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Twitter tiene un resfriado

Twitter tiene un resfriado y parece mucho más grave, según nos cuentan los medios, que el que tuvo Sinatra. Nos bombardean hoy desde todos los lados para asegurarnos que la red social del pajarito, que tanto éxito ha tenido, está herida de muerte. Justo ahora que empieza el Mundial una de las grandes fábricas de odio podría terminar. ¿Ahora qué hacemos?, se cuestionan muchos adictos. Es una muy buena pregunta.

Creo que más de una vez lo he expresado por aquí, pero no es sencillo ser original. Una de las cosas que más me sorprendía -y sorprende- de los tótems del periodismo es la de analizar un partido y ser capaz a la vez estar con el móvil en la mano poniendo tweets muy divertidos. De esos que tienen miles de likes. Nunca he podido comprender cómo podían hacerlo todo a la vez, ya que un requisito indispensable para enterarse de lo que ocurre en el campo es poner todos los sentidos en el juego. Y eso dejó de ocurrir hace mucho tiempo. Los teléfonos inteligentes tienen una gran parte de culpa.

Si el domingo, como algunos dicen, se acaba Twitter igual estamos ante la prueba definitiva. A ver si los jóvenes -y los no tan jóvenes- son capaces de aguantar 90 minutos sin estar atentos al WhatsApp o sin retocar una foto en Instagram. Hay que mostrarle a Florentino Pérez que seguimos interesados en lo que ocurre en el verde, que nuestra concentración no está tan machacada como dicen muchos expertos. A las 17:00, imagino que ya lo sabéis, hay un Catar-Ecuador para empezar a probarlo. A partir del lunes ya hay empacho de balompié.

Ya sabéis: no vale poner en Internet tu conversación con tu novia, donde pasas el calendario del Mundial y suspendes la relación por un mes y medio, para luego recurrir a los estímulos del móvil cuando te aburres con un Irán-Gales. Ya no hay vuelta atrás. Aunque al final no cierre Twitter.

Imagen de cabecera: Getty Images

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Twitter tiene un resfriado y parece mucho más grave, según nos cuentan los medios, que el que tuvo Sinatra. Nos bombardean hoy desde todos los lados para asegurarnos que la red social del pajarito, que tanto éxito ha tenido, está herida de muerte. Justo ahora que empieza el Mundial una de las grandes fábricas de odio podría terminar. ¿Ahora qué hacemos?, se cuestionan muchos adictos. Es una muy buena pregunta.

Creo que más de una vez lo he expresado por aquí, pero no es sencillo ser original. Una de las cosas que más me sorprendía -y sorprende- de los tótems del periodismo es la de analizar un partido y ser capaz a la vez estar con el móvil en la mano poniendo tweets muy divertidos. De esos que tienen miles de likes. Nunca he podido comprender cómo podían hacerlo todo a la vez, ya que un requisito indispensable para enterarse de lo que ocurre en el campo es poner todos los sentidos en el juego. Y eso dejó de ocurrir hace mucho tiempo. Los teléfonos inteligentes tienen una gran parte de culpa.

Si el domingo, como algunos dicen, se acaba Twitter igual estamos ante la prueba definitiva. A ver si los jóvenes -y los no tan jóvenes- son capaces de aguantar 90 minutos sin estar atentos al WhatsApp o sin retocar una foto en Instagram. Hay que mostrarle a Florentino Pérez que seguimos interesados en lo que ocurre en el verde, que nuestra concentración no está tan machacada como dicen muchos expertos. A las 17:00, imagino que ya lo sabéis, hay un Catar-Ecuador para empezar a probarlo. A partir del lunes ya hay empacho de balompié.

Ya sabéis: no vale poner en Internet tu conversación con tu novia, donde pasas el calendario del Mundial y suspendes la relación por un mes y medio, para luego recurrir a los estímulos del móvil cuando te aburres con un Irán-Gales. Ya no hay vuelta atrás. Aunque al final no cierre Twitter.

Imagen de cabecera: Getty Images

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