_Real Madrid

Un gol

Daniel Fernández-Pacheco @DFPV96 28-03-2019

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Vinicius Junior tiene esa aura diferente que posee a todo aficionado del balompié, obligado a charlar sobre su mera presencia. Ya sea para bien o para mal. El brasileño tiene un descaro cegador, buscando siempre encarar a cada jugador que se le cruce. No tiene miedo a perder la pelota; es travieso a rabiar, ya que su fútbol asusta a cualquier lateral, aunque no sea lo mismo con los porteros. Cada vez que sale el tema de su definición Vinicius le está echando sal a un café, a punto de hacer de las suyas. Hasta que su ternura le puede. Nadie acaba cayendo en su trampa. El café acaba por los suelos.

El brasileño llegó al once blanco en un contexto altamente complicado. El Real Madrid reclamaba todo lo que su fútbol demanda a grito descubierto, a pesar de su cortísima edad. Seguramente no debería haber entrado tan pronto, aunque a veces no podamos escoger los caminos de nuestra vida, que nos golpea o nos acomoda como un guionista hollywoodiense. Caprichos. Conozco a más de uno que dice que la etapa inmediatamente posterior a los 20 años suele divergir en un sinfín de caminos: unos se casan, otros se centran, algunos se emborrachan sin cesar y hay alguno que ya está casi calvo. Vinicius, a sus 18 años, ya es titular en el tres veces campeón de Europa.

El carioca siempre ha partido desde la banda izquierda, donde puede forjar diagonales para pisar área, encontrándose con su mayor trauma: el gol. Zinedine Zidane, en su primera etapa, se caracterizó por ser un técnico ecléctico, cambiando sus disposiciones dependiendo de cómo soplaba el viento. No solía modificar nada si los resultados acompañaban. Sin embargo, ante el Celta no estuvo Casemiro, por lo que el doble pivote y mediapunta podría ser suprimido por un 4-3-3. En ese sistema, el mismo que utilizaba en sus conclusiones Santiago Solari, el extremo tiene una profunda libertad, ya que sus movimientos no chocarían con el mediapunta de turno.

Otra de las opciones, en esta etapa de bloqueo y constante pelea con el gol, es cambiarle de flanco para aprovechar el elevado elenco de gestos técnicos que tiene para centrar, cargando el área con buenos cabeceadores. Vinicius ya no puede echarse atrás. Ya no puede hacer como aquellos amigos que pasan de estudiar historia a ingeniería, o que traicionan el Vodka limón por el vino, en busca de cultivarse. Es un futbolista del Real Madrid que busca escribir una historia que no tenga un final abrupto, como suele pasar con los que debutan siendo tan bisoños. Sin embargo, nadie podrá dudar de su empeño y nivel con la zamarra blanca, en un club tan caótico como suele ser el Real Madrid en sus propias crisis, normalmente elaboradas por ellos mismos, de manera interna. Pero ese es otro giro más. Y no toca hablar de ello. 

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Vinicius Junior tiene esa aura diferente que posee a todo aficionado del balompié, obligado a charlar sobre su mera presencia. Ya sea para bien o para mal. El brasileño tiene un descaro cegador, buscando siempre encarar a cada jugador que se le cruce. No tiene miedo a perder la pelota; es travieso a rabiar, ya que su fútbol asusta a cualquier lateral, aunque no sea lo mismo con los porteros. Cada vez que sale el tema de su definición Vinicius le está echando sal a un café, a punto de hacer de las suyas. Hasta que su ternura le puede. Nadie acaba cayendo en su trampa. El café acaba por los suelos.

El brasileño llegó al once blanco en un contexto altamente complicado. El Real Madrid reclamaba todo lo que su fútbol demanda a grito descubierto, a pesar de su cortísima edad. Seguramente no debería haber entrado tan pronto, aunque a veces no podamos escoger los caminos de nuestra vida, que nos golpea o nos acomoda como un guionista hollywoodiense. Caprichos. Conozco a más de uno que dice que la etapa inmediatamente posterior a los 20 años suele divergir en un sinfín de caminos: unos se casan, otros se centran, algunos se emborrachan sin cesar y hay alguno que ya está casi calvo. Vinicius, a sus 18 años, ya es titular en el tres veces campeón de Europa.

El carioca siempre ha partido desde la banda izquierda, donde puede forjar diagonales para pisar área, encontrándose con su mayor trauma: el gol. Zinedine Zidane, en su primera etapa, se caracterizó por ser un técnico ecléctico, cambiando sus disposiciones dependiendo de cómo soplaba el viento. No solía modificar nada si los resultados acompañaban. Sin embargo, ante el Celta no estuvo Casemiro, por lo que el doble pivote y mediapunta podría ser suprimido por un 4-3-3. En ese sistema, el mismo que utilizaba en sus conclusiones Santiago Solari, el extremo tiene una profunda libertad, ya que sus movimientos no chocarían con el mediapunta de turno.

Otra de las opciones, en esta etapa de bloqueo y constante pelea con el gol, es cambiarle de flanco para aprovechar el elevado elenco de gestos técnicos que tiene para centrar, cargando el área con buenos cabeceadores. Vinicius ya no puede echarse atrás. Ya no puede hacer como aquellos amigos que pasan de estudiar historia a ingeniería, o que traicionan el Vodka limón por el vino, en busca de cultivarse. Es un futbolista del Real Madrid que busca escribir una historia que no tenga un final abrupto, como suele pasar con los que debutan siendo tan bisoños. Sin embargo, nadie podrá dudar de su empeño y nivel con la zamarra blanca, en un club tan caótico como suele ser el Real Madrid en sus propias crisis, normalmente elaboradas por ellos mismos, de manera interna. Pero ese es otro giro más. Y no toca hablar de ello. 

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