_Atletismo

Un amateur incansable entre profesionales

Diego G. Argota @Diego21Garcia 12-03-2019

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Es la hora de marchar. Yuki Kawauchi se viste con pantalones chinos color beige, se ajusta el cinturón, se calza unos zapatos con un ligero toque de sport, se abotona y remanga la camisa de cuadros, carga una mochila bien ajustada a la espalda y luce un reloj de alta gama totalmente deportivo. Y con esa planta, corre por las calles de Japón. No llega tarde a ningún sitio, no va a perder ningún tren, simplemente va corriendo a su trabajo. Por gusto, por placer. Por entretenimiento. Es una forma de vida. Vive a un kilómetro de su puesto de trabajo, tarda menos de cuatro minutos y ni siquiera rompe a sudar. Porque esa misma mañana, el japonés ya ha estado corriendo unos 20 kilómetros suaves antes de iniciar su jornada laboral.

La mayoría de corredores de élite vive por y para el atletismo. Etíopes, keniatas, estadounidenses, británicos… Todos corren y entrenan dos veces, como mínimo, al día, aparte del trabajo específico de gimnasio. Están bien asesorados por los mejores nutricionistas, entrenadores personales y disfrutan de las instalaciones deportivas de última generación, ya sean pistas o gimnasios. Kawauchi, en cambio, trabaja a tiempo completo 40 horas semanales en un instituto de Saitama, al norte de Tokio. Antes de su turno de trabajo, saca tiempo para correr, realiza ejercicios de gimnasio con unas pesas totalmente fabricadas a mano por él que tiene en su casa y no acepta ningún tipo de ayudas en lo que se refiere a la alimentación o al propio entrenamiento. Él lo diseña todo. Es corredor, nutricionista y entrenador a la vez. Hace 600 kilómetros al mes y come en cantidades industriales. Dice que esto último es su secreto. Hace años trabajó en un McDonalds mientras estudiaba en la universidad y acostumbra a comer hamburguesas allí donde le llevan las carreras. Por lo general, incluso, es la última comida antes de cada carrera. Su gasolina. Dice que podría escribir un libro solo contando anécdotas en base a las hamburgueserías que ha visitado.

Como funcionario de gobierno al trabajar de conserje en un instituto, no tiene permitido aceptar dinero ni material de patrocinadores. Por eso, aunque sus tiempos no digan lo mismo y porque su dedicación no es la misma que la de los corredores profesionales, el japonés es un atleta amateur. De élite, pero amateur. Y todo ello habiendo incluso representado a Japón en grandes eventos como los Campeonatos del Mundo de Atletismo. Un premio para el que tuvo que hacer malabares, pues siempre ha tenido que cuadrar sus vacaciones y sus días libres para las competiciones, que no son pocas. Por todo ello es conocido como ‘Citizen Runner’, algo así como el corredor del pueblo. Es un tipo carismático, conocido en el mundillo, admirado por populares porque al fin y al cabo es uno de ellos, y por profesionales, que envidian sus marcas y juegan a adivinar cuál sería su cima si le mostrara dedicación a tiempo completo. Cerca estamos de saberlo.

Kawauchi, de 32 años recién cumplidos, tiene una carrera notabilísima para su edad, aunque la excelencia y el reconocimiento general le llegó el año pasado, en la Maratón de Boston (2:15:58), cuando se impuso bajo la lluvia contra todo pronóstico a todos los atletas profesionales logrando su primer major. Solo tres semanas antes, para preparar esta carrera, corrió una media maratón en Japón disfrazado de oso panda sellando un asombroso 1:10:03. Su estilo, único, se vislumbraba bajo el aparatoso traje de oso. Posee también la mejor marca en la media distancia corriendo con un traje de oficina (zapatos incluidos en vez de deportivas), aunque no registrada en el Récord Guinness por la no oficialidad de la prueba (1:06:42). “Quiero entretener a la gente”, afirma.

