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Un Betis más Betis

Joel Sierra @_JoeLSierra_ 13-09-2018

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Lo más importante que ha construido el Betis
desde la llegada de Quique Setién el verano pasado es una identidad competitiva
muy concreta, un sello estilístico nítido, una manera proactiva de encarar las
situaciones y un manual de juego que son los raíles por los que el club ha
decidido transitar y por los que, sin duda, ha conseguido avanzar. Todo ello
conforma un todo atractivo, especialmente para los buenos futbolistas que han
aterrizado en el Villamarín desde entonces, y que supone, en un proceso que se
retroalimenta, un crecimiento exponencial a nivel deportivo, económico y
también en cuanto al prestigio que de puertas hacia fuera el conjunto
verdiblanco como entidad había ido perdiendo paulatinamente en la última
década.

La exigencia de las tres competiciones de las que
el Betis toma parte este curso no permite ningún tipo de desconexión en el
calendario y, a su vez, exige al equipo sevillano que sus métodos estén mucho
más afinados y que las transiciones defensivas que tanto daño hicieron en la
primera mitad de la pasada campaña hayan quedado en su mayoría enterradas en el
olvido con la pala del aprendizaje y la mejora continuada que supuso la línea
de tres centrales desde la redentora llegada de Marc Bartra desde Dortmund. Esa
misma estructura defensiva sigue siendo la base del equipo por todo lo que le
da a la hora de ejecutar la salida rasa y de zafarse de la presión adelantada
del rival, mucho más fácil de cortocircuitar cuando el Betis se veía obligado a
tener que jugar con el pivote sin un tercer central casi siempre liberado.

A esa disposición, sin embargo, la nueva
planificación de la plantilla verdiblanca añade nuevas variantes de la medular
en adelante que ya estamos viendo, desde la utilización de una doble mediapunta
muy dinámica en sus movimientos entre la divisoria y el pico del área, la doble
punta clásica que permita una manera de atacar más directa y que genera
espacios por detrás para los interiores, o un funcionamiento asimétrico de los
carriles con Tello como opción más agresiva por cualquiera de los dos costados
para compensar la falta de profundidad de los movimientos generalmente
interiores hacia la media luna de Canales, Boudebouz o Joaquín y también de
Inui, a pesar de que el japonés sí que está mejor preparado para ganar línea de
fondo.

Las altas
expectativas y la ilusión siguen manteniéndose intactas pese a los tibios
resultados en este inicio de temporada tras un verano muy prometedor -en ese
sentido, la victoria en el derbi debe servir de acicate- y a que el Betis ha
acusado especialmente falta de concreción de las ocasiones generadas y ha
pecado de cierto exceso de horizontalidad en tres cuartos de cancha ante
repliegues concentrados y muy bajos, que Inui y Joaquín deben paliar por su
desborde en conducción y al que el recién llegado Lo Celso debe contribuir a
mejorar necesariamente con sus dotes para la asociación y para acelerar jugadas
desde el pase. Estamos viendo a un Betis que está siendo capaz de jugar más
junto en campo rival, que está en el camino de mejorar su presión tras pérdida,
de afianzar su dominio territorial para controlar mejor los partidos también a
nivel defensivo y de no partirse ni sufrir tanto ante las transiciones
defensivas que van a seguir siendo la gran baza de la mayoría de sus
contrincantes para hacerle daño.

Quique Setién y Serra Ferrer han acometido las
cribas necesarias, han contratado lo que han necesitado para paliar los
déficits del equipo la temporada anterior, los perfiles que por características
menos se adecuaban a la idea general han terminado saliendo y los presentes,
salvo contadas excepciones, son los idóneos para llevar a cabo el asalto al
siguiente escalón competitivo y dotar al sistema de los matices siempre
necesarios para adaptarse al rival o cambiar el rumbo de los partidos, aunque el
Betis sigue siendo un conjunto que quizá acusa demasiado el hecho de no
adelantarse en el marcador y tener que ir a remolque del rival. Una
circunstancia que muchas veces termina por separar demasiado las líneas y
devolver temporalmente al Betis al escenario número uno, el de verse superado
por la fulgurante verticalidad de los rivales bien preparados para
contragolpear y en el que el gran fichaje estival, William Carvalho, está lejos
de ayudar sin balón en esa faceta por su lentitud.

