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Un mal menor

Alberto Edjogo-Owono @albertoowono 14-12-2020

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Athletic LaLiga Valencia

«Si un partido va empatado en el minuto 80, vamos a intentar ir a por la victoria. Si en el intento logramos ganar, habremos sumado 2 puntos más. Si perdemos, habremos restado solo uno. El premio es el doble que el castigo, así que merece la pena ir a por el triunfo«. Estas fueron las primeras palabras de Rubi como entrenador del CE Sabadell en la temporada 2004/05. Era el mes de julio y estábamos a punto de empezar el stage de pretemporada. La mayoría de los chavales de mi edad entonces (21) andaban en cualquier playa del Mediterráneo o recorriendo Europa en tren, salvo un servidor. Nos esperaban semanas de vallas, picas, carreras matutinas en ayunas por la mañana, pruebas de esfuerzos, sesiones de táctica interminables y esa sensación de estar destrozado cada vez que sonaba el despertador. Una pretemporada implica, básicamente, estar tieso todo el tiempo. Por lo menos, aquel entrenador que debutaba en 2aB se mostraba entusiasta. Algo es algo.

Esa filosofía de ir a por el partido en los minutos finales, está muy bien en la teoría, pero luego hay que atreverse. Cuando preparamos un objetivo ambicioso, el proceso nos va poniendo en nuestro sitio. «Un empate es bueno o malo según el desarrollo del partido» se suele decir. Pues eso. Cuantas veces hemos visto concursos de televisión en el que el concursante se enfrenta a unas disyuntiva aplastante: plantarse o ir a por el bote. Desde casa, sentados en el sofá es fácil venirnos arriba. Le gritamos a la televisión, le pedimos que sea valiente, que hemos venido a jugar. Si se planta, nos decepcionamos profundamente. Si va a por el bote, deseamos que le vaya bien, porque la gente valiente merece recompensa.

Lo mismo ocurre con los partidos de fútbol. Cuando un partido llega al tramo final, a la zona roja, se ve claramente quién se conforma con ese punto y quién quiere más. Algunos, entrenadores, fervientes seguidores de la idea de Rubí, introducen jugadores de ataque, modifican el esquema, pasan a cerrar con solo 2 defensas y empiezan a atacar a pecho descubierto. Muchos otros entrenadores son firmes defensores de no perder en 10 minutos lo que no has ganado en 80. Si juegan en casa y se conforman con el empate, hacen aspavientos para que sus jugadores vayan hacia adelante, pero ‘por lo bajini’ hacen el gesto de replegarse y juntar líneas. Un clásico del entrenador populista.

Una semana de trabajo para preparar un partido. Análisis exhaustivo del rival, entrenamientos personalizados, sesiones de vídeo para detectar cómo ataca aquel extremo o los problemas para defender en campo abierto del central izquierdo rival. El pasado sábado se enfrentaron Valencia y Athletic en Mestalla en un duelo de dos colosos que vienen con dificultades últimamente. El equipo del murciélago venía de no marcar en los últimos dos partidos y los leones aún se lamían las heridas de una derrota en casa contra el Celta. El partido se mostró entretenido desde el principio y ya en el tramo final, Raúl García adelantó al Athletic y enseguida Vallejo lo empató a falta de 5 minutos. Ambos necesitaban ganar para escalar posiciones en la tabla clasificatoria, pero un punto es un punto debieron pensar. Solo se pudieron llevar un tercio del premio inicial, pero lo importante es seguir sumando y hacer bueno el resultado con una victoria en el siguiente partido. Una huida hacia adelante. El empate como un mal menor.

Imagen de cabecera: David Ramos/Getty Images

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«Si un partido va empatado en el minuto 80, vamos a intentar ir a por la victoria. Si en el intento logramos ganar, habremos sumado 2 puntos más. Si perdemos, habremos restado solo uno. El premio es el doble que el castigo, así que merece la pena ir a por el triunfo«. Estas fueron las primeras palabras de Rubi como entrenador del CE Sabadell en la temporada 2004/05. Era el mes de julio y estábamos a punto de empezar el stage de pretemporada. La mayoría de los chavales de mi edad entonces (21) andaban en cualquier playa del Mediterráneo o recorriendo Europa en tren, salvo un servidor. Nos esperaban semanas de vallas, picas, carreras matutinas en ayunas por la mañana, pruebas de esfuerzos, sesiones de táctica interminables y esa sensación de estar destrozado cada vez que sonaba el despertador. Una pretemporada implica, básicamente, estar tieso todo el tiempo. Por lo menos, aquel entrenador que debutaba en 2aB se mostraba entusiasta. Algo es algo.

Esa filosofía de ir a por el partido en los minutos finales, está muy bien en la teoría, pero luego hay que atreverse. Cuando preparamos un objetivo ambicioso, el proceso nos va poniendo en nuestro sitio. «Un empate es bueno o malo según el desarrollo del partido» se suele decir. Pues eso. Cuantas veces hemos visto concursos de televisión en el que el concursante se enfrenta a unas disyuntiva aplastante: plantarse o ir a por el bote. Desde casa, sentados en el sofá es fácil venirnos arriba. Le gritamos a la televisión, le pedimos que sea valiente, que hemos venido a jugar. Si se planta, nos decepcionamos profundamente. Si va a por el bote, deseamos que le vaya bien, porque la gente valiente merece recompensa.

Lo mismo ocurre con los partidos de fútbol. Cuando un partido llega al tramo final, a la zona roja, se ve claramente quién se conforma con ese punto y quién quiere más. Algunos, entrenadores, fervientes seguidores de la idea de Rubí, introducen jugadores de ataque, modifican el esquema, pasan a cerrar con solo 2 defensas y empiezan a atacar a pecho descubierto. Muchos otros entrenadores son firmes defensores de no perder en 10 minutos lo que no has ganado en 80. Si juegan en casa y se conforman con el empate, hacen aspavientos para que sus jugadores vayan hacia adelante, pero ‘por lo bajini’ hacen el gesto de replegarse y juntar líneas. Un clásico del entrenador populista.

Una semana de trabajo para preparar un partido. Análisis exhaustivo del rival, entrenamientos personalizados, sesiones de vídeo para detectar cómo ataca aquel extremo o los problemas para defender en campo abierto del central izquierdo rival. El pasado sábado se enfrentaron Valencia y Athletic en Mestalla en un duelo de dos colosos que vienen con dificultades últimamente. El equipo del murciélago venía de no marcar en los últimos dos partidos y los leones aún se lamían las heridas de una derrota en casa contra el Celta. El partido se mostró entretenido desde el principio y ya en el tramo final, Raúl García adelantó al Athletic y enseguida Vallejo lo empató a falta de 5 minutos. Ambos necesitaban ganar para escalar posiciones en la tabla clasificatoria, pero un punto es un punto debieron pensar. Solo se pudieron llevar un tercio del premio inicial, pero lo importante es seguir sumando y hacer bueno el resultado con una victoria en el siguiente partido. Una huida hacia adelante. El empate como un mal menor.

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