Su cuerpo no conoce límites. Su capacidad para recuperar es difícilmente explicable. Y esa es la principal virtud que destacan sobre él sus rivales que, acostumbrados a correr dos maratones por año, ven cómo el asiático eleva su media a más de 10, llegando incluso a los 13 que corrió durante 2014, siempre intercalados por carreras de 21km y por ultramaratones de hasta 71km. Desde 2009, cuando empezó a competir, el japonés ha corrido un maratón cada 40 días. Una locura. 

“Todos conocemos a ese corredor aficionado que corre varios maratones al año, que los termina en cuatro horas o cuatro horas y media. La diferencia es que Yuki los corre mucho más rápido, en tiempos de los mejores y, normalmente, suele ganarlos o acabar en el podio”, admite el director de la Maratón de Chicago, donde el pasado octubre acabó de nuevo por debajo de 2h20min, con solo unos días de margen con respecto al Maratón de Venecia.

Kawauchi no puede igualarse con los mejores a día de hoy. Su mejor tiempo (2:08:14) está a casi siete minutos del récord de Kipchoge en Berlín, y por eso decide elevar su apuesta donde otros no pueden, logrando registros asombrosos sin apenas descanso. Esa mejor marca personal la selló solo 42 días después de haber corrido en 2:08:15, por lo que tiene el récord de corredor que logra dos marcas sub 2:09 en menos periodo de tiempo, como también tiene el de mejor sub 2:10, pues en solo 12 días corrió dos maratones en 2 horas y nueve minutos.

Nadie en todo el mundo ha corrido más maratones que él por debajo de 2 horas y 20 minutos (86) y tampoco hay nadie que haya hecho más maratones por debajo de las dos horas y 11 minutos (20). En 2014 corrió 12 maratones por debajo de las 2 horas y 16 minutos, hazaña que repitió en 2017 y por lo que también está en los libros de récords. 

“No puedo imaginar ir a trabajar al día siguiente de correr”, afirma Meb Keflezighi, que ganó en Boston en 2014 y fue Plata en los JJOO de Atenas 2004. “Durante cuatro o cinco días después de una maratón no puedo caminar, me duele todo, tengo que subir y bajar escaleras hacia atrás. Y Yuki al día siguiente ya va a trabajar y vuelve a correr normal”. Porque 48h después de ganar en Boston, el nipón ya estaba entrenando sus 20 kilómetros de rigor, y solo seis días después corrió la media maratón de Gifu en una hora y 4 minutos. Y va mucho más allá. Ha llegado a correr tres maratones en solo una semana.

Su libro de aventuras es inenarrable. Corrió y ganó en Massachussets en una prueba que se antojó helada, en la que llegó a haber tramos a -23 grados bajo cero. Y lo hizo por debajo de 2 horas y 20 minutos en el que se cree que es el mejor tiempo en el maratón más frío de la historia. Está considerado uno de los gallos en condiciones de frío o lluvia. Corrió en Venecia en su última edición en un maratón que se hizo famoso porque gran parte del recorrido se corrió con el agua a los tobillos.  

El japonés empezó su carrera deportiva a los seis años, cuando fue capaz de correr 1500 metros en 7:30. Entonces, corría en pista y su madre, que vio que ahí había talento, le puso como rutina que cada día debería correr esa misma distancia en menos tiempo que el que sellaba el día anterior. Es decir, progresar cada día y establecer una mejor marca personal a diario. Si fallaba en el intento, tenía que correr una vuelta de castigo extra por cada 30 segundos que el crono marcara que se había pasado en el tiempo establecido.

Ahora, su día a día se resume muy fácil. De lunes a viernes corre entre 18 y 20 kilómetros por día, jugando con el ritmo, alternando la ruta. El miércoles es el único día que no hace tiradas largas, pues va a una pista de atletismo a hacer series que acaban contabilizando otros 18 kilómetros. El sábado rueda como le pide el cuerpo, soltando piernas muchas veces por debajo de 4 minutos el kilómetro. Por la tarde viaja al destino de la carrera que tiene que correr el domingo y vuelta a empezar. No hay día de descanso. El único lujo que se permite es que el lunes, para recuperar piernas, hace esa media maratón diaria a cinco minutos el kilómetro. Una quimera para el resto de los mortales.