El portugués está arrastrando una escasez de
ritmo disonante con el contexto que lo circunda y que también se refleja en su
velocidad organizativa a la hora de soltar el pase, a pesar de que sí es un
pivote con un gran aplomo y seguridad en las recepciones de espaldas y en las
entregas, también en campo rival, para sortear con garantías la presión, pero
de momento no llega a compensar con ello sus carencias, a falta de comprobar
hasta qué punto puede evolucionar en ese sentido o si, por el contrario, el
sistema acogerá mejor al argentino Lo Celso como mediocentro puro, una posición
que no es extraña para él, donde puede girarse y hacer llegar el balón con
mayor agilidad hacia la mitad rival, con el consiguiente mejor aprovechamiento
de los espacios y menor tiempo para que el bloque adversario se reordene, y que
la efusiva solidaridad de Guardado y la línea de tres centrales pueden
compensar la menor propensión de orden defensivo de sus atributos para hacerle
sentirse cómodo como organizador, sin olvidar que se trata de una incorporación
más orientada, en principio, a ejercer los roles de Andrés Guardado.

En definitiva, el Betis está viviendo un segundo
proceso de crecimiento que tiene la suerte de asentarse sobre un gran puñado de
certezas granjeadas y plenamente demostradas a lo largo del primer año de
Setién y de su equipo en el Benito Villamarín. Cuidar cada posesión, mantener
la convicción de que volver a empezar puede ser el mejor camino, aumentar y
estimular el atrevimiento de todos sus elementos para batir líneas con el pase…
Este Betis ya conoce perfectamente quién es y ahora busca hacerse a sí mismo
todavía más y enfatizar la personalidad que ya sabe al cien por cien que es la
suya. Si la paciente oscilación de la batea que es la circulación de sus
posesiones da sus frutos hasta encontrar la pepita de oro antes de que el rival
la consiga por medio de cargas explosivas y si la movilidad coordinada y
precisa por delante del poseedor alcanza su fluidez idónea de manera progresiva y cadenciosa,
que es justo cuando el equipo verdiblanco se convierte en un conjunto de
altísimo nivel, los nuevos planes, como ya ocurrió con los del curso pasado,
pasarán a ser certezas sobre las que seguir y seguir construyendo su marca y su
sello y, de esta forma, poder continuar soñando con grandes cosas, mientras la
mochila se mantiene cargada de argumentos.

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Lo más importante que ha construido el Betis
desde la llegada de Quique Setién el verano pasado es una identidad competitiva
muy concreta, un sello estilístico nítido, una manera proactiva de encarar las
situaciones y un manual de juego que son los raíles por los que el club ha
decidido transitar y por los que, sin duda, ha conseguido avanzar. Todo ello
conforma un todo atractivo, especialmente para los buenos futbolistas que han
aterrizado en el Villamarín desde entonces, y que supone, en un proceso que se
retroalimenta, un crecimiento exponencial a nivel deportivo, económico y
también en cuanto al prestigio que de puertas hacia fuera el conjunto
verdiblanco como entidad había ido perdiendo paulatinamente en la última
década.

La exigencia de las tres competiciones de las que
el Betis toma parte este curso no permite ningún tipo de desconexión en el
calendario y, a su vez, exige al equipo sevillano que sus métodos estén mucho
más afinados y que las transiciones defensivas que tanto daño hicieron en la
primera mitad de la pasada campaña hayan quedado en su mayoría enterradas en el
olvido con la pala del aprendizaje y la mejora continuada que supuso la línea
de tres centrales desde la redentora llegada de Marc Bartra desde Dortmund. Esa
misma estructura defensiva sigue siendo la base del equipo por todo lo que le
da a la hora de ejecutar la salida rasa y de zafarse de la presión adelantada
del rival, mucho más fácil de cortocircuitar cuando el Betis se veía obligado a
tener que jugar con el pivote sin un tercer central casi siempre liberado.

A esa disposición, sin embargo, la nueva
planificación de la plantilla verdiblanca añade nuevas variantes de la medular
en adelante que ya estamos viendo, desde la utilización de una doble mediapunta
muy dinámica en sus movimientos entre la divisoria y el pico del área, la doble
punta clásica que permita una manera de atacar más directa y que genera
espacios por detrás para los interiores, o un funcionamiento asimétrico de los
carriles con Tello como opción más agresiva por cualquiera de los dos costados
para compensar la falta de profundidad de los movimientos generalmente
interiores hacia la media luna de Canales, Boudebouz o Joaquín y también de
Inui, a pesar de que el japonés sí que está mejor preparado para ganar línea de
fondo.

