse nunca más. Pese a los altibajos,
Bono se consolidó en el once del Girona, que acabó la campaña en una increíble
décima posición. Muchos criticaron que el meta titular de un equipo de Primera
no disputara ni un minuto en el Mundial de Rusia, en detrimento de Munir,
casualmente el portero suplente del Numancia en Segunda División.

Su nivel ha aumentado incluso esta temporada, firmando su mejor partido en
Mestalla. Ocho intervenciones de mérito para dar la victoria a su equipo ante
el Valencia (0-1). La prensa marroquí ya habla de un posible regreso al
Atlético, algo que solo ocurriría en caso de que Antonio Adán abandonara el
club. A sus 27 años, Bono ha encontrado la estabilidad y parece estar preparado
para grandes plazas. En su pulso con el destino, parece que va ganando.

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Ser el tercer portero del Atlético de Madrid está bien cuando sabes que
tendrás alguna oportunidad de demostrar tu valía. Le pasó a David de Gea,
cuando se encontró con una autopista tras las lesiones de Roberto y Asenjo.
Desde entonces, la portería rojiblanca fue terreno vedado. Thibaut Courtois y
Jan Oblak se encargaron de ello con grandes temporadas a las órdenes de Simeone
(entre los dos han ganado cinco Zamoras).

La dirección deportiva, sin embargo, es una de las más activas en cuanto a
la captación de jóvenes promesas bajo palos en los últimos años. Por muy
cubierta que estuviera la posición, la posibilidad de perder a Oblak con el
pago de una eventual cláusula de rescisión hace que siempre haya una promesa en
la recámara. La llegada del meta esloveno provocó, en el verano de 2014, la
cesión al Real Zaragoza de Yassine Bounou, un marroquí de origen canadiense que
había llegado procedente del Wydad.

No era el primer revés que sufría Bono (por este nombre se le conoce) a lo
largo de su corta carrera deportiva. Para él fue hasta difícil ser futbolista,
ya que sus padres eran contrarios a que dedicara tantas horas a un deporte que
ni conocían, en lugar de a los estudios. Sin embargo, de las calles de
Casablanca pasó, con tan solo ocho años, a jugar sus primeros partidos en uno
de los equipos más laureados del país (19 Ligas y dos Champions africanas).
Pronto dio el salto al primer equipo, y sus grandes actuaciones llegaron hasta
Niza, club que decidió ficharle con apenas 17 años de edad. Problemas
burocráticos obligaron al meta marroquí a volver a Wydad, donde llegaría a
disputar una final de Champions.

Fue en un torneo de Toulon (probablemente el torneo no oficial que mayor
interés despierta entre los ojeadores de jóvenes promesas) donde el Atlético de
Madrid descubrió a Bono, al que reclutó para su filial. En Casablanca no
entendieron cómo había dejado a un club que le pagaba infinitamente más para
marcharse al equipo B, donde estaría dos años sin llegar a jugar un solo
partido con la primera plantilla. Yassine llegó incluso a sopesar su vuelta en
varias ocasiones, pero aguantó. La cesión al Zaragoza era, al menos, una
oportunidad para demostrar su nivel en un siempre aspirante a ascender a
Primera.

Pero en La Romareda tampoco tuvo suerte. No jugó su primer partido hasta la
jornada 20, en Gran Canaria. Encajó cinco goles. Aquello no le hundió y tampoco
le apartó de la portería. Su respuesta fue instantánea: Dejó su portería a cero
en las siguientes cuatro jornadas. En la siguiente, volvió a encajar una
goleada (4-0 ante el Alavés) y de nuevo fue relevado. Seis partidos en la grada
y uno en el banquillo después, regresó a la portería. Su sobriedad le llevó a
ser titular hasta el final de temporada y también a ser convocado con la
selección de Marruecos. Una de esas llamadas le privó de disputar el primer
partido del play-off, que perdió el Zaragoza por 0-3 ante el Girona con Óscar
Whalley bajo palos. En la vuelta, Bono ocupó la portería y el cuadro aragonés
firmó una remontada histórica (1-4) que le llevó a disputar la final por el
ascenso. Allí desperdiciaron una ventaja de 3-1 ante Las Palmas, que se había
convertido en la bestia negra del marroquí.

El Zaragoza, contento con su rendimiento, pidió al Atlético su cesión por
un año más. Aunque jugó gran parte de la primera vuelta, pasó seis meses sin
disputar un partido tras perder el puesto en detrimento del veterano Manu
Herrera. Entonces ya imaginaba que no volvería al Atlético para quedarse. El
club rojiblanco lo traspasó al Girona, el equipo al que había eliminado en el
play-off la temporada anterior. A lo largo de toda la temporada, Pablo Machín
alternó a Bono y su competidor, René, en la portería. El equipo catalán firmó
un curso histórico, logrando el subcampeonato y con ello el primer ascenso de
su historia a la máxima categoría.

La llegada de Iraizoz tras una vida en el Athletic apartaba a Bono o a René
del equipo. Finalmente el elegido fue el segundo, por lo que el marroquí
aseguró su continuidad y empezó su primera temporada en la élite en el
banquillo. El bajo rendimiento del meta vasco llevó a Yassine a la titularidad
en la jornada nueve. Y ya no volvió a sentarse nunca más. Pese a los altibajos,
Bono se consolidó en el once del Girona, que acabó la campaña en una increíble
décima posición. Muchos criticaron que el meta titular de un equipo de Primera
no disputara ni un minuto en el Mundial de Rusia, en detrimento de Munir,
casualmente el portero suplente del Numancia en Segunda División.

Su nivel ha aumentado incluso esta temporada, firmando su mejor partido en
Mestalla. Ocho intervenciones de mérito para dar la victoria a su equipo ante
el Valencia (0-1). La prensa marroquí ya habla de un posible regreso al
Atlético, algo que solo ocurriría en caso de que Antonio Adán abandonara el
club. A sus 27 años, Bono ha encontrado la estabilidad y parece estar preparado
para grandes plazas. En su pulso con el destino, parece que va ganando.

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