Nunca corrió en unos Juegos Olímpicos, aunque sí ha representado a Japón en Mundiales y Juegos Asiáticos, logrando además una medalla de plata por equipos en el evento internacional. Pero su vida dio un cambio radical el pasado mes de abril en Boston. El día amaneció a cara de perro, con un frío helado, lluvia y unas condiciones que quitaron las ganas de correr a casi todos, pero que a él le pusieron el brillo en los ojos. El japonés arrasó en una prueba que fue muy lenta, donde todos los grandes favoritos fueron desfalleciendo poco a poco arrasados por un temporal intempestivo. Pero el nipón mantuvo el tipo y se impuso contra todo pronóstico en la cita de Boston.

Admite que no sabía si realmente iba primero o no hasta que no vio la gran línea de meta y la cinta que aún tenía que cortar. Y cuando llegó, no pudo contener la alegría. “I did it!” (¡Lo hice!). Fue el grito que le salió del alma, que suponía para él ganar su primer major y un futuro que aún tenía cosas muy buenas para deparar.

Esa victoria le hizo replantearse su carrera profesional, esa que se le escapó en plena adolescencia fruto de las lesiones y de una depresión agravada por la muerte prematura de su padre. Por eso, y aunque siempre ha querido correr para divertirse, sin las ataduras de las marcas y los patrocinios, este abril dejará su puesto de trabajo y firmará con las grandes multinacionales, que llevan años peleándose por él. No lo hará a la ligera, sino que pondrá sus condiciones para que le den libertad y cumplir así sus objetivos.

El primer día de abril, coincidiendo con el cambio de curso en el sistema educativo de Japón, abandonará su puesto de conserje. Lo hará presumiblemente bajo el paraguas de Asics, la empresa nipona que le acompaña desde hace más de un lustro. El japonés cumplió 32 años la semana pasada y ya ha asegurado que repetirá el mes que viene en Boston y que solo 19 días después estará en la línea de salida de la Maratón de Vancouver, donde quiere lograr el récord de la prueba que se mantiene en 2:18:37.

Y es que pese a las ataduras que las marcas suelen anteponer a sus corredores con una planificación exhaustiva, el asiático ha exigido una serie de licencias que le permitan seguir con su ritmo inalcanzable de carreras para mejorar sus registros. Quiere llegar cuanto antes a los 100 maratones realizados (lleva 91) y eso que empezó solo hace diez años. Su idea inicial era realizar esa centena de carreras por debajo de 2h20 (lleva 86) antes de los JJOO de Tokio, cosa que a día de hoy se antoja algo compleja, pero nunca imposible para él.

Y aunque no se plantea ir a los JJOO de su país de momento, veremos si las marcas no le meten presión para ello una vez se haga profesional. Y no es que no quiera, es que para los grandes eventos Kawauchi no solo se plantea correr para divertirse, sino para ganar. En Tokio se prevé mucho calor y allí estarán los mejores, por lo que sus posibilidades menguan. Él tiene en mente los Mundiales de Oregón, donde se esperan temperaturas mucho más bajas y donde cree que, tras haber quedado tres veces entre los 20 primeros en sus tres participaciones mundialistas, puede colgarse una medalla, o al menos ser considerado un hueso duro de roer.

Su historia, para no restarle la épica que se merece, no se queda ahí. Kawauchi intercala las maratones con medias maratones y ultramaratones. Es decir, no corre una maratón cada 40 días y ya. Así, posee 4 de las 10 mejores marcas mundiales en carreras de 50 km (ha corrido 8, más una de 71km y las ha ganado todas menos la del debut, donde se tuvo que retirar) y desde 2007 ha participado en 117 medias maratones oficiales, sin contar que, su entrenamiento diario, roza precisamente la media distancia.

Porque así es Yuki Kawauchi, un hombre que no entiende de imposibles. Ese que se disculpa con los fans y se siente avergonzado cada vez que termina un maratón por encima de 2h20, algo que solo ha hecho en 5 de los 91 disputados. Un aficionado capaz de acercarse a los registros de los que se dedican a ello a tiempo completo. El amateur incansable que ya reta a los profesionales.