Las altas
expectativas y la ilusión siguen manteniéndose intactas pese a los tibios
resultados en este inicio de temporada tras un verano muy prometedor -en ese
sentido, la victoria en el derbi debe servir de acicate- y a que el Betis ha
acusado especialmente falta de concreción de las ocasiones generadas y ha
pecado de cierto exceso de horizontalidad en tres cuartos de cancha ante
repliegues concentrados y muy bajos, que Inui y Joaquín deben paliar por su
desborde en conducción y al que el recién llegado Lo Celso debe contribuir a
mejorar necesariamente con sus dotes para la asociación y para acelerar jugadas
desde el pase. Estamos viendo a un Betis que está siendo capaz de jugar más
junto en campo rival, que está en el camino de mejorar su presión tras pérdida,
de afianzar su dominio territorial para controlar mejor los partidos también a
nivel defensivo y de no partirse ni sufrir tanto ante las transiciones
defensivas que van a seguir siendo la gran baza de la mayoría de sus
contrincantes para hacerle daño.

Quique Setién y Serra Ferrer han acometido las
cribas necesarias, han contratado lo que han necesitado para paliar los
déficits del equipo la temporada anterior, los perfiles que por características
menos se adecuaban a la idea general han terminado saliendo y los presentes,
salvo contadas excepciones, son los idóneos para llevar a cabo el asalto al
siguiente escalón competitivo y dotar al sistema de los matices siempre
necesarios para adaptarse al rival o cambiar el rumbo de los partidos, aunque el
Betis sigue siendo un conjunto que quizá acusa demasiado el hecho de no
adelantarse en el marcador y tener que ir a remolque del rival. Una
circunstancia que muchas veces termina por separar demasiado las líneas y
devolver temporalmente al Betis al escenario número uno, el de verse superado
por la fulgurante verticalidad de los rivales bien preparados para
contragolpear y en el que el gran fichaje estival, William Carvalho, está lejos
de ayudar sin balón en esa faceta por su lentitud.

El portugués está arrastrando una escasez de
ritmo disonante con el contexto que lo circunda y que también se refleja en su
velocidad organizativa a la hora de soltar el pase, a pesar de que sí es un
pivote con un gran aplomo y seguridad en las recepciones de espaldas y en las
entregas, también en campo rival, para sortear con garantías la presión, pero
de momento no llega a compensar con ello sus carencias, a falta de comprobar
hasta qué punto puede evolucionar en ese sentido o si, por el contrario, el
sistema acogerá mejor al argentino Lo Celso como mediocentro puro, una posición
que no es extraña para él, donde puede girarse y hacer llegar el balón con
mayor agilidad hacia la mitad rival, con el consiguiente mejor aprovechamiento
de los espacios y menor tiempo para que el bloque adversario se reordene, y que
la efusiva solidaridad de Guardado y la línea de tres centrales pueden
compensar la menor propensión de orden defensivo de sus atributos para hacerle
sentirse cómodo como organizador, sin olvidar que se trata de una incorporación
más orientada, en principio, a ejercer los roles de Andrés Guardado.

En definitiva, el Betis está viviendo un segundo
proceso de crecimiento que tiene la suerte de asentarse sobre un gran puñado de
certezas granjeadas y plenamente demostradas a lo largo del primer año de
Setién y de su equipo en el Benito Villamarín. Cuidar cada posesión, mantener
la convicción de que volver a empezar puede ser el mejor camino, aumentar y
estimular el atrevimiento de todos sus elementos para batir líneas con el pase…
Este Betis ya conoce perfectamente quién es y ahora busca hacerse a sí mismo
todavía más y enfatizar la personalidad que ya sabe al cien por cien que es la
suya. Si la paciente oscilación de la batea que es la circulación de sus
posesiones da sus frutos hasta encontrar la pepita de oro antes de que el rival
la consiga por medio de cargas explosivas y si la movilidad coordinada y
precisa por delante del poseedor alcanza su fluidez idónea de manera progresiva y cadenciosa,
que es justo cuando el equipo verdiblanco se convierte en un conjunto de
altísimo nivel, los nuevos planes, como ya ocurrió con los del curso pasado,
pasarán a ser certezas sobre las que seguir y seguir construyendo su marca y su
sello y, de esta forma, poder continuar soñando con grandes cosas, mientras la
mochila se mantiene cargada de argumentos.

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