_Fútbol Internacional

Un lustro

Daniel Fernández-Pacheco @DFPV96 08-09-2021

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Eurocopa 2016 Islandia

Son cinco años ya. El relato de la selección de Islandia en la Eurocopa de 2016, la de aquel cuadro que emocionaba a todo el continente coleccionando milagros, no parece que se pueda repetir. Se asemeja imposible, aunque, como dice Juan Antonio Anquela, “si en la vida me dicen que pasará un cerdo volando me voy corriendo. Pero si me lo dicen en el fútbol… yo me quedo porque igual pasa.” Así que ya sabes, no te relajes porque puede que pronto haya una nueva sorpresa que te deje igual que los niños que veían pasear a Omar Little con la escopeta por Baltimore: anonadados, como si vieran a un Dios que el destino les había regalado para convertir un lunes cualquiera en el mejor día del mundo.

La realidad es que es igual de insano que humano mirar al pasado. Nunca es bueno compararse. Mas si hay un país que merece rememorar, sentarse y decir que fueron muy felices, ese es el de los islandeses. Su Eurocopa de 2016, en Francia, fue un cúmulo de situaciones que han idealizado a un país que siempre ha estado ahí, pero al que nunca se le había hecho demasiado caso. «Qué graciosos los islandeses», nos decíamos sin esperar nada de ellos. Ahora, muchísima gente, como el que explica su propia vida, puede exponer el número de fichas profesionales, campos acondicionados e incluso las ovejas que posee el país; algo impensable hace unos años. La vida.

Para que se diera esa utopía, una hilera de soldados tuvo que arramplar para cuajar esquema hermético y difícil de perforar. Abrigados siempre, como si estuvieran en una de aquellas ventiscas que suelen aparecer de la nada, el combinado de Lars Lagerback consiguió sumar dos empates ante Portugal y Hungría que le dio serias opciones de clasificarse para octavos. En el último choque del grupo superaron a Austria en el último instante, previo momento a la famosa enajenación de aquel comentarista islandés que celebraba el tanto de Traustason poseído.

Quizás, solo quizás, la gente de su lado no llamó al 112 porque creían que, ya si eso, lo iban a tener que hacer en la siguiente ronda. Ante los creadores del fútbol, idealizados en Islandia por el amor a la Premier League allí, sonrojaron a la Inglaterra de Roy Hodgson, remontando un penalti inicial de Rooney. Qué locura. No querrían ganar a Francia en cuartos de final, ¿no? En el Stade de France, la aventura de Islandia se apagó abruptamente, como no podía ser de otra manera en el fútbol. Un 5-2 que reflejó la magnifica gesta que hizo aquel cuadro que ya sí pudo mirar atrás y gozar. Y ya han pasado cinco años. Han cambiado demasiadas cosas.

Imagen de cabecera: @SpheraSports

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Son cinco años ya. El relato de la selección de Islandia en la Eurocopa de 2016, la de aquel cuadro que emocionaba a todo el continente coleccionando milagros, no parece que se pueda repetir. Se asemeja imposible, aunque, como dice Juan Antonio Anquela, “si en la vida me dicen que pasará un cerdo volando me voy corriendo. Pero si me lo dicen en el fútbol… yo me quedo porque igual pasa.” Así que ya sabes, no te relajes porque puede que pronto haya una nueva sorpresa que te deje igual que los niños que veían pasear a Omar Little con la escopeta por Baltimore: anonadados, como si vieran a un Dios que el destino les había regalado para convertir un lunes cualquiera en el mejor día del mundo.

La realidad es que es igual de insano que humano mirar al pasado. Nunca es bueno compararse. Mas si hay un país que merece rememorar, sentarse y decir que fueron muy felices, ese es el de los islandeses. Su Eurocopa de 2016, en Francia, fue un cúmulo de situaciones que han idealizado a un país que siempre ha estado ahí, pero al que nunca se le había hecho demasiado caso. «Qué graciosos los islandeses», nos decíamos sin esperar nada de ellos. Ahora, muchísima gente, como el que explica su propia vida, puede exponer el número de fichas profesionales, campos acondicionados e incluso las ovejas que posee el país; algo impensable hace unos años. La vida.

Para que se diera esa utopía, una hilera de soldados tuvo que arramplar para cuajar esquema hermético y difícil de perforar. Abrigados siempre, como si estuvieran en una de aquellas ventiscas que suelen aparecer de la nada, el combinado de Lars Lagerback consiguió sumar dos empates ante Portugal y Hungría que le dio serias opciones de clasificarse para octavos. En el último choque del grupo superaron a Austria en el último instante, previo momento a la famosa enajenación de aquel comentarista islandés que celebraba el tanto de Traustason poseído.

Quizás, solo quizás, la gente de su lado no llamó al 112 porque creían que, ya si eso, lo iban a tener que hacer en la siguiente ronda. Ante los creadores del fútbol, idealizados en Islandia por el amor a la Premier League allí, sonrojaron a la Inglaterra de Roy Hodgson, remontando un penalti inicial de Rooney. Qué locura. No querrían ganar a Francia en cuartos de final, ¿no? En el Stade de France, la aventura de Islandia se apagó abruptamente, como no podía ser de otra manera en el fútbol. Un 5-2 que reflejó la magnifica gesta que hizo aquel cuadro que ya sí pudo mirar atrás y gozar. Y ya han pasado cinco años. Han cambiado demasiadas cosas.

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