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Es la hora de marchar. Yuki Kawauchi se viste con pantalones chinos color beige, se ajusta el cinturón, se calza unos zapatos con un ligero toque de sport, se abotona y remanga la camisa de cuadros, carga una mochila bien ajustada a la espalda y luce un reloj de alta gama totalmente deportivo. Y con esa planta, corre por las calles de Japón. No llega tarde a ningún sitio, no va a perder ningún tren, simplemente va corriendo a su trabajo. Por gusto, por placer. Por entretenimiento. Es una forma de vida. Vive a un kilómetro de su puesto de trabajo, tarda menos de cuatro minutos y ni siquiera rompe a sudar. Porque esa misma mañana, el japonés ya ha estado corriendo unos 20 kilómetros suaves antes de iniciar su jornada laboral.

La mayoría de corredores de élite vive por y para el atletismo. Etíopes, keniatas, estadounidenses, británicos… Todos corren y entrenan dos veces, como mínimo, al día, aparte del trabajo específico de gimnasio. Están bien asesorados por los mejores nutricionistas, entrenadores personales y disfrutan de las instalaciones deportivas de última generación, ya sean pistas o gimnasios. Kawauchi, en cambio, trabaja a tiempo completo 40 horas semanales en un instituto de Saitama, al norte de Tokio. Antes de su turno de trabajo, saca tiempo para correr, realiza ejercicios de gimnasio con unas pesas totalmente fabricadas a mano por él que tiene en su casa y no acepta ningún tipo de ayudas en lo que se refiere a la alimentación o al propio entrenamiento. Él lo diseña todo. Es corredor, nutricionista y entrenador a la vez. Hace 600 kilómetros al mes y come en cantidades industriales. Dice que esto último es su secreto. Hace años trabajó en un McDonalds mientras estudiaba en la universidad y acostumbra a comer hamburguesas allí donde le llevan las carreras. Por lo general, incluso, es la última comida antes de cada carrera. Su gasolina. Dice que podría escribir un libro solo contando anécdotas en base a las hamburgueserías que ha visitado.

Como funcionario de gobierno al trabajar de conserje en un instituto, no tiene permitido aceptar dinero ni material de patrocinadores. Por eso, aunque sus tiempos no digan lo mismo y porque su dedicación no es la misma que la de los corredores profesionales, el japonés es un atleta amateur. De élite, pero amateur. Y todo ello habiendo incluso representado a Japón en grandes eventos como los Campeonatos del Mundo de Atletismo. Un premio para el que tuvo que hacer malabares, pues siempre ha tenido que cuadrar sus vacaciones y sus días libres para las competiciones, que no son pocas. Por todo ello es conocido como ‘Citizen Runner’, algo así como el corredor del pueblo. Es un tipo carismático, conocido en el mundillo, admirado por populares porque al fin y al cabo es uno de ellos, y por profesionales, que envidian sus marcas y juegan a adivinar cuál sería su cima si le mostrara dedicación a tiempo completo. Cerca estamos de saberlo.

Kawauchi, de 32 años recién cumplidos, tiene una carrera notabilísima para su edad, aunque la excelencia y el reconocimiento general le llegó el año pasado, en la Maratón de Boston (2:15:58), cuando se impuso bajo la lluvia contra todo pronóstico a todos los atletas profesionales logrando su primer major. Solo tres semanas antes, para preparar esta carrera, corrió una media maratón en Japón disfrazado de oso panda sellando un asombroso 1:10:03. Su estilo, único, se vislumbraba bajo el aparatoso traje de oso. Posee también la mejor marca en la media distancia corriendo con un traje de oficina (zapatos incluidos en vez de deportivas), aunque no registrada en el Récord Guinness por la no oficialidad de la prueba (1:06:42). “Quiero entretener a la gente”, afirma.

Su cuerpo no conoce límites. Su capacidad para recuperar es difícilmente explicable. Y esa es la principal virtud que destacan sobre él sus rivales que, acostumbrados a correr dos maratones por año, ven cómo el asiático eleva su media a más de 10, llegando incluso a los 13 que corrió durante 2014, siempre intercalados por carreras de 21km y por ultramaratones de hasta 71km. Desde 2009, cuando empezó a competir, el japonés ha corrido un maratón cada 40 días. Una locura. 

“Todos conocemos a ese corredor aficionado que corre varios maratones al año, que los termina en cuatro horas o cuatro horas y media. La diferencia es que Yuki los corre mucho más rápido, en tiempos de los mejores y, normalmente, suele ganarlos o acabar en el podio”, admite el director de la Maratón de Chicago, donde el pasado octubre acabó de nuevo por debajo de 2h20min, con solo unos días de margen con respecto al Maratón de Venecia.

Kawauchi no puede igualarse con los mejores a día de hoy. Su mejor tiempo (2:08:14) está a casi siete minutos del récord de Kipchoge en Berlín, y por eso decide elevar su apuesta donde otros no pueden, logrando registros asombrosos sin apenas descanso. Esa mejor marca personal la selló solo 42 días después de haber corrido en 2:08:15, por lo que tiene el récord de corredor que logra dos marcas sub 2:09 en menos periodo de tiempo, como también tiene el de mejor sub 2:10, pues en solo 12 días corrió dos maratones en 2 horas y nueve minutos.

Nadie en todo el mundo ha corrido más maratones que él por debajo de 2 horas y 20 minutos (86) y tampoco hay nadie que haya hecho más maratones por debajo de las dos horas y 11 minutos (20). En 2014 corrió 12 maratones por debajo de las 2 horas y 16 minutos, hazaña que repitió en 2017 y por lo que también está en los libros de récords. 

“No puedo imaginar ir a trabajar al día siguiente de correr”, afirma Meb Keflezighi, que ganó en Boston en 2014 y fue Plata en los JJOO de Atenas 2004. “Durante cuatro o cinco días después de una maratón no puedo caminar, me duele todo, tengo que subir y bajar escaleras hacia atrás. Y Yuki al día siguiente ya va a trabajar y vuelve a correr normal”. Porque 48h después de ganar en Boston, el nipón ya estaba entrenando sus 20 kilómetros de rigor, y solo seis días después corrió la media maratón de Gifu en una hora y 4 minutos. Y va mucho más allá. Ha llegado a correr tres maratones en solo una semana.

Su libro de aventuras es inenarrable. Corrió y ganó en Massachussets en una prueba que se antojó helada, en la que llegó a haber tramos a -23 grados bajo cero. Y lo hizo por debajo de 2 horas y 20 minutos en el que se cree que es el mejor tiempo en el maratón más frío de la historia. Está considerado uno de los gallos en condiciones de frío o lluvia. Corrió en Venecia en su última edición en un maratón que se hizo famoso porque gran parte del recorrido se corrió con el agua a los tobillos.  

El japonés empezó su carrera deportiva a los seis años, cuando fue capaz de correr 1500 metros en 7:30. Entonces, corría en pista y su madre, que vio que ahí había talento, le puso como rutina que cada día debería correr esa misma distancia en menos tiempo que el que sellaba el día anterior. Es decir, progresar cada día y establecer una mejor marca personal a diario. Si fallaba en el intento, tenía que correr una vuelta de castigo extra por cada 30 segundos que el crono marcara que se había pasado en el tiempo establecido.

Ahora, su día a día se resume muy fácil. De lunes a viernes corre entre 18 y 20 kilómetros por día, jugando con el ritmo, alternando la ruta. El miércoles es el único día que no hace tiradas largas, pues va a una pista de atletismo a hacer series que acaban contabilizando otros 18 kilómetros. El sábado rueda como le pide el cuerpo, soltando piernas muchas veces por debajo de 4 minutos el kilómetro. Por la tarde viaja al destino de la carrera que tiene que correr el domingo y vuelta a empezar. No hay día de descanso. El único lujo que se permite es que el lunes, para recuperar piernas, hace esa media maratón diaria a cinco minutos el kilómetro. Una quimera para el resto de los mortales.

Nunca corrió en unos Juegos Olímpicos, aunque sí ha representado a Japón en Mundiales y Juegos Asiáticos, logrando además una medalla de plata por equipos en el evento internacional. Pero su vida dio un cambio radical el pasado mes de abril en Boston. El día amaneció a cara de perro, con un frío helado, lluvia y unas condiciones que quitaron las ganas de correr a casi todos, pero que a él le pusieron el brillo en los ojos. El japonés arrasó en una prueba que fue muy lenta, donde todos los grandes favoritos fueron desfalleciendo poco a poco arrasados por un temporal intempestivo. Pero el nipón mantuvo el tipo y se impuso contra todo pronóstico en la cita de Boston.

Admite que no sabía si realmente iba primero o no hasta que no vio la gran línea de meta y la cinta que aún tenía que cortar. Y cuando llegó, no pudo contener la alegría. “I did it!” (¡Lo hice!). Fue el grito que le salió del alma, que suponía para él ganar su primer major y un futuro que aún tenía cosas muy buenas para deparar.

Esa victoria le hizo replantearse su carrera profesional, esa que se le escapó en plena adolescencia fruto de las lesiones y de una depresión agravada por la muerte prematura de su padre. Por eso, y aunque siempre ha querido correr para divertirse, sin las ataduras de las marcas y los patrocinios, este abril dejará su puesto de trabajo y firmará con las grandes multinacionales, que llevan años peleándose por él. No lo hará a la ligera, sino que pondrá sus condiciones para que le den libertad y cumplir así sus objetivos.

El primer día de abril, coincidiendo con el cambio de curso en el sistema educativo de Japón, abandonará su puesto de conserje. Lo hará presumiblemente bajo el paraguas de Asics, la empresa nipona que le acompaña desde hace más de un lustro. El japonés cumplió 32 años la semana pasada y ya ha asegurado que repetirá el mes que viene en Boston y que solo 19 días después estará en la línea de salida de la Maratón de Vancouver, donde quiere lograr el récord de la prueba que se mantiene en 2:18:37.

Y es que pese a las ataduras que las marcas suelen anteponer a sus corredores con una planificación exhaustiva, el asiático ha exigido una serie de licencias que le permitan seguir con su ritmo inalcanzable de carreras para mejorar sus registros. Quiere llegar cuanto antes a los 100 maratones realizados (lleva 91) y eso que empezó solo hace diez años. Su idea inicial era realizar esa centena de carreras por debajo de 2h20 (lleva 86) antes de los JJOO de Tokio, cosa que a día de hoy se antoja algo compleja, pero nunca imposible para él.

Y aunque no se plantea ir a los JJOO de su país de momento, veremos si las marcas no le meten presión para ello una vez se haga profesional. Y no es que no quiera, es que para los grandes eventos Kawauchi no solo se plantea correr para divertirse, sino para ganar. En Tokio se prevé mucho calor y allí estarán los mejores, por lo que sus posibilidades menguan. Él tiene en mente los Mundiales de Oregón, donde se esperan temperaturas mucho más bajas y donde cree que, tras haber quedado tres veces entre los 20 primeros en sus tres participaciones mundialistas, puede colgarse una medalla, o al menos ser considerado un hueso duro de roer.

Su historia, para no restarle la épica que se merece, no se queda ahí. Kawauchi intercala las maratones con medias maratones y ultramaratones. Es decir, no corre una maratón cada 40 días y ya. Así, posee 4 de las 10 mejores marcas mundiales en carreras de 50 km (ha corrido 8, más una de 71km y las ha ganado todas menos la del debut, donde se tuvo que retirar) y desde 2007 ha participado en 117 medias maratones oficiales, sin contar que, su entrenamiento diario, roza precisamente la media distancia.

Porque así es Yuki Kawauchi, un hombre que no entiende de imposibles. Ese que se disculpa con los fans y se siente avergonzado cada vez que termina un maratón por encima de 2h20, algo que solo ha hecho en 5 de los 91 disputados. Un aficionado capaz de acercarse a los registros de los que se dedican a ello a tiempo completo. El amateur incansable que ya reta a los profesionales.

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Diego G. Argota @Diego21Garcia
01-07-2020